Cultura

Lecturas para quedarse en casa en inusitados tiempos de crisis sanitaria

Alcaldes de Puertollano en el siglo veinte

Extracto del libro "Historia Social de Puertollano” publicado por Intuición Grupo Editorial y escrito por Luis Fernando Ramírez Madrid

Luis Fernando Ramírez Madrid

22/03/2020

(Última actualización: 22/03/2020 20:58)

Imprimir

En las líneas que siguen vamos a tratar de dar a conocer sucintamente la panorámica de los alcaldes de Puertollano en el siglo XX. Intentaremos exponer los rasgos más sobresalientes de su gestión y la situación a la que hubieron de hacer frente, dentro de la perspectiva histórica de la situación.

A finales de los ochenta, cuando el Ayuntamiento solicitó mi ayuda para instalar en el edificio una galería con los Alcaldes que ha tenido Puertollano, tomé algunas notas sobre los hechos y la labor que ha llevado a cabo uno de los Alcaldes de la localidad. Este capítulo es el resultado de aquellas notas elaboradas y completadas con otras que hemos tomado posteriormente.

Para comenzar, he estimado oportuno dibujar los antecedentes históricos de los Alcaldes para que todos tengamos conocimiento de ello. Se ha dicho que el origen de los Alcaldes se halla envuelto en las oscuridades de los primeros tiempos y que, con el mismo u otro nombre, existieron funcionarios encargados de velar por los intereses comunes, pero que con la denominación de Alcalde no aparece hasta el siglo XI. El origen del cargo se sitúa en los primeros tiempos de la dominación romana. Después los visigodos, que, en nombre de los duques y condes, ejercían jurisdicción en las ciudades y pueblos. Más tarde, en tiempos de los árabes aparece el Kadi, autoridad con atribuciones y cometido judicial que ha dado origen a la palabra alcalde.

El cargo de alcalde, que como ya hemos dicho aparece en el siglo XI, se con-figuró simultáneamente con la formación institucional de los municipios. Los Partidos nos relatan que los alcaldes fueron durante mucho tiempo funcionarios exclusivamente judiciales y de nombramiento real hasta que el favoritismo de los señores y la protección dispensada a los comunes, rompieron la ciudad del nombramiento. De ahí los alcaldes, realengos, señoriales y foreros, según que su elección se hiciera por los reyes, los señores y los concejos.

Durante el siglo XII, con la tendencia a la autonomía municipal, los concejos castellano-leoneses alcanzaron el derecho de elegir anualmente sus jueces o alcaldes. El proceso de intervención de la corona en la administración judicial, anclado en la Baja Edad Media para corregir determinados abusos en las municipales, aumentó con el advenimiento de los Reyes Católicos.

Pero el verdadero origen de la figura del Alcalde, tal y como la concebimos hoy, debe buscarse, igual que todo el régimen municipal contemporáneo, en las Cortes de Cádiz de 1.812, concibiéndolo como un cargo efectivo, como autoridad del Estado y como Juez, aunque hasta diciembre de 1.858, con la creación de los juzgados de paz, no se separaron netamente las funciones de justicia y de administración en la esfera local. Las reformas de 1.876 y 1.877 acrecentarían las funciones administrativas de los alcaldes.

A partir de entonces, en los siglos XIX y XX, la legislación local española les reconoce cierta autonomía y establecerá como fórmulas de determinación del Alcalde la elección popular o la designación gubernativa.

Su regulación jurídica, hasta la actual Ley de Bases de Régimen Local de 1985, y, en particu-lar, desde la Ley de Régimen Local de 1955, se ha caracterizado por el «parcheo legislativo», debido a causas políticas. La Ley de 1955 y de sus Reglamentos de desarrollo, implicaba una fuerte intervención estatal en la designación de los Alcaldes.

El comienzo de la etapa de transición política afectó de forma importante a la Administración Local, provocando muchos cambios normativos, dando comienzo con la Ley de Elecciones Locales.

Con la Constitución de 1978 se inicia una nueva etapa histórica, que culminará en la actual Ley de Bases de Régimen Local de 1985, reconociendo a las Adminis-traciones locales su carácter de entidades o entes territoriales y su autonomía.

