Cultura

Lecturas para quedarse en casa en inusitados tiempos de crisis sanitaria

Francisca Caballero: Musa y mater amantissima de Pedro Almodóvar

Fragmento del libro “Catálogo de Indiscreciones” publicado por Intuición Grupo Editorial donde el periodista puertollanense Alfonso Castro entrevista a Francisca Caballero, madre del director de cine calzadeño Pedro Almodóvar en el año 1991. El libro es un compendio de entrevistas realizadas por este autor a un buen número de personajes castellanomanchegos, de hecho en esta entrevista están también los comentarios de Alfonso Castro actualizando el texto de la entrevista realizado años antes de su publicación en este libro

Alfonso Castro

20/03/2020

(Última actualización: 20/03/2020 20:28)

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Francisca Caballero (Calzada de Calatrava, 1916-1999), madre de Pedro Almodóvar, fue para el cineasta el “territorio donde todo sucedía”. (¡Qué más puede decirse de una progenitora, y de su influjo en la vida y en la obra de su preclaro hijo!).

Francisca, Paca o Paquita (con o sin Doña, que de todas esas maneras fue nombrada en vida) rebosaba por los cuatro costados la misma vitalidad campechana y parlanchina de Pedro, al quien en ocasiones reprochó, orgullosa de sus apellidos, que no se llamase también artísticamente Pedro Almodóvar Caballero.

De profesión sus labores y de muy buen carácter, fue la chica Almodóvar más carismática de todas, junto a la inolvidable Chus Lampreave. Así, sus breves apariciones en películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Kika y ¡Átame! han sido celebradas lo suyo por los incondicionales del director manchego.

El propio Pedro, al día siguiente de enterrar a su musa y mater amantísima en el pueblo que les vio nacer, escribió afectadísimo un inolvidable artículo en el diario El País en el que reconocía la esencialidad de su madre en él, su capacidad de iniciativa y sus dotes para la creatividad. Una mujer capaz “de sacar leche de una alcuza”, como en La Mancha bellamente se decía -que ya casi ni se dice, porque apenas si quedan cosas bellas que decir en La Mancha ni en ninguna otra parte del Orbe civilizado a estas alturas del nuevo milenio-.

En la intrahistoria de este país quedó ya para siempre registrada, cual paradigma, ese proceder ingenioso de Francisca al leer y escribir las cartas (junto a Pedro) de sus vecinas manchegas y extremeñas, improvisando el añadido de los párrafos que más felices hacían a las iletradas amigas. Esa disociación entre realidad y ficción, que tan esencial resultase luego en el trabajo artístico del realizador, que tuvo el detalle de dedicarle personalmente su primer film oscarizado: Todo sobre mi madre. Película cuyos primeros éxitos en festivales vino a coincidir con el fallecimiento de esta mujer (el 10 de septiembre del año 99), de la que el cineasta dijo que de ella cogió “toda la libertad, la autonomía, la moral, la fuerza y la energía de las mujeres de mis películas”.

[Créanme que no miento si les digo que

esta entrevista a Francisca Caballero

(señora Paca le llamé siempre que me

dirigí a ella) ha sido sin dudarlo la más

entrañable y humana de cuantas he llevado

a cabo... Porque dando de lado a la

ortodoxia periodística, más que

entrevista fue tal que una charla que

hubiera mantenido con una tía mía o con

mi vecina preferida. Una charla a corazón

abierto, con lágrimas incluidas, en la que

nuestro querido personaje dio un somero

repaso a su vida y a la de su familia:

desde el abuelo Pedro –que murió

arrastrado por la rueda del carretón que

arreaba- hasta el más pequeño de sus

nietos, pasando por su marido, el bueno

de Antonio, y deteniéndose sobre todo en

Pedro, que tan feliz le hizo en los

últimos años de su vida...

Aquel día de nuestro encuentro en

Calzada le recogimos en un convite de

parientes y ya de vuelta a su casa nos

trató (no se me olvidará nunca) a Harry

(el fotógrafo), Pilar (su novia) y a mí

con la familiaridad que se tiene con los

seres queridos, como si nos conociese de

toda la vida, agasajándonos con unos

torreznillos, un vino añejo de la tierra

-elaborado por su marido unos 20 años

atrás- y unos choricillos fritos, que aún

siguen sabiendo a gloria. Por cierto, los

mismos choricillos que ella misma en su

papel de entrevistadora televisiva ofreció

en el film Kika al escritor interpretado

por Peter Coyote, ¿recuerdan?].

- ¿Aquí en Calzada está usted sólo los veranos?

- Sí, aquí vivo sola en verano. Me dedico a la casa, hago mucho ganchillo y leo. Me gusta leer.

- ¿Qué lee normalmente?

- Pues algún libro que otro religioso, que me gusta. O si Pedro me compra las jorobás estas...

- ¿Las revistas quiere decir usted?

- Sí, revistas y las repaso. Pero vamos, me dedico también a hacer mucho ganchillo.

- ¿Le gusta leer las cosas que se escriben sobre Pedro o las entrevistas que le hacen?

- Sí. Me gusta mucho. Todo lo que mi hijo hace, todo, para mí es maravilloso. Todo es maravilloso. Yo adoro todo lo que mi hijo hace.

- El resto del año lo pasa usted en Madrid, ¿no? ¿Se reparte entre todos los hijos?

- Tengo piso propio en Parla. Vivo enfrente de una de mis hijas, en el mismo bloque, en la calle San Antón. Y la otra hija vive cerca. Y me traslimito muchos días a ir en casa de la otra. Pero tengo mi propio piso.

- ¿Y con Pedro y Agustín no pasa temporadas?

- Pues... vienen ellos los fines de semana a verme. Son maravillosos los cuatro, mis hijas y ellos. Pero a ellos les molesta el aire que me da y me quieren tener una mujer conmigo, y yo les digo que no estoy yo pa eso, que estoy yo capacitá para yo... Mis nietos van a dormir siempre uno conmigo. Tengo una nieta de 11 años y ésa me da mucha compaña.

- Le da compaña, claro...

- Así que...

- Me imagino que a Pedro, con lo liado que está siempre, lo verá usted mucho menos de lo que quisiera, ¿verdad?

- No lo veo mucho. Desde que me vine al pueblo no lo he visto.

- ¿Este verano no ha estado él por aquí?

- No, porque estuvo primero en el rodaje y después se marcharon a Elche a seguir rodando. Ha estado fuera en dos o tres sitios, en Italia, en fin...

- Este verano no ha parao...

- No ha parao. No ha parao nada. Porque los últimos toques de la película los dio la semana pasada en Italia. Creo que fue a ponerle la música.

- ¡Ajá!... Me dijo Agustín que estaban ya montando, creo.

- Sí, sí, sí, sí. Si ya la tienen, ya la tienen... para...

- ¿Sabe usted cuándo se estrena?

- No lo sé. Muy pronto va a ser...

- Creo que va a ser a finales de octubre, de este mes que entra.

- Sí, pero todavía no me han dicho el día.

“Todo lo que mi hijo hace es maravilloso”

- ¿Qué siente, señora Paca, cuando pasa usted por el parque de Calzada que lleva el nombre de su hijo?

- Pues siento una emoción muy grande. Me emociona. Hace tres días estuve y me sentí así, con un calor y una cosa, y digo: ¡Qué grande es esto! Para mí es un orgullo.

- Pero, ¿va usted aposta al parque o simplemente pasa por él alguna vez que otra?

- Pues sí voy, porque visito mucho una ermita que hay al lado del parque: la ermita del Salvador del Mundo, que lo visito mucho. Voy y le pongo una velita, y ya de paso me cruzo al parque. Yo disfruto de estar en aquello que es una posesión de mi hijo, como si lo hubiera comprao.

- ¿Qué le comentan los vecinos del pueblo de sus apariciones breves en las películas de su hijo?

