Vidas paralelas: Chone, Chonedine y el Calvo Sotelo de Puertollano

© Luis Pizarro Ruiz

18/06/2015

(Última actualización: 19/06/2015 07:15)

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Por uno de esos avatares que tiene el destino Miguel Molina García, nacido en la minera ciudad de Linares un gélido sábado 20 de diciembre de 1947, llegó a la no menos minera ciudad de Puertollano cuando tenía un año. Ese niño rubio, de constitución enclenque, no parecía destinado a convertirse en héroe de nada, mucho menos en el aspecto deportivo. Para más inri el apodo por el que fue conocido cuando la emprendió a patadas con un balón por el campo del Norte o el de Asdrúbal no era nada heroico, ni tenía reminiscencias eslavas. No lo llamaban Chonevic, sino que respondía por un escueto y raquítico Chone.

Luis Molina y Linarejos García, naturales de Linares, tuvieron cinco hijos varones, al menor de los cuales llamaron Miguel. En la ciudad andaluza, Luis ejercía su oficio de calderero cuando la potencia de la Empresa Nacional Calvo Sotelo (ENCASO) hacía que el nombre de Puertollano sonara con campanillas a muchos trabajadores deseosos de un futuro mejor que les permitiera superar la España triste de la posguerra. No es difícil imaginar que los Molina, teniendo que alimentar cinco bocas, decidieran hacer los bártulos para recorrer los ciento treinta kilómetros que los separaban de un lugar manchego (también lo hicieron a la par tres o cuatro familias linareneses más), donde el patriarca se colocó en los Talleres Generales de la ENCASO.

Corría el año 1949 y hacía muy poco que el Club de Fútbol Calvo Sotelo había sido fundado. Si la familia hubiera llegado a la antigua Roma, seguro que un buen augur habría sido capaz de predecir que el pequeño Miguel y la recién nacida entidad futbolera estaban destinados a entrelazar sus vidas de forma paralela.

Y es que desde muy jovencito este alumno de la escuela del Poblado mostró su afición al fútbol hasta que, con apenas quince años, lo acabó descubriendo Antonio Calzado (El Patas), gran aficionado y presidente del Huracán, legendario equipo aficionado de la ciudad minera. Para entonces, Miguel ya no era Miguel, sino Chone, apodo en el que derivó el Chorri original que le puso un amigo y vecino suyo, el meta Martín Pérez, otro de los buenos elementos que produjo la cantera local en los años sesenta.

Quiso la suerte que la efervescencia futbolística que vivía Puertollano con el ascenso del Calvo Sotelo a Segunda División (1964) permitiera la creación del filial Atlético Calvo Sotelo, en el que Chone debutaría con 18 años en el torneo liguero provincial que llevaría al equipo a ascender a Tercera División, y con el que se convertiría en el jugador que más partidos oficiales disputó ─147 (139 en Tercera)─ y más goles marcó ─54─.

Naturalmente, el bravo jugador rubio, no podía tener otro fin que enfundarse la camiseta azul del primer equipo por más que su figura no fuera sino la de un hombre aparentemente débil ─no pasaba de cincuenta y cinco kilos─ y no viniera precedido de

la fama de los fichajes de relumbrón que llegaban entonces a Puertollano. Tenía 23 años cuando el 11 de octubre de 1970 Fernando Argila lo hizo debutar ante el Deportivo de La Coruña (0-1). A lo largo de esa década disputaría 262 partidos oficiales y sería uno de los grandes protagonistas del segundo ascenso a Segunda División (1975). La alegría no vino sola porque el 29 de diciembre de 1976 nacería su hijo Raúl Molina Sánchez, destinado a vivir también de forma paralela el resto de la historia del Club ahora desaparecido.

Por más que a Lalo, el entrenador, no le entrara por el ojo derecho y eso supusiera el fin de Chone en el primer equipo azul (1979), este futbolista de clase gracias a la inteligencia que tenía en su cabecita, que derrochaba un tesón admirable, honrado a carta cabal, tenía que convertirse por fuerza en el ejemplo palpable de lo que es la acostumbrada lucha de los habitantes de este pueblo en su vida cotidiana.

Tampoco podía ser de otra manera que su sangre ─derrochada con tanta entereza por esos campos de dios─ no llenara de amor por el Club a su hijo Raúl ─Chonedine─ (258 partidos oficiales y cuarto máximo goleador con 88 tantos), que, con la misma honradez que su padre, ha defendido hasta el final la historia de esta Sociedad que nunca desaparecerá del corazón de los puertollaneros.