Puertollano

Extraído del libro “Historia de Puertollano” publicado por Intuición Grupo Editorial

Las tradiciones desaparecidas en Puertollano

José Domingo Delgado Bedmar

08/05/2016

(Última actualización: 08/05/2016 23:30)

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Son bastantes las tradiciones que aparecieron, tuvieron momentos de esplendor y finalmente han desaparecido en la historia de Puertollano, por lo que vamos a citar tan sólo algunas de las más importantes.

Así, en 1770, el Censo de Hermandades, Gremios y Cofradías del Conde de Aranda, recogía la existencia de dos compañías o soldadescas en la ermita de la Virgen de Gracia, llamadas de los Pastores y los Judíos, “que en el día de la Natividad de Nuestra Señora costean la festividad de Vísperas, misa cantada y procesión alrededor de dicha Hermita, asistiendo los soldados de cada compañía con sus banderas y tambores”. Con ocasión de la fiesta hacían un ofertorio de hasta 800 reales, que se empleaban en la festividad y para surtir de ornamentos a la ermita. La fiesta no paraba aquí: “tiene por estilo handar por el pueblo en forma de compañía, separadamente los de cada soldadesca, desde la tarde de dicha víspera hasta el terzer dia a las doze de el, dando colación el capitán, un alférez y cuatro sargentos de garbanzos, pasas, higos y albellanas y vino a todos los hermanos (...) gastando en esto con bastante exceso, y en la funcion de Polvora que tiene cada soldadesca la noche de referida vispera”. Como puede comprobarse, en la celebración que sufragaban cada año estas “soldadescas” se rastrea el origen de otras tradiciones que sí que han llegado hasta nosotros, como son el tambor de la Virgen que anuncia la festividad la semana de antes de la fiesta, el “puñao”, gasto” o convite con el que la actual cofradía obsequia el día de la celebración, y la pólvora al acabar la procesión. También había por aquel entonces una cofradía de San Blas, de menor importancia y que hacía celebraciones similares en torno a la festividad de este santo, protector contra las enfermedades de garganta, nariz y oído.

Mucha mayor trascendencia tendrán las celebraciones que se hacían en el Corpus en la iglesia parroquial, que también parecen relacionadas con esta cofradía “de los Judíos”.

Estudiadas y publicadas por Fernández Calvo (1985) y, más recientemente por Gómez Vozmediano (2011), la celebración del Corpus siempre tuvo una especial relevancia. Es la festividad que mejor representa el mundo complejo y multipolar de las fiestas en torno a las iglesias, y en ella se traza un retrato coral de los grupos humanos que en ella participaban de alguna manera. Fiestas en las que nos adentramos en rituales mitad religiosos y mitad paganos, en los que descubrimos la sociedad compleja y abigarrada que se mueve en torno a las representaciones teatrales, la música, las escenografías y las coreografías, danzas y melodías que se organizaban en las citadas festividades.

En 1677, el doctor Limón señalaba la gran devoción que tenían los puertollaneros al Santísimo Sacramento: “celebran este divino misterio con mil modos de festejos, júbilos y alegrías, así en su santo día como en su octava e infraoctava; y en especial en las procesiones del día y octava en las cuales casi todos los vecinos danzan, y hasta los niños de seis años, cosa por cierto digna de admiración a los que acuden de los lugares a este y a los demás festejos de esos días”.

