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Ermita de la Soledad en Puertollano: Evolución arquitéctónica y patrimonio artístico

Tercer capítulo del libro "Historia de la ermita de la Soledad” publicada por Intuición Grupo Editorial y escrito por José Rafael González Romero que se puede adquirir en nuestra sede de Paseo de San Gregorio, 87, Entreplanta derecha y también a través del teléfono 926 41 26 53

José Rafael González Romero

23/03/2020

(Última actualización: 23/03/2020 20:42)

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Sobre la evolución arquitéctónica y el patrimonio artístico de la ermita de Nuestra Señora de la Soledad en Puertollano y, en principio más concretamente sobre el edificio, hemos de decir que los textos consultados, inéditos o ya estudiados, apenas nos aportan datos concluyentes sobre su estructura y desarrollo arquitectónico a lo largo de los tiempos. Aunque no podemos establecer una fecha exacta acerca de su fundación, sí podemos afirmar que, a finales de 1507, aún no se había tejado su techumbre. Asimismo, treinta años más tarde, todavía estaba la ermita sin puertas que permitieran cerrarla:

Otrosi visytamos la dicha hermyta de señor Sant Mateo que es dentro de esta villa la qual hallamos bien reparada y sostenida e solamente hallamos por hazer de o que se mando hazer por los visytadores generales pasados de la Horden unas puertas a la entrada de la dicha hermyta de las quales tiene muncha necesidad e ansy mandamos a vos los dichos oficiales del conçejo que lo manifiesto que ser pudiere hagays hazer las dichas puertas en la dicha hermyta muy bien hechas con su buena cerradura

En 1564, se habían mandado a unos carpinteros hacer las puertas, junto con unos escaños para asientos, pero no se habían colocado. Los Visitadores, descontentos ante la indolencia de los responsables del templo, les instigarán a terminar las diversas obras emprendidas:

Otrosi mandamos que se hagan unas buenas puertas rezias y bien fechas de buena madera y clavazón a la puerta que sale a la calle y en las paredes de encima de la dicha puerta se eche un lomo de cal y ladrillo con sus almenillas porcima para que tenga mejor saçon la entrada de la dicha puerta que no paresce de hermyta syno de casa

A principios del siglo XVII, en 1608, la antigüedad de la ermita era apreciable. De esta manera, los calatravos cuando visitan dicho edificio, lo encuentran viejo y deteriorado por lo que mandaron:

que Gregorio de Encina maestro de canteria la viese y diese traza para que se reparase la dicha ermita y se hiciese lo necesario para su vuen ornato

Además, ordenan que las obras de restauración se hagan públicas, recogiéndose distintas ofertas o pujas de particulares interesados en la realización de las mismas:

lo qual mandamos para que toviese efecto se pregonase para ver si alguna persona queria hacer postura en las obras e reparaciones de la dicha obra de la ermita dicha y se hizo postura las quales y las condiciones con que se puso se van pregonando a la justicia ordinaria desta villa. Por tanto mandamos a los alcaldes e regidores que al presente son e mayordomo de la dicha ermita e por tiempo fueren vean la traça modelo y condiciones con que esta puesta la dicha obra y la hagan pregonar y en la persona en quien rematare la hagan perfecta y acabadamente conforme a las condiciones dentro del termino del remate y lo cumplan ansi so pena de cada seis mil maravedis para obras pias a distribución que a vostra costa inviaremos persona que los apremie a ello

En cuanto a la ubicación del templo, en un principio, se encontraría en las afueras del actual casco histórico, aunque no muy alejado de él. Estaba orientado al sur de la población antigua, conectando la Plaza de la Tercia (el centro de la villa) con el camino que se dirigía al río Ojailén y hacia el Valle de Alcudia (donde se hallaban las aldeas de Puertollano). Es decir, estaba emplazado junto a la ruta habitual que tomaban los campesinos lugareños para ir a trabajar al campo, siendo uno de las vías más transitadas en la época.

