Cultura

Una entrevista con Francisco Ángel Cobos que presenta su primera novela

La Jaula del Sol en Puertollano: “Un pequeño reconocimiento a los que realmente luchan cada día por un mundo mejor”

Un mundo que nada tiene que ver con la falsa ilusión de que aquel planeta que nos dejaron nuestros abuelos quedaría intacto para descubrirlo cuando nos hiciéramos mayores

La Comarca

01/12/2019

(Última actualización: 02/12/2019 08:30)

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Francisco Ángel Cobos Bautista presentará su primera novela ‘La jaula del Sol’ este jueves, día 5 de diciembre, a las 19 horas, en el Museo Cristina García Rodero. Este ingeniero agrónomo nacido en Pozoblanco realiza su primera incursión en el mundo de la literatura con una novela de ciencia ficción-fantástica editada por Casa Ruiz-Morote. De hecho es el primer escrito de carácter literario que ha presentado para publicar y fue para él una grata sorpresa recibir la respuesta de varias editoriales interesándose por su novela.

Aficionado a la naturaleza desde su infancia considera que vino a un mundo más limpio y diverso que el que ahora conocemos y que nada tiene que ver con su falsa ilusión de que aquel planeta que le dejaron sus abuelos quedaría intacto para descubrirlo cuando se hiciera mayor. Realizó sus estudios universitarios en Córdoba para no alejarse del campo y del valle ganadero donde se crió. Pero un día decidió viajar hasta los Picos de Europa para asomarse a un espejo donde pudo ver un valle como el suyo, ahogado por la miseria de la sociedad formada por los más de 7.400 millones de yonkis del consumo y la felicidad de diseño, que hemos llevado a la Tierra hasta la fase terminal de su enfermedad. Ese día entendió por qué toda su vida había querido conocer Riaño y empezó a fraguarse el libro que acaba de publicar ya que trata sobre la historia de cómo un hombre de grandes habilidades y recursos, pero paranoico y traumatizado por una infancia atroz, se obsesiona con un futuro apocalíptico provocado por el cambio climático.

Este viaje pretende llevar al lector más allá de sus propios límites morales, para que pueda reencontrarse con el individuo que realmente es, replanteándose los principios en los que basa muchas de sus decisiones, y algunas que se vería obligado a tomar. ¿Hasta dónde llegaríamos para salvar nuestra pequeña parcela de este paraíso que muere por la codicia humana? ¿Y si las señales del final son tan obvias y cotidianas que no consiguen despertarnos ante la agonía del planeta azul?, un mundo lleno de vida y diversidad, del que solo conocemos una pequeña parte, y que ya ha acabado antes con plagas más poderosas que nuestra propia especie. ¿Qué duerme bajo los últimos hielos de la Tierra? Todo un mar de interrogantes que pueden tener algunas respuestas con esta entrevista.

¿Qué te ha llevó a escribir tu primera novela?

Sinceramente, fue una especie de necesidad. La empecé hace diez años, durante mi tiempo libre, como una forma de expresar la sensación que tenía de que todos, y yo el primero, estamos hipotecando el planeta para mantener nuestro modo de vida consumista. Poco a poco los personajes fueron tomando vida y la historia se volvió más y más realista con el proceso de documentación y localizándola en escenarios tan complicados e interesantes como Riaño y Belfast.

¿Por qué usas la ciencia ficción para alertar sobre un hecho tan tangible como la degradación del planeta?

Porque no quería hablar de lo que todos vemos que pasa a diario y evitamos afrontar. Lo que buscaba era una forma de mostrar una de las miles de situaciones que se podrían producir si mantenemos esta trayectoria.

¿Esta novela tiene moraleja?

Sí. Se podría decir que siempre es mejor prevenir que curar y, con el clima en general, y la geoingeniería en particular, es indudable que preferiría que no tuviéramos que llegar a una cura cuando todos sabemos cómo evitar la enfermedad.

¿Has emprendido alguna acción, además de escribir la jaula del Sol, para conseguir ese mismo objetivo?

