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Según UNICEF

2,3 millones de niños necesitan protección en Sahel Central en 2020, un 80% más que el año pasado

La crisis de protección infantil que vive la región ha empeorado debido a la COVID-19

La Comarca

22/05/2020

(Última actualización: 22/05/2020 20:08)

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El aumento de la violencia y la inseguridad están amenazando la atención y protección de unos 2,3 millones de niños que necesitan estos servicios en la región de Sahel Central (Burkina Faso, Malí y Níger); esto supone 1,2 millones de niños más que en 2019. Al mismo tiempo, Burkina Faso, Malí y Níger están entre los países más afectados por la COVID-19 en África. A medida que el virus se propaga por la región, la violencia contra los niños sigue aumentando.

En Burkina Faso, el número de niños que necesitan ayuda de protección ha aumentado en más de diez veces, y ha pasado de 35.800 niños en 2019 a 368.000 en 2020. En Malí, más de un millón de niños se enfrentan a problemas de protección este año, el doble que el año anterior. En Níger necesitan ayuda de este tipo más de 867.000 niños, 200.000 más que en 2019.

“La pandemia de COVID-19 añade más riesgos a los derechos y la seguridad de millones de niños que ya estaban atrapados en una o más crisis humanitarias en la región de Sahel Central”, explica Marie-Pierre Poirier, directora regional de UNICEF para África Central y Occidental. “En un contexto de altos niveles de inseguridad, los niños han sido víctimas de abuso y violencia, de explotación sexual o económica, de trata de personas y de matrimonio infantil. Muchos de ellos han sido obligados a separarse de sus familias o fueron reclutados por grupos armados”.

La COVID-19 está empeorando la situación, ya crítica, de los niños en Sahel Central, especialmente la de las niñas, los desplazados y los que viven en la calle. Las escuelas han sido cerradas en los tres países para limitar la propagación del virus, y esto ha afectado a la educación de unos 12 millones de estudiantes que están temporalmente fuera de la escuela. Antes del coronavirus, más de 8 millones de niños de entre 6 y 14 años estaban ya fuera de la escuela en la región. Cuando los niños no van al colegio aumenta el riesgo de que sean reclutados por grupos armados, de sufrir violencia sexual y de género y de ser víctimas de trabajo infantil y otras formas de explotación y abuso.

En Burkina Faso se produjeron, solo en marzo, 34 incidentes de seguridad, en los que murieron 139 civiles (cuatro de ellos, niños), más que en enero y febrero juntos. La inseguridad ha llevado al desplazamiento de más de 838.000 personas, el 61% de ellas niños. La mayoría están en familias de acogida o asentamientos para desplazados, sin un acceso adecuado a agua limpia, higiene y saneamiento básico, el caldo de cultivo perfecto para la transmisión del coronavirus.

La situación humanitaria en Malí es similar, ya que continúa siendo extremadamente frágil y compleja. En 2019, Naciones Unidas registró de manera preliminar 745 violaciones graves contra la infancia (la mayor cifra desde 2017), como el reclutamiento por parte de grupos armados, asesinatos, mutilaciones, violaciones y otros tipos de violencia sexual, ataques contra escuelas y hospitales, secuestros y privación de acceso a servicios humanitarios. A finales de marzo de este año ya se había informado de 228 incidentes de graves violaciones contra los niños en 2020. También se ha registrado un gran incremento de desplazamientos forzados, con más de 137.000 niños actualmente desplazados en el país.

En Níger, las medidas de contención de la COVID-19 han dejado en un mayor riesgo aún a grupos vulnerables concretos, como los que viven en la calle o los que acuden a escuelas coránicas. Aproximadamente 7.400 niños Almajiri* fueron retornados de Nigeria a Níger debido al cierre de escuelas coránicas, y 375 niños migrantes no acompañados -107 de ellos, niñas- fueron repatriados desde Libia y Argelia entre enero y abril. Otros 7.015 niños talibé* fueron identificados como vulnerables y en necesidad de recibir ayuda en Niamey, el hervidero de la pandemia en Níger. En este país la violencia de género se ha convertido en una tendencia preocupante –con un alto incremento en marzo y más víctimas infantiles- debido a las restricciones físicas y económicas derivadas de la pandemia y su impacto en los ingresos y seguridad de los hogares.

“Las medidas para contener la propagación del coronavirus han ralentizado la distribución de ayuda humanitaria y la provisión de servicios sociales para la atención y protección de los niños de Sahel Central. Al mismo tiempo, la inseguridad no se ha detenido, y los niños siguen pagando el precio más alto”, afirma Poirier. “Ahora más que nunca es el momento de la solidaridad global. Mientras los gobiernos y los aliados humanitarios trabajan juntos para proteger a los niños del impacto sanitario de la COVID-19, debemos seguir protegiendo a los niños más vulnerables frente a la violencia, la explotación y el abuso, haciendo nuestros programas ‘a prueba de COVID’”.

UNICEF insta a los gobiernos a invertir en servicios de protección infantil y en personal de asistencia social como pilares fundamentales de la respuesta a la COVID-19, así como del fortalecimiento de los sistemas nacionales de protección, los mecanismos de derivación de víctimas de violencia de género y la provisión de apoyo psicosocial, especialmente para los niños en contextos de conflicto. Junto con sus aliados, UNICEF trabaja para garantizar la continuidad de los servicios de protección infantil, por ejemplo apoyando a los países a establecer canales seguros y accesibles para informar de la violencia, abandono o abuso contra los niños, así como para informar a los niños, jóvenes y sus comunidades sobre su derechos y las medidas de protección disponibles.

En Burkina Faso, UNICEF formó a jóvenes para que pudieran responder dudas sobre la COVID-19 (a través de una plataforma de chat con bots y con apoyo de expertos en salud) enviadas vía SMS por otros jóvenes. En Malí, UNICEF se ha unido a organizaciones de la sociedad civil para proporcionar servicios de protección infantil como apoyo psicosocial y alternativas de atención a los niños afectado por el coronavirus o expuestos a un alto riesgo de contagio. En Níger, UNICEF trabajó con el gobierno para identificar a niños de la calle y talibés, y apoyar su vuelta y reintegración en sus comunidades.

UNICEF ha aumentado su llamamiento para los niños de Sahel Central a 268 millones de dólares (cerca de 246 millones de euros) para poder proporcionar ayuda a los afectados por la COVID-19 y a las poblaciones en riesgo, a la vez que continúa ofreciendo a los niños y sus familias servicios de protección, educación, salud, nutrición y agua y saneamiento. A fecha de abril, el plan de respuesta seguía con un déficit de fondos del 76% en Burkina Faso, 76% en Malí y 71% en Níger.