Opinión

Artículo de opinión de José Herrero

Agricultura de precisión para aumentar la productividad

José Herrero

11/03/2019

(Última actualización: 15/03/2019 13:20)

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La introducción de innovadoras tecnologías está gestando un nuevo modelo de producción agrícola que ya tiene un prometedor futuro por delante. La agricultura de precisión se ha consolidado como una de las alternativas más sólidas a la hora de superar los desafíos que marcarán el ritmo de las prácticas agrícolas. Dentro de los próximos diez años, habrá casi 1.000 millones de personas más en el mundo y este crecimiento poblacional generará un impacto directo en la cadena alimentaria. En la actualidad, el sector agrícola representa la principal fuente de alimentos mundial y es a su vez, uno de los sectores que más recursos utiliza. En el último tiempo, se ha consolidado la idea de que la producción con un uso intensivo de agroquímicos era la única opción a la hora de satisfacer las demandas de la cadena alimentaria. Sin embargo, este modelo ha quedado obsoleto.

La necesidad de reducir el impacto medioambiental de las prácticas agrícolas exige la transformación de uno de los sectores más tradicionales de la economía que ya está despuntando en materia de innovación. El polémico y cuestionado uso de agroquímicos como el glifosato ha tenido una gran repercusión en la sociedad. Los consumidores, cada vez más interesados en saber qué es lo que consumen y de dónde proviene, han obligado a los productores y grandes empresas a replantearse el uso indiscriminado de ciertos productos químicos y a repensar los modelos de producción. Si hay algo que ha quedado claro tras el largo debate con respecto al uso de glifosato, marcado por la OMS como “probable cancerígeno” es que los productores ya no podrán esconderse detrás de la excusa de que se ven forzados a utilizar más herbicidas para aumentar la producción. Hoy en día, gracias al surgimiento de nuevas tecnologías y técnicas como el mapeo satelital, la aerofotografía, el software de robótica, la automatización, entre otras, se han posicionado nuevas alternativas.

La agricultura de precisión se nutre del desarrollo de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), el Big Data y la Inteligencia Artificial para alcanzar una mejora en la rentabilidad de los cultivos y reducir los impactos negativos en el aire, agua y tierra. Además, al reducir el desperdicio de los recursos, la agricultura de precisión permite un mayor aprovechamiento de los suelos y una reducción del uso de agroquímicos. Esto se debe en parte a la sensorización de las plantaciones que permite un mejor control de las cosechas. A través de la incorporación de sensores, se puede recabar información que sirve, por ejemplo, para controlar el riego o detectar fallos o enfermedades antes de que sea tarde. Lo que, a su vez, se traduce en un aumento de la rentabilidad ya que la anticipación permite evitar cualquier impacto económico causado por fallas o por una mala cosecha.

La llegada de los drones a la actividad agrícola también ha supuesto una gran revolución. Gracias a las imágenes de satélite obtenidas a través de estos dispositivos, es posible realizar mapas con una precisión nunca antes vista. Estos mapas permiten representar datos sumamente valiosos ya que permiten analizar grandes superficies como parcelas enteras o focalizarse en detalles más minuciosos sobre un cultivo en particular. Estos mapas se reúnen en un informe final en el que se basa el agricultor a la hora de analizar el estado de sus cosechas y planificar la explotación de estas. Toda la información recopilada conduce a los productores a tomar decisiones inteligentes y basadas en datos concretos que les permiten elegir las mejores soluciones disponibles. Por ejemplo, esta información les permite a los agricultores conocer con exactitud milimétrica la dosis de fertilizantes necesaria y así evitar el uso indiscriminado de productos fitosanitarios.

En concreto, la agricultura de precisión consolida un escenario de éxito asegurado ya que permite mejorar la eficiencia de los insumos, reducir los costes al aumentar el rendimiento y también disminuir el impacto ambiental. Pero no se trata de una solución mágica, sino que depende de la confección de políticas públicas que alienten la transformación del sector. Para que estas técnicas logren una adopción generalizada, se requiere el esfuerzo en conjunto entre grandes compañías que se embarquen en el camino de la innovación e inviertan en la tecnología necesaria para disminuir el uso de químicos en la agricultura. La población, cada vez más demandante y con cada vez más consciencia con respecto a los platos que llegan a sus mesas, presionará para lograr un cambio de modelo. Frente a ello, la agricultura de precisión se consolida como el camino a seguir tanto para reducir los efectos medioambientales, como para incrementar la productividad y alcanzar una mayor seguridad alimentaria.

José Herrero