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Lecturas para quedarse en casa en inusitados tiempos de crisis sanitaria

Política y sindicatos al final de la dictadura y actividades “clandestinas” en Puertollano

Extraído del libro "La etapa del franquismo en Puertollano” publicado por Intuición Grupo Editorial y escrito por Modesto Arias

Modesto Arias

24/03/2020

(Última actualización: 24/03/2020 21:10)

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En su tramo final, el régimen pasó por una grave crisis política, además de económica y social, en medio de controversias entre aperturistas y continuistas dentro del propio sistema, que se aferró por mantener inalterables su lenguaje, estructuras y funcionamiento y del que cada vez se encontró más alejado la inmensa mayoría de los ciudadanos del país. Por ello, la idea de prolongarlo después de la muerte de su fundador, que se preveía cercana en base a su avanzada edad y cada vez mayor deterioro físico, se mostró muy pronto inviable, una vez ocurrido el fallecimiento del Caudillo, y la expresión “Después de Franco, las instituciones”, repetida por algunos sectores afectos al modelo político vigente, interesados en que éste se perpetuase, no pudo ser llevada a la práctica en aquella España de los años setenta.

La jefatura del Consejo Local del Movimiento la ostentó Manuel Gimeno Mesa hasta el 9 de octubre de 1970, fecha en la que fue sustituido por Millán Aguilar Mazarro. Junto a ellos, otros integrantes de este organismo fueron Eliseo López Tortosa, Miguel Belló García, Alfonso García Dueñas, Tomás Cumplido Manzanedo, Teófilo Ruiz de la Hoz, Francisco Almodóvar Buisán, Francisco Espinosa Mora, José Martínez del Hoyo Trujillo, Ascensión Gil Rodríguez, Eugenio Álvaro García-Muñoz, José María Amador Ríos, Enrique Sánchez Ramírez, José Pedro Fernández-Maquieira Calzada, Blas Molina Bautista, Eusebio Emilio Ocaña Martínez, Francisco Bautista-Cámara Sánchez y Aurelio Caballero Gallardo. La sede continuó en la calle Generalísimo, trasladándose, el 18 de junio de 1973, al antiguo Ayuntamiento, donde permaneció hasta la disolución del organismo, en abril de 1977.

En las mismas fechas que las municipales de 1970, la agrupación llevó a cabo elecciones internas y sólo para afiliados, como hasta entonces siempre había hecho, siendo designados dieciocho integrantes. Así, el 17 de noviembre, se nombraron seis representantes familiares: Alfredo Gil Gil, Eduardo Mora Soler, Francisco Espinosa Mora, Porfirio Navarro Rodríguez, Tomás Cumplido Manzanero y Rafael Almodóvar Buisán; el 24, cuatro sindicales: Julián Casado García-Mancha, Antonio García Jiménez, Julio Álvarez Rodríguez y Nicasio Mateo Garre, y el 1 y 2 de diciembre, ocho de entidades: María Dolores Porras Cabañero, Fernando Bermejo Romero, Enrique García Alonso, Emilio Díaz-Pinés Fernández, Alfonso García Campos, Aurelio Caballero Gallardo, Manuel Gimeno Mesa, anterior responsable, y Francisco Bautista-Cámara Sánchez.

Quedó constituido el 14 de febrero siguiente, en un acto que presidió el subjefe provincial del Movimiento, Manuel Reyero Gijón, y lo integraron un presidente, Millán Aguilar Mazarro; un vicepresidente, Francisco Bautista-Cámara Sánchez; un secretario, Aurelio Caballero Gallardo, y veinticuatro consejeros, por lo que, a los recién elegidos, se sumaron los que ya permanecían con anterioridad: Ascensión Gil Rodríguez, José Pedro Fernández-Maquieira Calzada, reemplazado el 30 de mayo de 1972 por Narciso Merchán Prieto como delegado local de Juventudes, Enrique Sánchez Ramírez, Blas Molina Bautista, Miguel Belló García, Eusebio Emilio Ocaña Martínez, Alfonso García Dueñas y José Martínez del Hoyo Trujillo. La mayoría de ellos también habían ocupado, ocupaban u ocuparían cargos en el Ayuntamiento, y pese a que se aseguraba que los fines y competencias de la entidad poco tenían que ver con etapas anteriores, tras las facultades que le había concedido el promulgado Estatuto Orgánico del Movimiento, los resultados prácticos debieron ser insignificantes, puesto que tres años más tarde, en 1973, cambiaron las formas de votación en los representantes familiares, con la idea de buscar una mayor participación y dar propaganda al colectivo.

