Fallados los premios del III Concurso de Microrrelatos de la UCLM

Vacas’, ‘Un bendito mal aire’ y ‘El origen’ son los ganadores

La Comarca

27/05/2014

(Última actualización: 27/05/2014 17:59)

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Las obras 'Vacas', 'Un bendito mal aire' y 'El origen', de José Reig Cruañes, Ángel Javier Aguilar Bañón y Héctor Blanco García-Tenorio, en este orden, han sido premiados en el III Concurso de Microrrelatos de la Universidad de Castilla-La Mancha. Al certamen se presentaron 109 trabajos.

Los trabajos Vacas, del profesor de la Facultad de Periodismo de Cuenca José Reig Cruañes (bajo el seudónimo’ Ad Rem’); Un bendito mal aire, del director técnico de la Biblioteca General del Campus de Albacete, Ángel Javier Aguilar Bañón (que firma con el seudónimo ‘Petrosian’); y El origen, de ‘Ifdups’, seudónimo tras el que se esconde Héctor Blanco García-Tenorio, alumno de la Escuela de Arquitectura de Toledo, son los ganadores del III Concurso de Microrrelatos de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)

Al certamen se presentaron un total de 109 trabajos de los que la vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria de la UCLM, María Ángeles Zurilla, destacó su calidad. Asimismo subrayó la elevada participación en esta tercera edición en la que 29 obras han llegado desde el Campus de Albacete, 30 desde Ciudad Real y 23 y 27 de Cuenca y Toledo, respectivamente.

El jurado del III Concurso de Microrrelatos, presidido por la vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria, estuvo integrado por Pedro Cerrillo, director del Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI); Carlos Julián Martínez Soria, vicegerente del Campus de Cuenca; Ángel Luis Luján Atienza, profesor de Literatura Española en la Facultad de Educación de Cuenca; Leticia Blázquez, profesora de la Facultad de Ciencias Jurídicas y una de las tres ganadoras de la primera edición y José Antonio Perona, director del Servicio de Publicaciones de la UCLM.

Los ganadores han sido premiados con un lote de libros del sello editorial Ediciones UCLM integrado por De norte a sur. Otoño en Cuenca, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (edición facsímil) y El bloqueo del Castillo de Catapún (edición facsímil), además de por un diploma acreditativo.

MICRORRELATOS GANADORES

Vacas

Soy hombre de ciudad, lo admito, pero sé del campo lo bastante para darme cuenta de que las vacas de los prados no pueden tener todas las patas del mismo largo. Cualquiera se daría cuenta de que la inclinación natural del suelo exige un diseño asimétrico. Lo he visto mil veces desde la autopista: la parte de vaca que queda ladera arriba ha de ser por fuerza más corta, para comodidad del animal, o la otra quedaría al aire.

Se me dirá que la vaca no ramonea siempre del mismo lado, ni en la misma posición. Pero no hay pruebas de esto. Nadie la mira tanto rato. Sabemos que carece de imaginación. Incluso forma senderos a fuerza de pisar la misma hierba. Por cierto, ¿cómo se las arregla para volver por el mismo camino con las patas cambiadas? Tengo que pensar más en esto.

José Reig Cruañes

Facultad de Periodismo (Cuenca)

Un bendito mal aire

Fue un eructo. No las rosas que le envié, ni los poemas que le escribí, sino el enorme, libre y estentóreo eructo que se me escapó en su coche viniendo de Riopar, y que casi provoca un accidente. Tan de improviso la pillé que el susto le hizo girar el volante, rozar la grava del arcén, quedar a centímetros del abismo. Cuando recompuso la trazada se me quedó mirando, incrédula, con dos ojos como dos azules huevos fritos: “joder con el poeta”, dijo. Y esa noche por fin rompimos la barrera del sonido. Ella es tierra y yo agua, pero fue el aire el que determinó nuestra maravillosa relación. Amor con gas, rendido eructo.

Ángel Javier Aguilar Bañón

Biblioteca General (Albacete)

El origen

Todo calma, una calma que angustiaba. Sonaba el sosiego. Obscuridad. Gritaba, o al menos eso pensaba, pues gritaba en silencio. Ningún sonido producía mi poco acostumbrada garganta. Faltaba el aire, un aire que yo echaba en falta aunque pudiera respirar. Me faltaba el viento, el sol, la luz, la vida. Parecía haber sido confinado en un no espacio atemporal, olvidado. No sabía quién era, aún no se si era alguien, no lo creo. Me revolvía, me estremecía, luchaba en vano por salir de allí. Algo se me anudó al cuello, parecía una larga soga. Cuanto más me resistía más me enredaba. Mis esfuerzos por soltarme eran inútiles, me ganaba la partida, me costaba respirar, me ahogaba… Vi una luz. Una luz brillante que me sosegó. El dolor cesó. Mi angustia terminó. Todo calma. No, no morí. Comencé a vivir. Sietemesino y por cesárea.

Héctor Blanco García-Tenorio

Escuela de Arquitectura (Toledo)