Cultura

Viaje a Italia (4)

Roma, donde siempre hay que volver

El Anfiteatro Flavio o Coliseo; El Foro Romano

José Belló Aliaga

16/12/2013

(Última actualización: 16/12/2013 21:43)

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Auténtica maravilla arquitectónica de la antigüedad y símbolo de la Ciudad Eterna en el mundo entero, el Anfiteatro Flavio (o Coliseo) es el mayor y más espectacular edificio construido en época romana. Es el emblema de Roma.

A pesar de los diversos daños sufridos a causa de incendios, seísmos y saqueos, ha perdurado durante siglos y en la actualidad aún impresiona por sus dimensiones “colosales”. Más de 50.000 personas encontraban allí asiento para seguir las luchas de gladiadores, la caza de animales y las naumachien (luchas de barcos).

“Gladiador”

Gladius es el término latino utilizado para designar la espada. Hoy en día, la palabra “gladio” se aplica a la típica espada de la Antigua Roma utilizada por las legiones. Tenía una longitud aproximada de entre 30 centímetros y medio metro (aunque se podían hacer a medida del usuario) y una hoja recta y ancha de doble filo. De “gladius” deriva la palabra “gladiador”.

100 días de espectáculos

En la Edad Media, al Anfiteatro Flavio se le dio el nombre de Colosseo, probablemente porque se hallaba cerca de la estatua colosal de Nerón, de 20 metros de altura.

Vespasiano inició en el año 72 d.C. la construcción del anfiteatro más grande del mundo romano, que se terminó en 8 años, en los terrenos de un lago artificial, que originariamente perteneció a la Domus Aurea, el palacio imperial de Nerón. Cuando su hijo y sucesor Tito lo inauguró en el año 80 d.C., se celebraron 100 días de espectáculos, en los que se sacrificaron 5.000 animales.

En la programación de los juegos había cacería de fieras por la mañana, ejecuciones de condenados al mediodía y combates de gladiadores por la tarde. Las luchas de gladiadores eran frecuentes en pareja.

80 arcos numerados

La construcción elíptica mide 188 metros en su eje longitudinal y 156 metros en el transversal. Del anillo exterior (de 50 metros de altura), erigido por entero en travertino- roca sedimentaria utilizada como ornamental- sólo se conservan unas dos terceras partes. Presenta cuatro pisos y cada una de las tres plantas inferiores se compone de 80 arcos con semicolumnas adosadas de diversos órdenes (dóricas en la primera, jónicas en la segunda y corintias en la tercera). La cuarta planta presenta forma de ático, estructurado mediante pilastras corintias y quebrado cada dos tramos por una ventana rectangular. En las aberturas situadas encima de las ménsulas se colocaban antiguamente los mástiles para los toldos, -como un inmenso telón- que se podían extender si era necesario, en los días calurosos, confeccionado los toldos con 240 velas, El Velario, de lino, por marineros de la flota imperial.

El acceso al Coliseo se organizaba mediante un sistema muy meditado, y excepto los cuatro accesos de los ejes principales, que estaban reservados exclusivamente a personas privilegiadas, los 80 arcos de la planta baja estaban numerados, y se correspondían con las cifras de las entradas (tesserae); los espectadores podían encontrar fácilmente su asiento y evacuar rápidamente el lugar en caso de emergencia.

Corredores interiores

Los espectadores que cabían en el colosal edificio entraban pues a través de los 80 arcos numerados abiertos a nivel del suelo y, un sofisticado sistema de corredores de circulación, cubiertos con bóvedas de cañón y de los que partían escaleras y rampas radiales, facilitaba el acceso rápido a las gradas y, una vez allí, a la fila de asientos correspondiente. Después de haber pasado todo el día en el recinto, podían salir todos en apenas 20 minutos.

Zona de espectadores

La zona de espectadores estaba dividida en cinco gradas, una encima de otra. La entrada era gratuita, pero las gradas se adjudicaban a determinados grupos de población según las clases de la sociedad romana: en las localidades situadas junto a la arena se sentaban los miembros de la capa social formada por los senadores y, en los ejes, se hallaban las plazas de honor para el emperador y su familia, para funcionarios del Estado, vestales y sacerdotes.

La segunda grada era para los caballeros, la tercera y la cuarta para las demás clases sociales, y la grada superior, con bancos de madera (los otros eran de piedra), se reservaba a las mujeres.