De este modo, a los candidatos, que pudieron presentar su solicitud hasta quince días antes de los comicios, no se les exigió una militancia previa, ya que únicamente debían tener la condición de vecinos del municipio y presentar una declaración jurada de fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino, siendo más de ocho mil los Consejos a renovar, y treinta y tres mil las plazas a ocupar en toda España.

En el caso de Puertollano, los puestos a elegir fueron tres, después de la salida de Eduardo Mora Soler y Francisco Espinosa Mora, por sorteo, y de Rafael Almodóvar Buisán, por traslado de residencia, y cinco los candidatos: Emilio Muñoz Sánchez, de 20 años de edad, estudiante; José Luis Martín del Pozuelo Redondo, de 21, también estudiante; Juan Ramón García Camacho, de 39, médico; Teófilo Ruiz de la Hoz, de 60, industrial, y Vicente López Garrido, de 30, administrativo. El 13 de noviembre de 1973, a la vez que las municipales de esa convocatoria, se celebraron las votaciones, resultando elegidos los tres primeros, con 4.686, 3.933 y 3.869 votos, respectivamente, tras una baja participación, del 29 por ciento. En la toma de posesión, el 10 de febrero de 1974, en la que estuvo el gobernador civil, el alcalde dijo que "hasta entonces, siempre que se hablaba del Consejo, de inmediato se asociaba con la Falange, algo que ya no ocurría", en lo que tenían que ver los cada vez mayores intentos del régimen por desvincularse de esa agrupación, con vistas a buscar una base social más amplia.

De forma paralela al Consejo Local del Movimiento, estaba constituido el Círculo Doctrinal José Antonio, del que fue nombrado presidente Manuel Gimeno Mesa el 28 de septiembre de 1970. Editaba un Boletín Informativo en el que los asociados exponían su ideario y credo, estando la sede en la plaza de la Soledad, de donde se trasladó a la calle San José.

Debido a los incidentes estudiantiles provocados en distintas universidades, el Consejo de Ministros del 24 de enero de 1969 acordó declarar, durante dos meses, el estado de excepción en todo el territorio nacional y que, al día siguiente, se adoptaran medidas en los Ayuntamientos. A tal fin, se convocó telefónicamente un Pleno Extraordinario que decidió, por aclamación y mediante un telegrama enviado a la Casa Civil del Jefe del Estado, "mostrar su adhesión al criterio de autoridad que implica la declaración del estado de excepción, encaminado a poner término a acciones dirigidas a turbar la paz de España y derivadas de la estrategia internacional". También hubo de mandar la Corporación telegramas de fidelidad y felicitación el 24 de julio, tal como ordenó, es la palabra exacta, el gobernador civil, quien exigió que se le remitiesen las copias, en este caso al Caudillo y al Príncipe de España, con motivo de la reciente proclamación de éste, en las Cortes, como sucesor del Generalísimo a título de rey.

El 3 de diciembre de 1970 comenzó un Consejo de Guerra en Burgos contra dieciséis miembros de ETA. Su repercusión fue grande, produciéndose ese mes movilizaciones en toda España "para condenar las injerencias de otros países en el nuestro y expresar el apoyo a Franco y al Ejército". El día 18 se celebró una manifestación en la plaza de Oriente de Madrid, convocada por el sector "ultra" del régimen, mientras que en Puertollano lo fue el domingo 20, a mediodía. Partió de la Glorieta Virgen de Gracia, continuando por la avenida José Antonio y la calle Generalísimo, hasta el Ayuntamiento. La encabezaron el alcalde y las autoridades, portando los asistentes banderas nacionales y pancartas alusivas a la unidad de España y a la paz existente en el país, condenando la intromisión extranjera. Desde el balcón de la Casa Consistorial, el alcalde y el gobernador civil, que acudió tras estar presente en otro acto similar desarrollado en Ciudad Real, se dirigieron a los congregados, exaltando los valores patrióticos. El primero dijo: “Me siento orgulloso de ser español. Tengo que decir que esto es un pedazo de España y que a España no le importa tener enemigos, porque nuestro triunfo es muestra evidente de que sus maniobras carecen de fuerza para impedir o entorpecer la marcha progresiva de la Patria, del orden, de la justicia y de la paz". Por su parte, José María Roger Amat señaló: "Yo sé de vuestra lealtad, de la lealtad del trozo querido de la Patria que es Puertollano; yo sé de vuestro entusiasmo, de vuestra fe; porque sois gente agradecida sentís vuestro patriotismo unido a vuestro corazón y a vuestra mente, que es el mismo que nos llevó a la victoria del 18 de julio". Todo ello venía a ser una muestra más de la paulatina descomposición de un régimen al que se le acumulaban los problemas y que, varias décadas después de su instauración, aún necesitaba afianzarse recurriendo a proclamas y discursos tantas veces repetidos.