Estas dos características de la «nueva» Administración local obligaron apresura-damente a adaptar la normativa local anterior a la Constitución; y, así, mediante el Real-Decreto Ley 3/1981, de 16 de enero, que se convertiría en la Ley 40/1981, de 28 de octubre, se desmontaron los sistemas de tutelas del Estado sobre las En-tidades locales, previstos en la legislación anterior.

Esta confusión legislativa, junto a la necesidad de desarrollar y cumplir la Consti-tución, obligó a elaborar un nuevo sistema normativo de la Administración Local.

Una vez que hemos visto las distintas funciones que han ido teniendo los alcaldes vamos a situarnos en el año 1.900. Por aquellos entonces, a pesar de todas las transformaciones que habían tenido lugar en los últimos tiempos (la construcción de un “camino ancho desde Ciudad Real; la Casa de Baños; el ferrocarril Ciudad Real-Puertollano; ... etc.) la situación de la villa continuaba siendo deficiente. De todas formas, la expansión se había iniciado gracias al potente polo de atracción que suponían las minas de carbón, que ya producían más de 100.000 toneladas anuales y ocupaban a más de 600 trabajadores en ellas (de los cuales alrededor del 20 por ciento eran mujeres y niños menores). Puertollano tenía ya su Feria de Mayo y la Plaza de Toros, que había abandonado definitivamente la Plaza Pública (la cual había sufrido el “derrumbe” de sus soportales).

Finalizando el siglo habían comenzado a surgir las primeras asociaciones de dife-rente naturaleza, se había puesto fin al proceso desamortizador, que enajenó los terrenos de propios y comunes, los cuales fueron a parar a manos de los grandes propietarios forasteros y locales, la riqueza estaba muy concentrada, se tuvo que hacer frente a un movimiento popular de protesta contra los injustos impuestos sobre los consumos etc.

Cuando en Agosto de 1.897 cayó Cánovas asesinado, los 20 años de turno pacífi-co cubrieron el país de hastío y no solucionaron ninguno de sus problemas. El símbolo monetario (la peseta) sufrió una devaluación, y los capitales coloniales se venían huyendo de la guerra. Los jóvenes intelectuales de la época sintieron en sus propias entrañas las consecuencias de la derrota y criticaron la realidad espa-ñola, que no supo contemplar los años de paz con imaginación.

Por primera vez, una desgracia del país (la Guerra Colonial) sirvió para que mejo-rara la situación económica de Puertollano, al aprovechar la cuenca minera la creación de nuevos mercados y aumentar considerablemente la producción hasta llegar a las trescientas mil toneladas anuales.

Don Emilio Porras Delgado cierra el siglo XIX y abre el XX al frente de la Cor-poración Municipal. Este Alcalde puso énfasis especial en hacer de los ejidos un Paseo y se plantan numerosos árboles alrededor del balneario y la Fuente Agria, delimitando los jardines hasta la altura de la actual calle de Santa Ana. Con las obras realizadas bajo su mandato, Puertollano dejó de ser la villa insignificante de finales del XIX. Se empedraron las calles y se embellecieron los paseos, y el alumbrado eléctrico sustituyó a las lámparas de petróleo.

El crecimiento continuo de la población, que ya sobrepasa los 7.500 habitantes, dio lugar a la expansión del casco urbano, iniciándose con ello un proceso especu-lativo de reconversión de terrenos rústicos en urbanos, vendidos para dar acogida al aluvión de recién llegados, siendo los beneficiados los propietarios de tierras de labor cercanas a la población.

La muerte de Don Emilio Porras puso de Alcalde a Don Felipe Lázaro, a quien sucederían desde 1.902 hasta 1.914, en el cargo Don Rafael Rodríguez, Don Ave-lino Ruiz y otra vez el Sr. Rodríguez. Todos estos Alcaldes hubieron de enfrentarse a continuas protestas del vecindario por lo elevado del impuesto de consumos en unos tiempos en los que no resultaba fácil la vida. Sin duda lo más destacado de su gestión fue la construcción del primer Colegio Público Municipal (ubicado en la calle San José), del Pabellón de Música para que actuara la Banda Municipal, del alumbrado eléctrico, del Colegio Municipal de Nuestra Señora de Gracia y de la adquisición del Balneario de la Casa de Baños.

La población continuaba creciendo, 10.503 habitantes, de los cuales el 75 por ciento eran analfabetos, hecho éste que no impidió la proliferación de periódicos (“La Lealtad”, “La Voz de Calatrava”, “La Voz del Pueblo”,... etc.).

