Puertollano

De 1916 a 1954

Auge y Ocaso de las Escuelas del Ave María en Puertollano ( y III)

Sirva este artículo en honor y memoria de todos esos niños que se criaron, aprendieron a leer, a respetar a los demás y en definitiva se educaron en el Ave María/Ramón y Cajal

También en reconocimiento a los maestros, a D. José Díaz y Díaz, D. Gregorio López Fernández y a toda la Junta del Patronato de las Escuelas del Ave-María

Y de D. Alejandro Prieto, queremos quedarnos con esa imagen suya de desprendimiento, bondad y caridad para con los demás, como fue su pauta de vida en Puertollano

Javier Holgado Corral

18/05/2020

(Última actualización: 20/05/2020 07:33)

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Enlace a la primera parte ya publicada

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Los preludios de la guerra

Solventada la problemática contraída con el préstamo de los Sánchez Izquierdo, las actividades de las Escuelas continuaron con su marcha habitual, pues aunque disminuyó la población del alumnado, D. Alejandro Prieto tuvo que manejar aun un volumen de casi 300 niños y niñas, muchas de cuyas familias empezaron a padecer penurias económicas. Desde el 12 de abril de 1931,en el que se celebraron elecciones, la conflictividad social en Puertollano se fue incrementando de manera progresiva, alimentada fundamentalmente por conflictos laborales en las minas. La situación laboral de los trabajadores seguía siendo muy precaria, y las expectativas que se crearon tras las citadas elecciones no se fueron cumpliendo.

Por testimonios de algunos de los niños que iban a las Escuelas del Ave María, justamente situadas enfrente de la Casa de Baños, en ese momento comisaría de policía, se sabe que se empezaban a ver muchos más presos que de costumbre en dichas dependencias. El hecho que probablemente supuso un cambio en la vida social del pueblo, fue el ocurrido el 2 de septiembre de 1932, tras la huelga general iniciada a finales del mes de agosto anterior, y que concluyó con el encarcelamiento del ingeniero Alberto Labaig, jefe de la mina San Esteban. Estos sucesos culminaron en dicho día de septiembre con el asedio de la Casa de Baños, acompañados de una explosión de violencia no controlada que originó algún muerto y varios heridos. A partir de ese momento el ritmo de la actividad docente se vio alterado sobremanera, y los niños empezaron a dejar de acudir a las Escuelas de manera regular. D. Alejandro prosiguió en sus labores de ayuda, que se fueron intensificando progresivamente por la necesidades y carencias de las familias, y en las labores docentes sólo estaba acompañado para las clases de los niños por otro maestro, D. Rafael, mientras que para las niñas permanecían Doña Leo y Doña Camila.

En ese clima complicado en el que se empezaba a vivir, de cierta inseguridad económica y por qué no decir, también jurídica, y aun desconociendo los motivos finales, el Patronato parece que tomó la decisión de enajenar la propiedad de las Escuelas a favor de D. Alejandro Prieto.

El Patronato fue asesorado en Abril de 1932 para hacer un expediente de venta directa a D. Alejandro por el valor catastral (líquido imponible) de la finca que era de 20.900 pesetas, y no por el de 40.000 pesetas tal y como querían, para así minimizar las costas de registro y demás derechos reales y otros. Asimismo, se valoraron el realizar expedientes posesorios de otros solares que se fueron adquiriendo hasta conformar todo el terreno de las Escuelas, como los procedentes de Alejandra y Vicenta Dueñas, Escolástico Olmo, así como los de Toribio y Modesto Arias.

Ante lo sorprende de la decisión de venta tomada, e intentando profundizar en la razones que la motivaron, hemos querido recurrir a alguna de las fuentes todavía disponibles hoy, el Registro de la Propiedad en Almodóvar del Campo. Una certificación del mismo identifica la finca Nº 6.123 como la situada en la Plaza de San Gregorio con varios locales y pabellones que se destinan a la enseñanza y que se conoce como Colegios del Ave María, ocupando una extensión de 7.451,82 m2 valorada en 21.000 pesetas, la cual está registrada a nombre del Patronato de las Escuelas del Ave María, con un líquido imponible según catastro de 45.000 pesetas.

Esta certificación prosigue con que D. Alejandro Prieto acudió al Juzgado Municipal de Puertollano con escrito del 9 de junio de1933 alegando acreditar que adquirió dicha finca al Patronato desde hacía 2 años, pero careciendo de tal título de adquisición. Se continúa con que el Patronato, representando por su presidente, D. Salvador Delgado Ureña, su secretario D. José Díaz y Díaz, y los vocales, Gregorio López Fernández, Eloísa Rodríguez García, Diego Cortés Nevado y Jorge Alcántara Palacios, manifiesta que no tienen nada que oponer a la inscripción que pretende el recurrente, D. Alejandro, por ser ciertos los hechos que alega.

