Puertollano

De 1916 a 1954

Auge y Ocaso de las Escuelas del Ave María en Puertollano (II)

Javier Holgado Corral

14/05/2020

(Última actualización: 14/05/2020 21:52)

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Enlace a la primera parte ya publicada

La Búsqueda de soluciones

La situación durante la década de esos años 20´s no mejoraba, y aunque las operaciones corrientes generaban superávit, principalmente gracias a los benefactores, la deuda contraída era tan grande que en 1924 sólo consiguieron reducirla a 83.400 pesetas. Continuamente desde la dirección de las Escuelas se hacía alabanza a esas donaciones, con el mensaje de que tanto las puntuales como las que se hacían mensualmente, en ningún caso podrían ser transferidas ni por la Junta del Patronato, ni enajenadas a persona alguna con fines distintos a la enseñanza.

Las dudas eran tan grandes que el padre Feliciano Torca, por aquellos años director de las Escuelas, continuamente se esforzaba en dar explicaciones contables, tratando de demostrar casi lo indemostrable, siempre confiando en el soporte y amparo económico de los señores patronos y sus gestiones. Hay que reconocer que escrupulosamente se fueron pagando los intereses contraídos por el empréstito emitido, e incluso a partir de 1925 se fueron sorteando, tal y como eran las condiciones adquiridas, las amortizaciones del principal de la deuda. Así se saldaron los compromisos con Toribio Arias, el párroco Jaime Cabañero, Eduardo Martínez y Miguel Belló, entre otros.

Pero la situación se complicó tanto, ante los vencimientos inminentes del plazo de los 10 años del empréstito, que La Junta del Patronato se vio obligada, como medida inicial, a pedir a los adquirientes de las láminas o bonos de dicho empréstito que condonaran los intereses pendientes a modo de donación. Fueron numerosas las personas que renunciaron a sus derechos y así se recogió en una acta que se fue firmado a lo largo de 1925, según cada uno se fue adscribiendo, siendo los Patronos, como garantes solidaria y mancomunadamente de la emisión de las láminas, los que primeramente renunciaron a los intereses devengados y futuros por las láminas por ellos adquiridas.

Esto supuso un alivio aunque pequeño, pues no todos los adquirentes renunciaron, y algunos expresamente indicaron que no lo hacían a los intereses ya percibidos, además de que el "solido", como el acta indicaba para mencionar al principal del capital, seguía siendo una obligación de devolución por parte de la Escuelas.

Finalmente, ante el peligro de la continuidad del proyecto educativo, no quedó más remedio que solicitar un préstamo a una entidad externa, la Banca Sánchez-Izquierdo de Ciudad Real. Los miembros del Patronato renunciaron a sus aportaciones, tanto para la compra del solar, como de las láminas del empréstito adquiridas, y para devolver el principal a los acreedores y favorecedores, y dejar zanjadas todas las deudas de intereses derivados, la cantidad que fue necesario pedir prestada se estableció en 40.000 pesetas, endeudamiento final contraído por la Escuelas en 1928.

La Etapa de D. Alejandro Prieto

La marcha de las Escuelas continuó, en lo que a actividad docente se refiere, y en esos años 20´s, donde llegaron a alcanzarse 430 alumnos de ambos sexos, se dieron varios movimientos del profesorado, incorporándose diferentes maestras para las clases de las niñas: Francisca Guerrero, Lucrecia Noriega, y finalmente Dña. Cristina y Dña. Leo. Estos movimientos se acrecentaron mucho entre 1925 y 1930, pues tras la salida del director y sacerdote Feliciano Torca, le sustituyó en el cargo el maestro García Alonso, el cual a su vez fue sustituido por el sacerdote Joaquín Gómez, y éste por Pedro Limán. En estos movimientos, concretamente en 1927, se incorporó como maestro de una de las clase de niños, el sacerdote Alejandro Prieto Serrano, el cual vendría a jugar un papel crucial en el devenir de las Escuelas. Persona con un carisma especial y una clara vocación altruista, y de ayuda al más desvalido, llegó a ser el director de las Escuelas precisamente en esos años convulsos política y socialmente en España, como fueron los años 30´s.

