Puertollano

Un artículo sobre la historia de nuestra Feria publicado en el extra de las Fiestas de Septiembre 2019 de La Comarca de Puertollano

El teatro y la feria de Puertollano

Luis Fernando Ramírez Madrid

07/09/2019

(Última actualización: 07/09/2019 23:20)

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En las líneas que siguen vamos a hablar sucintamente de las representaciones teatrales en las ferias de Puertollano, que nos ayudará a conocer la evolución del teatro en la localidad.

La primera obra teatral representada en un Feria data de 1923. Aquel año se pusieron en escena cuatro obras: dos en cada uno de los teatros de la localidad, el Teatro Cabañero y el Gran Teatro. Dos años después sucedió lo mismo; y ya en 1933, fruto de la sensibilidad en materia cultural de un grupo numeroso de los concejales republicano-socialistas, se consiguió incrementar el número de representaciones, que fueron interpretadas por Mercedes Prendes y Manuel Soto. Un año después, la Compañía Luisita Rodrigo actuó en otras cinco obras (“Como tú ninguna”, “Madre Alegría”, “La Marquesona”, “Mi abuelita la pobre” y “Cinco lobicos”).

Unos meses antes de comenzar la triste Guerra Civil, la Compañía Osete Espinosa deleitaba al público presente con “Morena Clara”, “Qué sólo me dejas”, “Dueña y señora”, “María de la O”, que hizo las delicias del público asistente.

Pasada la contienda bélica, durante cinco días del mes de mayo de 1940 la Compañía de Arte Lírico Nacional representó “Divino impaciente”, “Al dorarse las espigas y los claveles”, “Dolorosa y la Reina Mora”, “El cantar del arriero y la cara del ministro” y “La del manojo de rosas”; en 1943, la Compañía Selica Pérez Carpio (“María la famosa”); un año después, sabemos que hubo una representación teatral aunque no hemos podido averiguar de qué obra se trataba, lo único que sabemos es que la puso en escena la Compañía de Casimiro Hortas; en 1946, la obra “El amor no existe” con la Compañía de Isabel Merlo y Ana Mª Morales; en 1953 la Compañía Maria Esperanza Navarro, con cinco obras; en 1956, la Compañía de Revistas Ramón Clemente y Maruja Tamayo, estrenaron “La Monda” y “Goleada”.

A partir de ese año, la programación cultural de la fiesta es muy extensa si la comparamos con los años precedentes gracias al comienzo de los Festivales de España. En 1957, la Compañía Licia Calderón y Rafael Cervera con las obras “Tres palabras nada más” y “Ni fú ni fa”; y la Compañía José Mª Laso con las representaciones siguientes “Trio de calaveras”, “Música y mujeres” y “Pin pan, fuego”); en 1958, la Compañía Maruja B. y Gómez Bur con “Los diabólicos”, “Salud y pesetas” y “Cinco minutos nada menos”; y la Compañía de Manuel Posse con “Coja usted la onda”; en 1960, Arlequin; en 1961, Zori, Santos y Codeso con Queta Clavel (“Eloisa, Abelardo, ... dos más” y “Lo que diga mi Pepe”); y en 1962, la Compañía de Revistas Colsada, que representó cuatro obras, con Gracia Imperio y Luis Cuenca.

A partir del año 1979, abundan los espectáculos infantiles (con interminables actuaciones de teatro, guiñol, marionetas, gigantes y cabezudos y payasos), teatro de calle (Taormina, Las Marismas, La Tartana, Guirigai, Zascandil, Hórdago, Perogrullo, Margen) y los conciertos de música de la Banda Municipal. Pero no faltó el teatro: La Compañía Calderón de la Barca (“Vamos a contar mentiras”) en 1984; la misma Compañía un año después (“Las cartas boca abajo” de Buero Vallejo); en 1987, vuelve a repetir con “No le busques tres pies al alcalde”; en 1988 el Teatro de Cámara de Madrid (“El viejo celoso” y “La cueva de Salamanca”) y la Compañía Calderón de la Barca (“Nosotros, ellas y el duende”); en 1980, “El castigo sin venganza” por la Compañía Retablo y el Grupo Internacional de Teatro (“Glup Zas Pum Grash”); en 1981, los grupos “Enea” y “Don Bosco de Madrid”; en 1984, los grupos Perogullo, Margen y la Compañía La Familia de Querétano (Méjico); en 1986, la Compañía Tirso de Molina (“Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”); en 1987, la misma compañía, esta vez con “Bajarse al moro”; en 1990, Mari Carrillo, con “La casa de los siete volcanes”; en 1991, la Compañía José Caribe y Las Veneno; en 1992, Vol-Ras y “Una pareja singular”, con Amparo Larrañaga e Iñaki Miramón; en 1993, “Vis a vis en Hawai” y “La tragedia de Edipo”; y, finalmente, en 1994, “La rosa del azafrán” y “Algo especial”, con Lola Herrera y Miguel Arribas. Y ahí nos quedamos, sin mencionar las representaciones y compañías de los últimos años porque las tenemos en la memoria.

Estas programaciones se vieron enriquecidas durante más de cuarto de siglo con la incorporación de los Festivales de España, pero eso es materia para hablar en otra ocasión y porque no dependía de la Corporación municipal ya que venían organizadas por el Ministerio de Turismo. No nos hemos resistido a hablar un poco del Gran Teatro (en el margen), el lugar que acogió durante más de sesenta años una parte de la vida cultural (teatro, cine, danza, música) y social (mítines, conferencias, homenajes) de nuestra ciudad.

El Gran Teatro

El Gran Teatro, edificado en el terreno que ocupaba el llamado "Huerto del Tío Polonio" con su noria y alberca donde acudían los chicos a bañarse. Con él se modificó aquel lugar antiestético y triste, dando su vistosa fachada al Paseo de San Gregorio.

La construcción de este edificio se enmarca dentro de un contexto socioeconómico pujante en la historia de nuestra ciudad.

El edificio, construido sobre un solar de más de 2.000 metros cuadrados, constaba de dos plantas. En la planta inferior se situaban las entradas, vestíbulos, escaleras, sala con palcos y el escenario, además de los servicios correspondientes y el sótano, donde estaba la carbonera y la calefacción. En la planta superior se situaban algunos palcos, graderías de butacas, así como la cabina de proyecciones cinematográficas.

Arquitectónicamente destacaba por la envergadura y solidez de su construcción, que contrastaba profundamente con el "Teatro Cabañero", húmedo, mal ventilado y peor iluminado.

El aforo del Gran Teatro era de 1.233 localidades distribuidas de la siguiente manera: 96 plateas, 500 butacas, 37 de delantera, 300 de anfiteatro y otras 300 de general.

La fachada final había modificado la gran cristalera original del piso superior, poniendo en su lugar grandes ventanales semejantes a los de la planta baja, a los que se incorporó una balaustrada corrida.

El edificio concluido por Telmo Sánchez (vecino de la ciudad) fue inaugurado en la Feria de 1920, en medio de una explosión de euforia y alegría. Fue uno de los edificios más importantes en su género de la provincia y como obra excepcional, símbolo y orgullo de la población.

A comienzos de los ochenta, un caluroso verano, cuando caía la tarde, la guadaña demoledora de las excavadoras, tiraron abajo el edificio, produciendo pena y tristeza a los que presenciaron su derribo y a quienes no estuvieron presentes. De él, ha quedado un nostálgico recuerdo de lo que fue y de lo que representaba.

Luis Fernando Ramírez Madrid