Por otro lado, las difíciles condiciones de vida se vieron periódicamente afectadas por la falta de vagones, las inundaciones, la carestía de la subsistencia,... etc., crearon una conciencia obrera que va a cristalizar en asociaciones de oficio, sindicatos y partidos obreros (“El Progreso”, “Círculo del Obrero”, “La Precisa”, “El Bien”, “Unión Republicana” y “La Agrupación Socialista”) que se convertirán en el vehículo que caracterizará las reivindicaciones de los obreros.

La actividad municipal que ocupó a las diferentes corporaciones fue bastante pa-siva, limitando su acción a sanear los caminos vecinales, costear las fiestas tradi-cionales, formar parte de alguna comisión especial para diligenciar con el Gober-nador,... etc. Poco más o muy poco dieron de sí las sesiones municipales, siendo numerosas las que no se celebraron por falta de asistencia de los regidores, que tenían en la caza y en las fiestas sus mejores excusas. Los representantes munici-pales que pertenecían a las familias más ricas del pueblo le fueron escamoteando a éste la intensa y firme gestión que era necesaria para poder ofrecer respuesta a los muchos problemas que tenía la localidad.

A pesar de su corta duración, el intervalo comprendido entre 1.914 y 1.918 es el más esencial de toda la historia de Puertollano por la trascendencia que tuvo en el desarrollo inmediato y posterior de nuestra localidad.

En el ámbito municipal, lo más destacado es que las elecciones conformaron una nueva mayoría obrera que hizo posible que, por primera vez en la historia, un tra-bajador (Don Eduardo Gómez Freír) ocupara la Alcaldía de Puertollano, cargo que había estado monopolizado por la oligarquía local. Las numerosas propuestas de los concejales obreros tendentes a mejorar las infraestructuras chocaron con las limitaciones presupuestarias, aunque consiguieron fomentar las obras de urbani-zación, el embellecimiento de jardines y paseos e intentando la captación de aguas.

La actitud de algunos concejales obreros permitió llevar a todos los rincones del gobierno municipal la transparencia, la justicia y la honradez.

Aquel periodo también sirvió para demostrar que los hombres son humanos y que es lícito vender la honradez por la ambición. Dos concejales obreros fueron “comprados” y en 1.916, Don Emilio Porras Duarte tomaba posesión de la Alcal-día con la Guardia Civil ocupando la Casa Consistorial. Los concejales obreros aprendieron tarde que no permanecer unidos frente a los poderosos es un alto riesgo que se acaba pagando caro.

Durante aquel periodo, el espectacular crecimiento de la población generó un gra-ve problema de viviendas, lo que no impide que se construyan los edificios más singulares y costosos (“El Círculo de Recreo”, “Gran Teatro”, “Copa”,...etc.). Se adornó el Campo de la Fiesta del Árbol, se embellecieron los Paseos, se eliminó el Impuesto de Cédulas Personales y desaparecieron los baños de agua “agria”.

Finalizada la I Guerra Mundial, la crisis hizo pronto su aparición en Puertollano. Y como si de un contagio se tratara, se trasladó dicha crisis al Gobierno Munici-pal de los Samper, Gascón, Palomo, Martínez, Porras, García, González, Palomo y Rodríguez; Alcaldes todos ellos de la ciudad en una etapa cuyos hitos más desta-cados son la creación del “Comedor de Caridad”, la construcción de un nuevo edificio para el Ayuntamiento, el ferrocarril a Conquista y se le concede el título de ciudad a Puertollano.

La llegada de la II República introducía nuevos aires en la forma de go-bierno. En 1.934, cuando comienza el bienio negro, la actividad de la alianza re-publicano-socialista no ha tenido parangón hasta la fecha, aunque también hay que decir que estaba todo por hacer como decía el primer Alcalde socialista de Puertollano (Antonio Cañizares). Su labor fue extensísima: obras para paliar el paro y adecentar las calles, plazas y jardines; escuelas (16 en tres años), un Insti-tuto de Segunda Enseñanza, Biblioteca y Hemeroteca Municipales, Primera Se-mana Pedagógica, Colonias Escolares y teatro popular y la eliminación de las ca-rencias de servicios (Centro Rural Secundario y Hospital Municipal) son algunas de las iniciativas de ámbito cultural. Los sucesos de Octubre llevaron al Goberna-dor a destituir a toda la Corporación elegida democráticamente imponiendo en su lugar una nueva presidida por DON Dimas Cortés, lo que paralizó el trabajo de avance social iniciado en 1.931.