Las nuevas ideas ilustradas harán que en 1763 se prohíban las danzas que se hacían en el interior de la parroquia por parte del visitador eclesiástico, don Tomás de Marcos Molina, que nos revela datos muy interesantes de las mismas y que nos demuestran que tenían similitudes con las que hoy día todavía se mantienen en la localidad de Camuñas (Toledo): “Mediante a que en el dia de la fundacion de Corpus Cristi, su octava y en las procesiones que en dichos dias se hacen en esta villa con el Señor Sacramentado, asiste la Hermandad que llaman de Judios, haciendo una especie de danza, y bailando y saltando entran en la iglesia en el tiempo en que su Magestad esta expuesto, y lo que mas es que algunos de los hermanos y otros agregados a ellos van vestidos de mujeres, y el que lleva el tambor igualmente usa traje no debido, lo que ademas de no deberse permitir lo que por derecho esta prohibido, el uso de dichos trajes es no correspondiente, trae la falta de veneracion al santo templo de Dios que es casa de oracion, y manifiestan semejantes actos falta de respeto al Señor en los que ejecutan semejantes acciones en la Iglesia y a presencia de su Magestad, siendo asimismo impeditivos a que los concurrentes puedan estar con debocion, ya por el ruido que causan y ya por el movimiento y acciones de los danzantes”. No porque se prohibiesen las danzas desapareció esta cofradía de los Judíos de Puertollano, que todavía existía a principios del siglo XIX, y aún ligada a la celebración del Santísimo Sacramento, que mantendrá su importancia durante toda la centuria. Del mismo modo, don Tomás de Marcos fue informado de que “llegada la festibidad de la Santa Cruz en muchas o algunas de las casas de los vezinos de esta villa” se hacían bailes que ordenó cesasen en lo sucesivo, “y para que llegue a notizia de todos mando su merced que en un dia de fiesta ynmediato a el de la dicha festividad se lea y publique en la Yglesia a el tiempo del ofertorio de la Misa Maior, y de haverse egecutado se zertifique por el sacristán por los efecto que haia lugar”.

Pero no acabó aquí todo. Otros bailes de parecidas características se hacían delante de un cuadro, y gracias a eso sabemos que será el que dé nombre a la calle donde se encontraba, que entonces se llamaba de otro modo: “Y por cuanto por varios informes tomados en tiempo de esta Visita y de diligenzia practicada por su merced ha hallado que de noche se hazen funziones de vailes en las calles con pretexto de devozion y en particular en la calle que llaman del Santisimo Sacramento pretextando culto de un cuadro que se halla colocado en la casa de Pedro Pastor en el que esta pintado el Santisimo Sacramento y en la ora de las tales funziones que son desde el dia octabo de la Ascension hasta pasada la festividad del Corpus Christi por la noche le ponen zera y se hacen luminarias siendo semejantes funziones de vailes prohibidas (por los yncombenientes que se siguen) por la constitucion sinodal segunda, libro terzero, titulo treze de Relijiosis Domibus mando su merced que la probidenzia que queda dada para que no se tengan bailes en las casas delante de las cruzes en tiempo que para adorazion y culto se hallan expuestas sea y se entienda tambien para que no se tengan los tales bailes en calles con pretexto de dar culto a algun santo, santa, o imagen de las que se halla colocado en ellas y sobre que asi se observe el cura prior y su theniente usaran los medios dados en la zitada providencia permitiendo el concurso de gentes solo en cuanto se empleen en actos correspondientes al culto y egerzizio de debozion”.

Y no fue el famoso cuadro el único objeto de su interés. También había dos imágenes que suscitaban el “fervor danzante” de los puertollaneros de entonces: “Estando su merced entendido que en las casas que abitan Alejandro de Amores y Jose del Rubio se hallan colocadas dos santas imagenes que son en la casa de este una que lo es de un Señor Cruzificado, y en la de aquel Ntra. Señora del Carmen, que las piezas donde se hallan tiene ventanas a las calles publicas que diariamente concurren algunas personas a rezar en espezial a dicha Santa Ymagen de Nuestra Señora del Carmen, congregandose de noche a rezar la debozion del Santo Rosario, entendiendo asimismo su merced que con este motibo en barias ocasiones se ha experimentado en oras de la noche y en las tales calles algun concurso de gentes con pretexto de dar culto y rezar a dichas Santas Ymajenes estando juntos hombres y mujeres lo que puede acarrear grabes yncombenientes asi por la ora como por estar en las calles publicas maiormente en noches obscuras y tenebrosas, para ebitarlos mando su merced que el cura prior y su theniente cuiden y zelen en razon de lo expuesto y en caso de que experimenten los yncombenientes que en concurrenzias de noche suelen experimentar tomaranlos medios correspondientes para atajarlos, y no pudiendo por si daran cuenta con razon de esta providenzia a Juez eclesiastico competente”.

