Cultura

Compartiendo diálogos conmigo mismo

Nos reencontraremos con el creador (poesía)

Víctor Corcoba Herrero

23/05/2015

(Última actualización: 23/05/2015 20:00)

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A Dios se le percibe, está en permanente creación.

Y nosotros, cada uno, somos su sueño de amor.

¡Qué bello será el reencuentro con quien nos ama!

I.- SOMOS EL GOZO DE DIOS

Poco a poco se nos van los días con sus noches.

Poco a poco se nos van las noches con sus días.

Poco a poco nos vamos, volverán otros andarines.

Poco a poco los nuevos andarines serán viejos.

Poco a poco estos viejos dejarán a los nacientes.

Poco a poco abrimos nuestra mente, nuestra alma.

Y así nos propagamos en la poesía poco a poco.

Y así nos irradiamos en el poema poco a poco.

Y así nos crecemos para siempre poco a poco.

Y así nos recreamos en el tiempo poco a poco.

Y así, de este modo, transcendemos y vivimos.

Despiértanos Señor y vívenos para siempre.

Ayúdanos a salir de nuestro interior y revívenos.

Bajo ese cielo donado, la eternidad es nuestra.

Solo necesitamos llorar de alegría y ver tu rostro.

II.- LA TRISTEZA JAMÁS VIENE DE DIOS

Somos de Dios y a Dios hemos de volver.

Nos sueña tanto que se desvive por nosotros.

Es nuestro soplo, nuestra vida, vive con nosotros.

Ha de tener su recuerdo en nuestra existencia.

Precisamos de su memoria para enhebrar los pasos.

También de su morada en nuestro caminar día a día.

Necesitamos de su luz para esclarecer las sombras.

Requerimos su fuerza para no caer en el desconsuelo.

Que la tristeza no viene de Dios, viene de nosotros.

Por muchos golpes que recibamos, ¡levantémonos!

Renacerse y rehacerse va en el espíritu humano.

También es propio de un caminante, descansar.

Hemos de meditar para liberarnos de ataduras.

Al fin, una conciencia liberada, es la mejor brújula.

Cuando todos te abandonan, el Creador permanece.

Dios siempre nos mece y eso nos alcanza.

Nos basta su paz, nos sobran las palabras que no son.

Despojarse de mundo hace florecer al cielo.

Restituirse, para ser capaz de amar y de ser amados,

nos hace más perfectos, más de Dios también.

No hay mayor gloria que un corazón desprendido.

Por eso, cuando los humanos se aman por amor,

todo se embellece, ¡y Dios lo celebra con esperanza!.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

23 de mayo de 2015