Cultura

En el Museo Thyssen- Bornemisza

Exposición: “Caillebotte, pintor y jardinero”

Del 19 de julio al 30 de octubre de 2016

José Belló Aliaga

19/07/2016

(Última actualización: 19/07/2016 19:04)

Imprimir

El Museo Thyssen Bornemisza presenta este verano en colaboración con el Musée des impressionnismes Giverny una exposición dedicada al artista Gustave Caillebotte (París, 1848 –Petit Gennevilliers, 1894), una de las figuras menos conocidas y a la vez más originales del movimiento impresionista.

Caillebotte, pintor y jardinero muestra la evolución temática y estilística del pintor francés, desde sus inicios en el París moderno de Haussmann hasta su pintura de jardines, que ocupará una parte muy importante de su producción artística.

Comisariada por Marina Ferretti, directora de Exposiciones e Investigación del Musée des impressionnnismes Giverny, esta exposición presenta un total de 65 obras procedentes de colecciones privadas y museos internacionales como el Marmottan Monet de París , el Brooklyn Museum de Nueva York y la National Gallery of Art de Washington D.C, divididas en cuatro etapas vitales: El París de Haussman, un universo mineral ;Vacaciones en Yerres; El Sena y los viajes a Normandía , y El jardín de Petit Gennevilliers.

Durante mucho tiempo, Caillebotte ha sido reconocido fundamentalmente por su papel de mecenas e impulsor del movimiento impresionista. Organizó exposiciones y coleccionó un gran número de obras de artistas como Pisarro, Degas, Renoir, Sisley, Cézanne y Monet, que legaría al estado francés tras su muerte en 1894.

Uno de los miembros destacados del grupo impresionista

Desde hace unas décadas se ha sumado a este reconocimiento la importancia de su labor creativa, siendo considerado actualmente como uno de los miembros destacados del grupo impresionista.

Gustave Caillebotte nace en 1848 en París, en el seno de una familia acomodada que le permite recibir una educación privilegiada. Ya elaboraba algunos estudios artísticos cuando en 1872 comenzó a frecuentar el taller de Leon Bonnat. Ese mismo año hace el preceptivo viaje a Italia y en 1873 supera la prueba de acceso para la École des Beaux Arts.

A pesar de recibir una formación fundamentada en los valores académicos tradicionales, el pintor mostró un mayor interés por aquello que rompía con lo establecido. Sus primeras obras muestran una mirada original sobre la naturaleza y la ciudad moderna. El tema cede su protagonismo a una composición arriesgada, dominada por un alto punto de vista y perspectivas oblicuas que crean un efecto de tensión.

En 1875, después de que el jurado del Salón rechazara el primer lienzo que presentaba de manera oficial, Los acuchilladores, Caillebotte se unió al bando de los pintores independientes. Un año después volvería a mostrar esta obra junto a cinco cuadros de temática urbana en la segunda exposición impresionista. A partir de este momento, el artista dio un paso más en el impulso del movimiento a través de la compra y colección de obras de sus compañeros.

El París de Haussmann, un universo mineral

Entre los años 1852 y 1870 París vivió una importante remodelación urbanística de mano de Napoleón III y el barón Haussmann, que contribuyó a la creación de una nueva ciudad más limpia, abierta y accesible, y que la convirtió en la capital europea de la modernidad.

Caillebotte vivió en uno de estos nuevos barrios, experimentando de cerca esta transformación y plasmándola en su pintura. A diferencia de otros artistas contemporáneos, dejó de lado los característicos temas modernos, como las estaciones de tren, los cafés y los abarrotados centros de ocio parisiense, para dirigir su mirada a los verdaderos protagonistas de la nueva ciudad, sus habitantes, a quienes observa y describe a la perfección.

Hallamos en esta sala algunos lienzos y estudios de burgueses con sombreros de copa en contraste con otros de obreros y pintores, que dejan ver el interés del artista por reflejar las diferentes clases sociales que poblaban la capital.

Su paleta es ahora tan gris como el aspecto del nuevo París, reconstruido con materiales oscuros y apagados. Balcón, Boulevard Haussmann (1880) y El bulevar visto desde arriba (1880) ejemplifican la manera en que Caillebotte veía la ciudad, desde altos puntos de vista y enmarcando la escena por una ventana o un balcón, con una perspectiva alejada, que no hace sino acentuar esa sensación de soledad y frialdad que caracterizaba a la era moderna.

