Las campanas de la Biorrefinería de Puertollano

La Comarca

16/01/2014

(Última actualización: 17/01/2014 09:17)

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Todas las campanas de Puertollano se han lanzado al vuelo para festejar el anuncio de la Junta de Comunidades de instalar, entre este año y el próximo, una Biorrefinería en Puertollano.

Hay que alegrarse porque la noticia es buena, especialmente en el actual contexto económico y social que están pasando Puertollano y su comarca.

Pero eso de lanzar las campanas al vuelo diciendo sandeces como que esa instalación es trascendental para Puertollano y que va a cambiar el modelo energético mundial, es, cuando menos, ridículo.

Por eso conviene poner las cosas en su sitio.

En primer lugar el nombre “Biorrefinería” no debe llevar a nadie a pensar que se trata de un Repsol número 2. La pequeña cuantía de la inversión anunciada, 20 millones de euros, no da ni para la construcción de una pequeña planta de un proceso sencillo.

Además no hay que olvidar que en Puertollano ya tenemos una Biorrefinería: la planta de Biodiesel que, con grandes cantidades de fondos Miner se construyó en el Polígono de la Nava, es una Biorrefinería de primera generación. Y está parada desde que se construyó, como casi todas la que se montaron al amparo del despilfarro de dinero público que se ha enterrado en esos proyectos insensatos. Así que ojo con las Biorrefinerías.

Actualmente, y después de casi treinta años de investigación, se están empezando a construir Biorrefinerías de segunda generación, que son las que aprovechan los residuos vegetales al completo, bien como fuentes de energía primaria quemando directamente esos residuos, bien como fuentes de combustibles líquidos o gaseosos que se utilizan para la producción de energía eléctrica. También es posible que en las biorrefinerías de segunda generación se produzcan combustibles aptos para el transporte, pero, de momento, con unos rendimientos bajísimos y unos costes altísimos, que no pueden competir ni de lejos con los combustibles derivados del petróleo.

Se da la circunstancia de que el refino del petróleo cuya materia prima es cara, se realiza con unos procesos notablemente baratos, obteniendo productos más baratos que la Biorrefinería que aunque utiliza materia prima muy barata, lo hace con procesos tan caros que, como ya se ha dicho, obtienen productos que no pueden competir con el petróleo.

Las biorrefinerías de segunda generación están clamando por un proceso serio y largo de investigación para aumentar su eficiencia y abaratar costes, desde la producción de materia prima vegetal hasta su procesado y distribución.

Por eso hay que aplaudir la decisión de la Junta de Comunidades de empezar el camino por el principio: instalando en Puertollano una pequeña planta piloto de investigación para el aprovechamiento de la biomasa, que parece que es a lo que pomposamente se ha llamado “Biorrefinería”.

Y también es acertado extender el objeto de la investigación no sólo a la biomasa de origen vegetal sino también a la de origen animal como sueros y residuos cárnicos, lo que va encaminado a la futura instalación de una Refinería de tercera generación que es la que aprovecha todos esos residuos y no sólo los vegetales.

Pero como en toda investigación hay que darle tiempo, probablemente bastantes años, medios materiales y humanos, constancia, confiar en que sea dirigida por personal cualificado y no por personal elegido por los políticos, y, como en toda investigación, que haya suerte.

Sólo después se podrá pensar en la instalación de una Biorrefinería de verdad.

Por eso hay que alegrarse por la instalación de esa planta en Puertollano, pero de ahí a lanzar las campanas al vuelo hay un gran trecho, que ahora se puede empezar a recorrer.

Todos deseamos el éxito del proyecto que parece que empieza ahora. Y, que si se hace bien, dará excelentes resultados económicos y sociales a medio plazo.