Debemos significar de este periodo que el Alcalde socialista Don Antonio Cañizares cedió su puesto a los tres meses a Don Leonardo Rodríguez por haber sido elegido diputado a Cortes.

En febrero de 1.936 ocupaba de nuevo el Ayuntamiento la mayoría vencedora en las elecciones de 1.931 y poco después estallaba la Guerra Civil española. Duran-te este espacio de tiempo se realizaron obras, se saneó la Hacienda Municipal, se intentó asegurar el abastecimiento de la ciudad y se facilitaron recursos a las fa-milias refugiadas. La Guerra disponía las cosas, en otra perspectiva, adquiriendo importancia lo que antes carecía de ella.

La ilusión que despertó la República y los proyectos de progreso y libertad que de ella nacieron quedaron truncados con el final de la contienda. Se gobernó por primera vez en beneficio de todos, respetando siempre los principios de igualdad, solidaridad y justicia social. La gestión fue llevada a cabo por personas que se habían forjado a sí mismas, que no poseían una sólida formación cultural pero sí un afán desmedido por extender la enseñanza a todos y fomentar cualquier aspec-to de la vida cultural.

Aquellos republicanos, con su talante dialogante y democrático, hicieron posible la etapa con la mayor y más dinámica vida asociativa política, sindical y cultural que haya tenido Puertollano en toda su historia; y además, trabajando organiza-damente para el futuro, se marcaron los pasos para la resolución de los problemas económicos derivados de la dependencia minera.

Durante los años 40, la situación económica del Ayuntamiento fue muy difícil, ya que a la escasa capacidad recaudatoria tenía que añadir la siempre pesada carga del gasto “incontrolado” que sólo atiende al momento. En esos años fue gestiona-da por los Señores Mora, Belló, Garrido, F. Belló y Porras, sin que ninguno de ellos consiguiera saldar la deuda pendiente. Hubo que esperar a que Don José León, con su gestión, saneara las áreas municipales. Aquel favor lo utilizó muy bien su sucesor (Don Emilio Caballero) que emprendió una extensa labor sin ne-cesidad de mirar al pasado.

A lo largo de estas dos décadas se producen una serie de realizaciones muy nece-sarias para la población: en educación 9 grupos escolares, el Instituto, la Escuela de Maestría, Los Salesianos y una Biblioteca; en obras y servicios, fuentes públi-cas, el Mercado y un Gimnasio; una urbanización, se construyen viviendas, se electrifica El Villar, se pavimentan calles y se ajardinan plazas. También se in-corporan una serie de monolitos (Caídos en el Trabajo, F. Arias y R. Cabañero) y se derriban la “Copa” y el Pabellón de Música. También se creó el Parque de la Dehesa Boyal, se celebran en Puertollano las Ferias de Muestras (la ciudad tenía su peso en la provincia y el Alcalde mantenía muy buenas relaciones con autori-dades provinciales y del Movimiento) y se consolidan los Festivales de España.

A Don Emilio Caballero le sucede en el cargo Don Millán Aguilar, el Alcalde que más tiempo ha permanecido al frente de la Corporación. Durante su mandato se aprobó el Plan de Ordenación cuando ya no era necesario regular el crecimiento de Puertollano (porque no existía) lo cual propició toda clase de desmanes ur-banísticos sin tener para nada en cuenta el aspecto estético de la ciudad. Alturas excesivas y desaparición de las construcciones más emblemáticas de la localidad (Plaza de Toros, Marquesinas, Casa Correos,...). Se ampliaron la dotación de Ser-vicios: Nueva Biblioteca, Centros Educativos, Instalaciones Deportivas, una guardería infantil, una Residencia de Ancianos, la Escuela de Enfermeras, el Cen-tro de Salud, 891 viviendas, se instaló el Reloj de flores y una Fuente luminosa.

