Cultura

Alumnos del Conservatorio de Danza de Puertollano cerrando el curso en el Auditorio

Alas de seda en los pies

No había en escena solo bailarinas femeninas, sino que tuvimos también la suerte de ver mostrar su arte a talentosos chicos, ya que cada vez más se van incorporando a este magnífico mundo del ballet, reivindicando la absoluta inclusión ajena al sexo del artista y luchando contra imposiciones y prejuicios sociale

Javier Márquez

15/06/2019

(Última actualización: 16/06/2019 13:11)

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En la mitología griega la musa Terpsícore está asociada desde la época clásica con la poesía y la danza; con su aspecto esbelto y aire jovial nos hace fantasear con la música, el baile y la luz del mérito artístico como en la firme declaración de principios que nos mostraron los alumnos y profesores del Conservatorio Profesional de Música de Puertollano “José Granero” en su espectáculo de fin de curso 2018/19 titulado “Arriba El Telón”.

Y es que tenemos la suerte de contar en Puertollano con uno de los dos únicos Conservatorios Profesionales de Danza de toda la Comunidad de Castilla La Mancha y también uno de los mejores Auditorios para mostrar la culminación del trabajo y el empeño en el que ocupan el Curso Académico los alumnos de este centro gestionado con pasión y sabiduría tanto desde la dirección como desde la totalidad del equipo docente.

Ya desde la primera parte, en las que básicamente intervinieron las alumnas más jóvenes correspondientes a la formación elemental, descubrimos el gran trabajo y dedicación de estas pequeñas que empiezan a dominar con soltura los nervios de un Auditorio abarrotado con una puesta en escena en la que se les atisba un futuro prometedor y que combinaban su coreografía con miradas furtivas de soslayo al patio de butacas buscando con inocencia la aprobación y complicidad de sus seres queridos.

Entre las meritorias piezas que vimos en esta primera parte, es interesante destacar, por su novedad y desempeño, la sensación que causó la llamada #11 que se movió en los contornos de la disciplina de Danza Contac Improvisación y que contiene esencia de la propia Danza, de la acrobacia y de las artes marciales; una impactante puesta en escena, iluminación y música en perfecta sincronía, nos cautivó desde la aparición de las primeras bailarinas con vestuarios de calle tumbadas boca arriba deslizándose por el suelo del escenario con la ayuda de sus piernas recordándonos refrescantes imágenes de sugestivos cangrejos transitando fuera del agua en las arenas de una bella playa tropical.

Pero no había en escena solo bailarinas femeninas, sino que tuvimos también la suerte de ver mostrar su arte a talentosos chicos, ya que cada vez más se van incorporando a este magnífico mundo del ballet, reivindicando la absoluta inclusión ajena al sexo del artista y luchando contra imposiciones y prejuicios sociales. Una incursión masculina que está dejando de ser testimonial, lenta pero inexorablemente, para convertirse en felizmente habitual ya que en casi todos los cuadros de baile que vimos había algún integrante; e incluso en algunos, dos alumnos al mismo tiempo.

Sin tiempo para la distracción nos vimos embriagados por un cúmulo de metáforas y analogías en forma de movimiento, ritmo y expresión corporal que nos llegó en la segunda parte de un espectáculo precedido de todo un curso de duros ensayos, constancia y capacidad. Las excelsas siete obras de esta segunda parte estuvieron coronadas por un cuadro flamenco, muy del agrado del público de la tierra, con guitarristas y cante típico que sirvió de brillante colofón del acto.

Y así, entre espacios escénicos, expresiones, coreografías y estilos, rodeados de una tormenta de emociones, dejamos ir la tarde del viernes en la que nos deslizamos junto a los signos de la noche sintiendo ese fulgor explosivo y radiante que emanaba desde el escenario misterioso, en una velada que sirvió como un conjuro para invocar al espíritu de Terpsícore, esa musa griega de la danza que transfigurada en la multiplicidad del elenco del alumnado del Conservatorio de Danza de Puertollano nos hizo olvidar durante unas horas lo fútil y fugaz de la vida terrenal, haciéndola “eterna en cinco minutos” como nos enseñó el también inmortal Víctor Jara en su trova Te Recuerdo Amanda.

Debemos recordar que si bailamos, cantamos, interpretamos, o simplemente, observamos cualquiera de las artes escénicas como la danza, la música o el teatro, nos sentiremos libres y dichosos como si dispusiéramos, para poder volar como una bailarina, de suaves alas de seda en los pies.