Separar el trigo de la paja

Félix Calle

10/11/2014

(Última actualización: 11/11/2014 11:39)

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Hemos pecado de ilusos. Teníamos conciencia de que la corrupción había hecho escala definitiva en la escena política y económica, sí, pero ¿a estos niveles? El problema añadido es que terminemos acostumbrándonos a levantarnos todos los días con las tragaderas preparadas para engullir el sapo mañanero. Mala cosa. Cada vez hay mayor olor a podrido y esto es solo la punta del iceberg.

Lo último (¿) los trapicheos millonarios de un tal Francisco Granados, alumno aventajado de los inquilinos de la cueva de Alí Babá. Semejante espécimen clamaba no hace mucho, en una cadena televisiva, que había que separar – refiriéndose a los políticos- la paja del trigo y él, por supuesto, se encontraba en el depósito del trigo, faltaría más. De ahí que una vez conocidas sus andanzas delictivas, encarné por un instante el personaje eclesiástico y lo rebauticé como Trigo Granado, con todos mis respetos a sus honorables progenitores.

Todos éstos indeseables adoptan el mismo perfil. Diseñan una estrategia estableciendo sus valores, su ética, fijan su lema y misión, su comportamiento, su apariencia personal, su falsa afectividad hacia los demás, aprovechándose de la que los demás le profesan y finalmente, frivolizan con el sufrimiento de los más desfavorecidos. Todo aquello que controlan permanece bajo su potestad y ejercen autoridad incluso sobre las autoridades. Tal es el manantial de sus ilícitos y vergonzoso ingresos.

Se sienten a salvo, demasiados listos y confiados, subestiman lo mucho que desconocen, se mueven con anteojeras apuntando directamente al dinero y sobretodo, son conscientes de la capacidad de resistencia de las personas. Llegados a semejante punto, éstas personas tan desmoralizadas y hastiadas, en su desesperación, claman a diario que los echen a una leonera con la incondicional premisa de devolver lo robado. Con sus respectivos intereses y sanciones, añado yo.

Que no se nos haga demasiado tarde Señorías, solo así podemos no estar de acuerdo con la letra de la canción Cambalache que parece haberse escrito hace diez minutos: “ … Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador … Es lo mismo el que trabaja noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley.”

En sus manos Señorías, encomendamos la prueba de la equivocación del Sr. Gardel.