Con estos dos últimos alcaldes se perdió la oportunidad de conseguir para Puerto-llano un Centro de Enseñanzas Medias o Superiores que estuvieran vinculados a las minas y al Complejo Industrial

En el periodo de transición apareció una nueva política que pretendía recuperar la iniciativa y frenar la presión ciudadana. Se aceptaron algunas demandas y se esta-bleció un diálogo con las asociaciones y entidades, pero sin abordar de hecho nin-guna realización fulgurante de los partidos políticos (PSOE, PCE, PSP, Coalición Electoral de Izquierdas,... etc.) como portadores de proyectos políticos y sociales globales.

Se produce la llegada de la democracia y 43 años después los vecinos de Puerto-llano eligen a sus representantes para el Gobierno Municipal. Las propuestas que los partidos de izquierdas realizan pasan por eliminar el presidencialismo; fomen-tar y potenciar la participación ciudadana (como única forma de compaginar, por un lado, la gravedad de los problemas y escasez de recursos y, por otro, las altas expectativas sociales y la necesidad de no defraudarles para proporcionar el má-ximo de credibilidad al Consistorio y de Información y garantías a la población); claridad y publicidad en la gestión; y sobre todo honestidad, dedicación y austeridad de los cargos públicos.

Como Don Ramón Fernández completó otra larga serie de años al frente de la Al-caldía, se da la circunstancia de que desde 1.952 a 1.991 Puertollano ha tenido tan sólo tres Alcaldes (Caballero, Aguilar y Espinosa). Esta serie se vio truncada en la legislatura de 1.991 a 1.995, en la que hubo tres alcaldes tras las dimisiones de Don Santiago Moreno González (para formar parte del Gobierno Autonómico de Bono) y Don Manuel Juliá Dorado (a quien las desavenencias en la familia socialista hipotecaron su mandato), teniendo que finalizar dicha legislatura Don Casimiro Sánchez Calderón.

Estos cambios tan rápidos en el tiempo, no ayudan a que la gestión fructifique y sembraron la duda entre muchos ciudadanos sobre si el Alcalde debe ser natural de Puertollano, cuando lo realmente importante es que respete las señas de identi-dad de Puertollano e intenten realizar una gestión honesta y honrada. Y, si bien es cierto que el mandato de Don Manuel Juliá fue breve, debemos aclarar que en estos cien años de gestión seis alcaldes gobernaron menos tiempo que él (años 1.923, 25, 30, 31 y 39). Don Casimiro Sánchez ha permanecido al frente de la Alcaldía desde entonces hasta finales del siglo XX.

Al principio, los nuevos gobernantes se encontraron, igual que ha sucedido en otros periodos de este siglo, con una extraordinaria ausencia de equipamientos y con unas infraestructuras urbanas considerablemente deterioradas, situación a la que costó hacer frente debido a que durante diez años se gobernó con la ausencia de una legislación moderna que frenó la gestión municipal por la insuficiencia presupuestaria, impedimento que solventó en parte la nueva Ley de Haciendas Locales.

También hay que indicar que la prolongación de las divisiones internas del parti-do que ha estado gobernando el Ayuntamiento de Puertollano, le han restado un tiempo precioso y energías que se ha traducido en una pérdida de influencia en otros ámbitos, afectando de alguna manera a la prosperidad de la ciudad e impi-diendo que Puertollano tenga la representación que merece.

La gestión municipal ha ofrecido hasta fin de siglo un balance de realizaciones e iniciativas apreciable y positivo para el conjunto de ciudadanos, aunque inferior a las esperanzas y necesidades de la población que anhelaba cambios rápidos. Pero ha contribuido a arraigar los hábitos democráticos, a crear una opinión pública más informada, a abrir canales de participación popular, a establecer relaciones constructivas con los sindicatos y otras instituciones y a desarraigar prácticas ile-gales, fomentando una nueva moral cívica.

La política social y cultural ha sido el ámbito municipal en el que se han puesto en marcha el mayor número de proyectos innovadores (Conservatorio de Música, Escuela de Danza, Auditorio, Museo, Escuelas Taller, Concejalía de Juventud, Centro de Información, Estadio, Polideportivos, Colegios, Institutos; Centros de Salud, Centros Sociales, Área para la Mujer, O.M.I.C., Residencia de Ancianos, Guarderías, Ayudas a domicilio, Matadero, Escuela Salud,...etc.); la política ur-banística ha tenido que proceder sobre una ciudad desordenada y desigual (para ello se revisó el Plan General de Ordenación Urbana); a la participación ciudada-na se le ha dado la importancia que este hecho reviste en una sociedad democráti-ca); hay que destacar las iniciativas municipales de potenciación de la economía de la localidad,...etc.; y se ha aprendido a vivir y a debatir en democracia.