Por lo que atañe a la evolución demográfica sufrida por la población local; en la segunda mitad del siglo XVI, se oscila desde los 2.940 habitantes (1541), a las 5.430 almas (1594), no lo olvidemos el mismo vecindario que tendría Puertollano a fines del siglo XIX. A este respecto, el crecimiento del caserío será determinante para que, seguramente por entonces, el santuario quedase situado intramuros de la villa. Ésto nos hace suponer que, en sus inicios, la edificación estaría prácticamente rodeada de tierras de cultivos (huertos o eras), con la excepción de la casa del santero, que se encontraba adosada a su recinto:

Pues que encorporado con la dicha hermyta ay casa del santero o mayordomo donde ay cozina e chimenea para hazer fuego

En 1510, en la protocolaria Visita de la Orden, ya se apunta que la ermita linda con las casas de Lucía Serrano y de Alonso Vizcaíno. Cincuenta años después, en 1564, existía otra casa aneja al patio de la iglesia, y con cuyo propietario pleitea las autoridades calatravas, por razón de unas bardas colocadas en los tapiales de la vivienda:

e se requiera a Gavriel de Castilla que quyte las vardas de retama de la pared de su casa que sale al patio de la dicha hermyta e la varde de un lomo de cal y ladrillo dentro de quatro meses primeros siguientes so pena de dos mil maravedis por que no conviene que este como esta y si no hiziere siendo requerido mandamos a los Alcaldes ordinarios que lo hagan hazer a su costa y les executen por lo que costare y por la dicha pena

De este modo, a principios del siglo XVIII, San Mateo ya se encuentra totalmente incorporado al casco urbano. Incluso se ha trazado una calle, creemos que para facilitar el acceso a la ermita:

Y aviendo llegado a la dicha ermita, que esta en la calle de la casa del Beneficio, tiene una portada de ladrillo con dos puertas, zerradura y llave

Mediado el siglo XVIII, esta vía urbana es conocida como la calle de la Soledad. Hemos de recordar, y así lo indicamos en el Capítulo I, que en un documento de la Orden de Calatrava de 1724, se nomina ya la ermita bajo esta advocación. Así pues, desde esta rúa se accedía al templo. Primero se atravesaba una fachada de ladrillo con dos puertas. Sobre ésta, se encontraba el campanario, también de ladrillo, con su campana. A través de un portal, se llegaba a un patio grande y empedrado donde se localizaba la puerta principal, con su arco de piedra, que franqueaba la entrada al templo, a cuyo interior se bajaba por cuatro gradas. Es decir, el acceso al santuario se realizaba desde la actual calle homónima, salvando el desnivel existente, no de una manera directa, sino a través de un rústico patio de piedra, a manera de claustro. Por lo tanto, donde se encuentra situado ahora el retablo mayor, estaba ubicada la antigua entrada a la iglesia.

Una vez en el interior, la estructura arquitectónica era semejante a la que podemos contemplar en la actualidad. Tres naves, la central a dos aguas y con más altura que las laterales, separadas por tres arcos de medio punto, construidos de ladrillo, sostenidos a su vez por columnas bajas de mampostería. En la restauración de finales de la década de 1980, se añadió un tramo más, con dos arcos pequeños de medio punto, y se retranqueó el retablo mayor hasta la posición que ocupa en estos días. El suelo, una vez allanado, estaba cubierto con solería también de ladrillo; las paredes estaban blanqueadas con cal y los techos, al menos el de la nave central, estaban cubiertos de madera:

De presente nos parescio que avia que prover que la dicha hermyta es que el çaquitami de la nabe de en medio se acabe de hazer como esta començado y como fue mandado en la visitación pasada y se allane el suelo de la dicha hermyta y se pongan los ladrillos que faltan

El zaquizamí (çaquitami) que cubría la bóveda central, estaba terminado en 1577:

fecho çaquiçany de madera cepillada como fue mandado en la visitación pasada y esta bueno y sin nebcesidad de cosa alguna

De todo ello, podemos concluir, que la ermita aprovechaba los materiales constructivos pobres, propios de la arquitectura rural y mudéjar. Esta cobertura de madera aún se mantenía, más o menos intacta, hacia 1719, donde se recoge es estaba el techo de alfaquias y ripias.

