Fuencaliente

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Turismo en Ventillas: “¡Dios, qué buena pedanía si oviesse buen señore!”

Una pedanía de Fuencaliente situada en el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona y a tan solo unos 7 kilómetros de la Fuente del Almirez, una de las mejores fuentes de agua serrana en la región

Antonio Carmona Márquez

15/10/2020

(Última actualización: 15/10/2020 22:06)

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Nunca había visto a tanta gente, incluso algún que otro extranjero, rondando por Ventillas. No eran parientes de los moradores en la aldea, ni venían a visitar a nadie. Se habían acercado por allí, porque habían oído hablar del lugar. Los vehículos estaban cargados de familias, de padres y niños que en seguida se dispusieron a jugar en las instalaciones deportivas, —por llamarlas de alguna forma—. El estado de dichas instalaciones no impidió que disfrutaran durante horas jugando, escuchando la berrea (se escucha todos los años desde la misma aldea), visitando la ermita, la Tabla de los Caballos, etc.

Tiene un gran mérito dejarse caer por estos lares acompañado de la familia. Es casi un deporte de riesgo. Por lo pronto, no existe ninguna señal de tráfico que te indique el desvío en la N-420. Girar en ese cambio de rasante, en pleno puerto de Valderrepisa puede ser incluso peligroso. Os recuerdo que estamos hablando de una pedanía de Fuencaliente, municipio español de la provincia de Ciudad Real. Debería haber una señal de tráfico que indicara la existencia de la Fuente del Almirez (0.5 kms), una de las mejores fuentes de agua serrana en la región. Y que a unos siete kilómetros, por el mismo camino —por llamarlo de alguna forma, de nuevo— existe una pintoresca aldea. Que están pisando el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Que están transitando por la Ruta del Quijote a lo largo de un trayecto que les lleva hasta Cabezarrubias. Que por el camino principal podrían visitar Solana del Pino si no fuera porque ese trayecto está aún peor que el que les ha traído a Ventillas. “¿Aún peor?... Eso no es posible,” aseveran los visitantes descreídos. Pero ninguno se aventura a ir, por si acaso.

Al llegar a la aldea, te encuentras con un panel del Parque al margen del camino, a modo de bienvenida, que hace ya años se quedó en blanco debido a la acción meteorológica y a la inacción administrativa. Los visitantes constatan que en un paraje único, por donde pasa el río Montoro, donde confluyen los arroyos de Sierra Madrona, no hay ni un triste merendero donde sentarse a comer con sus hijos. Algunos de estos visitantes se apresuran, curiosos, hacia otro panel informativo, más grande todavía que el anterior, situado en un extremo de la Era junto a un banco que ya era viejo cuando lo pusieron allí, y una cabaña pastoril de pega que un buen día vinieron raudos a instalar allí, y tardó en desvanecerse lo que tardaron en comérsela unas ovejas que no eran de pega, sino de verdad. El panel no te informa de nada. Está ilegible, agrietado, dejado de la mano del Mantenimiento del Parque, o del Mantenimiento de la Ruta del Quijote, o el Ayuntamiento, o la Junta, o quien quiera que sea el (ir)responsable del “Sostenimiento y Mejora” de estas “infraestructuras turísticas” en ruina. Últimamente, el Ayuntamiento de Fuencaliente ha instalado no uno, sino dos bancos en los que sentarse a descansar y disfrutar de las vistas. Y es que cuando un ayuntamiento se pone rumboso, no hay quien lo pare.

Todos sabemos por qué esto es así, por qué algunos arguyen que no importa si un camino se pierde, a fin de cuentas se puede ir por otro camino (que tampoco se arregla nunca) o por carretera (aunque el trayecto sea más largo y tedioso, un trayecto que no ofrece ni de lejos lo que el caminante está buscando). Sabemos por qué la valla recluye al mundo rural y hace vivir a sus habitantes en un corral al aire libre. Entre las autoridades que podrían cambiar esta situación, hay quienes, en el mejor de los casos, miran para otro lado a sabiendas de lo espinoso que es el problema, habida cuenta de que hay otros muchos problemas que resolver. Otros, se han convertido descaradamente en cómplices, a saber a cambio de qué prebendas. Los más sofisticados crean unos “parques temáticos de la naturaleza”, donde acoger, pastorear y entretener a esos urbanitas curiosos para que “no molesten” por ahí. Porque en realidad se trata de eso, de no molestar a quien todos sabemos que no se puede ni se debe molestar. Sin embargo, en Ventillas hay ciertos atisbos de turismo a pesar de las autoridades.

Permíteme que acabe este texto con unos versos del Cantar de Mío Cid adaptados a la situación de nuestra villa:

“De las sus bocas — todos dizían una razóne:

Dios, qué buena pedanía (léase Ventillas), — si oviesse buen señore!”.