Puertollano

Es un artículo de José Domingo Delgado Bedmar

La deuda de Puertollano con el General Narváez

José Domingo Delgado Bedmar

04/07/2019

(Última actualización: 06/07/2019 07:41)

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Todavía de actualidad (y no poca polémica) los cambios de nombres de diversas calles en varias ciudades de nuestro país, singularmente en Madrid y Barcelona, recordábamos que a principios del ya lejano 2011, escribíamos en estas mismas páginas un artículo al hilo de la publicación del callejero de nuestra ciudad, en el que llamábamos la atención sobre los nombres de nuestras vías urbanas.

Decíamos entonces que un somero repaso a las denominaciones que podían verse en ese callejero (publicado por Intuición), nos permitía comprobar que las cosas habían cambiado muy ligeramente en los últimos años (y nada desde entonces hasta acá). Se mantienen, como no podía ser de otra manera, las denominaciones tradicionales de las avenidas, calles y plazas de la zona centro; el nutrido grupo de calles con nombres de localidades, islas, regiones y provincias españolas en El Poblado; las de nombres de pueblos de la provincia en las calles “históricas” de la Barriada de las 600; o las mucho menos conocidas siete calles con nombres de ríos españoles de la Barriada de San Esteban, por poner varios ejemplos. De igual modo, resalta sobremanera en este callejero el grupo de calles con nombres de mujeres (algunas de ellas aún muy jóvenes y de no muy larga trayectoria) que se ubican en los adosados construidos detrás del hospital o los nombres de cantantes y compositores que tienen las nuevas calles creadas entre la carretera de Argamasilla y el estadio “Francisco Sánchez Menor” (de Montserrat Caballé a Rocío Jurado, del Maestro Rodrigo a John Lennon, de Antonio Molina a Miguel Ríos, de Luz Casal a doña Concha Piquer).

Según el criterio de cada momento, la historia, la literatura, el arte, la geografía, la botánica, la política, el santoral, la arquitectura, la música o la medicina han sido las disciplinas más socorridas para nominar espacios urbanos; y a ellas habría que unir la costumbre, los oficios, las tradiciones o los “hijos ilustres” de cada localidad en este ejercicio de público homenaje, recuerdo, oportunidad política o simple descripción que supone el poner nombre a una vía pública.

De la lectura de los nombres de las 508 calles, avenidas y plazas de Puertollano (21 de ellas situadas en El Villar) extraemos que esto es así en líneas generales y salvo muy escasas excepciones. Centrándonos en el siglo XIX, observamos el recuerdo a la Guerra de la Independencia en calles como Dos de Mayo, Daoiz y Velarde, Palafox o Agustina de Aragón, con algunos precedentes como Trafalgar y Churruca. Aunque falte Cánovas del Castillo, tampoco está mal representado el último tercio de siglo con los nombres de Castelar, Sagasta, Prim o Pi y Margall. De igual modo, la prolongación al primer tercio del siglo XX cuenta con el recuerdo a Canalejas o al ilustre científico Leonardo Torres Quevedo.

Dejando a un lado ese caso del general Prim o, sobre todo, el del marino gallego Casto Méndez Núñez (1824-1869), con merecimientos que no sabemos muy bien cómo relacionar con nuestra localidad, y tras el lógico cambio de nombres de las calles que durante el franquismo tuvieron nombres de militares de ese bando, el mundo de la milicia se representaría tan sólo con dos nombres.

Uno de ellos es bien conocido, porque es el de un paisano ciudadrealeño: el general Francisco Aguilera y Egea (1857-1931). El profesor de la UCLM Francisco Alía ha publicado diversos estudios sobre este militar, que pudo ascender rápidamente en el escalafón gracias a los méritos obtenidos en el campo de batalla de buena parte de los conflictos bélicos en los que se vio envuelta España en el último tercio del siglo XIX, lo que le proporcionó una gran popularidad entre la gente y buena reputación entre las autoridades del país, lo que le supuso un efímero nombramiento, en 1917, de ministro de la Guerra. Volvió a la actualidad por su relevante papel en la oposición a la dictadura de Primo de Rivera y estuvo vinculado en diferentes revueltas, como la Sanjuanada o el Levantamiento de Artilleros. Finalmente, en 1931, Azaña acabaría nombrándolo capitán general del Ejército de la II República, aunque apenas unos meses después de su nombramiento el general Aguilera fallecería en Madrid, a los 74 años de edad.

