Opinión

40º aniversario de “La Marmota

Historia y desafíos del sindicalismo confederal y de clase

Antonio Navarro Escudero

09/11/2016

(Última actualización: 14/11/2016 12:10)

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En la mañana de un caluroso domingo, el 25 de julio de 1976, en un paraje cercano a la ciudad de Albacete, conocido con el nombre de la Marmota, las CCOO de Albacete convocaron la que sería la primera asamblea abierta al conjunto de trabajadores y trabajadoras de Albacete y provincia. A pesar de no contar con autorización gubernativa, siendo todavía una organización ilegal, cerca de 700 personas respondieron a la convocatoria. Justo dos semanas antes, el 11 de julio de ese mismo año, tuvo lugar la ‘Asamblea de Barcelona’, asamblea fundacional de la confederación sindical de CCOO.

En la Marmota intervinieron Macario, Francisco García Salve (‘el cura Paco’), Blanca Manglano y el que sería el primer secretario general de Albacete, Venancio Cuenca, un joven trabajador proveniente de Villamalea.

Han pasado nada menos que 40 años y hoy el sindicato conmemora aquel acontecimiento rindiendo homenaje a los hombres y mujeres que durante todos estos años han dejado lo mejor de sus vidas en defender los derechos de la clase trabajadora. Personas casi siempre anónimas, muchas de ellas ya fallecidas, personas que desde su centro de trabajo, aún a riesgo de perder su empleo o su libertad, fueron tejiendo la construcción del sindicato.

Ni antes fue fácil ni lo es ahora. El conflicto capital/trabajo, la disputa de intereses entre quienes poseen los medios de producción y los que no disponen de más medio de subsistencia que su fuerza de trabajo, continúa siendo una constante económica y social. Y en tanto que pervive, el sindicato mantiene su vigencia, siendo el instrumento más útil de la clase trabajadora para la defensa de sus intereses.

En las últimas cuatro décadas, el sindicalismo de clase ha asistido a numerosas crisis económicas, tantas como reformas laborales emprendidas por los poderes políticos. Reformas encaminadas a laminar el poder sindical en beneficio de la patronal.

La última de estas crisis se inició en septiembre de 2008 con la quiebra del banco Lehman Brothers. Financiera en su origen, pronto mutó en crisis social, de empleo –se ha llevado por delante 20 millones de puestos de trabajo- y de representación política. Su magnitud se dejó sentir en toda la economía mundial, y singularmente en los países del sur europeo: España, Grecia, Portugal e Italia.

Nuestro país superó los seis millones de parados; decenas de miles de familias perdieron sus viviendas y la desigualdad ha experimentado un crecimiento exponencial, el segundo mayor (tras Letonia) de los registrados en los 27 estados de la Unión Europea.

En este contexto, con la llegada del PP al Gobierno de la Nación, y previa modificación del Art. 135º de la Constitución por el Gobierno de Zapatero, las grandes entidades del sistema neoliberal (FMI, BCE y UE) impusieron un paquete de medidas, lesivas todas ellas para las clases medias y bajas. Los mismos que provocaron la crisis se erigieron en los salvadores e impusieron sus recetas.

Para cumplir sus objetivos y silenciar la protesta, situaron al movimiento sindical de clase como enemigo principal. Los sindicatos fueron demonizados con la colaboración de los medios de comunicación, la mayor parte de estos en manos de grandes conglomerados empresariales y entidades bancarias. “Los sindicatos son una antigualla y un problema para el crecimiento económico…” repiten una y otra vez.

Los sindicatos que hicieron posible el Estado del Bienestar en los países de Europa occidental, que propiciaron el mayor crecimiento económico y el mayor avance en igualdad social conocidos en la historia de la humanidad, pasaron a ser elementos incómodos para el capitalismo globalizado y para la generalidad de los políticos austericidas. Silenciando nuestras acciones y amplificando nuestros errores; criminalizando la acción sindical, amputando nuestra capacidad de negociar y convenir; el ‘neoliberalismo’ rampante allanaba el camino de la explotación y la desigualdad.

Ni estamos desaparecidos ni vamos a renunciar a seguir siendo de utilidad a la clase trabajadora. Con motivo del aniversario de la Marmota hemos editado un foto-libro en el que se encuentran numerosos testimonios que lo acreditan: grandes y pequeñas manifestaciones, concentraciones en empresas, huelgas…, dan fe de la constante presencia de CCOO en los centros de trabajo y en la calle.

Conmemorar el pasado no nostalgia sino justicia con nuestra historia. El presente nos emplaza a seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer: defender los derechos de la clase trabajadora, estar al lado de quienes sufren los envites de un sistema económico injusto, luchar cada día para transformar la sociedad.

En la era digital, de la inteligencia artificial, de internet y de los avances tecnológicos aplicados a los procesos productivos, el sindicalismo de clase también tiene cosas que decir.

Asistimos a una revolución laboral que irá in crescendo. Cada vez serán necesarios menos trabajadores para realizar las mismas tareas. La inteligencia artificial causará un cambio radical en el sector servicios. La digitalización y la robótica abren las puertas a la 4ª revolución industrial. Y, sin embargo, la presencia humana, sea cual sea la actividad productiva, seguirá siendo irremplazable.

Simultáneamente, la aparición de nuevos paradigmas relacionados con el cambio climático y el deterioro del medio ambiente, los flujos migratorios o la lucha por la igualdad de género, en medio del declive de los Estado-Nación, ha incorporado nuevos escenarios de conflicto y nuevos actores con los que el movimiento sindical está llamado a participar codo a codo.

Nuevos desafíos para el sindicalismo confederal y de clase; vivo, necesario y decidido a “repensarse”, a adecuar nuestro modelo organizativo y nuestra estrategia a un mercado de trabajo dual, cada día más fragmentado ante el incremento salvaje de la temporalidad y la precarización, con millones de personas expulsadas de la ocupación laboral.

Grandes retos para un gran sindicato. Mientras persista la desigualdad y no queden cubiertas las necesidades vitales de las personas, dispongan o no de un empleo decente, CCOO continuará con la labor iniciada hace ahora 40 años. Con la misma voluntad e inteligencia que entonces, con nuevos actores pero con la misma determinación.

Antonio Navarro Escudero

Secretario de Estudios de CCOO CLM