Puertollano

Puertollano y el nacimiento de las Comisiones Obreras

La huelga de 1962 en Puertollano (IV): “Puertollano y su responsabilidad o el triunfo de los trabajadores”

Continuamos con la cuarta entrega del texto de la conferencia impartida por el historiador de Puertollano Luis Pizarro en el año 2012 con motivo entonces del 50 aniversario de la huelga de 1962 en Puertollano, también conocida como la huelga de los 30 duros y de la creación de las primeras Comisiones Obreras en esta localidad

Luis F. Pizarro Ruiz

12/05/2019

(Última actualización: 13/05/2019 19:48)

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A los manidos términos empleados por la dictadura vinieron a unirse los empalagosos halagos empleados por el citado diario provincial, para el que la huelga puertollanense pasó totalmente desapercibida, pero que no perdió tiempo, el 21 de mayo de 1962, para dedicar, ahora sí, una página entera a analizar la responsabilidad que tenía la ciudad (artículo firmado por José Gutiérrez Ortega, su director), y a rememorar el agradecimiento que le debía Puertollano al Caudillo por el décimo aniversario de la inauguración de la refinería (escrito por Cecilio López Pastor, redactor jefe). Y en ambos, una tónica común: la adulación que nos podemos imaginar hacia el régimen del dictador, que era al que se debía el que Puertollano fuera una de las zonas más privilegiadas del país... como si aquí no estuvieran las materias primas que habían sido la causa de su desarrollo: “Todo eso no ha nacido por generación espontánea, no ha sido un regalo de la providencia, ni algo que haya surgido de la noche a la mañana, como en los cuentos de hadas. Todo eso es hoy una espléndida realidad, por el esfuerzo decidido del Gobierno del Caudillo [...] Por todo ello, a la hora de adoptar determinadas actitudes de rebeldía, a la hora de crear conflictos laborales, que tanto pueden dañar al futuro económico de la ciudad, la masa trabajadora de Puertollano tiene muy bien que sopesar esos factores a que nos hemos referido”.

Está claro que la huelga había escocido y que la unidad demostrada por los trabajadores ya no permitiría la vuelta atrás. De hecho, en cuanto a la petición de aumento salarial hubo que rendirse y el BOE del 24 de mayo de 1962 publicó un decreto del 22 anterior ─firmado por Joaquín Planell, ministro de Industria─, en el que se reajustaban las condiciones de venta del carbón, la base sobre la que se acordaban los salarios, que ─se aseveraba─ ya venía siendo estudiado por parte del Gobierno:

Como consecuencia de dicho estudio, el Consejo de Ministros había adoptado en fecha 13 de abril último los acuerdos necesarios, que no pudieron aplicarse ─con daño para la economía nacional y especialmente para todos los interesados en esta rama tan importante de la producción─ porque el planteamiento de conflictos laborales en diversas minas asturianas hizo imposible poner en vigor dichas medidas. La normalización del trabajo en número importante de explotaciones hulleras, ha hecho ya aconsejable poner en vigor dichos acuerdos respecto al aumento de las retribuciones de personal.

Art. 6°. Las empresas hulleras destinarán para la mejora de las retribuciones de sus productores las siguientes cantidades por tonelada de hulla vendida, cualquiera que sea su clase, calidad y destino: Asturias, León y Palencia, 75 ptas; Puertollano, 60; Peñarroya, Bélmez y Espinel, 75” (1).

Se podía decir lo que se quisiera, pero la lucha obrera dio sus frutos y la reivindicación principal se había conseguido. Sobre todo, era la primera vez que la tiranía se había tenido que enfrentar a un movimiento amplio de oposición de los trabajadores desde que terminó la Guerra Civil. Por encima de la mentira practicada tenaz y permanentemente por una dictadura obcecada en reprimir la libertad, se imponía la innegable realidad (“pese a las fanfarronadas del dictador y de sus servidores, les da que pensar y que pensar mucho” ). Y es que, se consulte la fuente que se consulte, todas coinciden en señalar que este conflicto laboral no fue un conflicto cualquiera. ¿Cómo se podía negar el triunfo de los trabajadores cuando hubo que buscar una solución política que llevó al mismísimo ministro secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz, a negociar directamente con los huelguistas? Por más que todavía quedaban más de trece años para que desapareciera el dictador, como han afirmado Damián González y Óscar Martín, “aunque la contestación social que germinó en los años sesenta no fue inherentemente revolucionaria, sí que extendió una creciente mancha de aceite de conflictos y altercados que sin derribar al régimen franquista lo desgastaron severamente” (3).

En palabras de Pedro Ruiz “nos rebelamos contra la humillación permanente de la clase obrera”, y los efectos sobre la producción fueron indiscutibles, tal como reflejan los gráficos. Por otro lado, las pérdidas, según Isidro Sánchez, se calcularon en torno a los veinte millones de pesetas de entonces. Aunque en la Memoria de ENCASO de aquel año no se hacen referencias a pérdidas monetarias, sí que queda constancia de que los porcentajes de disminución en la producción de pizarra fueron de un 10,09% en el pozo Calvo Sotelo y un 10,94% en el pozo Este, aunque es verdad que esas cifras no se debieron en su integridad a la huelga de mayo, sino también a las inundaciones y a la falta de personal.

Asimismo, no podemos olvidar la trascendencia del movimiento huelguístico fuera de nuestras fronteras, encargándose las organizaciones del exilio de difundir la protesta que había impulsado olas de solidaridad con los trabajadores españoles, tal como vemos en el documento del Boletín de la UGT en el exilio, emitido en la ciudad francesa de Toulouse, en julio de 1962 (AFFLC), en el que se menciona la huelga de Puertollano.

Otro aspecto que interesa destacar fueron las distintas interpretaciones que se suscitaron a la hora del reparto de las 60 pesetas por tonelada de hulla vendida para mejora de las retribuciones de los trabajadores por parte de sus empresas. Así, por ejemplo, la SMMP abonó el premio derivado del Decreto a sus trabajadores de los Talleres y la Central Eléctrica, lo que originó una determinación de la Comisión Sindical de Arbitraje, comunicada a la Empresa el 30 de agosto de 1962 (Archivo del Museo Municipal), en la que se le ordenaba que suspendiera el pago a ese personal, puesto que sólo debía hacerlo con los de la Empresa productora de hulla y no con los de la Empresa en general.

Igualmente, también suscitó la controversia el que las empresas pretendían que las cantidades abonadas por la prima establecida en el Decreto de 22 de mayo no estuvieran sujetas a cotización a los efectos del Mutualismo Laboral, con lo que así no serían tenidas en cuenta para establecer el salario regulador en las prestaciones y pensiones dependientes del Mutualismo, lo que, evidentemente, perjudicaba a los trabajadores en contra de sus deseos. Por esta razón, se dirigió una petición, el 6 de octubre de 1962, al Director General de Previsión, pidiéndole que adoptara una decisión que diera satisfacción a las demandas de los trabajadores en este asunto (4).

Enlace a los capítulos anteriores

- Capítulo 1: Desasosiego y zozobra en los trabajadores

- Capítulo 2: “No se atreven a secundar las consignas...”

- Capítulo 3: La huelga de los treinta duros o de las mantas

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(1) ABC, 24 de mayo de 1962, p. 59.

(2) Archivo de la Fundación Francisco Largo Caballero (AFFLC), Boletín de la Unión General de Trabajadores de España, Toulouse, nº 213, julio 1962, p. 6.

(3) González Madrid, Damián A. y Martín García, Óscar J., 2008.

(4) AHP, AISS, 635.