Cultura

Libro publicado por Geeepp, Melilla 2018

‘Esta espera de ave’, nuevo poemario de Encarna León

Manuel Quiroga Clérigo

06/08/2019

(Última actualización: 06/08/2019 21:12)

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Lo he discutido con varios editores: nunca se publica una obra completa. En el caso de los autores líricos siempre queda algún poema publicado en revistas, periódicos, antologías de autores agrupados u olvidados en cajones, guardados por amigos, leídos en actos varios. Por eso, efectivamente, al habernos complacido con “El color de los ritos (Obra poética 1984-2000)” ya suponíamos que tendríamos nuevas aportaciones de una poeta y enseñante de tanto interés como la granadina, residente en Melilla, Encarna León.

Y aquí lo tenemos, se trata del poemario “Esta espera de ave”. Incluso en 2017 dio a la imprenta “Rumor de oleajes” y algunos otros títulos como el memorable “Fue en Moguer. Una recreación de Platero y yo”. Pero es, a nuestro parecer, con “Esta espera de ave”, casi memorias y casi confiada indagación sobre el futuro, con lo que la autora de “Caminos de muérdago” y esa delicia de “Nietas con duende” donde Encarna León magnifica su propia inspiración y nos traslada a un mundo de recuerdos, vitalidades y sorpresas que vienen a formar un tomito muy agradable, el cual se forma con dos grandes partes como son “Un juego de inquietudes” y “Con ropaje de adagio”, parte ésta que formó un solo poemario finalista en el IX Premio de Poesía El Ermitaño del Puerto de Santa María (Cádiz) en 2008.

Nos vamos directamente al poema “De lejos”, en la segunda parte del libro, hábil recorrido por la existencia de cada uno de nosotros, evocación constante del reducido átomo de eternidad que nos es dado disfrutar, colección de inesperadas realidades, con lo cual Encarna León nos sitúa en nuestro protagonismo de mortales para quien la felicidad, seguramente, sólo dura un instante. La segunda estrofa dice así: “De lejos se fue agotando todo/su voz, que no llegaba nunca./Se fue el tiempo, la ilusión, la vida,/se fue la juventud, se fue su imagen;/se fueron los recuerdos lentamente,/la caricia, la mano deseada y de nuevo/el silencio atravesó las horas”.

Retrocedemos hasta la primera parte donde vemos, también, poemas hermosos como “Ese tiempo perdido en la memoria”, resumen de tanta literatura como existe sobre el pasado y la insolución de los recuerdos, la memora resucitando antiguas historias y la vida yéndose por los resquicios de las pequeñas ilusiones. Son inquietudes de poeta e insatisfacciones de los seres humanos ante lo que queda atrás. “Como me gustaría retornar a ese/tiempo de escalofríos tenues,/de jilgueros cantando en el centro del pecho”. Y es que a veces queremos convertirnos en niños, en primerizos amantes de la existencia, tal vez para re-vivirla o, simplemente, para implicarnos en esa sensación de hacer nuestro lo que se ha ido esfumando.

En el estudiado prólogo Mª del Carmen Hoyos Ragel afirma, precisamente: “La primera parte, Un juego de inquietudes, funciona a modo de pórtico, y a lo largo de los seis poemas constituye el movimiento de introspección a que aludíamos antes: el yo poético practica un ejercicio de autocontemplación en diversos escenarios espaciales y temporales”. Uno de esos escenarios aparece en “Ante el espejo”. Leamos: “Ese rostro, ¿de quién es?/No se identifica con aquel/luminoso de ilusiones tempranas”. Y es que mirar a otro horizonte, porque el espejo lo es aunque aparezca cercano, puede desviar nuestra atención a lo que tenemos alrededor. Y ahí la autora se sitúa en los lugares sonoros de su propia intimidad y, hasta, duda de su mirada.

El libro completo está dedicado “A Rafael con quien sigo compartiendo asombro, felicidad y sueños”. Y la segunda parte es un detenimiento no sólo ante la música de Albinoni, sino, ante todas las melodías que el ser humano es capaz de escuchar, de oír, desde que nace. Esas que nos producen benéficas “Sensaciones” (“Al fin te pierdes en los sueños mientras/gozas…”, imaginaciones, pisadas, rumores, hastío o “Ese halo de vida” que puede permitirnos un retorno a nosotros mismos: “..me siento crecer unas alas al viento/por los cuatro costados, porque/al fin se dibuja exacta mi figura”. La música del tiempo, el vestuario de la poesía, los allegretos de la soledad forman un todo lírico-filosófico (casi) interminable.

La de Encarna León es una poesía detenida, magnificada por las vivencias cotidianas y rociada de buenos sentimientos, es decir, versos para seguir viviendo y alternativa propicia para mantener el sentido lírico de la existencia. Y esta poesía, reconfirmada tras en mencionada antología, nos permite una “Madurez” (como titula uno de los poemas) repleta de ternura y de cómplices ocasiones para re-inventar el futuro, el suyo y el nuestro: “Ahora, cuando se ven caer/las hojas finales de los años/en ramales imprecisos de vida,/cuando los ojos perdieron su luz/y su armonía y piden un milagro/para cruzar las últimas estancias,/ahora, el miedo es el más ferviente/amigo, el que siempre acompaña,/y no quiere dejarte completamente/a solas perdida en esa melodía”. Sí, es necesaria la música para recuperar nuestra alegría, para obviar el dolor que nos acecha. Félix Grande nos sitúa en similares espacios en su libro de 1966 “Música amenazada”: “¿Cómo justificarte, música?¿cómo perdonaros ahora, voces compasivas? Hemos llegado/en la vida a un trance difícil:/nos conmovemos, y sentimos/ por ello culpabilidad…”. Enseguida vuelve al rescate nuestra autora, Encarna León, y nos ofrece “Algo de historia”, cuatro preciosas estrofas llenas de sensibilidad. (“Sobre el recuerdo,/el amor de tantas horas,/las palabras tibias/con cadencias de arenas”) donde también son los sueños, “el embrujo de la ciudad amada”, la cercanía de los, la necesidad “de compartir destinos”. Todo es poesía de la ternura en este libro, bien concebido y mejor estructurado. Precioso ese ¿petirrojo? de la portada.

Encarna León, granadina y habitante de la Ciudad Autónoma de Melilla sigue su trabajo permanente, su continua labor consistente en invenciones celestes y deseos compartidos. El que haya sido justamente premiada, que dé su nombre al Certamen Internacional de Relato Corto “Encarna León” o que sea Delegada Territorial de la Asociación Colegial de Escritores de España son datos que añadir a su pasión por la escritura y a su generosa capacidad para relacionarse con todo tipo de creadores, artistas y personas de bien que, de una u otra manera, acaban siendo protagonistas de sus versos y de sus intenciones diarias.

Manuel Quiroga Clérigo

San Vicente de la Barquera, 4 de agosto de 2019, con rumores de aves marinas en la bahía