Opinión

Artículo de opinión del Coordinador Cultural del Partido Ibérico Íber, Francisco López Barrios

El español, acosado

Francisco López Barrios

26/01/2017

(Última actualización: 27/01/2017 08:47)

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El segundo idioma del mundo, detrás del chino, con un significativo impacto tanto en el PIB español como en el mundial y con un relevante papel como soporte de diversas industrias culturales, productoras de cine, editoriales, cadenas de televisión, etc., no solo de España, sino de la multitud de países de habla hispana, se ve acosado y postergado en los EEUU de Donald Trump. Y, aunque a muchos, sobre todo entre los jóvenes colonizados mentalmente por yanquilandia, el asunto les resulte baladí, lo ignoren por pura ignorancia y sometimiento a los designios del colonialismo cultural anglosajón o por pasotismo trufado de incultura y desconocimiento, la verdad es que el asunto afecta a nuestras vidas en la medida en que también afecta a la economía. Los franceses, de quien tantas cosas nos quedan por aprender, repiten una frase que resume la situación: “primero introduzcamos el idioma; más tarde llegará la Renault”.

Pero, al margen de la visión del idioma como un instrumento de negocio o de penetración económica, creo que puede hablarse de un aspecto más grave, que se refiere a la colonización cultural y que en España es evidente: desde los nombres de los bares, hasta los anuncios de la televisión, pasando por los grupos de cantantes que, cual esclavos sometidos al idioma y los gustos del dueño de la plantación, no vacilan en cantar y grabar sus discos en inglés para vergüenza de propios y ajenos. Es decir: de españoles con dignidad y amor a su idioma y de tantos iberoamericanos que se sienten frustrados al ver como la subordinación a la cultura yanqui no solo se produce en sus países (en algunos ya no tanto) sino incluso en una de las grandes naciones europeas a cuyo tronco lingüístico y cultural pertenecen.

El menosprecio del español como idioma viene de antiguo entre los pueblos del norte de Europa y de América. No hará falta recordar que la Unión Europea lo desechó hace unos años como idioma oficial para las reuniones multilaterales y multilingües, con la intención de racionalizar los procesos negociadores simplificando los canales de comunicación, y con un criterio basado más en la cantidad de habitantes de cada país que en la proyección real de las lenguas excluidas: caso del español por su universalidad o del italiano por el número de habitantes que lo hablan. Creo que las líneas del artículo de David Fernández Vítores, que reproduzco parcialmente, explican con claridad el problema:

“La situación del español en la UE está determinada fundamentalmente por tres factores: su estatus de lengua oficial, su elevado número de hablantes nativos y su fuerte proyección como lengua de comunicación internacional fuera de la Unión. Junto con el polaco, el español es la quinta lengua de la Unión Europea por número de hablantes nativos. Este dato es sin duda un argumento de peso a

la hora de reivindicar una mayor cobertura lingüística para este idioma en la traducción de los documentos producidos por las instituciones y en la interpretación de las reuniones multilingües que en ellas tienen lugar. Por eso, aunque el inglés, el francés y, en muy menor medida, el alemán, son los idiomas más utilizados en el trabajo diario de las instituciones, el español ocupa, junto con el italiano, la cuarta posición en esta clasificación. De hecho, en más de una ocasión España e Italia han solicitado de forma conjunta que, en las reuniones con una cobertura lingüística limitada a tres lenguas, esta se ampliara a cinco para incluir así el italiano y el español.

En algunas agencias especializadas de la Unión, este régimen lingüístico ampliado a cinco lenguas no es solo una práctica institucional consolidada, sino que está reconocido de derecho. Es el caso de la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI), cuyo Reglamento interno reconoce cinco lenguas de trabajo: español, alemán, francés, inglés e italiano. Con todo, la tendencia general es, como se ha visto, a limitar en la medida de lo posible el número de lenguas utilizadas en las instituciones comunitarias y evitar así que el multilingüismo se convierta en una rémora para su funcionamiento. En principio, esta limitación perjudica al español, al menos en el ámbito institucional. Sin embargo, al desactivarse el incentivo que supone para el aprendizaje de una lengua su uso dentro de las instituciones, es probable que gran parte de los ciudadanos europeos que actualmente concentran sus esfuerzos en aprender alemán, italiano o incluso francés, decidan canalizar estos esfuerzos hacia el aprendizaje del español, que cuenta con una mayor proyección internacional y, por tanto, les resultaría más útil para comunicarse fuera de las fronteras de la Unión”.

Comprensible o no, el hecho es que los idiomas de los países que la prensa inglesa calificó en su momento como los PIGS (Cerdos) de Europa, y que se recogían por sus iniciales en el acróstico, (Portugal, Italia, Grecia, Spain) nunca han gozado de gran estima por sus valores culturales en países que desconocieron habitualmente lo que sucedía más allá de la frontera de sus ombligos.

Y no solo se trata de la “Leyenda Negra” escrita y fomentada por las potencias europeas rivales de España, leyenda que ahora se reconoce incluso por los historiadores de los países que la crearon y fomentaron. Es que incluso a principios del siglo XX, científicos norteamericanos como Davenport o Madison Gray, los grandes inspiradores del nazismo alemán y maestros de Hitler, se referían a los perversos genes de los pueblos del mediterráneo y de las malas costumbres de los latinos y católicos en un sentido absolutamente peyorativo, descalificando sus aptitudes para el trabajo o la constancia en el esfuerzo comparadas con las excelsas cualidades de los pueblos nórdicos. Incluso en nuestros días, el gran pensador del animalismo, Peter Singer, en su libro “Liberación animal” no vacila en caer en los mismos tópicos emocionales, asegurando que el maltrato animal tiene su origen en la barbarie de los pueblos que habitan a las orillas del mediterráneo.

Algún día volveré sobre ese asunto sorprendente. Pero hoy toca decir, sin innecesarios radicalismos españolistas, que no ofende quien quiere sino quien puede. Y que de un patán grosero y multimillonario no se podía esperar otra cosa. Suprimir el español de las páginas web de la Casa Blanca estadounidense es insultar a los más de cincuenta y cinco millones de habitantes que hablan español en los EEUU; es actuar con una grosería innecesaria y alevosa; y es, sobre todo, la confesión del miedo ante una gran nación cultural, como la ibero afroamericana, que poco a poco despierta de su letargo y que, con iniciativas como las lideradas por el Partido Ibérico Íber en España y el Movimiento Ibérico en Portugal, vivirá días de esplendor antes de lo que muchos imaginan.

Francisco López Barrios

Coordinador Cultural del Partido Ibérico Íber