Opinión

Compartiendo diálogos conmigo mismo

Dejémonos encontrar por quien nos ama

(La gloria de la vida está en el corazón de cada cual)

Víctor Corcoba Herrero

02/05/2020

(Última actualización: 02/05/2020 22:27)

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I.- Creed en Dios

Cuando uno cree en Dios, crece el amor y el amar,

se transforma su rostro, se torna un rastro de bien,

todo vuelve a los ojos del alma y reaparece la paz.

No hay que tener miedo a vivir el camino del verso,

cuidemos la fe en la belleza, forjémoslo de verdad,

Volvamos a los brazos de Jesús, hagamos camino,

el camino de regreso al celeste corazón de Cristo,

preparémonos para contemplar la pureza invisible

del sol y dispongámonos a ser esa poesía de luz,

con la que el Creador nos llama a llamear en el gozo.

Nuestra patria no está aquí en la tierra, sino a su vera,

justo al lado de ese fuego viviente que nos alienta,

para poder salir de las tinieblas, brotar con otro brío,

pues aunque el punto de partida es duro, el de llegada

es un don que nos concilia y reconcilia con la cruz.

II.- Recrearos en Dios

Me estremezco en la nada que soy y me conmueve estar

unido a ese mar que nos lleva al sublime nido del cielo,

con la seguridad de que Jesús mora en la ola del viento,

con todos nosotros y también con el Padre, a la espera

de que vayamos, busquemos sus llagas y nos vaciemos.

Conocerle será un modo de seguirle, de tender el oído,

de atender a sus pasos y de entender su noble mirada,

siempre dispuesta a ennoblecernos para glorificarnos,

pues más allá del llanto y del dolor, nos queda el deleite

que injerta sentirnos acogidos y recogidos por su verbo.

Busquemos tiempo para escucharnos, concibamos espacio,

para que esa palabra recreada en lo etéreo renazca eterna,

y se haga presencia viva en nuestro caminar por la tierra.

Descubramos que nuestro Hacedor continúa en nosotros,

dejemos que nos inspire por dentro e ilumine las noches.

III.- Vivid en Dios

No hay mejor obrar que desvivirse por dar testimonio,

de aquel que vive en nosotros y que nos quiere vivos,

porque el humano ser no pierde de vista las apariencias,

pero el Todopoderoso mira el alma y observa el andar,

del que sabe volver a levantarse y hallar la nueva vida.

Sin desfallecer un instante, despojémonos de lo arcaico,

para recubrirnos de la pujanza que nos asiste y coexiste,

renovándonos y revirtiéndonos en nuestros quehaceres,

con la quietud que da tener un órgano capaz de querer,

y no para sustraer globo, sino para sumarse al mundo.

Nuestro referente está en María, la servidora del Señor,

nadie como ella supo donarse y redimirse en donación,

el “sí” y los anhelos de ofrecer fueron mucho más fuertes

que las vacilaciones y los obstáculos que pudieran surgir;

hoy nos mira, pide reposo, sedienta de un nítido planeta.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

2 de mayo de 2020