- Pues a unos les gusta mucho y a otros no, porque...

- Hay de todo en la viña del Señor.

- Hay de todo, de todo... Mismamente este mismo señor que ha venío ahora, que tiene un hijo que es maestro, me llena de alegría. Me dice: ¡Ay qué grandeza!; ¡ay Paca, no sabes lo que tienes!; ¡no sabes lo que tienes!... Sí.

- ¿Y qué dicen de sus pequeños papeles en los films, como locutora de televisión o en las otras apariciones? ¿Le dicen que lo hace usted bien o que parece otra persona?...

- Sííííí… [Risas]. Aquí en el pueblo cuando vienen las películas... Que si me vieron a mí... ¡Bueno…! O antes de que la vean les comento a algunos que voy a salir en ella.

Papeles cinematográficos

- ¿En qué película se gusta más de las cuatro en que ha intervenido usted hasta el momento?

- Pues en la que salgo de locutora.

- Creo que es en ¡Átame!..., ¿o no?... ¡Ah, ya!... Es en Mujeres al borde de un ataque de nervios, en la que sale usted dando información de los chiítas.

- Eso es. Salgo haciendo ese papel en Mujeres...

- Y en las otras películas, ¿por qué se gusta menos?

- Pues hombre, cometí un error en ¡Átame! cuando nos encontramos Chus y yo, y hablamos más o menos esto en la secuencia: ¿Paquita dónde vas? Y digo: ¡Hija, al pueblo!... ¿Y cuándo has venido? Pues hace tres días. ¿Y qué pasa por el pueblo? Y digo: ¡Hija, que se muere muchísima gente y particularmente viejos! Y le digo: Pero hija mía, ¿sabes lo que ha pasao?... Que Torreznos se ha ahorcao... Y eso fue verdad. Me lo dijo una cuñada mía, que se había ahorcao ese señor de aquí del pueblo y yo lo comenté en la película.

- Lo comentó usted con toa naturalidad.

- Con toa naturalidad lo dije yo. ¡Pero claro eso no debí de decirlo! Y que no salga aquí en la entrevista. ¡Por Dios!, ¡que no lo escribáis! Porque es que los familiares del hombre se han puesto que..., bueno..., me quieren pegar y to. Así que esto mejor que no suene, porque es que luego sale todo.

- Interpretaron muy mal la anécdota.

- ¡Muy mal!, ¡muy mal!, ¡muy mal!

- ¿Llegó usted a resistirse a participar en el rodaje de las películas de su hijo o lo aceptó de buena gana desde un primer momento?

- Las acepté. No me resistí, porque desde el principio mi hijo me dijo: ¡Mamá, usted serena!; ¡usted de las cámaras pasa! Y yo, pues nada, ¡como si toda la vida hubiera estado rodando!

- ¡Vamos, que estaba usted encantada! Que le gustó mucho la experiencia...

- ¡Sí!, ¡sí!, ¡sí! Y sobre todo esto de Torreznos que no salga, que no lo comenten, ¡por Dios!, porque es que sale en las revistas, ¡y la familia se pooneee...!

- ¿Qué tal se lo pasaba usted en esos rodajes?

- Muy bien y ahora en esta última película me daba también un papelito. Le hace mucha ilusión también.

- ¿En Tacones lejanos?

- Sí. Lo que pasa es que ya me había venido yo a casa, al pueblo. Ya me había despedido de Madrid y estaba aquí muy a gusto, instalá, y no me apetecía volver. Pedro me dijo en la última semana de trabajo en Madrid que me mandaba un coche para recogerme pa ir al rodaje y le dije que lo sentía muchísimo, porque el desperdiciar ese papelito me costaba. A mí que me encanta hacer un papelito en la película. Y le dije que no tenía ganas de ir y no fui... Pero sí, me siento muy relajada. Precisamente en esa película estaban rodando Miguel Bosé y...

- ¿Ha visto usted escenas de la película?

- Sí, cuando está Miguel Bosé vestido de chica... Pero vamos, que me gusta rodar.

[No podíamos obviar en este trabajo la

hermosa gramática parda de Francisca

Caballero, sus giros idiomáticos, su

vocabulario textual, ¡tan geniales y tan

manchegos! Y reproducir su dicción tal

cual se nos expresó, ya que de un

enriquecimiento popular del idioma

se trata, origen deforme aparte.

Sus giros y modismos lingüísticos, hoy

en peligro de extinción, son un claro

exponente del habla popular y coloquial

española de la segunda mitad del siglo

XX. ¡¿Cómo no iba, pues, su hijo Pedro a

retomar estos giros idiomáticos para

darles carta de naturaleza en lo mejor

de su lenguaje cinematográfico?! He aquí

una muestra de este habla cogida al vuelo

de uno de los filmes del manchego, en una

escena en la que Doña Paquita aparece en

la cocina, liada con la comida, haciendo de

abuela con una nieta, a la que reprende

así: “¡No toqueteeees!, ¡deja el pimiento!,

¡qué manera de sobalo!”. Así de genial].

- ¿La reconocen a usted, o la paran por las calles de Madrid o de otro sitio que no sea Calzada?

- Sí. Mira, tuve una entrevista con Jesús Hermida en la tele, cuando empezó su programa por las tardes. Entonces llevaba Jesús Hermida muy pocas tardes actuando y llamó a mis hijos porque iba a reunir a madres de hijos famosos, y entonces se acordó de la madre de Pedro Almodóvar. Y vinieron a casa a por mí de Televisión Española. Vinieron y me llevaron. Me acompañó un nieto mío que estaba de vacaciones tamién. Y claro, mucha gente me saca de verme en el programa ese.

- ¿Le conocen más por ese programa que de las películas?

- Sí, más que por las películas; aunque por las películas también. En Parla me reconoce alguna gente por ellas. Una noche en una fiesta en Parla al entrar en la verbena algunos me reconocieron. Decían: ¡Señora, usted es famosa!, ¡usted ha salido en la tele!... Y en varios sitios más también.

Hemos ido a establecimientos en Madrid, tal como en El Corte Inglés y me han dicho: ¡Ah, usted es la madre de Pedro Almodóvar!, ¡usted ha salido en televisión!

- ¿Es verdad que Pedro es su hijo favorito?

- Tengo cuatro y para mí son los cuatro iguales. Me adolezco mucho de que se cansan, ¡claro!, tanto Agustín como él. Agustín hay días que llega mediodía y no come, porque tiene tanto trabajo, y eso me duele. Me duele mucho. Éste, como fue el más pequeño... Pero para mí los cuatro por igual. Más que, ¡claro!, Pedro me enorgullece muchísimo, porque por todos sitios donde voy, me conocen: ¡La madre de Pedro Almodóvar!, ¡la madre de Pedro Almodóvar!

“A Pedro de niño le gustaba muchísimo saber”

- ¿Qué tal estudiante era Pedro de pequeño?

- Mucho y muy bueno.

- ¿Y trastadas, le hacía muchas?

- No, no era un niño... Lo que fue es muy llorón. Tengo en el patio una ventana y hasta las cinco años se cogía a ella, y yo le decía: ¡Pero hijo mío!, ¿qué quieres?; pero, ¿qué quieres? Na más que llorar y llorar. Y decía él: ¡Quiero gana!, ¡quiero gana! Y yo: ¡Pero bueno!, ¿y de qué quieres gana?... Muy llorón...

- Sería que tenía hambre, ¿no?

- No. Lo que pasa es que tenía esa palabra: ¡Quiero gana! Pero llorón, llorón, llorón. Ya de seis años empezó a ir a los parvulitos y decía: Mamá si no me das el desayuno me voy, no puedo esperar. Y yo: Pero hijo mío espérate, si todavía no es hora, si te tengo yo que llevar... (Ésta que viene es otra prima mía...).

- Hola señora... Estamos terminando ya la entrevista; queda muy poquito... Entonces, ¿no era revoltoso?