En el interior, había tres altares. Según se entraba, a mano derecha, estaba el altar de Santa Lucia. A la izquierda, se ubicaba el dedicado a San Francisco; que, por cierto, en 1577, se hallaba en franco deterioro:

Otrosi mandamos que otro altar questa en la nave de la mano izquierda se aderece e ponga en el lo necesario para queste con la decencia que debe estar porque la presente lo hallamos maltratado e indecente y cuando esto lugar no aya mandamos se quyte e deshaga el dicho

También a mano izquierda, se situaba el habitáculo que albergaba la sacristía. Su entrada se cerraba mediante un postigo, y en su interior se localizaba una ventana pequeña que daba al patio. En ella, los Visitadores inventariaron:

Un frontal de calimaco nuevo con su bastidor de pino, un espejo mediano con un marco dorado, unas andas de pino grandes, una imagen de un Santo Christo y dos faroles todo con caños largos de madera que sirben en el rosario que sale de dicha ermita y un caxon grande de pino para los ornamentos y demas alaxas

Nos consta que, estos altares de las naves laterales, se cubrían con manteles, delanteras y poyales. Así como que, además, se adornaban con sargas pintadas y pabellones. La sarga eran telas pintadas que adornaban o decoraban las paredes principales de las aras. Para aumentar la dignidad del retablo se utilizaban los pabellones, paños ornamentales usados a modo de dosel.

Al fondo, en el presbiterio, estaba emplazado el altar mayor, al que se accedía a través de unas gradas, realizado íntegramente de madera:

Otrosi vimos el altar de la dicha hermyta el qual hallamos decente y como conviene estar

Aunque no hemos encontrado una descripción artística del mismo, podemos deducir, por la Visita de 1637, que en la capilla principal había un retablo que contenía varias imágenes:

tiene un Cristo crucificado a lo antiguo y la imagen de San Matheo de talla dorado y por viso una cortina de lienço carmesí y a los colaterales están en uno la imagen de Nuestra Señora de la Soledad bestida ques de la cofradía de la Sancta Veracruz y al otro la imagen de Sant Francisco de talla y un quadro del expolio de Nuestro Señor Jesuchripto acavado de azotar con su marco dorado

Mucho más rica en detalles, la Visita de 1719 nos dice:

Y en la capilla principal, que está toda ella adornada de pinturas sobre yeso, ay un altar con frontal de camelote carmesí, flueques de ylo de oro, manteles nuevos con encages, cruz, atril y dos bujías de açofar (latón). Y sobre él ay una imagen de Christo Crucificado de estatura natural, muy devoto, con velo de gasa; a un lado Nuestra Señora de la Soledad de bulto, con pollera y manto de tafetán negro; del otro lado, una echura de Señor San Mateo de talla, dorado y estofado

Muy interesante es la sucinta alusión a determinadas pinturas murales trazadas en la capilla mayor, hoy por desgracia totalmente desaparecidas . En esta Visita, también se alude a una segunda puerta en la nave de la Epístola:

Al medio dia ay otra puerta con dos puertas que estan buenas, con aldava de hierro. Y junto a esta la otra ay dos pilas medianas de piedra para agua bendita

En las numerosas fuentes de la Orden de Calatrava consultadas, también aparecen diversos inventarios de ornamentos, imágenes y otros objetos destinados al culto divino.

Las imágenes

Las diferentes fuentes documentales consultadas nos revelan, en los orígenes más remotos del templo y cómo no podía ser de otro modo, un patrimonio imaginero ciertamente escaso, y que, por si fuera poco, apenas se verá incrementado en las centurias siguientes a su fundación. De este modo, tenemos constancia de la existencia de la imagen del original patrono del santuario, desde las primeras Visitas a la ermita. En todo caso, tendremos que esperar hasta 1637 para que los Visitadores maestrales nos hagan una breve descripción de la misma:

