Moral de Calatrava (naturaleza, paisaje y adicción)

Uno no puede evitar establecer ciertos paralelismos y destacar el parecido de este “asentamiento humano” al pie del cerro, con el de Puertollano (punto de partida del viajero) a los pies del cerro de Santa Ana

Antonio Carmona

09/06/2019

(Última actualización: 09/06/2019 21:13)

Imprimir

oral de Calatrava está respaldada por una sierra llamada del Moral. El cerro San Cristóbal forma parte de esta sierra y es el más cercano al pueblo. Se sube con cierta facilidad por diferentes senderos. No le falta detalle a este cerro con sus paredones de roca tiznados de verde liquen en lo más alto, su molino de los de antes y muchos de los de ahora, un caserón abandonado, un castellón del que apenas quedan los cimientos. Aunque lo mejor de todo son las vistas, pues desde aquí se ve todo Moral de Calatrava, rodeado de campos cultivados, con sus iglesias, ermitas, plazas, calles empedradas y limpias, que gatean hacia el cerro y la laguna del Salobral junto a la plaza de toros. Se diría que llega hasta aquí el pálpito de una población que está viva y bien viva.

Uno no puede evitar establecer ciertos paralelismos y destacar el parecido de este “asentamiento humano” al pie del cerro, con el de Puertollano (punto de partida del viajero) a los pies del cerro de Santa Ana. Pueblos siempre a la solana y a los pies del santoral. Pueblos que extienden su abanico de casas y calles sobre la falda meridional de los cerros, buscando el sol… Aunque no son iguales, ni mucho menos. Desde luego que nada es igual. La palabra “igual” habría que borrarla del diccionario. No hay una piedra igual a otra, ni un espárrago igual a otro, ni una pedriza, ni una ruina, ni una persona igual a otra. La palabra igual es un asco de palabra que no tiene cabida en nuestra geografía, ni en nuestro universo. Es precisamente la diversidad, la diferencia, el matiz lo que hace que esta vida sea algo más llevadera.

Las aspas de los nuevos molinos no paran de girar. Al viajero le gusta subvertir la realidad y convencerse a sí mismo de que estos molinos provocan la ligera brisa que corre por la ladera, que estos molinos altaneros, recién llegados, se burlan del molino antiguo, de su cometido obsoleto y de su historia.

El sendero le devuelve al pueblo. La calle Virgen de la Sierra, la Plaza de España con su parroquia y una fuente en el centro donde las palomas acuden en bandadas para bañarse y calmar su sed. Hay bancos bajo la sombra. Desde el banco se ve el cerro como telón de fondo. El viajero descansa mientras anota frases inconexas sobre la naturaleza, el paisaje y la adicción.