Los hipogeos

En la zona subterránea, en la planta inferior de la arena, que medía 78 por 46 metros, se encontraban los hipogeos, laberintos que albergaban todas las instalaciones necesarias para los juegos, como vestuarios, maquinaria diversa, jaulas para los animales salvajes o armas. La zona estaba dotada con un techo formado con ejes de madera cubierto con la arena que veían los espectadores.

Cualquier escenografía posible

En los 30 nichos del muro de cerramiento subterráneo se habían instalado pequeños aparejos, con rampas y elevadores, que trasladaban a los animales salvajes y a los gladiadores a la arena, y también facilitaban la rápida evacuación de cadáveres de animales y humanos.

Por encima de unas superficies inclinadas de bloques de toba- tipo de roca caliza- y con la ayuda de charnelas y contrapesos se podía trasladar a la arena, por rotación, cualquier escenografía posible, desde la caza de animales a paisajes con colinas o bosques.

Los últimos juegos

Hasta el año 523 d.C., la necesidad del pueblo romano de panem et circenses (pan y espectáculos circenses) se acalló en la arena.

Los últimos juegos conocidos se celebraron en la época del rey ostrogodo Teodorico (473- 526 d.C.). Durante la Edad Media, la familia Frangipani, perteneciente a la nobleza romana, lo transformó en una fortificación y después, como muchas otras obras clásicas, sirvió sobre todo de cantera.

La monumental obra arquitectónica no estuvo a salvo de los saqueos hasta que, en 1744, se convirtió en un lugar conmemorativo de los mártires cristianos y se instaló una cruz de bronce en la arena. Pero los corredores subterráneos pronto dejarían de estar abiertos al público y, como en la Antigüedad Clásica, la arena se cubriría con un suelo de madera.

“Ayer y hoy”, de Giuseppe Gangi

Cerca de El Coliseo es posible adquirir un interesante libro de imágenes superpuestas del espectacular recinto, que brinda la posibilidad de conocer cómo era antes, en recreaciones virtuales.

“Roma, ayer y hoy” es el título del libro del que es autor Giuseppe Gangi.

El Foro Romano

Este foro es el más importante de todos los que se conservan actualmente en Roma y se encuentra en la zona comprendida entre Piazza Venezia y El Coliseo.

El Foro Romano, la zona arqueológica más importante de la ciudad, era el centro de la vida pública romana.

Fue ocupado tras el saneamiento del valle pantanoso que había entre el Palatino y el Campidoglio en el siglo VII a.C. El foro era el centro de las actividades políticas, religiosas y comerciales de la antigua Roma.

Recurrir a la imaginación

Es necesario recurrir a la imaginación para percibir su aspecto de entonces, totalmente abarrotado de construcciones y de personas procedentes de todas partes del Imperio romano que, como hacemos los turistas actualmente, venían a visitar el símbolo de la increíble aventura que había hecho posible, en relativamente poco tiempo, que un antiguo pueblo de pastores dominara el mundo.

Función propagandística

Los romanos daban a sus construcciones una importante función propagandística, a la vez que comunicativa, procurando que produjeran efectos contrapuestos entre imágenes maravillosas y otras que suscitaban temor.

Edificios para las reuniones de negocios y para la administración de justicia; la Curia, sede del Senado; templos- de Rómulo, de los Dioscuros con columnas corintias, de Saturno, Venus, Vestales- ; arcos triunfales- el de Tito, levantado en honor a la victoria romana en Jerusalén- , el de Constantino, -erigido por la victoria de Constantino sobre el emperador Majencio en la batalla del puente de Milvio en 312 d.C.- el de Septimio Severo, que conquistó Inglaterra, antigua Britania; monumentos; basílicas- Emilia; Julia; Majencio y Constantino- y esculturas.

La Vía Sacra, de uso cotidiano, atravesaba la zona; por ella pasaban las procesiones religiosas y se efectuaban allí las paradas triunfales.

El Foro al caer el Imperio Romano fue también cayendo en el abandono, y más adelante en el olvido. En la Edad Media se sabía de su existencia, pero los monumentos estaban ya bajo los escombros y en su mayor parte se encontraban enterrados. Pero no fue hasta el siglo XX, cuando se empezara a excavar y retirar los materiales que cubrían los restos arqueológicos.

(Continuará...)