Opinión

Artículo de opinión del Presidente de la Asociación de Empresa de Familia de Castilla La Mancha

Volver a levantarse

Aurelio Vázquez

12/05/2016

(Última actualización: 12/05/2016 21:54)

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Hoy Henry Ford está considerado como uno de los más destacados empresarios de la historia. Un triunfador. Un visionario. Él fue quien puso en pie Ford Motor Company, fundada en 1903, con la que triunfó gracias al Ford 999 y al Modelo T.

Son parecidos los casos de Anita Roddick (The Body Shop), Federick W. Smith (Federal Express), Walt Disney (The Walt Disney Co., Disney Corp), Steve Jobs (Apple Computer) y Bill Gates (Microsoft Corp.). Podríamos citar muchos más, pero estos ejemplos serán suficientes para plantear la cuestión que origina este artículo de opinión. Es triste admitir que ninguno de estos nombres nos sonaría, ni de lejos, si hubiesen nacido en nuestra querida tierra. No habrían sido protagonistas del salto empresarial e industrial que se produjo en los últimos cien años. No habrían sido el centro de atención de los medios de comunicación, ni se les habría estudiado en las más reputadas facultades de economía de todo el mundo. Miles y miles de personas, en el mejor de los casos, tendrían que haberse ganado la vida en otros trabajos.

Todos ellos llevan cosidos a sus nombres la etiqueta de ‘genios’. Sin embargo, guardan otra característica en común. Una que se suele olvidar, de la que sólo sabremos si leemos la letra pequeña. Y es que todos ellos fracasaron previamente. Sin paliativos. Con todas las de la ley. Y no fue sólo cosa de una vez. Todos ellos supieron perfectamente a qué sabía la lona de tantas veces que la besaron.

Si hubieran nacido aquí, si intentasen levantarse y volver a emprender, recibirían en la barbilla un gancho de derechas de una sociedad que está desperdiciando la oportunidad de crear puestos de trabajo al no concederles una nueva oportunidad. Hablo, por supuesto, de aquellos empresarios que no incurrieron en mala fe o fraude. En aquellos que lo intentaron hasta el último día, pero que fueron vencidos por una crisis inmisericorde que les condujo a la quiebra.

Es extraño. No me lo explico. Cómo es posible que un empresario que tuvo que cerrar su empresa, en la cual creó miles de puestos de trabajo, quiera empezar de nuevo y el banco le deniegue un préstamo. La razón: que el empresario tuvo que liquidar la empresa anterior. Y lo dice una entidad a la que hemos rescatado con el dinero de todos. Repito: de todos. ¿No es éste un mundo de locos? Ni financiación, ni tarjetas de crédito, ni abrir cuentas a su nombre… y con un sueldo embargado de por vida.

No obstante, si la situación con los bancos es cuanto menos paradójica, cómo definir a una sociedad que castiga con desprecio al empresario que se ve obligado a cerrar las puertas de su negocio. Lo arrincona; lo aparta; lo señala.

En un país que dice ser europeo, que quiere avanzar, en el que se habla de bienestar social, no se puede permitir el lujo de no poner en valor los conocimientos adquiridos por estos empresarios, su ‘saber hacer’, sus nuevos proyectos, sus ganas de triunfar. ¿De verdad vamos a permitir que su nueva fábrica vaya a nombre de sus dos hijos?.

Tenemos que reflexionar. Y, después, tenemos que actuar. De lo contrario, como no acierten a la primera, entre los nuestros nunca contaremos con un Henry Ford. Ni compañía.

Aurelio Vázquez

Presidente de la Asociación de Empresa de Familia de Castilla La Mancha