- No, no, no, no, no. Fue un niño muy tranquilo, muy pacífico y daba gusto. Un niño que le gustaba muchísimo ir al colegio y saber, que lo enseñasen, muy curioso.

- ¿Es verdad que llevaba usted a ver Cine aquí en el pueblo a sus hijos, de pequeñitos?

- Sí. Ponían las carteleras en la calle... ¡Mamá llévanos al Cine!... Sí, hijos míos.

- ¿Se lo pedía Pedro o todos?

- Las dos hermanas y él. Y entonces yo los llevaba... Ponían las carteleras muy cerca de la Plaza del Ayuntamiento. Las ponían allí y veíamos los carteles, veíamos las imágenes y yo les decía: ¡Ya hemos estao en el Cine! Y con eso se conformaban.

- Entonces, ¿no iban al Cine, de verdad?

- ¡Nooooo!

- Pero, ¿por qué? ¿Es que no era costumbre entonces?

- No era costumbre... Aquí las personas mayores sí, pero los niños pues no... Yo les compraba algo de chucherías y eso, y ellos con ver las carteleras se contentaban.

- ¿Es verdad que Pedro con 10 años decía ya que quería ser director de Cine?

- Sí. Se lo decía a las hermanas y a mí misma, sólo de ver los cromos de las actrices. Ava Gardner era la preferida y Sara Montiel cuando empezó, que también salía en los cromos del chocolate y él los coleccionaba. Decía: Yo tengo que ser como éstas; y mis hijas se reían. Le decían: Tú ingeniero de caminos y carreteras. Pero no, a él le tiró el Cine desde que era un niño con 10 años.

- Y de Teatro o de Música, por ejemplo, ¿no hablaba también?

- Sólo de Cine.

- ¿Es cierto que usted entendió mejor que su esposo esa imaginación y creatividad innatas de su hijo, y que fue usted la que más le impulsó para que estudiase una carrera?

- Sí. Yo quería que mi hijo estudiase y supiese, porque veía que tenía una inteligencia y una lumbrera muy grandes, pero claro, tenía que estar en un sitio donde él pudiera poner sus facultades para ser algo. Pedro me decía: Mamá, todo voy a hacer para ser maestro, por darle gusto a usted, pero no voy a ejercerlo, prefiero colocarme en un banco o en la Telefónica. Y verdaderamente así fue. Sacó una de las 18 plazas que había para Telefónica y eso que costaba trabajo entrar en la empresa.

Me acuerdo que echó la instancia para Telefónica un 28 de febrero, que era el último día del plazo, así que sería la suya la última de todas. Y el 10 de marzo lo llamaron. Y los que había allí, esperando como él a ver los puntos que habían sacado y todo eso, le dijeron: Pedro, ¡qué listo eres! Tienes más puntos que ninguno. Te van a dar la primera plaza. Y así fue.

- ¿Se ha acostumbrado usted a la soltería de Pedro de por vida o piensa aún verlo casado y con hijos?

- Me he acostumbrao a su soltería, porque como veo que la vida está tan corrompida (se puede decir) que hoy las mujeres no aguantan nada, que antes hemos estao a las duras y a las maduras, y hemos sabido llevar la cruz del matrimonio (¡que es una cruz muy grande!) y nos hemos adaptao a esa situación. Pero ahora por menos de na la fulana se separa, ¡y se ha terminao!

Y yo comprendo que mi hijo anda entre muchas mujeres y no lo va a aguantar ninguna de que se bese con otra. Pues está mejor soltero. Yo quisiera que diera con una mujer que fuera su mujer, que mirara por él el día de mañana, pero por otro sitio digo: ¡Señor, no lo desampares, que es muy bueno!, ¡que mi hijo es muy bueno!...

- Si él es feliz así...

- Él es feliz. A mis nietos los quiere a todos muchísimo. Son muy buenos estudiantes y él se encuentra orgulloso de que ve que han empezao sus carreras y siguen adelante. Mi Antonia tiene una hija con 20 años que está estudiando Medicina, va con tercero y este año ya hará las prácticas en el Primero de Octubre, y su hermano que va con segundo de veterinario. Y el de mi otra hija, María Jesús, hace Empresariales y también va muy bien; este año en la Universidad de Getafe ha hecho el número uno. Y la otra pequeña que tiene 11 años pues tampoco va mal. Va con sexto o séptimo de EGB. Y los de Agustín son pequeñitos, uno tiene 5 años, y el otro año y medio y lo llevará pronto a una guardería.

Filmes de Pedro

- ¿Es cierto que sólo ha visto dos o tres películas de su hijo, porque le escandalizan mucho?

- Sí, es verdad.

- Supongo que habrá visto usted aquéllas en las que participó con pequeños papeles. Y las primeras que rodó, ¿no las conoce?: films como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón; Laberinto de pasiones; o Entre tinieblas... ¿No le apetece verlos?

- ¡Hombre! Como da la casualidad que si las echan aquí no estoy. Las que han echao aquí que he estao, pues es ido.

- ¿Y no las ha visto usted en video en casa de sus hijos?

- No. Soy poco de Cine. ¡Claro, que lo que él echa, ya digo, pues me agrada! Me agrada muchísimo todo lo que hace.

- Pero, ¿está usted dispuesta a verlas o se va a morir sin verlas?

- No. Estoy dispuesta a verlas. Este año digo: Voy a ir al estreno de su última película. Pues siempre me quedo con la niña pequeña de mi hija porque ella vaya al estreno, pero este año como la niña ya va siendo mayor, que ya tiene 11 años y ya la podemos llevar, pues voy a ir.

- Debe ser usted, señora Paca, una persona muy decidida y echá p´alante cuando acude a recoger en actos públicos premios para su hijo, como ocurrió hace años en un cine de Puertollano... ¿No se corta?

- Sí, sí, sí. Soy muy decidida. No me corta salir en público. De siempre he sido muy espontánea. Era pequeñita, con siete años, cuando inauguraron aquí el parque (no el que le han dado a mi hijo, sino el otro), que ahora lleva por nombre Reina Sofía. Eso era un cementerio y cuando lo inauguraron, que pusieron los árboles, pues tenía yo 7 años, dijo mi señorita: ¡Mira Francisca... una poesía! Pues hijo, me tuvieron que subir en una mesa porque no me veía el público y dije yo la poesía.

- ¿Prefiere usted que la llamen Paca, Doña Paca o Francisca? ¿O le da igual?

- Me da igual. Me dicen Paca, me dicen Francisca y yo atiendo igual. Así que...

[Nuestra interlocutora continúa

deleitándonos con sus ocurrencias y

hablándonos de sus hijos, mientras nos

empleamos en las viandas con que nos ha

agasajado gentilmente...].

- Pedro ha tenido faringitis este año y se le comunicaba con el oído. Una vez le quitaron como un pólipo o así de la garganta, ¿sabes? Le dijeron que tenía que dejar el tabaco, pero no se quita. ¡Pero si él no es fumador!, lo que pasa que lo han hecho entre unos y otros. Y Agustín fuma porque dice y que fumando que no engorda. No quiere ponerse como su padre, porque mi marido era gordísimo; pesaba 140 kilos.

- Pero Agustín no está muy gordo.

- No, no. Cuando quiere va y no come. Pero luego, ¿sabes lo que le pasa?, que le entra hambre y se sacia de comer, y los kilos que ha perdido los recupera. Pero relativamente no está gordo.

- [Harry, el fotógrafo, entre trago y trago, no pierde la ocasión de preguntarle también. En este caso sobre Bibí Andersen (actual Bibiana Fernández)... Si la conoce].

- Sí, aquí cuando vino a lo del parque de Pedro quedó como una diosa. ¡Quedó como una diosa! Que decíamos: ¡Verás como...! Claro… lo que sabes que pasa en los pueblos… Pero quedó formidable.