Posteriormente, en diciembre de ese año, se presentó un escrito de oposición por parte del Ayuntamiento de Puertollano representado por su Alcalde, D. Leonardo Rodríguez Barrera y por el concejal de la corporación, D. Benito Bonales Gijón, alegando unos supuestos derechos sobre la propiedad de parte del solar en donde estaban construidas las instalaciones del Ave María, que fue desestimado en enero de 1934 por el Juez Municipal, D. José Rodríguez Olmo, quedando sin éxito la posición interpuesta y quedando inscrita finalmente la propiedad a nombre de D. Alejando Prieto Serrano en agosto de ese mismo año.

Hasta aquí los hechos administrativos, que se muestran inequívocamente concluyentes, y lo cierto es que el Patronato, tal vez movido por la idea de querer perdurar en el tiempo el proyecto de las Escuelas y de la Obra del Ave María, y ante los peligros por la situación política del momento, consideró como mejor opción el hacer dueño de las mismas a D. Alejandro, seguramente sin atribuciones morales y éticas para ello, puesto que en las Escuelas, tal y como se ha ido comentando anteriormente, estaban concentradas muchas miles de pesetas que fueron donadas por diversas personas para fines exclusivos del proyecto educacional del Ave María, no para beneficio de persona o entidad alguna.

De la información disponible, D. Alejandro satisfizo 18.000 pesetas y el resto hasta el valor de adquisición le fueron donadas por personas de Puertollano para la obra escolar.

El triste final de D. Alejandro

Quién iba a pensar que los esfuerzos realizados por varias personas unos pocos años antes para que D. Alejandro permaneciera en el pueblo y en las Escuelas del Ave María, acabarían de una manera tan triste y poco decorosa, pero era lo que tocaba vivir por aquellos días, en donde el futuro de España y sus gentes quedó a merced de los designios de una barbarie desmedida y poco justificada: la guerra civil.

Acababa de proclamarse el inicio de la contienda española, y justo el día 25 de julio de año 1936, D. Alejandro fue apresado y conducido a Almodóvar del Campo. Ya en el trayecto vio el cadáver de D. Jaime Cabañero y Cabañero, Coadjutor de Puertollano, muerto a la salida del pueblo.

En Almodóvar del Campo fue conducido a la cárcel, que se habilitó en uno de los molinos, el que se denominaba “Fabrica de Orujo” y que era propiedad de D. Miguel de la Vega, capitán de la Guardia Civil. Allí coincidió con Enrique García Mateos y Aparicio, párroco de Puertollano, y ambos fueron fusilados a los pocos días, concretamente el 5 de agosto de 1936.

El destino de las escuelas

Estallada la guerra, y muerto D. Alejandro, las Escuelas paralizaron toda su actividad y sus instalaciones fueron confiscadas, primeramente por el bando republicano para usarlas como penal de reclusión de los detenidos durante la contienda, que una vez acabada, y siguiendo el ejemplo, los vencedores también le dieron el mismo uso. Triste final para los objetivos con el que se construyeron, tanto por sus fundadores como por la matriz granadina.

Administrativa y legalmente, la propiedad de las Escuelas seguía a nombre de D. Alejandro, pero al estar fallecido y no haber otorgado ningún testamento, en septiembre de 1939 un juez de 1ª instancia de Palencia dicta un auto por el cual se declara heredera a su madre, como único ascendiente, a instancias de uno de los hermanos de D. Alejandro, lo cual concluye que en febrero de 1940 la finca queda registrada a nombre de Dña. María Serrano, según consta en el Registro de la Propiedad de Almodóvar.

La situación que se creó por este hecho entre los miembros del Patronato y todas las familias vinculadas al proyecto, fue de gran estupor y alarma, y muy comentada en la población. Se sucedieron varios carteos entre José Díaz y Díaz y la dirección del Ave María en Granada, ocupada en aquel momento por Pedro Manjón Lastra, sobrino del fundador, en donde en uno de los escritos de septiembre de 1940 se comentaba la osadía de la familia de D. Alejandro por creerse herederos de unas Escuelas que no le pertenecían. Intentaron por todos los medios evitar esa venta o traspaso, mostrando todos los documentos referentes al empréstito inicial, las donaciones, la condonación de intereses, el préstamo final...etc., apelando ante la familia a una cuestión moral, y utilizando todos los medios eclesiásticos a su alcance en aquellos momentos por si hubiera algún resquicio, pero la realidad es siempre tozuda, principalmente la que se soporta con el derecho administrativo. La decisión tomada en su momento por el Patronato no fue la mejor.

