Cultura

Compartiendo diálogos conmigo mismo

La espera y la esperanza

Víctor Corcoba Herrero

10/12/2016

(Última actualización: 11/12/2016 12:33)

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No hay espera sin esperanza, ¡sabedlo!.

En este deambular por la mística del verbo,

me hallo con el misterio de Dios

que busca al hombre, a través de los ojos

de un niño, a punto de nacer en cualquier

esquina del mundo por un amor sin límites,

tan desinteresado como renovador.

No hay esperanza sin espera, ¡meditadlo!.

La espera nos sobrecoge por su encuentro

con la inocencia y nos sorprende

por su hondo significado para el camino

de nuestras vidas, por su espíritu de ternura,

de humildad y mansedumbre hacia todos,

de hospedaje, refugio y posada a toda alma.

Es hora de dejarse abrazar por la sencillez,

de fundirse entre unos y otros, de sentirse

pequeño en la grandeza de los días y las noches,

de caminar unidos bajo el manto del sosiego,

guiados por esa estrella, siempre viva,

que reluce como el sol y en nuestros pasos luce,

pues no hay sendero que no hable del Creador.

No huyamos de la esperanza, ni de la espera,

hemos de retornar a ese mar celeste,

de pureza infinita, despojados de mundo,

donde Cristo nos espera, con paciencia,

a que le llamemos desde dentro de uno mismo,

para sumarse a nuestro gozo,

el gozo de sentirnos hijos de la Trinidad.

La Trinidad, que es una vida de comunión

y de familia perfecta, origen y meta

de todo lo creado y recreado en el cosmos,

que lleva en sí mismo ascendencia y filiación,

nos aliente al desaliento y seamos reflejo

viviente de ese Belén que se custodia

en nuestros hogares entre lágrimas y risas.

Que su fuerza amorosa nos restituya

la paz y el sosiego, y reconstruidos en la poesía,

activemos el consuelo para emprender

un conciliador y reconciliador sentimiento

que nos fraternice, en la confianza

de ser para los demás, la inspiración de la verdad

al servicio del inocente, ¡Jesús en nosotros!.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

10 de diciembre de 2016