Puertollano

Artículo publicado en el Extra de Feria de Mayo de La Comarca

Las otras Ferias de Mayo en Puertollano

Eloy Núñez

08/05/2016

(Última actualización: 08/05/2016 23:29)

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Desde mediados de los años treinta y hasta finales de los setenta del pasado siglo la Feria de Mayo de Puertollano conoció sus más altas cotas de esplendor y, sobre todo, participación.

Eran otros tiempos. El mundo caminaba por distintos derroteros y la Sociedad demandaba unas atenciones que apenas se otorgaban, salvo en lo lúdico y con las consiguientes trabas y censuras al uso. A pesar de ello el caso es que la popular Feria de Mayo de Puertollano era objetivamente considerada como la tercera en importancia tras las de Sevilla y Córdoba en todo el vasto territorio que abarca desde Madrid a la costa sur de la península.

Como quiera que las fechas de la Feria de Sevilla eran antecesoras inmediatas a la nuestra se estableció un natural vínculo entre ambas celebraciones, aunque nunca haya sido debidamente reconocido en las debidas crónicas históricas, que materializaba una influencia cultural y económica entre ambas ciudades enriquecedora y plural.

Muchos feriantes, de todas las especialidades, salían a escape del Parque de Maria Luisa para llegar a tiempo e instalarse en nuestro modesto Paseo de San Gregorio. Guarnicioneros, ceramistas, chamarileros, bisuteros, artesanos del cuero, cobre y latón, etc., se instalaban en las casetas de madera (puestos para venta al por menor) que les brindaba nuestro Ayuntamiento bajo la atención “in misericorde” de un Darío que les media su ocupación y les cobraba las tasas correspondientes. Luego venían los Churreros, Vendedoras de riquísimas berenjenas de Almagro, turroneros de Castuera y otros de dulces variados de la época, los vendedores de algodón de azúcar, palomitas …

Con ellos y en anárquico abigarramiento se mezclaban los Carruseles, Norias, Voladoras, Barcas y Cadenas volantes, Coches de Topes, El látigo, los Circos y Teatros ambulantes (Argentino, Chino, Cirujeda)…

Los lugares destinados a bailes y atracciones ofrecían, igualmente, una irregular distribución debido a la amplitud de nuestro paseo y la enorme concentración de participantes en su suelo: El Pabellón grande que lo ocupaba regularmente el Circulo de Recreo, el otro más pequeño lo hacía más ocasionalmente agrupaciones del Comercio local, las casetas de la Peña Luis Miguel Dominguín, El Cortijo, la del Grupo de Empresa Calvo Sotelo, etc.

En aquellas Ferias todo era como más próximo, más personalizado, más ilusionante. Quizá contribuía a ello la proximidad de la Plaza de Toros con sus tres y hasta cuatro festejos taurinos entre corridas novilladas y charlotadas…

La llegada a la Plaza antes de las 5 de la tarde de la Banda Municipal con el airoso paso de su director, D. Emilio Lozano, al frente era preludio y llamamiento por el recorrido urbano por donde transitaba al compás de alegres pasacalles y pasodobles toreros.

Por las mañanas la Feria de ganado, la “Cuerda” como era llamada en lenguaje popular, donde payos y gitanos, mercheros y ganaderos de alto fuste del agro circundante se daban cita para sus negocios de compra-venta en este gran mercado al aire libre y saturado de corralas improvisadas para encerrar el ganado y chilanques de poste y lona donde aviar apetencias de tapa y vino. En aquellas soleadas mañanas de Mayos floridos constituían una visión asombrosa del pulso vital de aquellas buenas gentes del campo limítrofe. Ellos contribuían con su presencia y participación a dar ese ambiente festero a nuestra Feria y sus espectáculos.

En el Gran Teatro (llorado y recordado) los luminosos gigantescos anunciaban las funciones de los Festivales de España (Sevillla y Puertollano fueron las ciudades elegidas para su estreno en España)

Las primeras Compañías de Teatro de España representaban sus obras durante los tres días primeros. Le seguían Ballets y Orquestas Sinfónicas para los días siguientes que cerraban con su ciclo de música la Semana Grande de los Festivales, poniendo su contrapunto brillante que, desde el ámbito cultural se ofertaba al ciudadano.

En lo Deportivo siempre se celebraba en el Estadio del Cerrú un partido amistoso entre el Calvo Sotelo y un Equipo de la Primera División Española y, ocasionalmente, Portuguesa.

En el Imperial Cinema se aprovechaba su ambivalencia para ofrecer espectáculos de las principales variedades del elenco español. Revistas, Cantantes de Moda, Comedias, Copla y Flamenco tuvieron Cartel y Éxito en este Coliseo durante las Ferias…

Como puede verse el programa participativo que entonces se podía desarrollar difiere, notablemente, del que hoy podemos hacer. Tendrá que ser así por mor de los tiempos modernos que vivimos y el desarrollo en el campo de lo social que disfrutamos. Pero a mí, niño y joven durante el periodo que he descrito, me queda un regusto amargo al recordar con nostalgia aquellas Ferias y compararlas con las actuales. A pesar de los láser y neones parpadeantes, de la informática incorporada a taquillas , casetas y control de carruseles, del sonido torturante de los bafles pasados en decibelios tanto en las casetas de baile como en las calles feriales…, a pesar del avance tecnológico incorporado yo echo de menos aquellos taquilleros que a veces se equivocaban en el cambio, aquellos carruseles y atracciones que funcionaban a golpe de músculo de sus cuidadores, aquellas bombillas encerradas en humildes farolillos de papel cromado y que explotaban frecuentemente al caerles encima la lluvia impertinente, hasta el polvo que levantaba la muchedumbre que abarrotaba el recinto y nos manchaba trajes y zapatos recién estrenados…

Todo ello me produce la sensación de que entonces la Feria de Mayo era como más natural, más nuestra, más personalizada, como si tuviera su propia alma a la que nosotros, todos, la alimentábamos y animábamos para el próximo año y para que se fundiera con la nuestra ávida de gozo y celebración.

En cualquier caso: ¡¡¡Viva nuestra Feria de Mayo!!!