A finales de 1929, siendo ya Alejandro Prieto director de las Escuelas, los ingresos provenían en parte de subvenciones del Estado, que empezaron a recibirse a finales de esa década; ya no había donaciones. Los ingresos de las cuotas de los alumnos prácticamente venían a sufragar los gastos salariales de los profesores, con ligeros saldos a favor de entre 350 y 400 pesetas al trimestre, una vez pagados otros gastos corrientes, y las subvenciones no llegaban a 550 pesetas en el mismo periodo. Por contra las Escuelas debían satisfacer los intereses del préstamo de las 40.000 pesetas de la Banca Sánchez Izquierdo, que importaban 765,60 pesetas al trimestre (un 7,66% de interés anual), y por otro lado se debía pagar el impuesto de la contribución urbana. El saldo final de estas partidas siempre estaba muy equilibrado, originando como mucho superávits de ente 50 y 90 pesetas al trimestre.

Esta tónica económica, entre intereses del préstamo y subvenciones, se mantuvo durante 1930, con la matización de que las subvenciones a finales de año se redujeron un 7%, pues ya empezó a asomar la crisis del momento, aun así el saldo final de estas operaciones corrientes se mantuvo positivo del orden de las 30 pesetas trimestrales.

Durante ese año 1930, hubo un pequeño conato de crisis relacionada con D. Alejandro Prieto. Este sacerdote, aunque procurado desde la matriz granadina, vino a Puertollano procedente de la diócesis de Palencia de donde era natural. Ya por aquel entones, e incluso ahora en nuestros días, la figura de Alejandro Prieto siempre ha originado cierta controversia. Los detractores del proyecto educativo de la Escuelas, y en general los que defienden una educación pública frente a la privada, más aún si es de índole católica, es incluso hoy un debate muy candente y actual.

La situación económica de las Escuelas fue tan mala desde sus inicios, lo cual es algo objetivo, y llegó a unos niveles tan críticos, que por aquel entonces se alzaron voces de que Alejandro Prieto vino a Puertollano a cerrar las Escuelas, e incluso no hace muchos años así lo he visto escrito. Pues bien, durante el mes de enero de ese año la diócesis de Palencia reclamó la vuelta de Alejandro Prieto a dicha provincia, algo que creó un gran temor entre las familias y personas vinculadas a las Escuelas, tanto que hubo un movimiento para enviar un escrito a la Dirección General del Ave María en Granada, en aquel momento ocupada por Manuel Medina Olmos, tras el fallecimiento del fundador Andrés Manjón, en el que se solicitaba no solo la permanencia de Alejandro Prieto en Puertollano, sino que se le reafirmara en su posición de Director y así se le dotara de la autoridad precisa, así como de los profesores necesarios para la labor docente del centro. Este escrito iba firmado por unas 17 personas representativas de muchos estamentos de la ciudad, entre los que cabe destacar a Eleuterio Calatayud (Abogado del Ayuntamiento), Joaquín Roldán (Cura ecónomo), Pedro Moro (Pdte. de la Asamblea del Comercio), Pedro Úbeda (Médico), Félix Giménez (Médico), Froilán Mora (Pdte. de la Comunidad de Labradores), Fulgencio Arias (Juez Municipal) y O. Marignac (Ingeniero de Peñarroya). Este escrito lo acompañaba una carta de presentación redactada y firmada a su vez por Alberto Labaig, Ingeniero de Minas, con fecha del 30 de enero de 1930. Asimismo, se enviaron copias de dicha misiva a los obispos de Ciudad Real y de Palencia.