- Ese día estuve también en Calzada. Y con Pedro en la rueda de prensa en el Ayuntamiento. Se acordaba de mí, de mi nombre. Me dijo: Venga pregúntame Alfonso, que sé que estás deseando...

- Pedro tiene mucha memoria.

- ¿Sabía usted que desde la Diputación Provincial le hicimos un homenaje en 1984 en el Colegio Universitario de Ciudad Real?

- Sí. Aquel día vino él aquí al pueblo a comer y cuando comieron se fueron a Ciudad Real, y ya no volvieron.

- Ese día Pedro conoció personalmente al que era entonces alcalde de Calzada. Un señor bajito, con bigotito, del que no recuerdo su nombre...

- Sí, ahora ha pedío dimisión porque está delicao. Es maestro nacional y un señor muy trabajador, y al pueblo ¡cuánto trabajo le ha dao! Le operaron de estómago y no se encuentra bien, por eso ha salido y le ha sustituido en la alcaldía un concejal joven que es también maestro nacional, que por cierto ha venido con su mujer al convite un momento antes que vosotros. El año pasao cuando lo del parque este concejal iba acompañando al alcalde y ahora hace las cosas a la forma del otro alcalde, porque le educó a su manera en la política.

Antes de ellos hubo unos alcaldes que no hicieron caso absolutamente de dar trabajo a ninguno del pueblo ni han hecho peticiones para nada. La gente decía: ¡Vaya un Calzada, pues qué satisfecho está! Pues sí, aquí nunca pedían un préstamo ni nada. Uno de ellos era hijo de uno de ésos de Franco.

- Ya...

- ¡Era mucho de Franco, Franco, Franco, Franco!... Porque aquí la gente son... ¡Bueno...! Yo también era... Le digo a mis hijas: Yo no soy política y la Falange es lo que había. Mi marido era también falangista y nos cogió la zona roja aquí, como en Puertollano. A mí me gustaba mucho José Antonio Primo de Rivera y para mí fue una persona... Me gustaba muchísimo.

- Sí, hay gente de izquierdas que en parte le respeta...

- Sí, pues yo ya te digo... Yo respeto mucho y soy una persona que ve bien que cada cual tenga sus ideas o viva a su manera... Pero a mí aquel chico me gustaba muchísimo. Todo lo que hablaba me caía muy bien, muy bien, y lo lloré. Lo lloré mucho cuando lo mataron.

- ¿Y cómo ve usted ahora la modernización de España?, ¿el progreso que tenemos? ¿Le parece positivo, negativo o un poco de todo?

- Un poco de todo. Pero vamos, particularmente veo que el pobre ha vivío muy acosao y ahora el pobre respira. Lo que antes no: estaba completamente pisao y tampoco hay derecho a eso.

[Y en estas que se nos va la luz y

andamos a dos velas, como los pobres

referidos. Una nota más, pues, del

realismo costumbrista y cotidiano que

que desde el principio quiso erigirse en

protagonista de este encuentro

informativo en la casa de la señora Paca,

en la que acabaría mostrándonos diversos

objetos y recuerdos familiares y los

primeros trofeos del más célebre de sus

hijos].

- ¡Huy, se ha ido la luz! ¡A ver el plomo!... Vamos a ver donde está el mechero...

- ¡Calla, que traigo una vela!... Aquí, en el pueblo, con na enseguida se va la luz.

- Cuando venga la luz nos subimos a donde usted quiera para hacer las fotos. Si quiere darse usted en el baño una peiná y eso, que con el aire...

- Sí, ahora cuando vuelva la luz voy a peinarme. Comeros otro dulce, coméroslos, que no me conviene a mí comer...

- ¿Y le gusta a usted estar sola?

- ¡Hombre, pues no me gusta mucho la soledad! Porque estoy acostumbrada a estar siempre acompañada y rodeada de nietos. Este verano he pasao un verano que yo decía: ¡Qué ganas tengo que os vayáis y me dejéis tranquila! Porrrrqueee han estado mis dos hijas. Una vino antes y luego vino la otra vino. Total que todo revuelto, con tantas ropas... Ya necesitamos doble casa. Porque antes con los nietos chiquititos la casa valía. ¡Pero ya mayores y con tantas ropas como hay ahora! Porque hay muchísimas ropas y luego se ponen lo peor. ¡Luego se ponen lo peor!

Dicen que se lo han pasao muy bien. Aquí la piscina dicen que está muy limpia, muy esmerá la piscina. Y dicen que en las capitales que no están las piscinas como éstas, de limpias.

- ¿Es que hay varias piscinas?

- No hay más que una. ¡Pero hay que ver en qué poco tiempo el césped, los árboles y todo se ha puesto bien! Dicen que es muy hermosa. Yo sí, la vi un día que veníamos de andar, estaba abierto y la entré a ver con otras amigas que venían, y sí, muy hermosa y muy bien. Porque allí en el pueblo extremeño, en Madrigalejo, donde yo he vivío, para ser un pueblo más pequeño, estaba más adelantao que éste. ¡Pues no hace años que tiene piscina aquel pueblo! Pues desde que pusieron agua corriente en las casas...

- ¡Sería el pueblo mayor que Calzada!, ¿no?

- No. Es bastante más pequeño. Es un pueblo muy atrasao, pero estaba la gente más... Allí bulle menos el dinero, en Extremadura, porque son muy perros. Tienen muy buenas tierras, lo que pasa es que no las trabajan. ¡Y aquí de la nada…! Aquí hay mucha gente fuera trabajando. Ves tú mañana, por la noche, que les dicen: ¡Ya están aquí los currantes! Pues se van de albañiles a Madrid en esas viajeras que tienen y el sábado vienen con su sobre, y tienen aquí un cachito de tierra y se están esmerando en ello. Cogen sus uvas, tienen su poquito majuelo, como aquí se dice... Tienen su huerta, con sus cebollas, sus patatas o lo que sea. Y además de su sueldo que traen, luego los sábados y los domingos se dedican a trabajar en su tierra.

“En Madrigalejo nos querían muchísimo”

- Gente laboriosa...

- Sí, gente laboriosa. Aquí en Calzada la gente es muy trabajadora, aunque pueda darse un caso de que haya gente vaga. Como ahí en esa Extremadura, ¡que son vagoooos...! Allí están acostumbrados a salir a cazar pajarillos en los árboles, y siembran hortalizas y cosas, y con lo que tienen en el huertecillo, más la caza y la pesca (que hay un río que pasa por medio del pueblo) viven, pero luego no tienen un duro.

- ¿Ha vuelto usted de nuevo, con el tiempo, a Madrigalejo?

- No. Tan sólo al año y medio de morirse mi marido, que tuve un comprador para la casa. Una casa bastante grande, el doble que ésta. Y, claro, nos interesaba venderla. Y al final la vendimos muy barata, porque no hubo medios de sacar más dinero por ella. Una casa de 500 metros cuadrados y la vendimos para hacer pisos en el terreno, en dos millones de pesetas. El mismo señor de la Caja de Ahorros, el director, me dijo: Señora Paca venda la casa, que no va a sacar usted más de dos millones, que se los van a dar encima la mano. Lo cual que la que me compró la casa, la pobre, a los cuatro años murió. Le cortaron un pecho y luego ya le cortaron el otro, hasta que se murió. Dejó un niño subnormal, un niño que tendrá ya lo menos 20 años y que lo tienen en un sitio internado, y una niña que tendrá ahora como 15 ó 16 años... Pero cerrada la casa, desde que me la compraron. Pero eso, que tuvimos que vendela, porque qué hacía yo con tener allí una casa, pagando todos los derechos que hay que pagar y que no esperaba irme a ella.

