Cultura

Compartiendo diálogos conmigo mismo

Abrazar a los que no te abrazan

Cristo ha abrazado y abraza continuamente en su amor inextinguible

Víctor Corcoba Herrero

03/03/2018

(Última actualización: 13/03/2018 16:43)

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I.-Aprender a perdonar

Me gustan las manos que acarician,

y los labios del alma que perdonan,

hasta fundirse en el fuego del amor.

De un amor del que florecen sueños,

que son aire para nuestros andares,

y vida para nuestros días de espera.

No desesperemos jamás ante nada,

que con voluntad, al ir al encuentro,

todo se ablanda y también se aplaca.

No te importe pensar en aquellos

que no te aman, ni querer a quien

no te quiere, abre tu corazón y vive.

Que tras vivir dentro de uno mismo,

para mejor obrar y servir a los demás,

reconozco que nada somos sin el otro.

No dejemos, pues, de ser sembradores:

que quien concilia será reconciliado,

y aquel que perdona será perdonado.

II.- Cultivarse en la ternura

Estamos llamados a ser más verso

que anverso, más luz que noche,

más espíritu que cámara corporal.

Seamos el verso en el beso de Dios,

instante tan preciso como precioso,

donde toda vida se vierte en gloria.

Así, en el arte de crecer y recrearse,

como en el amor que nos cautiva,

la ternura es lo que nos pone alas.

Volemos hermanados hacia el cielo,

pongamos firmeza en la acción,

y entusiasmo para poder reunirse.

Volvamos a ser el niño en el alma,

lo más hermoso que puede darse,

en esta pobre tierra de andanzas.

Descendamos a nuestras honduras,

que en medio de tantas desdichas,

hay un Ángel que está en nosotros.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

3 de marzo de 2018