El año 1971 asistió a las segundas y últimas elecciones a procuradores en Cortes de representación familiar, concurriendo cinco candidatos en la provincia, que fueron proclamados el 14 de septiembre en la Audiencia de Ciudad Real. Eran Luis Martínez Gutiérrez, Fernando Acedo-Rico Semprún, José Antonio García-Noblejas García-Noblejas, Millán Aguilar Mazarro y Julio Blanco Escobar.

Durante la campaña, el 23 de septiembre se recibió en el Ayuntamiento un telegrama urgente, enviado por el gobernador civil, en el que notificaba que uno de los candidatos, José Antonio García-Noblejas, había formulado una protesta ante la Junta Electoral del Censo, motivada porque varios colaboradores suyos, la noche anterior, habían sido molestados cuando pretendían colocar carteles de propaganda autorizada en Puertollano, a la vez que también se les impidió hacerlo en una valla junto a la que estaban instalados los de otros aspirantes, de lo que tuvo constancia el jefe de la Policía Municipal. El texto continuaba señalando que esa misma noche iban a regresar a la ciudad, por lo que pedía que "se dictasen las medidas oportunas que evitaran las anomalías denunciadas, con el fin de no perturbar el principio de igualdad de oportunidades que confiere la Ley a todos los ciudadanos". Dos días después, el alcalde en funciones, Miguel Belló García, hizo saber al gobernador civil que eran falsas las aseveraciones del sr. García-Noblejas, a la vez que le enviaba un acta notarial de testimonios y fotografías que demostraban que "en esta población está garantizado el libre ejercicio de los derechos de todos los candidatos y no se perturba el principio de igualdad de oportunidades que les ha sido otorgado por la Ley". De las diferentes elecciones celebradas en aquellos años, fue la única ocasión en la que se levantó una cierta polémica, si es que como tal puede considerarse lo acontecido, ya que las restantes discurrieron con total placidez y sin controversia alguna.

Los comicios se efectuaron el miércoles 29 de septiembre, y los dos elegidos fueron Luis Martínez Gutiérrez, con 77.575 votos, y Fernando Acedo-Rico Semprún, con 43.971. Tras ellos quedaron José Antonio García-Noblejas y García-Noblejas, con 31.325; Millán Aguilar Mazarro, con 24.398, y Julio Blanco Escobar, con 15.691. En Puertollano votaron 13.076 electores, el 50'09 por ciento del censo, obteniendo la candidatura del alcalde 11.198 votos, el 85'64 por ciento de los emitidos, y casi la mitad del total que recibió contabilizando la provincia entera. Estas elecciones despertaron aún menos interés que las primeras, tras comprobarse lo poco que había servido la presencia de los nuevos procuradores en las Cortes, pese a su mayor dinamismo, puesto que la institución eclipsó cualquier intento de salirse de los cauces establecidos y continuó igual de dócil y sumisa. Dos días después, el 1 de octubre, se celebró una manifestación en Madrid para conmemorar el XXXV aniversario de la llegada de Franco a la Jefatura del Estado, partiendo trenes especiales desde la ciudad.

A comienzos de 1972, de la Delegación de la Vieja Guardia de Falange Española de las JONS partió la iniciativa de erigir un monumento a José Antonio, "como reconocimiento al hombre de más clarividencia política de esta época, hoy en plena actualidad dentro de nuestros Principios Fundamentales", pero la idea, como otras anteriores, no prosperó, pese a que se aseguraba que "cuanto más nos alejamos de la fecha de su muerte, más se consolida la adhesión y la solidaridad hacia este hombre que lo dio todo por España". En las fechas conmemorativas del 29 de octubre y del 20 de noviembre se siguió repitiendo, una y otra vez, que "con el 18 de Julio se legitimaron las Leyes Fundamentales que integran nuestra Constitución", que "el país no podía permitirse el lujo de traumatizar un sistema fundado sobre la sangre de los mejores" y que "es cierto que no nos gusta todavía España, porque la revolución no está terminada y en muchos de sus campos apenas iniciada". En 1975, en los actos del aniversario de la fundación de la Falange, la figura del Caudillo, ya en estado muy grave, fue criticada, mientras que en los previstos para el 20 de noviembre, que recordaba el fusilamiento de José Antonio y día en que murió Franco, sólo se celebraron los de la mañana, suspendiéndose los de la tarde, en señal de duelo.