Y ya no he vuelto más por Madrigalejo. Tengo muchos recuerdos del pueblo, porque relativamente nos querían muchísimo. Aquello parecía mi pueblo y toda la gente me admiraba, ricos, pobres, todos. El farmacéutico, el médico, el practicante, todo el mundo. Yo, para mí, no hubo nadie malo. ¡Yo tampoco sería…! Yo adoraba a las gentes, mi marido conocía muchísimo personal, como estuvo de encargado en el surtidor de gasolina. Él conocía a todas las gentes, hasta parceleros. A 20 kilómetros para allá había otro surtidor y sin embargo los de allí preferían venir a Madrigalejo porque el señor Antonio (mi marido) nos atiende muy bien, decían. Les daba facilidades porque, claro, el dueño del surtidor le dijo: Antonio, tú a la persona que veas que merece la pena, fíale sin problemas. Y había veces en que mi marido me decía: Paca, me vas a tener que dar 5 ó 6.000 pesetas, porque el fulano ha ido y no me ha pagado, y el otro tampoco me ha pagado... Me dolía de que tenía que sacar yo de mi dinero pa darle a él para reponer esa falta... Aunque luego le pagaban. Y, claro, pues la gente muy agradecida...

- Y Pedro estuvo allí cuando la época de los Salesianos, ¿no?

- No. Pedro estuvo en Puebla de la Calzada, en un noviciado, tres años. Allí en el pueblo como la gente me conocía como era yo, pues un día un salesiano me dijo: ¿Señora Paca..., su hijo..., usted quiere...? Y yo: Sí, sí, sí...Yo quiero que mi hijo vaya donde lo enseñen...

Y, claro, esos pueblos pues eran pueblos de maestros nacionales que no tenían ni un Bachiller siquiera... Con que supiesen algo y menos…, pues los hacían maestros. Y, claro, estuvo allí tres años, que Pedro cogió un cimiento muy bueno... Pedro cogió un cimiento muy bueno. ¡Así que...! Lo quería muchísimo el director, que decía: ¡Yo, si este chico pudiera tener dos padres, sería el segundo padre de Pedro!

Pero mi marido cayó malo, con azúcar y yo creía que..., pero luego no murió del azúcar. No, sino que se cayó, se rompió la tela de la pleura y como era un señor muy grueso no pudieron operarlo para haberle limpiao esa pleura y haberle limpiado la bolsa que se le hizo de líquido, y... y, claro, pues por allí a los dos años se le hizo cancerosa la bolsa. Porque él antes no tenía cáncer ni de próstata ni de nada, lo único que esa bolsa al fin del tiempo le hizo cáncer. Así que si él hubiera sido un señor que le hubieran podido operar, pues le limpian eso, le quitan la bolsa y no pasa nada. Le sacaban el líquido, pero ahí na más. La bolsa no se la quitaban. Tenía sólo 62 años cuando murió, que no era ya tan mayor... ¡Pero las cosas vienen así!

- Me decía usted antes que paseaba y andaba mucho por el pueblo con las amigas.

- Sí y mi marido también. Allí andábamos muchísimo y aquí en Calzada también. Voy a la ermita del Salvador del Mundo (el Patrón del pueblo), que es donde está el surtidor y donde está el parque de Pedro.

- Sí, al entrar a Calzada por la carretera de Puertollano.

- Desde aquí desde mi casa hay un kilómetro hasta allí y otro que hacemos al regresar, pues ya son dos kilómetros.

- Hace usted dos kilómetros, que está muy bien.

- Pero hay días que no puedo, que estoy muy cansá. Las rodillas me duelen muchísimo, del reuma.

- Artrosis. Si tengo yo también artrosis en una rodilla.

- ¡Señor, si es que son ya 75 años! ¡Que no es uno, que ya son muchos!

- ¡Jolín, pero lleva usted muy bien los años! Y no está usted muy delicá de nada, ¿verdad?

- Pues tengo azúcar y debía de corregírmela mejor que me la corrijo. Mire han estado aquí mis hijas hace poco, pues de todo lo que han comido ellas he comido yo, por no hacer otra comida. Me decían: ¡Mamá que esto le perjudica!, ¡mamá que...! Y digo ahora, ya que estoy sola otra vez: Me voy a hacer mis platitos adecuaos para mí, porque estoy sola y tengo que cuidarme. Hoy he traído judías verdes.

- ¿Se fueron sus hijas de aquí este fin de semana?

- No, se fueron el lunes. La última se fue el lunes.

- ¿Y usted también se irá ya pronto a Madrid?

- Cuando pasen los Santos.

- ¡Ah! ¿Se queda usted pa los Santos?

- Hasta que no pasen los Santos no me voy. Aquí también se celebra mucho el Día de los Santos. Bueno, aquí y en todos sitios. Yo creo que difuntos tenemos todo el mundo. Aquí hay un cementerio enorme y como el pueblo: limpio. ¡Limpio que, que... bueno, con un lujazo! ¡Pero de toda la vida, eh! Pero ahora cada vez más, cada vez más, cada vez más...

- Lo cuidan bien...

- Se cuida mucho. Hay unas gitanas que tienen sus difuntos allí y todos los días van a fregar las losas. Son losas que están encima de la tierra. O sea, el difunto está en la tierra (que ya no está en la tierra, porque ya se le hace la bóveda de ladrillo) y encima va la losa. ¡Pero losas que valen hasta un millón de pesetas, millón y medio, 500.000 pesetas! Bueno, pues hay un trozo en el que dos o tres gitanas van a fregar las losas con su cubo y su bayeta todos, todos, todos los días, como si fuera una casa.

- Una penitencia que tienen ellas así...

- ¡De flores...! ¡Cuajás de flores las sepulturas!... ¡Huuuuyyy!...

- ¿Los difuntos quiénes son, los padres de las gitanas?

- No. Una es la madre y la otra, una mocita que les enfermó y se les murió. Hay dos o tres losas de gitanos, ¡que ahí te quiero ve... Aquí vamos mucho al cementerio.

Muerte de Antonio, el marido

- Tiene usted enterrado en él a su marido, ¿no?

- Sí, porque él decía que quería enterrarse entre sus paisanos. Él me lo decía: ¡Paca, sino vivo, muerto me lleváis! ¡Y qué suerte tuvimos! Me decía: ¡Paca, estoy muy malo!, ¡estoy muy malo!; ¡me vas a tener que llevar al pueblo! Y yo le decía: ¡Pero hombre...! Y es que yo no quería traérmelo y estar aquí mucho tiempo, porque esta casa la habían arreglado hacía muy poco, pero aún no habían venido los pintores.

Entonces él me decía que como nuestra casa no estaba aún arreglada que lo llevase a la casa de mi cuñada, que era la casa de los padres de mi marido. Me decía: Me llevas allí, que yo muera en la habitación donde murieron mi padre y mi madre.

Yo veía que él se agotaba y se agotaba, aunque el médico me dijo: ¡No!, ¡no se muere aún su marido!, ¡no! Hasta que un día me dijo él: ¿Qué haces? Y digo: ¡Hablando por teléfono! Y dice: ¿Con quién? Y le digo: Pues con la Antonia (mi hija). Entonces me dijo: ¡No cuelgues! Y es que él estuvo tratando por la mañana, pero ya no calculaba bien de marcar los números, y aprovechó de que estaba yo hablando y me dijo: ¡No cuelgues, que voy a hablar yo con ella! Y fue cuando le dijo: ¡Antonia, hija mía, estoy muy malo!; ¡mamá no cree lo malo que estoy, pero yo estoy muy malo!; ¡ven y me lleváis al pueblo! Y ella le dijo: ¡Papá nos vamos enseguida!

[Y, como ven (y verán en las páginas

inminentes), Doña Paca nos cuenta sus

historias reales, como fabulándolas y

haciendo de ellas el mismo guión

narrativo que retomara su hijo Pedro en

su labor cinematográfica.

Una manera de contar ¡tan fresca!, ¡tan

espontánea!... Con esas largas retahílas,

cual monólogos por respuesta, que rompen

toda estructura estándar de una

entrevista. Monólogos teatrales,

auténticos, veros, hondos…, apasionantes,

en suma].

