Puertollano

Este sábado de 19:00 a 21:00 horas en la caseta de Ediciones Puertollano

'Cuando sopla la canícula', la guerra civil en Argamasilla y Brazatortas, llega a la Feria del Libro de Puertollano

La tercera novela escrita por Manuel Tabas en la que combina la ficción literaria con la realidad política en tiempos de la Segunda República Española y primeros meses de la guerra civil, donde interactúan 18 personajes principales y cerca de 200 secundarios

La Comarca

04/07/2019

(Última actualización: 06/07/2019 07:41)

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Manuel Tabas Arias firmará ejemplares de novela “Cuando sopla la canícula” este 6 de julio, de 19 a 21 horas, en la caseta de Ediciones Puertollano que está instalada en la Feria del Libro de Puertollano.

Ocho años después de su último trabajo literario llega la tercera novela de este autor que en diciembre del 2005 publicó “Seis razones para morir. Una razón para matar”, una novela corta a la que le siguió el libro “Los cuentos que contaba el abuelo” publicado por la Diputación Provincial de Ciudad Real en el año 2011.

Manuel Tabas

Se trata ante todo de un polifacético autor nacido en Puertollano que no solo ha estado relacionado en su vida profesional con el mundo de las letras sino incluso con la guardia Civil y el mundo de la política.

Comenzó sus estudios en los salesianos y en el Instituto Fray Andrés y después se licenció en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid, para comenzar a trabajar en la revista “Cinema 2002”. Ejerció también como periodista en el gabinete de prensa del Ayuntamiento de Puertollano y en el diario Lanza, además de ser concejal durante tres legislaturas en el Ayuntamiento de Argamasilla de Calatrava. Aunque antes de llegar a esta localidad en la que reside actualmente con su mujer y sus dos hijos, fue también guardia civil, un cuerpo de seguridad del Estado donde desarrolló su trabajo como comandante de puesto y como patrón de embarcaciones en el servicio marítimo. Además de prestar servicio en el gabinete de psicología de la Dirección General de este mismo cuerpo en Madrid.

'Cuando sopla la canícula'

Ahora, tras su retirada de la política, dispone de un tiempo libre en el que su alma inquieta le ha llevado a fraguar una novela que, según él mismo explica “arranca un día 4 de septiembre, cuando la canícula traía la guerra, la maldita guerra, a la provincia de Ciudad Real trastocando la vida de la gente. Una guerra cainita que iniciaba su infortunada andadura esparciendo muerte y destrucción cuando sopla la canícula por la llanura manchega, mientras desataba una furia incontrolada y un inútil derramamiento de sangre, la sangre del inocente.

En Argamasilla de Calatrava la casa de Don Remigio, el médico, fue perturbada, al caer las sombras de la noche, por una patrulla armada de milicianos al mando del sargento Casquero. En la triste compañía del alcalde, la esposa del alcalde y el sacristán, fueron vejados y torturados y conducidos a lo largo de una angustiosa noche a un lugar determinado donde celebrarán un rápido juicio político que, inevitablemente, concluirá en un paseo infernal a las afueras de un pueblo y camino de ninguna parte… ¿Cómo se desarrollará la historia?

En Brazatortas, los falangistas, al mando de Evaristo y bendecidos por Don Enrique, el párroco, cercaban el pueblo encerrando a los vecinos en una ratonera sin escapatoria alguna ni posible salvación. El guardia Manuel asiste impotente, y en primera persona, a los distintos combates en el Ayuntamiento y la Estación con la gente fiel y leal al gobierno de le República durante una jornada infernal de atrocidades y violencia que culmina en destrucción y muerte… ¿Qué les sucederá a los protagonistas?

La novela combina la ficción literaria con la realidad política en tiempos de la Segunda República Española y primeros meses de la guerra civil, donde interactúan 18 personajes principales y cerca de 200 secundarios, sin que ninguno tenga la entidad suficiente para convertirse en el protagonista por lo que se ofrece una visión coral de la guerra y la novela. El protagonismo lo asume la gente, en general y cada pueblo, en particular, en los que restalla la baja moral, los ínfimos instintos y una carga inusitada de violencia. El autor presenta una historia cruda y realista de la guerra de España que afectó, de una y otra forma, al pueblo español cansados de reyertas, odios, rencores, traiciones, tropelías, injusticias, asesinatos, incendios, sacrilegios, pillajes y miserias. Un relato imaginario por el que deambulan una serie de personajes irreales surgidos de la fantasía del autor. Incluye, como base de su soporte argumental, un conjunto de episodios verídicos que acontecieron durante la Segunda República, principalmente, y desembocaron en una guerra fratricida. Una guerra entre pobres, según relata alguno. Una guerra del máuser y la alpargata, según narra otro. Una guerra absurda en la que todos perdieron algo, y no sólo la vida, según opinión propia. Dejando a un lado razones [o razonamientos], lo cierto es que la guerra, la maldita guerra, sacaba a relucir lo peor que cobija el interior de los seres humanos, la maldad, desatando las más bajas pasiones y liberando los más ínfimos instintos. Si exceptuamos la parte de nuestra historia que contiene personajes y datos reales, el resto presenta a personajes y hechos ficticios por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El autor no busca ni pretende la recuperación de ninguna memoria histórica. Eso se lo deja a otros, principalmente a los que saben y entienden de estas cosas. Simplemente, se intenta reflejar la [des]memoria histérica del salvajismo, la barbarie, la represión, el horror, el hambre, la desesperación, el terror, la miseria, la muerte, la devastación, la agonía y la locura de la sangre. Uno puede afirmar [y afirma] que existe una ineludible obligación moral para con las generaciones futuras y no es otra que dejar a un lado la histeria y ponerse manos a la obra para contar una historia que no, precisamente, tiene que ir solapada a la memoria sino a la propia historia, dentro de un relato ficticio como en este caso. La memoria suele ser individual, personal, subjetiva e intransferible. Por el contrario, la [des]memoria resulta, simplemente, inaceptable. Hay dejar atrás la tirria y pasar página a una guerra cainita que destrozó a España y a los españoles”.