Puertollano

Tan solo una semana después de la recuperación de los mismos

Muere Rafael Viciconti, el hojalatero autor de los jarrillos de la Fuente Agria de Puertollano

Este hojalatero, que llevaba unos diez años jubilado, recuperó su labor artesanal recientemente para volver a nutrir de jarrillos la Fuente Agria. Todos ellos, sin embargo, han desaparecido en los últimos días

La Comarca

09/09/2019

(Última actualización: 09/09/2019 19:52)

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En ocasiones, el destino trae consigo paradojas difíciles de entender. La muerte, este lunes, de Rafael Viciconti Marchante, el hojalatero autor de los famosos jarrillos de la Fuente Agria de Puertollano, es una de ellas.

Y es que este artista del metal nos deja tan solo una semana después de que la Asociación Folklórica Virgen de Gracia de Puertollano decidiese recuperar los jarrillos en los enganches de la columna del Doctor Limón, epicentro de la Fuente Agria, una de las tradiciones con más solera y más demandada en los últimos años en la ciudad.

Los típicos jarrillos de hojalata, que tanto tiempo estuvieron en la Fuente Agria para ayudar a saciar la sed de vecinos y visitantes y que luego desaparecieron, regresaban a este emblemático espacio en el corazón de la ciudad gracias al trabajo artesanal de Rafael Viciconti.

En este caso, estos jarrillos, únicos en el mundo y de diseño exclusivo puertollanense, salieron del taller que regentaba en la calle Soledad, el maestro hojalatero Rafael, la misma persona que en otro tiempo fue la encargada de crear ese modelo que hoy perdura.

Su último trabajo

El mítico hojalatero recibió “con mucha ilusión” su último encargo antes de fallecer, tal y como ha declarado en exclusiva a La Comarca Javier Muñoz, de la Agrupación Folklórica Virgen de Gracia.

Como hizo toda la vida, Rafael Viciconti trabajó duro para elaborar los últimos seis jarrillos originales de la Fuente Agria. A ellos dedicó unas veinte horas de trabajo, cobrando a doce euros los de hojalata y a 15 los de acero inoxidable.

Este hojalatero, que llevaba unos diez años jubilado, recuperó su labor artesanal recientemente para volver a nutrir de jarrillos la Fuente Agria. Todos ellos, sin embargo, han desaparecido en los últimos días.

Los restos de Rafael Viciconti Marchante se encuentran en el tanatorio Virgen de Gracia y el entierro tendrá lugar este martes a las 11 de la mañana en la ermita Virgen de Gracia.

El arte de beber de los jarrillos

En 2006, Eduardo Egido publicaba en La Comarca una serie de instrucciones para beber de los jarrillos de la Fuene Agria.

Primera.- Tener conocimiento de la existencia del agua agria. Para ello no será necesario que se dirijan a la Oficina de Turismo, a las Entidades Culturales o a la propia Casa Consistorial. Bastará con preguntar a cualquier lugareño, que, a la pregunta de, ¿sabe usted si en esta población se encuentra casualmente una fuente de agua agria?, responderá que el tonto del pueblo está de vacaciones. Consultando el Código de Retranca Hispánica se hallará la traducción: naturalmente, querido visitante, que hay fuente de agua agria, ¡no faltaría más!

Segunda.- Localizar el emplazamiento de la fuente. Aunque todos los caminos llevan a Roma, no todos llevan a la fuente agria. Podría seguirse, para su localización, el procedimiento de tomar como base el plano de la ciudad y recorrer sus calles y plazas metódicamente a través de las diversas cuadrículas en que divide el casco urbano, a semejanza del método utilizado en las prospecciones arqueológicas. Hay que convenir en que se trata de un sistema seguro, pero lento. Recuperemos, pues, la alternativa del punto primero, recomendar que se pregunte a cualquier viandante (no al que se formuló la pregunta anterior, para no cansarlo). Aunque lo juzgamos innecesario, ofrecemos la siguiente pregunta-tipo: ¿tendría usted la amabilidad de indicarme dónde se encuentra la fuente agria?