Desde que en el instituto un profesor me enseñó qué es la conciencia ecológica, he intentado no malgastar los recursos naturales que consumimos en nuestra vida cotidiana como el agua y la energía. Soy un firme defensor del reciclaje doméstico y en mi casa lo practicamos todos. Como agrónomo intento inculcar a los agricultores con los que trabajo el uso responsable de fitosanitarios, fertilizantes, el agua de riego... y durante los años que fui docente en el sector privado, aproveché la oportunidad para transmitir esta conciencia a todos mis alumnos. También he colaborado en algunas repoblaciones forestales y llevo años plantando árboles en un proyecto personal de reforestación.

¿Por qué ese nombre?

Creo que es un título que define el carácter del ser humano. Somos dominantes por naturaleza, y muy soberbios, tanto como para creer que podemos controlar el clima y con él, el Sol.

¿Crees que el proceso del cambio climático es irreversible y que el ser humano es tan “inteligente” como para conseguir frenarlo a tiempo?

Pienso que no hay nada que la inteligencia no pueda conseguir, de hecho tenemos tantas herramientas para revertir el proceso porque somos una especie muy inteligente, pero en algún momento perdimos la noción de que es lo realmente importante, y con esto quiero decir que hemos perdido la relación con la naturaleza a pesar de que es ella la que nos suministra el alimento, el agua y el aire que necesitamos todos, y por supuesto los que no tienen culpa de lo que está pasando; nuestros hijos.

¿Cuantas señales necesitamos para cambiar el orden de prioridades?

Está claro que la salud de las personas está directamente relacionada con la calidad ambiental de su entorno y, cómo no, con la estabilidad del clima.

¿Quién puede vivir en un lugar que se inunda con consecuencias catastróficas cada vez con más frecuencia? Y, donde no hay cosechas porque ya no llueve lo suficiente ¿quién puede producir alimentos?

Este planeta es una isla donde vivimos más de 7000 millones de personas que cada vez consumen más, mientras que este territorio, finito y tremendamente frágil, se colapsa ante nuestros ojos e irresponsabilidad. Creo que el ser humano lo va a frenar, pero la pregunta que me hago todos los días es: ¿Cuánta biodiversidad y vidas humanas se perderán antes de decidir enfrentarnos al problema como una sociedad unida y sin colores políticos que nos separen?

¿Qué medidas necesarias no se están llevando a cabo?

Muchas, pero creo que para revertir el proceso hay una cosa que no puede quitarnos ninguna industria, y de la que no podemos responsabilizar o culpar a ningún gobierno; la forma en la que compramos.

Está claro que todo lo mueve el dinero, es triste, pero estoy convencido de que esto es así. De hecho, el consumismo es una de las grandes causas de esta situación pero ¿qué pasaría si solo demandáramos productos sostenibles? ¿Qué pasaría si nuestra demanda de productos fuera responsable y consecuente con lo que pensamos?

Yo no puedo evitar, en el corto plazo, que un gobierno no subvencione las energías renovables; o conseguir que se ayude más a la compra de vehículos híbridos o eléctricos; o frenar a una empresa para que no tale la selva que es el hogar de personas, y otros seres vivos, con el mismo derecho que nosotros a vivir en paz con sus familias, pero puedo limitarme a comprar solo aquellos productos de aquellas empresas que respetan todos estos principios. El día que todos hagamos esto con cada uno de los euros que sacamos de nuestros bolsillos, el mundo cambiará tan rápido como queramos porque, en mi opinión, el dinero es el problema y la solución al mismo tiempo. Solo tenemos que bloquear la influencia que la televisión y otros medios tienen sobre nosotros, informarnos de cómo hacerlo y ponernos manos a la obra. Entonces el resto de los actores sociales no podrán más que someterse a la voluntad de una población que quiere un futuro mejor para ella y sus hijos.

Y volviendo a la literatura ¿Tienes algún otro proyecto entre manos?

Tengo una idea en mente, pero sin tiempo para acometerla en el corto plazo.

¿Qué esperas conseguir con La Jaula del Sol?

Este libro solo es otro granito de arena comparado con el sacrificio que están haciendo miles de activistas en todo el mundo. Creo que ante la labor que desarrollan personas tan valientes y comprometidas como estas, para evitar la crisis climática a la que hemos llegado, la jaula del Sol solo es un pequeño reconocimiento a los que realmente luchan cada día por un mundo mejor, para sus hijos y los de los que no estamos arriesgando a penas nada, y, sin querer parecer ambicioso, puede que sea otra voz dando la misma alarma.