Con ello entendemos que no cabe dudas en cuanto a la labor que en esos años Alejandro Prieto realizó al frente ya no solo de las Escuelas, sino también en labores humanitaria en el pueblo, algo que se evidencia con los testimonios de algunas personas que vivieron en la época. Muestra de ello fueron la suscripción popular que hizo con el fin de costear dos clases gratuitas que quiso establecer; los lunes y viernes de cada semana, en las Escuelas, un par de niños de los que se consideraban de mayor edad, provistos de una caja de hojalata de las de carne de membrillo, repartían 15 céntimos a los niños pobres y 25 céntimos a los adultos; y en los patios de las Escuelas se criaban cabras y ovejas para procurar leche y carne para la fiesta del voto, si con eso se podía dar de comer a las familias necesitadas. Es difícil entender que alguien que se dedicaba a este tipo de obras viniera con el objetivo de cerrar las Escuelas, y menos aún que fuera requerido por su obispado, al parecer a los pocos meses de llegar a Puertollano, pues según esas mismas voces se incorporó en el curso 1929-30, con esa siniestra misión.

Finalmente, la presión ejercida desde Puertollano tuvo su éxito, y D. Alejandro permaneció al frente de las Escuelas para seguir en sus labores educativas, a la par que intentar la escolarización de familias con pocos recursos económicos, y así enfrentarse a lo que el destino le deparaba.

Las Dificultades con el préstamo

Durante 1931, la situación general del país se fue complicando, y con ello la del pueblo y sus gentes. La tirantez político religiosa que se vivía chocaba con el talante educador de las Escuelas, y ello motivó que en muchas ocasiones los maestros del momento tuvieran que impartir las clases en sus propios domicilios, y muchas familias empezaron a tener dificultades para pagar las cuotas del colegio.

En este clima, las subvenciones antes mencionadas aun se redujeron un 4% adicional, no superando las 470 pesetas al trimestre. En paralelo, los intereses del préstamo se mantenían, y en muchos trimestres ya se empezaron a generar déficits del orden de 350 pesetas.

La situación se agravó aún más, cuando a finales de año las subvenciones desaparecieron y el préstamo llegaba a su vencimiento, y como se ha adelantado la gestión corriente de las Escuelas no generaba lo suficiente como para ir cubriendo ese capital de las 40.000 pesetas. Así las cosas, el Patronato en octubre de 1931 envió un escrito a la dirección de Granada, y firmado por su presidente Salvador Delgado Ureña, en el que además de indicarles la satisfacción con la marcha de las Escuelas y la labor de D. Alejandro, también querían ponerles al tanto de los plazos de la operación bancaria. La situación era tan delicada que en dicho escrito conminaban a la matriz granadina a hacerse cargo de la deuda de las 40.000 pesetas, pues caso contrario se verían en la necesidad de enajenar el inmueble y ofrecérselo al Ayuntamiento de Puertollano, que estaba en el trance de adquirir locales para establecer escuelas nacionales y otros centros de enseñanza.

La respuesta de Granada no se hizo esperar, y el 16 de octubre enviaron otro escrito en donde manifestaban la imposibilidad de hacerse cargo de la deuda por carecer de recursos suficientes para ello, y quedando tan solo la confianza en la providencia, para que desaparecidas las subvenciones y reducidos los ingresos, se pudiera seguir haciendo frente a las necesidades, confiando en el celo y la constancia del Patronato y en su buena gestión, para que si decidiera vender, lo hiciera en buenas condiciones para así enjugar la deuda y adquirir otros locales, en donde poder seguir con la meritoria labor de D. Alejandro y la estimación que las Escuelas habían conseguido.

Tras la respuesta de Granada, el Patronato, ante el inmediato vencimiento de la deuda contraída con los Sánchez Izquierdo y no tomada una decisión en firme, pues su intención era perdurar con las Escuelas y así salvar todo el esfuerzo realizado, intentó demorar ese vencimiento recurriendo a letras soportadas con las garantías personales de los patronos, que sucesivamente se fueron endosando entre sí, para acabar en D. José Díaz y Díaz Patón (en ese momento secretario del Patronato), que finalmente se hizo cargo de toda la deuda y así la satisfizo a la Banca Sánchez Izquierdo el 23 de febrero de 1932.

Javier Holgado Corral