Transcurridos diez años, en donde los locales de las Escuelas siguieron sin actividad hasta ir alcanzando un estado ruinoso, los herederos legítimos de Dña. María Prieto, y en nombre de uno de ellos, reclaman sus derechos al estar ya fallecida la madre y así quedó registrada la propiedad de las Escuelas en las proporciones testamentarias, a nombre de Valentín, Francisco, Carmen y Margarita Prieto Serrano, con fecha del 7 de julio de1950.

Esto significó la conmoción total de los precursores del proyecto, también con comunicaciones principalmente entre José Díaz y Díaz y Pedro Manjón, habiendo una última en junio de 1951, en la que se hace un llamamiento a las razones que motivaron la transmisión de la propiedad con la argumentación de que los maestros que regentaban las Escuelas Del Ave-María eran enviados para trabajar a las órdenes del Patronato Local de las mismas y por consiguiente nunca podrían ser propietarios de ellas, tan solo administradores y siempre dando cuenta al Patronato. Se intentó apelar al propio Ayuntamiento con estas razones, exponiéndole lo ominoso que sería para la ciudad que una familia sin derechos éticos y poca conciencia de ello se atreviera a vender las propiedades de las Escuelas. Pero todo fue en vano, como no podría ser de otra forma, dada la situación legal de las mismas; al esfuerzo de tantos años y de tanta gente, le toco este final.

Su final grotesco

Más allá de los hechos, algunos irrefutables y otros basados en alguna conjetura, lo cierto es que para los fines con los que las Escuelas se crearon, y por qué no decir también para la labor del Padre Manjón y toda su Obra Avemariana, en este final hubo unos terceros, pero con un papel relevante ya que fueron los finalmente beneficiarios o agraciados del caso, aunque fuese de una forma indirecta, de ahí lo grotesco del caso.

Nos referimos a la familia de D. Alejandro, “los Prieto Serrano”, que supieron jugar sus bazas, no sabemos si asesorados o no, pues el “tempo” manejado desde luego fue el más apropiado para sus intereses, y nos estamos refiriendo a los económicos, que contrastan poderosamente con el espíritu y la obra con la que se concibieron las Escuelas.

Efectivamente, la familia de D. Alejandro obtuvo pingues beneficios de una estrategia muy bien urdida:

• Nada más acabar la guerra civil la familia presenta una documentación totalmente legal, por la que son capaces de inscribir como propietaria de las Escuelas a la madre, aunque ya estaba fallecida desde el 1938, como título de herencia “ab-intestato”, es decir, por fallecimiento de su hijo D. Alejandro sin haber dejado testamento.

• Dejan pasar casi 10 años y medio, para en 1950 presentar la documentación correspondiente como herederos legales los 4 hijos vivos, para que así sean inscritos como propietarios de las Escuelas.

• Y aún esperan otros años, durante los que negocian con el Ayuntamiento, para que en 1954, siendo alcalde Emilio Caballero Gallardo, llegar a un acuerdo de venta de las Escuelas por una no nimia cantidad de 470.000 pesetas de entonces, que así quedaron finalmente inscritas en el Registro.

Si el Padre Manjón hubiera levantado la cabeza de su santo sepulcro, y hubiera conocido este final de las Escuelas de Puertollano, seguramente lo habría puesto en el debe ante su juicio final, por lo poco decoroso del caso.

Epílogo

Sin ánimo de criticar ni de poner en tela de juicio la labor de los miembros del Patronato, muy al contrario pues seguramente hubo motivos suficientes para justificar lo que hicieron en este caso, pues nos consta que eran personas cabales y que se desvivieron por el desarrollo del proyecto de las Escuelas, pero ¿qué hubieran podido hacer o qué argumentos legales habrían podido esgrimir ante lo irrefutable de su acción ante el Registro en 1933, en donde reconocieron legalmente que la propiedad de las Escuelas la habían vendido a D. Alejandro?

