Cultura

Poesía

Algunas irreflexiones

Enrique López Buil

02/05/2014

(Última actualización: 05/05/2014 19:45)

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No has tomado la gragea

Esta mañana,

Ni el concentrado para vivir

La dignidad al corriente,

Ni aquella píldora

Te aconsejaron,

No da felicidad,

Sin embargo, tampoco infelicidad:

Un placebo de pájaros al vuelo.

Hay días que siento las agujas del frío

Más hondo, atraviesa el caparazón del alma,

Justo, donde ése que está detrás

Del azogue

Que impávido, impertinente

Me mira, me observa

¿ Cuántas dosis precisas

Para no sentir el miedo austral,

El miedo a los días interminables

De quienes no pueden dar el alimento

A sus vástagos,

Y, los ve desfallecer,

Y, los ve que tienen la mirada perdida,

Sin brillo...

La severa confusión con que rezuma

El silencio profético

De aquellos que se fueron para siempre,

Porque el manto del olvido

Los arracima

Justo para ser devorados

En un solitario aquelarre fantasmagórico.

Ahora pienso en el párvulo

Junto al hombre de los barquillos

Que juega a esa ruleta inofensiva,

Bajo el infernal ruido

De este infierno prét á porter…

No has tomado la gragea

Esta mañana,

Ni el batido jactancioso

Con los estigmas de plantas

Hipnóticas;

Todo para seguir a rastras

Del concepto vital

Que no lo dudes,

Te irá devorando,

Lentamente

Hasta que de ti,

No quede ni una crujiente víscera….

II

Tengo que auparme

Tengo que auparme

Dentro de mis renglones,

A cada verso,

Para lanzarme al mundo

De tan humano desconcierto.

Voy al manantial de A.Gamoneda

Que me deja lleno

Cuando, tan bien, me deja más vacio.

Esta dicotomía,

El absurdo

Que comparto con el maestro,

Seguramente ha sido

Una actitud vital,

Donde intuyo las veces

Que hice recapitulación,

No solo la jornada vencida,

Sino del pretérito alejado,

Como si en la consideración

De lo acaecido

Paz

Me diera,

Y, el tino donde poner el dedo

Cuando la herida sangra,

Cada vez más lenta

Con la flojedad de un quelonio,

O, en el recinto

Donde sufrago

El vértice

Aupando el esguince

De mis pasos

Por la brevedad de este habitáculo

Donde tan bien se muere el día…

A un dios menor

Ahora,

Esta temporalidad devastada,

Caminar a lugar incierto,

La pereza de insertar estos renglones

En una máquina ( p c),

Que devora la intimidad de los lagartos,

Cuando copulan,

El verbo transitivo aguarda en la parada

( éxtasis, en griego)

Del tranvía que desapareció en la niebla.

Algunas noches, cuando las hormigas

Invaden mis cuencas oníricas,

Los conductos auditivos,

Y,

el falo micciona fuera del tiesto,

mientras voy sonámbulo

al inmediato receptáculo,

y, a punto de exclamar,

¡ otro insomnio más,

Otra alba furtiva¡

Tú, no estabas en mi sueño

Porque aún siendo inminente el universo que habitas,

Por más que sean equis alturas

Verticales,

La distancia geométrica

Con pasadizo al encuentro,

Azar puro,

Olor, que tanto deseara.

Algún día comeré

Las sobras de tu cuerpo,

No la herrumbre del tiempo

Y la carcoma,

Constancia vital núbil,

Intuyo,

Serán los dioses ávidos de poseer

La belleza en ciernes

Que, cada mañana incita a la perseverancia

“ yo no quiero más luz...”

M.Hernández

No cerrarán mis ojos

Al perpetuo olvido

A la expresión vibrante y luminaria

De tu rostro

Que emerge de las brumas,

No hay luz a restañar

Cualquier impacto sobre

Tu admirable semblante

Absolutamente iluso,

Ni sínodo telúrico

Que acometa el derribo,

Así, cimbreas equilibrio o forzado

Corte luminario,

De vuelta del paisaje roto,

Y, ya, es un ocaso sin demora,

Inexorable,..

Que se devorará así mismo.