Al frente del Gobierno Civil estuvieron José María Roger Amat y, desde 1972 y hasta 1976, Andrés Villalobos Beltrán, y de la Diputación Provincial, Fernando de Juan y Díaz de Lope-Díaz. Comisarios de Policía fueron Florencio García Samper, José Navarro Herrero, quien, el 12 de marzo de 1971, fue distinguido con la Cruz al Mérito Policial, distintivo rojo, por desarticular el Partido Comunista y Comisiones Obreras, Mariano García Cristín y Antonio López-Almodóvar Romero. El 21 de abril de 1975 fue destinada, con carácter fijo, una sección de la Policía Armada al mando del brigada Manuel Nacarino Nevado. Hasta entonces, habían venido unidades de Ciudad Real cuando se producían conflictos, y, ya en la década de los setenta, cada tarde se desplazaba un autocar con efectivos de este Cuerpo desde la capital de la provincia, quienes deambulaban por la localidad entre las 16 y las 23 horas. La Guardia Civil dispuso de cuarteles en El Poblado, Barriada Asdrúbal y calle Cruces, cerrando este último en 1973, por traslado a la Cervantes. La dirigieron los capitanes Germán Pérez Botello, José Antonio García Martín e Ignacio Barrios Plaza. Tanto la policía político-social, como la brigada de información de la Benemérita, fueron las encargadas de contender con las actividades consideradas clandestinas.

En el convulso tramo final del franquismo, el 20 de diciembre de 1973 se produjo el asesinato del presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, a manos de la organización terrorista ETA. Se declararon tres días de luto oficial, se suprimieron los espectáculos públicos y se colocó en el Ayuntamiento un pliego de firmas para que, los que lo deseasen, pudieran estampar la suya en testimonio de adhesión al Jefe del Estado, al Príncipe de España y al Gobierno, a la vez que mostrar su condolencia por dicho fallecimiento. El sábado 22, a las 8 de la noche, se celebró en la iglesia de la Asunción un solemne funeral, oficiado por el arcipreste, Jesús Jiménez-Ortiz, y presidido por las autoridades locales, con el templo lleno de público. El celebrante dijo: "Él supo el precio de la paz porque tuvo que luchar por conseguirla, y ahora, con su muerte, nos enseña lo que cuesta mantenerla". El 27 hubo un Pleno, en el que los asistentes acordaron que el próximo Colegio Nacional que se construyera en la ciudad se denominase Carrero Blanco, "como homenaje póstumo a tan ilustre personalidad", acuerdo que, con el tiempo, no llegó a concretarse.

La huida hacia adelante del régimen tuvo en los fusilamientos de dos miembros de ETA y tres del FRAP, el sábado 27 de septiembre de 1975, una de sus ultimas expresiones. Ante la condena internacional, la reacción fue la acostumbrada: muestras de apoyo a Franco y críticas a las injerencias externas en los asuntos españoles, situación que recordaba a la época de aislamiento, en la década de los cuarenta. A una manifestación organizada para el 1 de octubre, en la plaza de Oriente de Madrid, acudieron personas de la ciudad, desplazadas en diez autobuses fletados por el Ayuntamiento, la Organización Sindical y algunas empresas. Ese día, el GRAPO asesinó a cuatro policías, y el 6, ETA, a tres guardias civiles, en una dramática espiral de violencia. Las autoridades locales volvieron a reiterar fidelidad al Generalísimo, al Príncipe y al Gobierno de la nación, y, a nivel particular, una serie de personas estuvo dispuesta a organizar suscripciones en favor de las viudas y huérfanos del terrorismo.