- Era viernes y salieron a las 12 de la noche. Llegaron a Madrigalejo a las 4 de la mañana. La casa del pueblo tenía dos puertas, la principal y la puerta falsa. Y allí junto a la puerta falsa tenía yo un fogón en el que guisaba mucho, aunque dentro de casa tenía otra cocina. Bueno, pues estaba en el fogón haciéndoles café y en éstas que llegaron en coche.

Al ver la luz por las rajas de la puerta, tocaron en la puerta falsa. Y me preguntó mi hija: ¿Cómo está papá? Y le digo: Pues muy malo. Él estaba levantado, estaba sentado en un sillón porque en la cama se asfixiaba..., así que sentado. ¡Papá ya estamos aquí!... ¡Sí, hija mía, tenía muchas ganas de que vinierais! ¡Hoy mismo me vais a llevar al pueblo!, les dijo mi marido.

Aquel día amaneció a sábado; y a mi marido le gustaba muchísimo que lo arreglase. Que si sus uñas, las cejas (que ya a los hombres mayores se les ponen que parecen árboles), lo mismo de la nariz y de los oídos. Mi hija le lavó la cabeza, le cortó las uñas, le afeitó. ¡Ay, hija mía, esto ya es lo último que me vas a hacer! ¡Esto ya es lo último!...

Pasó ese día, sábado, amanecimos a domingo y ya por la tarde me dice mi hija: ¡Mamá está muy malo!, ¡papá se nos muere! Y yo: Pero hija mía, ¿y qué quieres decir?, ¿que nos vamos a ir…? ¡Por Dios!, ¡por Dios!, ¡que papá todavía va a tirar!, ¿y qué hacemos allí? Total: llamamos al médico. Fue el médico y le dije: ¡Mire usted, que nos vamos a marchar! Él nos hizo una autorización, que aunque se muriese en el camino seguiríamos adelante.

Salimos de Madrigalejo a las 8 ó las 9, ¡con una tormenta que había…! Llamamos a una ambulancia (que me costó 14.000 pesetas) a un pueblo que le llaman Zorita, que está a 20 kilómetros de Madrigalejo. Era ya anochecido y pensé yo: A ver si la gente ya se recoge, que no se den cuenta, y cuanto menos miren y pregunten..., pues nos hemos ido. Pero se enteró una vecina, ¡que yo digo que corrió a to el pueblo diciendo que nos íbamos!... ¡Se llenó la casa de gente!... ¡Entraban por una puerta y salían por otra!

Yo quería haberle librado a mi marido de esa despedida en aquel pueblo y de las gentes. Le decían: Señor Antonio, ¡que se mejore usted! Señor Antonio, ¡hasta que vuelva usted!... ¡Válgame Dios! ¡Qué despedida!... ¡Pues que no se libró de la despedida!...

Y llegamos aquí a la 1 de la madrugada, a casa de mi cuñada. Antes mi hija llamó desde Madrid a una prima para avisarle: ¡Custodia, mira vas en ca mi tía y le dices que va mi madre y mi Antonia con mi padre!, ¡que lo llevan en una ambulancia! Y la prima le pregunta a mi hija: ¿Y cómo viene tu padre, vivo o muerto? Y dice ella: ¡De Madrigalejo ha salido vivo, ya no te puedo decir cómo va a llegar!

Pues la prima vino en casa de mi cuñada y cuando llegamos nosotros tenían las puertas abiertas. Llegamos con él. Tiramos de la camilla que trae dentro la ambulancia, porque era un hombre que pesaba muchísimo y no podíamos pasarla... Pues entró por su pie, derecho al servicio. Me dijo: ¡Llévame al servicio, que voy a hacer pis! Lo entré al servicio, hizo pis, lo pasamos a la alcoba. Total, le quito la ropa y me dice: ¡Me empieza el dolor! ¡Porque al pobre le despertó un dolor!, ¡que estuvo seis meses con un dolor...! Le hicieron unas pruebas para hacerle biopsia, ¿sabes? ¡Y esas pruebas no debieron de hacérselas a un señor que estaba ya muy adelantao pa morirse! Esas heriditas le quedaron vivas, ¡y vivió seis meses con menudo dolor...! Ahí patinaron los médicos. ¡Así que el pobre con un dolor...!

Y como ya te digo, se echó en la cama, yo le ayudé a los pies, en fin... Y dice: ¡Ay!, ¡he venido todo el camino tan bien!, ¡pero qué dolor me empieza! Y le digo: ¡No te preocupes, que yo te pongo una inyección! Eran los calmantes, que eran morfina pura, que si había de durarle el calmante cinco horas, sólo le duraba tres... Pero yo le aplicaba la dosis que me tenían puesta y total: ¡que se quedó tan tranquilo!

Entonces me dijo Custodia: ¡Anda y dicen que hay que estudiar para poner inyecciones! Pero, ¿y tú como las pones? Y le digo: Porque me he hecho a la fuerza.

- ¡A ver...!

- Aprendí de una vecina mía a poner inyecciones. Ella se las ponía con un trozo de algodón y me dije: Esto va a ser cuestión de aprenderlo. Y aprendí, de manera que dejó de ir a casa el practicante que venía diariamente a pincharle a mi marido unas inyecciones para darle paso a la sangre. Él me decía: ¡No le digas al practicante que me ponga la inyección de la morfina! ¡Me la pones tú, que me la pones mejor! ¡Tú me la pones mejor!... Pues nada, a la una o una y media llegamos aquí, y a las 24 horas justas se murió.

Se murió hablando, según estaba acostado. Me había pedido pis hacía como un par de horas, así que se puso de rodillas en la cama y en la escupidera hizo pis. Total que ya pues vino Pedro, vino Agustín. Mis hijas estaban ya aquí: una había venido conmigo (que fue la que me llamó) y la otra vino con una niña chiquitina que tiene ahora 11 años, y justo 11 años hace ahora que se murió mi marido.

Los acoplé a todos para que se acostaran. En casa de esta mujer que acaba de irse ahora, que vive ahí, muy cerca, se acostaron Pedro, Tinín y Fernando (un amigo de ellos que es también actor. Es altísimo, está soltero y el hombre tendrá ya cerca de 60 años. Su madre era española, pero el padre no, era peruano. No me acuerdo ya de su apellido...).

Total que... yo estaba rendida, deseando de coger una cama, pero no me quería acostar, porque yo le pedía al Señor y decía: ¡Señor, no permitas que mi marido se muera y que no lo vea yo! Me era..., ¡qué sé yo…!, encontrármelo muerto. Yo quería ver morir a mi marido, después de que había sufrido la enfermedad durante tres años.

Estaba con él así... Y me dice: ¿Qué haces? Y digo: Pues acostarme aquí en la punta de la cama, que estoy rendía y tengo un sueño... Dice él: Sí, acuéstate, que estás muy cansá... Y le digo: Pero estoy muy a la punta y no cojo. Y dice: Me corro y te pones ahí.

“¡Qué pena!, ¡cómo te vas, hijo mío!”

Él estaba mirando para la pared... Y me decía yo para mí: ¡Se va a morir y no lo voy a ver, porque me voy a quedar dormía! Y digo: Pues no. Y le digo: ¡No, no te corras de sitio! Me siento aquí al lao de la cama y pongo los pies en el borde de la cama. Así que me siento y… ¡Qué verdad que dicen que la vida es un soplo! ¡Y en un soplo murió! Lo oigo que hace así como un soplo o un silbío...

Había una luz del pasillo encendía, y le di a la pera y encendí también la de la alcoba, y le digo: ¡Antonio, mira, que soy tu Paca! Y abrió los ojos to lo que pudo. Conoció perfectamente que le llamé. Bueno, ¡pues se le cayeron unas lágrimas!... Le puse una mano así en la frente y digo: ¡Qué pena!, ¡cómo te vas, hijo mío! Pero ya con sus ojitos cerraos. Volvió a dar otro suspiro y se murió.