No debe extrañarnos, con todo esto, que dentro de la geografía provincial haya calles dedicadas al General Aguilera en Ciudad Real capital, Puertollano, Miguelturra, Manzanares, Tomelloso, Argamasilla de Alba, Puebla de don Rodrigo, Valenzuela de Calatrava, Moral de Calatrava y Pozuelo de Calatrava. Dos capitales de provincia (Alicante y Cáceres) también le dedicaron sendas calles, y más raro para nosotros es encontrar otras más en la pequeña localidad cacereña de Santa Cruz de la Sierra y en la jiennense de Porcuna.

El segundo de esos nombres de militares es el del Teniente Giraldo, denominación que tiene una pequeña calle situada entre Torrecilla, Calzada y Aduana. Absolutamente desconocido por todos durante décadas, gracias al historiador local Modesto Arias hemos podido saber que Manuel Hidalgo Gil fue uno de los muchos puertollaneros que participaron en la guerra de Marruecos. Teniente en el Batallón de Cazadores Ciudad Rodrigo nº 7, murió el 21 de septiembre de 1924, durante la evacuación de una posición, y el ayuntamiento acordó denominar así esta calle por estar en ella la casa en la que nació a finales del siglo XIX, llevándose a efecto el 8 de diciembre de 1925.

Pero faltarían tres muy importantes nombres, tres generales llamados “Espadones”, que fueron sucesivamente presidentes del Consejo de Ministros y que protagonizarán la vida política española a lo largo del segundo tercio del siglo XIX.

El primero de ellos, Baldomero Espartero (1793-1879), nació en Granátula de Calatrava y será regente del reino durante la minoría de edad de Isabel II, amén de detentar otros muchos cargos, y creemos que el “paisanaje” además de la extraordinaria relevancia de su figura histórica son razones bastantes como para que figure en nuestro callejero. El tercero, el canario Leopoldo O´Donnell, sustituirá a Espartero como presidente del Consejo en 1856, volviendo a serlo en otras dos ocasiones más, de 1858 a 1863 y de 1865 a 1866 y, siendo una figura bastante menos conocida, está indirectamente representado a través de la calle Tetuán, batalla ganada en 1860 por este general y que asegurará la presencia española en el norte de África.

Por último, el (cronológicamente) segundo de los generales que estamos tratando, tampoco tiene hoy absolutamente nada que recuerde a su figura en nuestra ciudad, a pesar de la enorme importancia que tiene para el desarrollo urbanístico contemporáneo de la misma: nos referimos al general don Ramón Mª Narváez y Campos. Es bien sabido que Narváez vino a tomar las aguas al balneario de Puertollano durante tres veranos a mediados del siglo XIX y su figura se ha vinculado tradicionalmente (y equivocadamente) con la Casa de Baños, a la que hasta no hace tanto tiempo también se conocía como “casa del General Narváez”, pero apenas se sabe nada de lo acontecido durante estas visitas “terapéuticas” al Puertollano decimonónico.

Nada se ha hecho en estos siete años: el general Narváez sigue siendo un ilustre desconocido entre nosotros, tanto a nivel de calle como de nombres de calles. Máximo líder del partido moderado, y presidente hasta en siete ocasiones del Consejo de Ministros de 1844 a 1868, en este 2018 se conmemoran los 150 años de su muerte, acaecida el 23 de abril de 1868. Su fallecimiento supuso, en la práctica, la caída de la monarquía de Isabel II y todo lo que llegó después (ascenso al trono de Amadeo de Saboya y proclamación de la I República), y convendría que, quien pueda hacerlo a nivel municipal, tome alguna decisión para que este desconocimiento sobre su figura llegue a su fin. Si así fuera, y amén de ese reconocimiento de carácter oficial que a todas luces merece, podríamos saber por fin de los cientos de cartas que el general escribió durante sus estancias, de las peripecias que sufrió en sus viajes hasta llegar a nuestro pueblo, de las públicas negociaciones que entabló con un conocido prócer local para edificar un palacio en el que residir, de las muy interesantes visitas y regalos que recibió, de los extraordinarios festejos con que la municipalidad le obsequió, de las curiosas actividades que llevó a cabo mientras estuvo entre nosotros o de sus opiniones sobre nuestras tradiciones, entre las que destaca lo que escribió de puño y letra sobre la procesión de la Virgen de Gracia, tras asistir a la misma.

Con todo, creemos que todo queda empalidecido ante esa realidad a la que antes aludíamos: el Puertollano de 2018 es como es gracias a las visitas del general Narváez. Ciento cincuenta años después de su muerte, deberíamos conocerlo y reconocerlo. Cuestión de justicia.

José Domingo Delgado Bedmar