En todos estos años se ha transformado la fisonomía de la ciudad mediante la pavimentación de calles, plazas y paseos; la dotación de equipamientos (Auditorio, Museo, Estadio, Pabellones, Centros de Salud, Correos,...etc.); la creación de nuevos espacios verdes (Plaza de la Calva, Pozo Norte, Dehesa Boyal,...etc.) y abiertos (calles peatonales); las comunicaciones (AVE, puente Virgen de Gracia, ...etc.);etc.

El municipio dejó de ser esa entidad portadora de servicios mínimos, alejada de la realidad ciudadana para convertirse, con todas sus deficiencias y carencias, en una institución cercana a los vecinos que admite sus inquietudes y da cauce a sus demandas. Una institución que aún necesita ampliación de competencias y una mayor autonomía para conseguir una auténtica transformación de recursos econó-micos y humanos y una gestión más ágil y más rápida.

En las últimas décadas han mejorado muchas cosas, pero la situación de la eco-nomía y, en ocasiones, la falta de perspectivas han conducido a que la población inicie una tendencia recesiva, que de mantenerse planteará dudas sobre el porvenir de Puerto-llano.

Ahora y en los años sucesivos, desde el Ayuntamiento se tendrán que realizar las gestiones necesarias en otras esferas y abordar la situación de una manera decidi-da, sin complejos, con una política imaginativa, enérgica y emprendedora que procure hacer énfasis en solucionar la problemática que hoy en día a Puertollano le caracteriza, porque solo generando empleo y diversificando la base económica de la ciudad se podrá volver a reactivar el crecimiento de la población. Medidas para la creación de empresas estables que den trabajo a las gentes de la ciudad son imprescindibles para poder preparar, construir y asegurar el Puertollano del Siglo XXI.

Alcaldes de Puertollano en el siglo XX

Emilio Porras Delgado: 1/1/1.902 al 11/5/1.902

Felipe Lázaro Fernández: 25/5/1.902 al 1/1/1.904.

Pío Solana García: 1/1/1.904 al 23/1/1.909.

Avelino Ruiz Mazarro: 1/7/1.909 al 1/1/1.912.

Rafael Rodríguez Mozos: 1/1/1.912 al 5/1/1.914

y 15/1/1.918 al 1/4/1.920.

Eduardo Gómez Ferrer: 5/1/1.914 al 2/1/1.916.

Emilio Porras Martín-Duarte: 2/1/1.916 al 15/1/1.918.

Juan Samper Gómez: 1/4/1.920 al 1/4/1.922.

Alfredo Gascón Sánchez-Escribano: 1/4/1.922 al 30/9/1.923

Samuel Palomo Angel: 2/10/1.923 al 30/3/1.924.

Y del 24/4/1.930 al 30/1/1.931.

Enrique Martínez Pontrémuli: 31/3/1.924 al 21/3/1.925

Eduardo Porras Martín-Duarte: 28/3/1.925 al 9/12/1.927.

José García Castañeda: 9/12/1.927 al 5/3/1.930.

Florentino Rodríguez Gómez: 6/2/1.931 al 10/4/1.931.

Antonio Cañizares Penalva: 21/4/1.931 al 31/8/1.931.

Leonardo Rodríguez Barrera: 31/8/1.931 al 11/12/1.934.

Y del 20/2/1936 al 28/3/1.939.

Dimas Cortés Acero: 11/12/1.934 al 20/2/1.936.

Toribio Mora: 30/3/1.939 al 16/8/1.939.

Miguel Belló Chinchilla: 26/8/1.939 al 2/9/1.940.

Martín Garrido Gómez: 2/9/1.940 al 9/4/1.943.

Félix E. Belló Chinchilla: 20/5/1.943 al 19/5/1.945.

Enrique Porras Romero: 19/5/1.945 al 6/7/1.950.

José León Gascón: 6/7/1.950 al 26/11/1.952.

Emilio Caballero Gallardo: 9/12/1.952 al 26/11/1.965

Millán Aguilar Mazarro: 26/11/1.965 al 16/4/1.979.

Ramón Fernández Espinosa: 19/4/1.979 al 15/6/1.991.