Entonces salí al pasillo y le dije a mi cuñada -que no había hecho más que acostarse, vestía y to, porque como la noche antes habíamos llegao y no había descansao-: ¡Cecilia, levántate, que Antonio está en agonía! Y enseguida se levantó. Y mis hijas que estaban arriba bajaron enseguida. Digo: ¡Ves, si me acuesto yo, que estoy tan cansada, me había dormío! ¡Menos mal que le pedí al Señor que no, porque era ya lo último! Eso se quedó grabao para toda la vida. ¡Para toda la vida!

- Pues sí...

- Así que enseguida fueron a por mis hijos. Vinieron y ya vieron a su padre, que ya fue lo último... ¡Pero 24 horas que estuvimos allí!

Y fíjate que el mismo día que murió por la noche habíamos llamado al médico por la mañana. Un señor que ya ha muerto también. Y le dijo: ¡Antonio, tienes mucho que perder!, ¡tienes mucha barriga y tienes que aflojarla!, ¡todavía no creas que te vas a morir! Y decíamos nosotros: ¡Sí, va a aflojar ya con la barriga!, ¡en el otro mundo va a aflojar!...

Así que el pobre, pues... Hace 11 años pasado mañana.

- Pasado mañana... Muy bien. En fin...

- Comeros otro dulce. No lo dejéis. ¡Coméroslo!... ¡Por el bien mío! [ja, ja].

- Si ya vamos cenaos. Pero bueno, no se lo vamos a despreciar.

- Yo quería que hubierais... algún melogotón o algo; o una raja de melón.

- No. De verdad que no.

- ¡¿No?!

- Si le parece, vamos a subir arriba para hacer las fotos.

- Si, subimos.

- Se peina usted un poquito, ¡¿eh?!, ¡que se ha puesto usted un poco triste con lo de su marido!

- Voy a peinarme, sí. Voy al cuarto de aseo... ¡Hombre, pues sí me he puesto triste! !Porque estas cosas me recuerdan...! [Entre sollozos]. ¡Estos recuerdos no se van nunca!

Cuando una persona ha convivío con otra; hemos estado juntos 37 años; hemos criao a nuestros hijos. Yo he sido una persona que no he visto nada difícil en la vida; con más o con menos yo me he humillao, he vivío, he sacao a mis hijos adelante y ahora esto de Pedro se me figura que es un regalo de Dios.

- Un buen premio, desde luego...

- Sí, pero lo que siento es eso...: que su padre, ¡el pobre!, no ve todas estas alegrías. A mí me ha tocao pasar malo y ahora esto, bueno, pues lo saboreo... Y me acuerdo de... Bueno, de mi madre, que en paz descanse, que digo: ¡Ay, mi madre!... Precisamente el día que a Pedro le hicieron aquí el homenaje del parque y a la misma hora hacía 71 años que murió mi padre, que venía para acá, y tuvo la mala suerte de cogerlo el carretón y una pala, con 33 años que tenía. Yo tenía entonces 3 años. Esa fecha no la he olvidado nunca.

- ¿Cómo dice usted que murió su padre?

- Le mató un carro. Como antiguamente había carros, pues él venía con el carro y al ir a tirarse del asiento la rueda lo enganchó por la blusa que llevaba, y lo tiró al suelo. No tuvo salvación.

¡¿Quién le iba a decir a mi madre, que era una mujer de mucho conocimiento, que 71 años después de la desgracia que le amargó la vida, el mismo día y a la misma hora su nieto iba a tener un homenaje y un parque en el pueblo?!

Mi padre murió el 15 de septiembre y el 16 se enterró. Ahora ha hecho 72 años.

- El día de la inauguración del parque le vi feliz. Vinieron casi todos los intérpretes de las películas de su hijo: Antonio Banderas, Bibí Andersen, Loles León, la Susi (digo...: la Rosy de Palma)...

- No, la Susi no, la Rosy. A la Susi creo que se le había muerto una hija o algo así.

- ¿La Susi quién es, que creo que hemos confundido el nombre?

- Es la Chus. Chus Lampreave.

- ¡Ah!... Sí, Chus no vino.

- Chus también quiere mucho a Pedro, que la ha elevao. La pobre estaba muy caída y Pedro la ha elevao.

Carmen Maura

- Sí, desde luego. A mí me gusta mucho una actriz que saca Pedro de vez en cuando, que hace así..., de muy graciosa. ¿Cómo se llama?... Que trabajó en: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?... Mirta... No, Mirta no. Una morena...

- ¿La Maura?

- No, Carmen Maura no... ¡Ah ya..., Kiti Mánver!

- ¡Ah, sí!

- Por cierto, ¿Qué opina usted del reciente divorcio cinematográfico de Carmen Maura y su hijo?

- Ella tuvo la culpa de todo. Pedro la quería como compañera y trabajaba muy bien. Ella se dejaba el trabajo de sobra. Las cosas como son. Pero también se lo ha compensao. Pedro le ha pagao muy bien, la ha sacao a todos sitios. Ella no conocía na más que España y lo que su marido no hizo con ella, lo hizo Pedro... Que si a Nueva York, que si a este sitio, que si al otro... Pero ella ya no se comportó como debió. Ella solamente quería que Pedro viviera para ella y no mirase a ninguna... A lo mejor la gente creerá otra cosa... Pedro le dijo: Carmen has llegao a un punto, que yo las quiero a todas… Tú has visto todo lo que he hecho contigo, pero es que yo a todas las quiero, las adoro y tengo que vivir con todas. Ella no quería na más que viviera para ella...

- Era muy absorbente, ¿no?

- ¡Y claro, ya Pedro llegó a un punto...! ¡Además les armaba unos follones!... ¡Le armó un follón en Nueva York... que olé el follón que le armó! Ya ni mi Agustín, que decía: ¡Vamos, no quiero a Maura ni por nada..., ni nada, porque ésta nos hace la vida imposible a todos!

- Pero después Pedro y ella han vuelto a verse... No han perdido la amistad.

- Sí, perdieron las amistades, pero se guardan las distancias. ¡Y date cuenta el palo que le dieron a Pedro!, ¡pobrecico mío!

- Lo del Óscar...

- Lo del Óscar... Que él no quería ir. Si él no quería ir, porque sabía que le iban... Pero vamos, que le dan 14 ó 15 nominaciones y le decían que fuera a Hollywood y él que no quería ir porque sabía que le iban a armar una... Que se la iban a armar y eso fue lo que hicieron.

- Los americanos son muy pa ellos...

- ¡Si es que los compraron a todos! Luego ella (Carmen Maura) con mucha chunga, cuando fue a recoger el premio decía: Hemos trabajao muchísimo, ¡porque hay que ver lo que se trabaja en el rodaje! ¡Pero hija, te dan luego un premio y compensa! ¡Cómo a él no se lo dieron...! Pero si Pedro sabía que los habían comprado... Si uno o dos de ellos dijeron: ¡Nosotros no podemos hacer esta faena con Pedro!... A Carmen Maura le dieron el premio por ¡Ay, Carmela!

- ¡Ah, ésos son los Premios Goya!

- ¡Eso, los Premios Goya! Pues a Pedro le dieron 14 ó 15 nominaciones, pero Pedro sabía a fondo que no le iban a dar nada. Fue una injuria. Debieron decir: ¡Ahora nos lo vamos a desquitar!... Como le habían dado antes a Pedro un premio de dos millones de pesetas y otro al actor Fernando Rey, ¿sabes?... Pueeeesss... Pero además es que le tenían mucha antipatía. Y dijeron: Sí, le vamos a nominar, pero luego no le vamos a dar ni uno siquiera. ¡Ahora que se agarre...!