Vacaciones en Yerres

Durante años Caillebotte pasó sus veranos en la residencia familiar de Yerres, una casa de estilo neoclásico rodeada de un extenso jardín de tipo inglés que representaría en múltiples ocasiones. Fue en este escenario donde el artista descubre la pintura al aire libre, y experimenta el poder de la naturaleza, la intensidad de sus colores y sus aromas, e inicia una profunda dedicación al a pintura de jardines.

Sus obras representan los largos caminos del jardín de la casa, la estructura ordenada y bien cuidada del huerto, los diversos efectos de la luz sobre los estanques o las cálidas y pacíficas puestas de sol en el horizonte.

De igual manera, observa el trabajo del campo y el entorno natural que baña el río Yerres, en el que se practicaban deportes náuticos muy de moda en aquella década, como el remo. Su afición por este deporte le llevó a representar escenas de remeros desde un punto de vista muy personal, cuyo énfasis recae sobre el ejercicio físico y la sensación de movimiento. Piraguas en el río Yerres (1877) y Remero con sombrero de copa (1878) reflejan este nuevo interés del artista y muestran una paleta más colorista y composiciones arriesgadas, en las que la presencia humana cobra gran protagonismo.

En la cuarta exposición impresionista de 1879, Caillebotte presentó un total de 28 lienzos pintados en Yerres que evidenciaron su profundo cambio en el uso del color y en la temática de su pintura.

El Sena y los viajes a Normandía

Tras la venta de la finca familiar de Yerres, en 1881Caillebotte adquirió junto a su hermano una propiedad en Petit Gennevilliers, en la ribera del Sena, donde continuó cultivando la pintura de jardines con auténtica pasión.

Nada más instalarse en su nueva residencia, se hace construir un jardín y un huerto a los que dedicaría gran parte de su tiempo y que se convertirían en dos de sus principales fuentes de inspiración.

Su proximidad al Círculo de la Vela de París determina su afición por la navegación. Comenzó a diseñar veleros, con los que ganó numerosas regatas, y a realizar estudios de las embarcaciones que navegaban por el Sena.

De manera progresiva, las vistas urbanas de París van dando paso a los paisajes de Argenteuil, Colombes y Gennevilliers, que acercan a Caillebotte a la técnica impresionista. Sin embargo, obras como Ropa blanca secándose, Petit Gennevilliers (1888) y Campos en la llanura de Gennevilliers, estudio en amarillo y rosa (1884) indican su habitual uso de las perspectivas marcadas, la tensión dinámica y los altos puntos de vista. Igualmente, en El Sena y el Puente del ferrocarril de Argenteuil (1885) y Embarcación anclada en el Sena, Argenteuil (1891) la figura humana desaparece, quedando solamente su presencia en la huella que deja sobre el paisaje.

En los meses de verano Caillebotte viajaba a Normandía, donde el mar y los nuevos paisajes le inspiraron para crear pinturas con una pincelada más suelta y una técnica más libre totalmente impresionista. Allí se reencontró con Monet, que poseía también un fantástico jardín en Giverny y con quien intercambió diferentes impresiones y consejos sobre horticultura y jardinería.

El jardín de Petit Gennevilliers

En 1888, tras comprarle a su hermano su parte de la finca de Gennevilliers, Caillebotte se instala allí definitivamente junto a su compañera Charlotte Vertiera y comienza a ampliarla poco a poco con parcelas adyacentes, hasta conseguir una amplia extensión que modificó según sus gustos y necesidades.

De todos los cambios que llevó a cabo, los más importantes fueron la creación del huerto, el jardín y la construcción de su estudio y de un invernadero con calefacción. Este conjunto se convertiría de ahora en adelante en su principal centro de operaciones.

Estudio de la horticultura y diseño y cuidado del jardín

Caillebotte invirtió mucho tiempo y dedicación en el estudio de la horticultura y al diseño y cuidado del jardín, lo cual quedó reflejado en sus pinturas. Seguía un trazado rectilíneo que originaba ordenados parterres, cada uno dedicado al cultivo de un árbol o flor determinados, e incorporaba los más modernos avances en jardinería.

Durante los últimos años de su vida en Gennevilliers, Caillebotte se dedicó a pintar aquello que más le cautivaba: las flores, el jardín y la navegación. Se inspira en las plantas que cultiva para crear ambiciosas composiciones destinadas a decorar el interior de su hogar, concebido a partir de ahora como una prolongación del espacio natural. Sorprende la intimidad y la personalidad que confiere a sus pinturas, así como el uso de los primeros planos y la intensidad del color de sus flores, como vemos en algunas obras de esta sala, como Orquídeas (1893).