Tercera.- Tener sed. De todos es sabido que el mejor cocinero es el hambre; por lo tanto, si quien se dispone a beber agua agria se encuentra acuciado por una sed terrible, se tendrá mucho ganado para que el juicio posterior a la deglución sea favorable. En este aspecto, contamos con todos los pronunciamientos a favor, pues es bien sabido que nuestra ciudad está encuadrada en la docta Guía Michelín en el apartado de poblaciones causantes de “sed orográfica”, con distintivo purpurina. Así pues, apréstese el amable visitante a cumplir el itinerario siguiente: subir a las antenas del “repetidor” del cerro de San Agustín y a continuación plantarse en el monumento al Minero del cerro de Santa Ana (si las condiciones físicas del visitante lo permiten, puede culminarse el cerro hasta la Chimena Cuadrá). Huelga decir que el recorrido debe efectuarse a pie y a buen paso.

Cuarta.- Pedir a la vez en la fuente -de los cuatro caños que existen en el monolito coronado por el supuesto busto del doctor Limón, hay que saber que el “caño de beber” es el situado al sur, el más próximo a la Glorieta de los leones-. Los otros tres caños se utilizan para “llevar” y éste, nombrado como de “beber”, para lo que su nombre indica. El visitante debe situarse detrás de la última persona que guarde fila en el caño antedicho y asegurarse un número de orden, preguntando ¿quién es el último de éste? (Para no complicar más este tratado de instrucciones, consideramos la situación idílica de que la gente estará dispuesta cívicamente en una ordenada fila, aún a sabiendas de que lo normal es que el personal presente una estructura de “mogollón”).

Quinta.- Llenar el jarrillo adecuadamente y asirlo en la disposición oportuna. Ello supone que el jarrillo debe llenarse por la amplia zona semicircular ya que está comprobado que llenarlo por el pitorrillo exige más tiempo, lo que supondría una desconsideración con las personas que esperan su turno. A continuación, se tomará por el asa de manera que el pitorrillo quede en la parte más próxima a la persona y la parte semicircular en la parte más alejada. (Si el visitante es diestro no tendrá ninguna dificultad para ejecutar correctamente la operación, pero si es zurdo se verá en tan graves dificultades que optará por hacer caso omiso al asa y agarrar el jarrillo rodeando su panza con toda la mano. Hágase la prueba).

Sexta.- Adoptar la postura idónea. El agua agria no mancha, vaya esto por delante, sin embargo no resulta grato por lo general empaparse la pechera de agua. Y este peligro se corre habida cuenta de que ha de beberse a chorro, sin chupar, como el visitante habrá podido deducir a partir de los “pinchos” que coronan los jarrillos. La mano que no sujeta el jarrillo debe colocarse sobre el pecho, sujetando la eventual corbata o chaqueta, si el día es festivo, o la camisa si hablamos de un día laborable. Previamente se habrá sacado el culo -con perdón- hacia atrás lo que provocará que el torso se incline hacia delante. Por si sirve de orientación, la postura es idéntica a la recomendada para comer berenjenas.

Séptima.- Manipular el jarrillo como Dios manda. Poca gente de entendimiento estaría en desacuerdo si afirmásemos que en la mayoría de las acciones que acaecen torcidamente tiene buena parte de culpa la indecisión. Beber agua agria con su tradicional jarrillo no constituye excepción a esta norma. Hemos observado que el bebedor primerizo o escasamente avezado tiene tendencia a ir inclinando el jarrillo lentamente hasta conseguir que salga el chorro por el pitorrillo. Comenten un lamentable error, porque de este modo el agua, en vez de salir exclusivamente por el pitorro formando un chorro sin discontinuidades, resbala hasta el minúsculo receptáculo cónico formado por los pinchos que rodean el pitorro y se desliza acto seguido por el vaciado de los mentados pinchos, inocente pero implacablemente hacia la pechera. En cambio, si cuando prevemos que el agua está a punto de salir del pitorro imprimimos un decidido giro de muñeca, obtendremos, como se ha dicho, un chorro homogéneo que irá a parar limpiamente a la boca. (Juzgamos que nadie será tan zafio como para exagerar el preciso giro hasta el extremo de que el agua salga a borbotones por el semicírculo trasero o de llenado).

Octava.- No ocultar los síntomas fisiológicos placenteros. El agua agria, debido a su composición carbónica, puede estimular el eructo o regüeldo. Si así sucediera, el visitante no debe considerar contrario al decoro poner manifiesto semejante expansión del organismo, eso sí, sin caer en exageraciones que a nada conducen. Un eructito seguido de la disculpa: perdón, será visto con simpatía por los circundantes.

Novena.- Las novenas, a la Virgen.