Puertollano

La pieza, conservada en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, fue restaurada en el Centro de Restauración y Conservación de Castilla-La Mancha, en Toledo

Recuperado un plano de Puertollano del siglo XVIII, incluido en el catastro de Ensenada

La obra puede consultarse en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real por investigadores y ciudadanos legítimamente interesados.

La pieza llegó con algunas alteraciones y deterioros como zonas perdidas en su plegamiento y en los márgenes, una mancha por acidez, leve suciedad superficial, grietas, desgarros y tintas algo desvaídas.

En los años 1752 y 1753, en que se elaboraron las respuestas al Interrogatorio General, Puertollano contaba con unos 2.000 vecinos.

Alfonso Castro

22/02/2011

(Última actualización: 22/02/2011 13:00)

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Un plano de la localidad ciudadrealeña de Puertollano, custodiado y conservado entre la inmensidad de fondos del Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, fue felizmente recuperado hace poco más de un año en Toledo, en el Centro de Restauración y Conservación de Bienes Muebles de Castilla-La Mancha, dependiente de la Consejería de Educación, Ciencia y Cultura del Gobierno regional, y ya puede ser visto y consultado en las salas del citado Archivo ciudadrealeño por investigadores y por ciudadanos legítimamente interesados.

El plano estaba originariamente incluido en la documentación del Catastro de Ensenada. Concretamente en el Interrogatorio General que afectaba a la villa de Puertollano.

Con él se venían a ilustrar las respuestas dadas por los puertollanenses al cuestionario de este celebrado documento histórico hacia 1752-1753.

El Catastro de Ensenada fue elaborado a lo largo de siete años del siglo XVIII (entre 1749 y 1756), a instancias del político ilustrado riojano que fuera, entre otros cargos, ministro y secretario de Hacienda del rey Fernando VII, de nombre rimbombante: Zenón de Somodevilla y Bengoechea, más conocido por su título nobiliario de Marqués de la Ensenada.

El documento gráfico fue intervenido por la restauradora veterana Mas, especialista del Taller de Documento Gráfico del citado Centro restaurador.

El plano, con unas dimensiones de 43,5 cm de altura x 29,39 cm de anchura, fue realizado por su artífice en color sepia en la llamada técnica de aguada en tinta china. Una técnica artística ésta muy utilizada, por cierto, por Francisco de Goya en sus célebres grabados y que en el arte contemporáneo continúa usándose con profusión.

El soporte utilizado en la ejecución fue papel (celulosa) artesanal de trapos, verjurado, que es el tipo de papel que lleva una filigrana de rayitas o puntizones muy menudos y otros más separados que los cortan perpendicularmente.

El estado de conservación en que llegó el plano/mapa desde el Archivo Histórico Provincial, en el que figura custodiado dentro signatura de la sección Hacienda, Catastro de Ensenada, al Centro de Restauración ubicado en la capital castellano-manchega, según el informe emitido por Inmaculada Mas, era en general bueno, aunque en parte alterado por las zonas perdidas en el pliegue que muestra por haber permanecido doblado el documento en su almacenaje y por una mancha por acidez debida a radiación lumínica al penetrar la luz por dichas zonas perdidas.

También presentaba suciedad superficial moderada, pequeños deteriores en las márgenes, como grietas, zonas perdidas y desgarros, y en cuanto a los elementos sustentados (nombre técnico en Restauración de las tintas utilizadas), el documento presentaba un aspecto de empalidecimiento de dichos pigmentos líquidos (tintas algo desvaídas).

Antes de iniciarse el tratamiento restaurador propiamente dicho se inició el proceso de la intervención con la obligada toma de fotografías descriptivas de su estado de conservación, al tiempo que se reflejaban en el informe los datos de identificación, descripción, evaluación del estado de conservación y propuesta de tratamiento a ejecutar. También se estudiaron los derivados de la información contenida y de sus elementos sustentados (tintas utilizadas).

Propuesta de tratamiento

Una vez diagnosticados los deterioros detectados y realizados los análisis de solubilidad de las tintas y el Ph del soporte, se procedió a la limpieza mecánica de la suciedad superficial de la pieza documental por métodos abrasivos muy suaves, a la que siguió la limpieza de tipo acuoso y la aplicación de un tratamiento químico de desacidificación, a fin de dotar al documento de una reserva alcalina que garantice su perdurabilidad.

También se le reintegraron las zonas perdidas, procediéndose a continuación a la consolidación, secado y alisado del plano; finalizando el proceso con su montaje en carpeta passe-partout con ventana y la aplicación de una película de poliéster (mylar) para protegerlo de las radiaciones lumínicas (UV) y de cualquier contaminación medioambiental, incluida la derivada de su manipulación directa sobre la obra, tanto en su almacenaje como para su exposición al público.

De hecho el plano de Puertollano junto a varios otros documentos pictóricos, arqueológicos y archivísticos asimismo restaurados recientemente en el Centro de Restauración de Castilla-La Mancha fue expuesto en público en el Museo de Santa Cruz de Toledo en el verano de 2010 en una exposición denominada Herencia Recibida, que tuvo gran aceptación del público.