Todo parece indicar que la Corporación Municipal resultante de la proclamación de la II República en abril de 1931, y presidida por Leonardo Rodríguez Barrera en sustitución de Antonio Cañizares Peñalva, quiso desde un principio esgrimir sus derechos reclamando para sí las Escuelas, pues las "estimaba que eran del pueblo". Tal vez la razón fue que en dicha época existía en Puertollano un grupo escolar con el nombre de Ramón y Cajal situado en el Centro Popular de Instrucción (en cuyo solar se edificó más adelante un ambulatorio, el conocido como "El Seguro" en la calle Lope de Vega), y por su estado de inseguridad se vieron obligados a clausularlo, y para así evitar el que desaparecieran estas escuelas nacionales, compuestas de hasta seis secciones, que junto con las Escuelas San José y el Colegio Municipal Virgen de Gracia, adosado a la ermita de la Patrona, constituían por entonces la oferta pública de enseñanza, pensaron que las dependencias del Ave María eran las más idóneas por tamaño y proximidad al citado Grupo Escolar.

Muy seguramente ese estado de inquietud social y jurídica que en esos años 30´s había, y ante las intenciones del Ayuntamiento para con el Ave-María, motivó a los Patronos a tomar esa decisión, precipitada tal vez. Inquietud que después no fue tal en este caso concreto, pues jurídicamente se desestimó la reclamación del Ayuntamiento, haciendo prevalecer la legalidad.

De la misma forma, y en contraposición por los momentos y los climas existentes en la sociedad, tras el final de la Guerra, con Ayuntamientos digamos "más proclives" y fuerzas más favorables, volvió a imperar la legalidad, la cual mantuvo los derechos de los herederos legales de las Escuelas. Es decir, quisieron defender su posición buscando subterfugios legales que al fin y a la postre resultaron en contra de los objetivos que buscaban; las ironías del destino.

No obstante, aún nos cuesta entender si técnicamente había una razón por la que traspasando la propiedad a D. Alejandro, en vez de mantenerla el Patronato, como así estaba inscrita de inicio, le proporcionaba al Patronato una mayor seguridad jurídica.

Cualquiera que esté leyendo este artículo pensará que alguien sin ningún mérito y tan sólo por hechos circunstanciales, se beneficiara de esa forma, y más aún de una obra y activos que se crearon de la beneficencia, caridad y esfuerzo de otros, y con fines tan loables como era la educación de los más jóvenes; pero bueno, esta es la realidad en la que vivimos.

Este final de las Escuelas del Ave María en Puertollano es probablemente un borrón en un proyecto de grandes miras, que no debería empañar en absoluto todo lo que representó para la vida educacional del pueblo, como testigo de un modelo de enseñanza que se hizo famosa a nivel mundial, y sobre todo lo que supuso para los niños de esos años en la vida de Puertollano.

Afortunadamente, ese testigo digamos que continuó y perdura aun hoy con el actual Colegio Ramón y Cajal que el Ayuntamiento construyó en el mismo lugar e inauguró en julio de 1955 con presencia del Ministro de Educación de la época, Joaquín Ruiz Giménez, y que contó con 10 secciones, que han persistido hasta una remodelación posterior que conforma la realidad actual del citado Colegio. También decir, que en una parte de la parcela el Ayuntamiento construyó el Mercado de Abastos que aun hoy pervive.

Los mayores del pueblo aún llaman Ave María al Colegio actual, tal vez fundiendo lo que cada uno fue, y con modelos totalmente distintos, pero sea cual sea el modelo de enseñanza impartido, sirva este artículo en honor y memoria de todos esos niños que se criaron, aprendieron a leer, a respetar a los demás y en definitiva se educaron en el Ave María / Ramón y Cajal.

También nos gustaría reconocer la labor de los maestros y de todas esas personas y mecenas que durante siglos se han esforzado, con su tiempo y dinero, por sacar a esas familias del campo o de la mina para enseñarles que España ha sido y es un país atiborrado de Historia, Literatura y Arte; sea esto por la Educación con Mayúsculas.

Sirva por tanto el reconocimiento, y seríamos injustos el no hacerlo, de D. José Díaz y Díaz y de D. Gregorio López Fernández, y de toda la Junta del Patronato de las Escuelas del Ave-María, por la valentía para emprender un proyecto de tal magnitud, queriendo proporcionar a su pueblo natal de una obra con estos fines tan altruistas y humanos.

Finalmente, y evitando caer en juicios temerosos de las actuaciones de los demás, por los testimonios de los niños que se educaron y convivieron con D. Alejandro Prieto, queremos quedarnos con esa imagen suya de desprendimiento, bondad y caridad para con los demás, como fue su pauta de vida en Puertollano, y así no tener que usar esa expresión que dice: “hablen las letras y callen los recuerdos”. Sirvan también estas palabras en recuerdo suyo.