Puertollano

Concierto de blues latino y rock

Vargas Blues Band: Una estrella internacional del Rock en Puertollano

Más de 30 canciones pudieron escucharse de un repertorio muestra de la carrera de este músico trashumante de las geografías y los estilos musicales en el que la guitarra es el denominador común

José Coleto

07/03/2017

(Última actualización: 08/03/2017 08:48)

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A través del Francis Café Puertollano vivía por unas horas uno de los mejores conciertos de rock que en esos momentos se celebraba en nuestro país, y no es exagerado decir que en el mundo, por la talla del personaje que actuaba: Javier Vargas y su Blues Band.

Y es que hay artistas que no solo ofrecen la música que ejecutan en ese preciso momento sino que traen y comparten con el público, como si fuera un eco, toda la experiencia y el bagaje que les precede. Al igual que cuando andamos por las calles de una ciudad con mucha historia y patrimonio, no solo percibimos lo que vemos y vivimos en nuestra visita sino que evocamos la historia y podemos tocar la vivencia de todos los que antes, durante siglos, la fueron forjando, dejando un poso que las hace ser tan especiales. Así por el local puertollanero durante el concierto estuvieron muy presentes y desfilaron con los acordes de guitarra, más de treinta años de carrera internacional, su trasiego vital y musical por Argentina, Venezuela, EEUU y España, todas las colaboraciones con Carlos Santana, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Raimundo Amador, Andrés Calamaro o Prince, el blues, mucho rock, el jazz o el flamenco con los que se ha mezclado a lo largo de estos años, uno de los creadores de un estilo musical: el Blues Latino. Todo eso estuvo allí y se podía respirar.

Semejante coloso y su fuerza, tienen poderes inesperados: en este caso la habilidad de transmutar y de desubicar, pues creaba un ambiente en el local que lo convertía en un genuino templo musical de otras latitudes, en un club decano de rock de una gran ciudad estadounidense en los años 70, en una cava de jazz de París de los años 20, en un atemporal pub londinense de Candem. Pareciera que el Francis siempre ha estado ahí y que el concierto de Javier Vargas era uno más, el enésimo concierto en décadas de un bar histórico y mítico. Cuando no es así.

La sensación de excepcionalidad provocaba en muchos una especie de “Síndrome de Santo Tomás”: a pesar de meses de preparación, publicidad y una entrada pagada (que por supuesto se agotaron en los días precedentes), muchos seguían sin poder creer, hasta que lo tuvieron de frente, que un concierto de Vargas se iba a desarrollar ahí, delante de sus narices. La expectación era grande entre un público más maduro que en otros conciertos, que disfrutó con entrega del evento, también había jóvenes y algún adolescente arrastrado por sus mayores para que asistieran a ver a un grande en una especie de “bautismo musical” de iniciación a través de un histórico en la experiencia de la música en vivo.

En cuanto a la música, más de 30 canciones pudieron escucharse de un repertorio muestra de la carrera de este músico trashumante de las geografías y los estilos musicales en el que la guitarra es el denominador común: Rooster Blues, Amapola negra, King of Latin, Texas Tango, Parissien, Bottle Neck, Stealer Love… O I feel good de James Brown fueron algunos de los temas que pudieron escucharse en las voces del holandés Peter Kunst también batería y Luis Mayo que hacía lo propio con el bajo y también voz en un primer tramo del concierto. En el segundo la argentina Vanessa Harbek sumaba su guitarra a la del maestro Vargas y resto del conjunto, incorporando una voz rockera, negra, potente y felina que acababa por llevar el concierto al paroxismo.

Dicen que los buenos guitarristas flamencos hacen llorar a sus guitarras, Javier Vargas esa noche hizo llorar, gemir, gritar y carcajear a la suya en los innumerables y largos solos que introduce en sus canciones. Todo un arte el hacer protagonista un instrumento que generalmente está destinado a ser segundo, acompañamiento y que Javier Vargas convierte en la estrella de sus conciertos. Se define como un guitarrista más de sentimiento, que de técnica, pero a estas alturas ya, demostró el viernes por qué es uno de los pocos virtuosos a nivel mundial del instrumento. Sin duda todo un lujo y oportunidad únicos: era la tercera vez que actuaba en Puertollano, la anterior “en el Paseo” como recordaba el propio artista a los asistentes.

En resumen un concierto literalmente excepcional de un artista de talla internacional que sin duda marca un antes y un después para todos los que tienen la oportunidad de verlo en directo pero también del local y la ciudad que le sirve de sede. Por todos es sabido que no hay nada como la cultura para mejorar la convivencia y la experiencia de una comunidad y de paso mejorar la “marca” y el prestigio de la misma. Valor añadido lo llaman.

Todo esto dio de sí un gran concierto y más: a las 23:00 horas, en el ecuador del mismo que empezaba a las 22:00 horas y finalizaba puntualmente a las 00:00 horas, el rock bar Francis Café, recibía sendas multas por exceso de ruido y que no siendo las primeras muy probablemente acaben por finiquitar el proyecto del Francis Café. O no.