Opinión

Cambio de nombre de calles en Ciudad Real

Lo que se hereda no se hurta

Tomás Ballesteros Escudero

27/09/2017

(Última actualización: 27/09/2017 19:59)

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Todos cuantos paseamos por las calles de Ciudad Real, las recorremos en coche, en bici, sabemos dónde están. Las conocemos por sus nombres, y a veces nos paramos a pensar, a preguntarnos quién es la persona que responde a ese nombre. ¿Qué hizo para merecer una calle?, ¿cuándo y dónde vivió?

Lo cotidiano, nuestra vida diaria se compone de nombres. A lo largo de la historia de Ciudad Real se ha ido conformando un callejero con apelativos diversas de oficios, aspectos de la naturaleza y geográficos, de antiguos alcaldes, militares, políticos, literatos… Cuando las vías públicas se concretan con esas denominaciones las asociamos a rincones, bares, tiendas, edificios, casas de amigos que la contienen y el significado inicial al que hacía referencia se distorsiona, se desvanece su sentido y en ocasiones sucede que los habitantes desconocemos el origen, la causa de esos apelativos.

No obstante, todas las designaciones de las calles quedan en la memoria colectiva popular y es preciso saber de sus historias pues sin conocer y palpar nuestro pasado no es fácil tener apego al presente de nuestro entorno. Y se entiende que esa memoria se ha adquirido tras un amplio consenso social y la mayor aceptación de una ciudad que se enorgullece de aquellos a los que homenajea.

En estos últimos tiempos cuando los Ayuntamientos democráticos estiman que deben modificar el nombre de sus calles para aplicar una Ley como es la de Memoria Histórica, de manera recurrente el Partido Popular se opone a ello en la práctica totalidad de los municipios de España en los que esto ocurre. ¿Por qué?

Los argumentos son variopintos: desde las dificultades de los ciudadanos para cambiar su DNI, el coste de las placas y hasta que los carteros se van a confundir en el reparto de la correspondencia. Además de los importantes costos económicos para empresas y comercios; pasando por la escasa relevancia del asunto, amén de no ser nunca una necesidad para los vecinos que en ellas habitan; líos en las escrituras de la propiedad… Dificultades que afortunadamente nunca aparecen cuando se trata de proponer o apoyar el cambio nombres de calles para dedicarlas a las víctimas de los terrorismos que hemos sufrido en los últimos cuarenta años en este país. Cambios que, por otra parte, siempre alcanzan un amplio consenso social.

El Partido Popular nunca va al fondo ni se pregunta el porqué de estas propuestas. No consta que quiera preguntárselo. Siempre lo ignora en sus declaraciones de posicionamiento público. ¿Por qué?

Vivimos en un país en el que los amplios consensos para buscar la reconciliación y poder salir de la forma menos cruenta de una dictadura, se dejaron muchos heridas sin cerrar por el camino. Cuestionar en pleno 2017 cambiar el nombre de un espacio público a personajes como Gutiérrez Ortega, responsable y cómplice de la muerte de un buen número de ciudadrealeños y ejecutor del aparato represivo fascista en nuestra provincia, es como mínimo impactante.

Desestimar una propuesta de cambio de nombres impuestos por los totalitarios con la fuerza de las armas por otros acordados en mesas democráticas de debate y negociación, con transparencia y participación pública es, cuando menos, chocante. Por cierto, propuestas donde se recogen nombres de un amplio espectro ideológico y todos y todas ellos con un nexo común: ser fruto del acuerdo democrático. ¿Por qué le molesta al Partido Popular que una calle cambie su referencia fascista y pase a llamarse Irene Villa, Gloria Fuertes o la Pandorga?

Un estado moderno, avanzado, integrado en la Unión Europea ¿puede tener en el gobierno o en la oposición a un Partido que se opone a eliminar de los espacios públicos los homenajes a representantes de la sinrazón fascista? ¿Puede soportar nuestra democracia occidental las continuas advertencias de la ONU por incumplir con la obligación de investigar los crímenes y a los criminales del franquismo? ¿Puede seguir siendo España el segundo país del mundo con más desaparecidos después de Camboya? Porque hablamos de Derechos Humanos no de política partidista.

Argumentan los populares que estos asuntos forman parte de nuestra historia, pero para pasar página hay que haberla leído antes y entonces quizás se dieran cuenta de que la verdad es reparadora para la sociedad entera. Podrían desprenderse de esa pátina que les sigue recubriendo la ideología porque no olvidemos que son fieles legatarios de las élites políticas y económicas que nacieron en el siglo XIX y tuvieron un estupendo acomodo durante el franquismo, con el beneficio añadido de que la Transición no fue una ruptura democrática sino una reforma política de la que salieron indemnes. A las pruebas me remito.

Tan dificultoso es explicar lo obvio que no alcanzo respuestas a tantos porqués. Sólo soy capaz de dar una explicación coherente a través de aquel dicho popular latinoamericano: “dicen que el hijo del tigre, de tigre sale pintado”.

Tomás Ballesteros Escudero