Cultura

Compartiendo diálogos conmigo mismo

Gloria al verso que nos hizo vida

No te importe lo que el mundo prometa.

Prométete a ti mismo observar para ser poeta.

Poeta de cuerpo entero, siempre dispuesto a donarse y a quererse.

A ofrecer perdón y a perdonarse.

Víctor Corcoba Herrero

24/11/2018

(Última actualización: 24/11/2018 23:55)

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Cuando la vida vuelva a ser vida eterna

y el celeste no se anochezca jamás,

el verso volverá a ser más verso en Jesús,

y la esperanza por vivir en lo auténtico,

nos llenará de gozo los labios del alma,

una vez vaciadas las entretelas del vicio

y armonizada la tierra con el nuevo cielo,

entonces, sólo entonces, será la gloria.

Esta podredumbre mundana nos mata,

nos degenera, decae y nos deshumaniza,

nos contamina y nos mancha por dentro,

nos envicia y nos envilece para la selva,

nos perjudica y nos envenena en el todo,

aunque seamos nada en la nada del ser,

sin el soplo del Creador al levantarnos,

sin la luz para orientarnos y poder andar.

Cuando la hipocresía nos gobierna, crece

la soberbia y decrece el amor de cada día;

también cuando la maldad nos encarna

es necedad asentir, hay que salir del yo,

antes de que el dolencia nos amortaje

el espíritu, y no podamos poner a salvo

la mente, para vernos en lo compasivo

del amor que sabe perdonar y rehacerse.

El bien se percibe al amparo de la virtud

del ser que soy, creado en el instante

preciso y en el precioso momento exacto,

para ser recreado en la humilde grandeza

de la inspiración poética, donde se funden

los deseos y se forman guirnaldas de laurel,

que abrazan la cruz y alcanzan a Dios,

purgados los ánimos, vendadas las heridas.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

24 de noviembre de 2018