Obviamente, tanto los criterios de intervención de la obra como los tratamientos, productos y materiales que fueron utilizados por la restauradora del Centro de Restauración de Castilla-La Mancha en el proceso de intervención no fueron otros que los aconsejados por los distintos organismos internacionales de conservación y restauración de Bienes Culturales en cuanto a la reversibilidad, estabilidad e inocuidad de los mismos.

El catastro de Ensenada y Puertollano

Desde 1749 hasta 1756 se realizó en los 15.000 lugares con que contaba la Corona de Castilla entre los que no se cuentan los de las provincias vascas, por estar exentas de impuestos, una minuciosa averiguación a gran escala a cerca de sus habitantes, propiedades territoriales, edificios, ganados, oficios, rentas, censos, etc.; incluso de las características geográficas de cada población.

La palabra catastro significa averiguación o pesquisa y éste de Ensenada se realizó desplazándose a los lugares catastrados un grupo de funcionarios.

La investigación fue ordenada por el rey Fernando VI a propuesta de su ministro el Marqués de la Ensenada, recibiendo después y por ello el nombre de Catastro de Ensenada, que está considerado como la mejor estadística disponible en el contexto europeo del Antiguo Régimen.

El Catastro disponía un total de 40 preguntas que se tabularon y verificaron con todas las prevenciones posibles para evitar posibles ocultaciones o desviaciones.

Las respuestas generales de los pueblos a dicho interrogatorio proporcionaron un abrumador volumen de documentación, que sigue dando oportunidad a los historiadores para analizar, a través de una excelente radiografía, la economía, la sociedad, la práctica del régimen señorial e incluso el estado del medio ambiente de la España dieciochesca.

Para Puertollano las respuestas al Interrogatorio General del Catastro, un trabajo efectuado en torno a los años 1752 y 1753 supusieron, sin duda, para la Historiografía local una de las fuentes históricas más importantes de las que se cuentan para conocer a ciencia cierta el pasado de la localidad que devino minera.

Según dichas respuestas, que se hallan conservadas en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, el casco urbano de la localidad se hallaba representado en la zona superior del plano o mapa con unas treinta casitas abigarradas, aunque realmente eran 403 “inclusas las de ayuntamiento, paneras del posito, carnecería, Casa Tercia, Palacio, Peso Real, y dos mesones, las quatro de ellas arruinadas, y muchas con necesidad de reparos", según una de las respuestas.

En cuanto a los habitantes, según otra respuesta, "son en esta povlacion quatrocientos y noventa y uno”, equivalentes a cabezas de familia, que multiplicados por cuatro o cinco individuos elevan la población del casco viejo de la villa, aproximadamente, a unos 2.000 vecinos en aquellos años de mitad del siglo XVIII, según ha estudioso el historiador local, José Domingo Delgado.

En la zona sur del término municipal de la época se asentaban cuatro aldeas que dependían de Puertollano, ubicadas al sur de la Sierra de Mestanza. Concretamente Hinojosas, Cabezarrubias, El Villar y Arroyo de la Higuera, que poseían una gran cantidad de terreno dentro del Valle de Alcudia, en el que asimismo se asentaban tres dehesas que eran muy importantes para la economía de la localidad: primeramente la Dehesa de la Encomienda de Puertollano o Dehesa del Ochuelo, situada justo a la entrada del Valle de Alcudia por el puerto de Mestanza.

En el Catastro de Ensenada se señala que esta encomienda tenía unas tierras (1.664 fanegas y 10 celemines) íntegramente de pasto de segunda calidad.

La segunda era la Dehesa de los Donadíos, llamada así por las donaciones de terrenos realizadas por los Maestres de la Orden de Calatrava en la Edad Media para su conversión en pastos concejiles para usufructo de los vecinos de la localidad.

Y la tercera de las dehesas era la Dehesa de Clavería, de mayor enjundia económica, que llegó a estar valorada en 3.771.400 maravedíes.

En el plano de Puertollano aparecen también ubicados hasta cinco edificios de carácter religioso en aquella época: la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, ubicada en el corazón del puerto que dio nombre a Puertollano, en la confluencia de los caminos procedentes de las vecinas localidades de Almodóvar del Campo y Argamasilla de Calatrava.

Otro es el Convento de religiosos descalzos de Nuestro Padre San Francisco de la Reforma de San Pedro de Alcántara; los siguientes son sendos edificios enclavados el en lo alto de los cerros que vienen a configurar el puerto. A la izquierda la Ermita de San Sebastián y a la derecha la de Santa Ana. Y finalmente, en quinto lugar, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Edificios todos ellos que, según una de las respuestas del Catastro, obtenían cuantiosas rentas, procedentes de tierras propias y ajenas.

Otros datos de las respuestas que verificaban cómo era Puertollano entonces aludían a una economía dedicada mayoritariamente a la agricultura y la ganadería y al gran desarrollo que venía experimentando desde el siglo anterior la industria de fabricación de paños, célebre en la localidad; o a los trece molinos fluviales harineros que tenía el término municipal entonces, en los cauces de los ríos Montoro, Tablillas y Ojailén.