Días después, Francisco Franco enfermó de extrema gravedad, muriendo en Madrid el jueves 20 de noviembre, jornada que discurrió en la población con normalidad. En la mañana del 22, Juan Carlos I fue proclamado, ante las Cortes, Rey de España, y ese mismo día, a las cinco de la tarde, se celebró en la iglesia de la Asunción de Puertollano una solemne función religiosa en honor del fallecido, a la que concurrieron numerosos ciudadanos, debiendo quedar algunos fuera del templo. Volvió a oficiar la ceremonia el arcipreste, junto con ocho sacerdotes representantes de las parroquias de la localidad, quien calificó al Caudillo "de regalo de Dios a España, del que quedaban su obra y las instituciones". Una escuadra de la Policía Armada dio escolta, actuando el coro de la iglesia y la Banda Municipal, que interpretó el Himno Nacional durante la consagración. Como último acto, el alcalde leyó el testamento espiritual de Franco.

El 28 de noviembre, en el primer Pleno Municipal efectuado después de su muerte, y tras "hacer votos por un feliz reinado de Juan Carlos I, para la paz y el bien de España", se acordó erigirle un monumento por suscripción popular, por lo que el 26 de diciembre apareció un Bando anunciador. Pero esta idea, al igual que otras planteadas en los últimos años de vida del dictador, no llegó a materializarse, porque la situación pronto cogió unos derroteros muy diferentes a los anteriores.

Aprobada la Ley Sindical de 1971, ese año y en 1975 hubo elecciones, pero su desarrollo y resultados poco tuvieron que ver con las efectuadas en 1966, pues fueron escasos los contrarios al régimen designados, al coincidir con una fase de horas bajas de Comisiones Obreras. El máximo cargo provincial lo ostentaron Manuel de Pablos Bravo, Francisco Javier Ansuategui Gárate y Ángel García Cuesta, mientras que de la Comarcal, el 29 de septiembre de 1970, tomó posesión Blas Molina Bautista, sustituyendo a Félix Martínez Escobar, quien, en 1974, fue nombrado delegado provincial de la Vieja Guardia.

En esa fecha, eran catorce los sindicatos constituidos en la localidad, existiendo quince empresas con más de cincuenta operarios, las cuales, con 7.071 trabajadores, acaparaban un porcentaje muy elevado del total, algo poco frecuente en la provincia, donde la mayoría de las entidades contaban con un bajo número de asalariados. Con menos de cincuenta había 1.238, dando empleo a 3.983 personas.

La oposición al régimen continuó centrada en el Partido Comunista y Comisiones Obreras, aunque lejos de la pujanza de la etapa anterior. El 22 de agosto de 1970, el Cuerpo General de Policía de Puertollano inició unas actuaciones, concluidas a finales de octubre, que llevaron a la desarticulación de ambos organismos. Fueron detenidos cuarenta y cinco militantes, acusados de "repartir propaganda ilegal, realizar pintadas con letreros subversivos, colocar banderas rojas e instigar a los conflictos sociales", y destrozadas las multicopistas donde elaboraban Mundo Obrero, cuyos clichés eran enviados desde Madrid. Los principales dirigentes, entre los que se encontraban Pedro Ruiz García, que había sido despedido de ENCASO en junio, Andrés Cejudo Cano, Francisco Huete Trapero, José María Donaire González, José Manuel García Cañuelo, Manuel Barbero Gómez y Mariano Martín Arribas, fueron identificados, pero lograron salir de la ciudad, trasladándose a la capital de España, para vivir en la clandestinidad. En diciembre, de incógnito, regresaron Pedro Ruiz, a quien se consideró en busca y captura y se procesó en rebeldía, y Andrés Cejudo, con la idea de mantener una reunión en el campo con miembros del partido y del sindicato, pero fue descubierta, produciéndose disparos y algunas detenciones, no las de los dos llegados, que pudieron volver a Madrid y, con el resto, pasar a Francia. Por todo ello, las actividades opositoras se redujeron considerablemente, aunque ya en la víspera del Primero de Mayo de 1971, hubo siembra de octavillas por las calles.

La Junta Democrática, creada en París en julio de 1974, inició sus actividades en la localidad a finales de ese año, celebrando varias reuniones. Algunos de los asistentes fueron Agustín Fernández Calvo, Manuel Caballero Vigara y Pilar Sierra Tapiador. En junio de 1975, la policía de Ciudad Real desarticuló la organización en la provincia, coordinada por José Antonio García Rubio, que impartía clases en la Escuela Universitaria del Profesorado de EGB de esa población, y de la que formaban parte miembros del PCE local, lo que supuso otro duro golpe, aunque, al no caer varios de sus dirigentes, el partido, mal que bien, prosiguió su actividad17.