y la imagen de San Matheo de talla dorado

El dorado y estofado son procedimientos pictóricos que permiten la decoración e iluminación de las tallas. Esta técnica era habitual en la escultura durante el Renacimiento. Permitía recubrir los materiales pobres, fortaleciéndolos contra los xilófagos y humedades. El dorado, signo metafórico de lo sagrado, era una fase propia de la policromía que consistía en la aplicación de finas láminas de oro sobre la superficie de la imagen. A este paso, le seguía el estofado; método que se basaba en la aplicación de capas de color sobre las zonas doradas, para después rasparlas con un elemento punzante, consiguiendo dibujos de oro sobre fondos de color. La utilización de estos recursos iconográficos sobre las vestimentas de la figura posibilitaban la imitación de telas como: brocados, damascos, tisúes y tafetanes (tejidos de seda); o catalufas y camelotes (paños de lana). El objetivo último era dotar de magnificencia la talla y mover a la devoción a los fieles.

En cuanto a su iconografía, aunque no aparece documentada, nos es difícil hacer conjeturas al respecto. Se acostumbraba a representarlo como publicano, con una bolsa de monedas; como apóstol, pisando la bolsa de dineros (signo de su conversión) junto con los instrumentos de su martirio (una lanza o alabarda) y también como evangelista, acompañado de un ángel.

A esta imagen, debemos añadir la de Santa Lucía. La efigie de la santa, sanadora de enfermedades oculares, estaba colocada en su propio altar en la nave de la Epístola:

avia tres altares, el uno de los quales el de la mano derecha como entramos en la dicha iglesia es de Santa Luçia cuya imagen es de bulto de talla dorada

La devoción a esta mártir siracusana, estaba normalmente relacionado con el gremio de tejedores, oficiales que dependían de la vista para su subsistencia. Debemos recordar que la población local, desde finales del siglo XV, crecerá de forma significativa como consecuencia de una potente industria pañera doméstica rural. La imaginería acostumbra por lo general, a representarla con dos ojos sobre una bandeja, o en el fondo de una copa. Añadiremos que esta escultura no aparece inventariada en la Visita de 1719. Sí encontramos una Santa Lucía en la descripción de la iglesia parroquial en 1801, incluida en los Autos de posesión de don Nicolás de Arredondo, como titular de la Encomienda puertollanense:

a los costados de dicho cascarón están colocadas las imágenes de San Raimundo y Santa Lucia

La colocación, en el segundo cuerpo del retablo mayor, a uno de los lados de Nuestra Señora de la Asunción, nos permite vislumbrar el importante culto que aún debía concitar. En el caso de que se tratara de la misma imagen, y sin que conozcamos los motivos ni su cronología, se habría producido un cambio desde su ubicación histórica hasta la entonces única parroquia local.

Volviendo a nuestro santuario, junto a las efigies religiosas ya citadas, encontramos la del fundador de la Orden Franciscana. La devoción a este santo mendicante es propalada por nuestra comarca, ya a fines del siglo XV, desde los conventos de Ciudad Real, Almagro y Chillón. En el siglo siguiente, predicadores franciscanos nos visitaban regularmente en Adviento y Cuaresma, con la finalidad de preparar a los fieles para las Pas-cuas de Natividad y Resurrección, respectivamente. Estos frailes eran los más populares misioneros de su tiempo y, quién podía, se amortajaba con su hábito, que gozaba de un sinnúmero de gracias apostólicas. Por desgracia, desconocemos los detalles exactos de sus características escultóricas, excepto que era de talla. Curiosamente, tenemos noticias que, en 1577, presentaba algunas grietas, por lo que los Visitadores ordena-ron que se restaurara cuanto antes. Al santo franciscano, por lo general se le representa con el sayal marrón oscuro de la Orden, ajustado por un rús-tico cíngulo, cordón con tres nudos que representan los votos de pobreza, castidad y obediencia (virtudes franciscanas por excelencia); portando en una de sus manos un crucifijo y apreciándose los estigmas en las manos, los pies y el costado.