También en fecha indeterminada del siglo XVIII, muy probablemente a mediados del mismo, un santo vino a compartir advocación con el titular de la ermita de San Gregorio: San Antonio Abad o San Antón. De hecho, la ermita estuvo bajo ambas advocaciones hasta su definitiva desaparición a mediados del siglo XIX. Pero hemos de pensar que no es algo tan excepcional: en una localidad como la nuestra, en la que tan importante eran en esos momentos, para la economía de la mayor parte de sus habitantes, los animales que se criaban en los pastos de las dehesas de su término municipal, se buscaría protección para ellos desde las alturas, aunque desconocemos en qué circunstancias se haría. Sabemos que a este santo, reconocido protector de los animales, se le hizo un cuadro y un altar para cobijarlo en la ermita, y comenzó entonces una festividad que enraizó pronto e incluso fue capaz de sobrevivir al propio edificio: desde mediados del XVIII comienzan a realizarse en torno a la ermita las famosas “vueltas de San Antón” el día de su festividad, el 17 de enero. Consistían en que sus devotos enjaezaban todo lo lujosamente que podían a sus caballerías (que sobre todo eran mulas, pero también asnos y caballos) y daban montados en ellas tres vueltas alrededor del edificio, en sentido contrario a las agujas del reloj, para conseguir de este modo la protección del santo durante el año que empezaba. Finalizadas las vueltas, el sacerdote bendecía a los animales en la puerta de los pies de la ermita. Fue una fiesta que sobrevivió a la ermita de San Gregorio porque, cuando se abandonó, altar y cuadro se trasladaron a la de la Virgen de Gracia y en torno a la ermita de la patrona se celebraron estas “vueltas” desde entonces (con la interrupción de la guerra civil) y hasta su desaparición no hace tantos años: en la década de los sesenta del siglo XX.

También ligada al mundo de los animales, pero sin ninguna connotación religiosa, hubo una tradición puertollanera desaparecida tras algo menos de un siglo de recorrido: la Cuerda de ganado. La importancia que siempre tuvo el mundo de la ganadería en la economía local, como ha quedado dicho, hará que, cuando se piense en la celebración de la primera Feria de Mayo en 1895, se considere de vital importancia anunciar un mercado de ganado para llamar la atención de muchos y consolidarla en lo sucesivo.

Así, este mercado de animales, denominado “la Cuerda”, como en muchas otras localidades, se desarrolló en sus primeras ediciones en las cercanías de la fuente agria, para pasar luego a unas eras que había en lo que ahora es la Avenida Primero de Mayo y, desde allí, a las Eras del Barranquillo, en la carretera de El Villar, para pasar finalmente a El Charcón, en la carretera de Argamasilla, cerca de las pocitas del Prior.

Durante todos los días de celebración de la feria (que solían ser tres o cuatro, durante la feria), el ayuntamiento cedía gratuitamente los pastos de la Dehesa Boyal. Con el paso del tiempo, el consistorio se hizo cargo de la organización de una exposición de ganados que, dividida en dos partes, otorgaba premios a los mejores ejemplares de ganado caballar, mular y asnal (los más numerosos en la Cuerda) el primer día; y bovino, caprino, ovino y porcino el segundo.

También se llegó a celebrar la Cuerda durante las fiestas de septiembre durante tres días, pero ya sin la exposición de ganados y con mucho menos movimiento de animales.

La disminución de las cabañas, los cambios en los trabajos agrícolas y la progresiva escasez de negocio hicieron que ambos mercados se celebrasen por última vez en 1973.