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En el marco del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (16 y 17 de octubre)

Manos Unidas denuncia la indiferencia internacional ante la dramática realidad que viven 1.300 millones de personas afectadas por la pobreza

La ONG alerta del incremento del hambre a escala mundial y el grave impacto de la pandemia, que podría aumentar hasta en 132 millones de personas que padecen hambre

La crisis sanitaria, económica y social desatada por el coronavirus amenaza con echar abajo una década de avances frente a la pobreza

El fortalecimiento de la agricultura familiar sostenible, la defensa de los derechos humanos y el cambio de los estilos de vida y consumo son ámbitos estratégicos identificados por la ONG para luchar contra el hambre y la pobreza

La Comarca

15/10/2020

(Última actualización: 15/10/2020 22:03)

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Con motivo del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza –16 y 17 de octubre, respectivamente¬–, Manos Unidas denuncia la indiferencia internacional ante la dramática realidad que viven 1.300 millones de personas afectadas por la pobreza multidimensional. Asimismo, la ONG recuerda que, a los 690 millones de personas que padecen hambre en el mundo (según la última estimación de la FAO, después de actualizar los datos de China) se sumarían entre 83 y 132 millones más a raíz de la crisis generada por el coronavirus, según estimaciones del último informe publicado por FAO.

Para la ONG de desarrollo de la Iglesia católica en España, los avances siguen siendo lentos e insuficientes para alcanzar las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la erradicación del hambre y la pobreza. A tenor de los datos ofrecidos por Naciones Unidas, el escenario es alarmante: el hambre en el mundo no ha dejado de aumentar desde 2014 y se estima que, el pasado año, cerca de 2.000 millones de personas no pudieron acceder regularmente a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes, el 21,3 % (144 millones) de los niños menores de cinco años sufrió retraso del crecimiento y el 6,9 % (47 millones) adelgazamiento patológico.

Las causas del hambre: diversas e interrelacionadas

«Desde hace décadas sabemos que el sufrimiento de tantas personas no se debe a la escasez de recursos ni a causas naturales –afirma Fidele Podga, coordinador del departamento de Estudios de Manos Unidas–, sino a estructuras injustas y relaciones que están basadas en la desigualdad». Los factores de fondo son muy diversos e interconectados: «la inequidad en el acceso a los bienes, el consumismo de los más ricos, los intercambios comerciales injustos, las consecuencias del cambio climático, el acaparamiento de tierras con fines extractivos y agroindustriales, la especulación con el precio de los alimentos, un sistema alimentario que no está diseñado para satisfacer las necesidades de la gente, las guerras y conflictos interesados y, en definitiva, la explotación de unas personas por otras y de unos países por otros».

A estas causas se añade, según Podga, la «indiferencia cómoda, fría y globalizada» a la que se refiere el papa Francisco en Fratelli Tutti, la encíclica publicada el 3 de octubre. «Esta indiferencia –explica Podga– caracteriza al mundo contemporáneo y nos empuja a ensimismarnos y desentendernos de los demás. Creemos que es urgente despertar de este ensimismamiento y actuar, sacando fuerzas de donde podamos, porque no queremos dar ningún paso atrás en la lucha contra el hambre».

Desde el Área de Proyectos de Manos Unidas, aseguran que «la crisis sanitaria, económica y social desatada por el coronavirus amenaza con echar abajo una década de avances frente a la pobreza, según estimaciones de Naciones Unidas. La pérdida de ingresos, los frágiles sistemas de protección social y el aumento de los precios están afectando mayormente a las personas más vulnerables y están empujando al hambre a poblaciones que antes estaban a salvo, como los 29 millones de latinoamericanos que caerán bajo el umbral de la pobreza a causa de la pandemia, según datos de CEPAL».

Tres retos para luchar contra el hambre en tiempos de coronavirus

En primer reto es garantizar el acceso a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes. Para ello, Manos Unidas apoya iniciativas agroecológicas de pequeños agricultores, trata de asegurar fuentes de agua adecuadas y refuerza los sistemas de procesamiento y comercialización. En estos meses de pandemia, la agricultura familiar sostenible ha salvado a muchas comunidades del hambre. A través de formación, infraestructuras de agua y el apoyo técnico y financiero, apostamos por los mercados locales, la asociación entre productores y el acceso a la tierra y los medios de producción, para que las familias obtengan ingresos más estables y no se vean obligadas a migrar a las ciudades.

El segundo reto es conseguir que las organizaciones locales sean cada vez más fuertes y estables para que reivindiquen y defiendan sus derechos. Si no lográramos esto, sería pan para hoy y hambre para mañana. Por ello promovemos procesos de capacitación y acompañamiento en la defensa de sus derechos, algo que hoy es cada vez más importante, ya que los derechos están aún menos garantizados con la excusa de la pandemia: hay más abuso de poder, violencia e impunidad.

Fidele Podga habla de un tercer reto, «quizás el más importante y el más complejo: transformar nuestros estilos de vida y consumo para que sean una auténtica vacuna contra el hambre y la pobreza». Podga anima a que cada persona se haga varias preguntas: «¿qué como?, ¿cuánto como?, ¿cuánto tiro a la basura?, ¿dónde compro?, ¿quién lo produce?, ¿dónde lo produce?, ¿cómo lo produce?, ¿para qué lo produce?, ¿dónde invierto mis ahorros?».

Para el coordinador del departamento de Estudios de Manos Unidas, «no se trata de responder a estas preguntas con ánimo acusador ni culpabilizador, sino con profunda responsabilidad, para que nos ayude a situarnos entre los dos tipos de personas que identifica el Papa en su última encíclica: “las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo”, porque, como dice solo unas líneas después, en estos momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: “todo el que no es salteador o todo el que no pasa de largo, o bien está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido”».