Poco a poco, el patrimonio escultórico de este templo se vería incrementado en los siglos XVII y XVIII. De esta manera, en 1637, los hermanos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz habían incorporado ya al culto en este recinto sacro una imagen de Nuestra Señora de la Soledad de vestir. Paradójicamente, esta divinidad acabará, con el transcurso del tiempo, por asumir la titularidad de la iglesia. La representación de María en su Soledad, después de la inhumación de su Hijo, trata de plasmar la culminación de sus dolores por la Pasión y Muerte de Jesús. Ataviada con ropas de viuda, y sosteniendo entre sus manos algunos de los elementos pasionales (los clavos o la corona de espinas), sería un tema escultórico de gran aceptación en el ámbito hispano del momento. También en este año de 1637, los Calatravos describen que el altar mayor tiene un Cristo crucificado a lo antiguo. Nos llama la atención la terminología empleada para describirlo, pues inmersos ya en la época barroca el uso del vocablo “antiguo”, nos induce a sospechar sí acaso no se referirían a una imagen de estilo gótico o de traza renacentista. Este crucifijo, a principios de la centuria siguiente, estaría situado en el eje central del retablo mayor y a sus colaterales Nuestra Señora de la Soledad y San Mateo.

Continuando con el recorrido patrimonial de nuestro templo, hemos de afirmar que no escapará su riqueza imaginera al espíritu de la Contrarreforma, derivado del Concilio de Trento, ni al barroquismo imperante en el siglo XVII y parte del XVIII. Durante la centuria del Setecientos, en la provincia de Ciudad Real, la devoción a las efigies de Jesús a Cuesta se extenderá de hasta el paroxismo, creándose como consecuencia de ello numerosas cofradías para su culto. En todo caso, en Puertollano no se fundará ninguna hermandad con esta advocación de Jesús Nazareno. El reinado de los Austrias Menores y primeros Borbones (1598-1740) será un etapa de decadencia para nuestra localidad y su entorno, donde se registran altas tasas de emigración a otras latitudes (moriscos, tejedores, labradores), aumenta paralelamente la presión fiscal (menor vecindario debía hacer frente a la misma carga impositiva) y las crisis de subsistencias son recurrentes (ciclos de plagas de langosta, sequías y epidemias), con lo que no solamente no se fundan nuevas hermandades, sino que se extinguen la mayoría de las existentes desde tiempos pasados. Una de las cofradías más pujantes será la del Santísimo Cristo de la Maravillas y Señor San Miguel, fundada en 1755, que traerá esta talla a nuestra localidad, incorporándose al panteón imaginero de la ya entonces denominada Ermita de la Soledad. Reunidos los cofrades y hermanos del Santísimo Cristo, el 19 de Marzo de 1777, en la iglesia de San Mateo y Nuestra Señora de la Soledad para:

tratar y conferir el mayor culto y veneración del Señor de la Cruz a cuestas que a expensa de diferente devotos se ha traido y ofrece a esta dicha hermandad el señor frey don Joachin de Pineda Ramírez de Arellano del Orden de Calatrava, Prior y Cura propio de la Iglesia parroquial de esta referida villa y capellan de esta hermandad, y propuso que deseoso de que se estienda el culto divino a puesto quantos medios le han sido facultativos para que se tenga la nueba imaxen de Jesús Nazareno y se le de la maior venerazion y a este fin como tal capellan propone a los hermanos si combienen en admitirla y agregarla a la misma santa hermandad sin perjuicio de sus primitivas constituciones ni ser visto por ello alterarlas en manera alguna para que baxo de esta calidad se disponga a sacarla en procesión de esta ermita con Nuestra Señora de la Soledad el Viernes Santo de ma-drugada por la estacion hasta la Iglesia parroquial, bolbiendo de ella a esta misma hermita... y que se tenga con la posible decencia y maior culto dicha nueba santa ymajen de Jesús en esta hermita de Nuestra Señora de la Soledad

Aunque desconocemos el origen exacto de esta escultura, lo cierto es que según los testimonios gráficos que se han conservado, podemos decir que se ajustaba a los modelos iconográficos religiosos imperantes en la época. Con el paso del tiempo, el fervor popular fue creciendo, manteniéndose hasta nuestros días.

Para terminar, el insigne doctor Alonso Limón Montero en su conocida obra sobre hidrología de España, nos informa de que se veneraba también la estatua del evangelista San Juan muy perfecta y devotamente tallada.