Y Pedro a otro día pensó de haberlos denunciao y le dijeron: Tú pasa de largo; tú te aguantas, aunque hayan hecho una guarrada. Porque de toas las cadenas llamaron a Pedro: ¡Pero Pedro!, ¡pero Pedro!, ¡¿cómo han sido capaces…?! Pero es mejor que la gente lo reconozca. Y ellos calladitos, ¿sabes? Pero claro, es que hicieron... ¿Y qué han hecho con la película? Pues metela debajo de la carpeta, porque yo creo que no la han vendío y fuera de España tampoco puede salir ¡Ay, Carmela! Fuera de España, tampoco.

Y claro le tienen una hincha grandísima de que ven que Pedro hace una película y de momento la vende, y eso para él es una grandeza.

- ¡Claro, eso ocurre!... Hay mucha competencia en la profesión y también tiene que haber mucha mala leche encubierta y escondía entre compañeros, y perdóneme usted la expresión...

- Sí, sí, sí...

- Y es que la chispa ingeniosa que él tiene no la ha alcanzao nadie...

- ¡Claro, claro! Y luego no sé en qué ocasión fue que salieron Pajares y la Maura, que fue Pedro y le dijo: ¡Toma, te regalo esto, que es una piedra del Muro de Berlín!

- Sí, debió traerla cuando estuvo en el Festival de Cine de Berlín, antes de marchar a Estados Unidos.

- Sí y le dijo: ¡Toma! Ella no se lo esperaba. Na más que él le dijo: ¡Toma!, ¡esto, igual que cayó el Muro, hemos caído nosotros!

- ¡Le vamos a apurar el vino, señora Paca!...

- No, pero no te preocupes, que hay una cuba muy grande llena, de 14 arrobas.

- No, que hay que conducir y todo eso...

- ¡Ah, eso sí!... Bueno, pues voy a darme una peinadíta.

- Sí, venga, que no queremos entretenerla más...

[Peinada y repeinada para la sesión

fotográfica, Doña Paca, emocionada y

orgullosa de hijo, nos muestra en el piso

algunos recuerdos de Pedro, como los

cuadros que pintaba de jovencito].

- Esto es el pueblo extremeño donde hemos estao, en el que pasa el río por medio… Y éstos son molinos que había antiguamente...

- ¿Éste también es de él? Tiene mucha gracia el cuadro.

- Sí, sí. Si está todo escrito (esto es, firmado por él). Tenía Pedro 11 ó 12 años.

- ¿Y éste de las mujeres también?

- Sí, es suyo.

- ¿Pero es también de la época en que tenía 11 ó 12 años o es posterior?

- Es de la misma época.

- Luego dejó de pintar...

- Sí, pero tenía una vena muy grande de pintura.

- ¡Vaya!

- Una vena muy grande tenía... Aquello de allá es que lo vio él en el Museo del Prado. Aquél, pero estas caras no; son sacadas suyas. Y esto tamién. Esto, ya te digo, esto como...

- ¿Esto es aquí, de Calzada?

- No, allí, en Madrigalejo. Eso son molinos, que molían con piedra, por medio del agua, ¿sabes?

- Veo que tiene usted fotos familiares aquí.

- Pues sí.

-¡Ah, mira, su marido!

- Sí. Ésta ya tiene mucho tiempo... Y éste es él. ¡Pues no te vayas a creer, que aquí tendría Pedro 15 años!, ¡no tenía más!, ¡no tenía más!

- Se nota que es él, pero más delgadito... ¿Y éste de aquí también es?

- No, ése es Tinín y ésta es la nieta que está estudiando para médico, y éste es el veterinario, que tiene ya 19 años y ella tiene 20. Se llevan 16 meses.

- Yo he visto fotos de Pedro que salieron en una revista de Madrid y que luego sacamos en la revista Bisagra, de Toledo. En la portada salía vestido de torero, con un cigarro en la boca.

- Sí, pues el cuadro que le hicieron que sale de torero lo ha comprao. El cuadro es tan grande como esta puerta.

- Sí, creo que lo compró a un pintor muy conocido en la Feria de Arte de Madrid.

- 8 ó 9 millones le costó. Cuando yo llegué me dijo que estaba envuelto porque se lo habían llevado a una exposición a Valladolid y dijo él: Quitadle..., que lo vea mamá. Y le quitaron lo que tenía puesto para el resguardo y lo vi; grande y hermoso. Lo tienen puesto en la oficina.

- Sí, es un traje verde y oro.

- Con sus medias y todo, sí... Este cuadro de aquí es de un trozo de arpillera; es una pochola que se inventó él, que no tenía más de ese tiempo.

- Sí, 11 ó 12 añitos, dice usted.

- Sí, eso.

- ¿Y tiene él más pinturas suyas por ahí, además de éstas?

- Él no tiene ninguno y lo que pasa aquí, con mi familia, es que me los pide, porque ya no hay sitio donde ponerlos, y he repartío algunos, como el que di del Portal de Belén, en el que salen de una cueva con el Niño.

Otro cuadro que he visto yo salir en televisión es idéntico, idéntico a este bodegón.

- Tiene su gracia. Él, Harry, el fotógrafo, es también pintor. Muy arregladito él.

-¡Ah, si!... Pues Pedro tenía una vena de pintura enorme.

- Y lo dejó totalmente, ¿verdad?

- Sí. Y nos decía el director que tenía en el colegio: Es poeta, es escritor y es pintor; tiene una vena de cada especie que es enorme... Pero esto... siendo un niño.

- Sí, un crío. Ya veo...

- ¡Apagar la luz!... Podíamos llevarnos una vela...

- Ésos son como los Óscars de Hollywood.

- Sí. Abre, abre aquí, que... Esto en Valencia y aquélla con velita también es de Valencia. Y esta foto es de...

- Rockola, la discoteca Rockola de Madrid, ¿no? Allí es donde salió a actuar con Fabio de Miguel, que se puso Pedro una bata guateada, de esas de Maruja.

- Sí, es de Rockola. [Y se ríe la entrevistada por lo de la bata guateada].

- No los vi actuar en directo aquel día, pero sí en fotos... Me gusta mucho el disco de ellos dos: temas como Satanasa, Gran ganga, Voy a ser mamá y todos ésos me encantan. Usted lo habrá oído, ¿no?

- Sí.

- Yo es que soy un gran fan de su hijo desde siempre, ¿sabe? Un forofo... ¡Como hemos sido casi paisanos, le he tenido siempre un gran afecto!... Me ha gustado mucho su cine, lo he defendido siempre y hemos tomado juntos alguna copa en Madrid...

- Sí; como también uno que hay de Valdepeñas, que es éste que va disfrazado casi siempre... [Entre risas].

- Paquito Clavel... ¡Si es muy amigo mío!...

- Mis hijas lo quieren muchísimo. Un día se juntaron con él, en un estreno de Pedro me parece y le dice a mi María Jesús: A ver cuando hacemos un moje de harina pitos a estilo de nuestra tierra y un ciquitronque... El Paquito Claveeeel... [Más risas, comunes, irreducibles] Y a un hermano de él lo conocen mucho mi Maria Jesús (ésta con la que acabo de hablar por teléfono) y mi yerno, en Madrid. Porque éste es guardia civil, éste que te digo que está enfermo es guardia civil y conoce al hermano de Paquito Clavel. En fin…, o yo no sé si tiene un establecimiento...

Porque mi yerno estuvo con un general, con el general Constantino ha estado 12 años de conductor. Y este señor ha pasado a la reserva y ya no necesita conductor, pero lo ha dejao situao. Lo ha dejado en el Móvil...

- ¿En el Parque Móvil?

- En el Parque Móvil y está de jefe de compras. Y por ahí creo que viene la cosa esta del hermano de Paquito Clavel, que tiene un establecimiento de ventas y dice que aprecia muchísimo a la gente que quiere a su hermano Paco...

Calzada de Calatrava, 28 de septiembre de 1991