Provincia

Artículo de opinión

La Universidad de Castilla-La Mancha se olvida poco a poco de Puertollano

De un tiempo a esta parte los servicios prestados en nuestra ciudad van disminuyendo progresivamente ¿hasta su desaparición definitiva?

Julián Gómez

11/12/2010

(Última actualización: 12/12/2010 12:00)

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En el año 2009, un representante de nuestra empresa editorial acompañado del historiador Andrés Megía, mantuvo una reunión con Francisco Alía Miranda, vicerrector de cooperación cultural de la Universidad de Castilla-La Mancha en Ciudad Real, para presentarle el nuevo trabajo de Andrés Mejía Godeo “La provincia de Ciudad Real en el nuevo mundo SS XVI-XVII”. Andrés Mejía es un historiador de Puertollano que ya ha publicado dos de sus cuatro libros: “La Historia de la villa de la Calzada del Campo de Calatrava” y “La desamortización en Calzada de Calatrava: Siglo XIX” con nuestra empresa, Intuición Grupo Editorial.

Por este motivo y dadas las características del trabajo es un excelente libro de consulta, ya que contiene datos e informaciones, hasta ahora desconocidas, sobre muchos de nuestros paisanos, con nombres y apellidos, y su gran aventura en los siglos XVI y XVII en el nuevo mundo.

Con el único objetivo, tal y como se afirma en este libro, de "Justamente la necesidad de descubrir a estos conquistadores y emigrantes anónimos para la historia general, y recogerlos y publicarlos para la historia local, comarcal y provincial, me ha inducido a investigar en el Archivo General de Indias (AGI) de la ciudad de Sevilla, para saber y conocer a todos los emigrantes, que partieron de los pueblos de la provincia de Ciudad Real al Nuevo Mundo durante los siglos XVI y XVII."

Esta primera reunión con el vicerrector Francisco Alía no pudo ir mejor ya que se interesó por el trabajo que le presentábamos y por las distintas posibilidades de publicación que le ofrecíamos, ya que nuestro interés no era económico sino, única y exclusivamente, conseguir su publicación y distribución por los cauces más adecuados. Uno de ellas consistente en el copatrocino del libro, por nuestra empresa editorial con la Universidad, y la otra consistente en una publicación universitaria en exclusiva.

Por lo tanto, nos remitió a Isidro Sánchez Sánchez, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha en Ciudad Real, a quien nos dijo iba a enviar el libro para que, después, concretásemos ya los aspectos más importantes de su posible publicación.

A partir de este momento todo empezó a ir mal y a retrasarse, parecía como si el mal recuerdo de la publicación de una historia sobre la prensa en la provincia en la que el propio Isidro Sánchez omitió todas nuestras publicaciones, incluido el periódico de La Comarca que decía no conocer, para dar relevancia a otras que, siendo tan dignas como la nuestra, gozaban de menos años de vida. Y fue así, todos nuestros vaticinios se cumplieron ya que, a partir de ahí llegaron las dudas, los desplantes, y los hechos cuanto menos “extraños”.

Con fecha 28 de septiembre nos pusimos en contacto con Francisco Alía ya que nos era imposible contactar con el señor Sánchez y ese mismo día recibimos un email que decía textualmente : “Se lo envié al Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (profesor Isidro Sánchez) y creía que él lo había tratado. Voy a recordárselo y ya os digo algo”.

Pasa el tiempo sin ninguna noticia ni posibilidad de localizar a Isidro Sánchez cuando, con fecha 15 de octubre, recibimos un nuevo correo de Francisco Alía que nos dice textualmente: “¿Habéis sabido algo de Isidro Sánchez sobre el tema?”. Con lo que se nos confirmaba que algo estaba fallando y que, al parecer por su correo, Alía tampoco era capaz de localizar a Sánchez. Pero, al menos, él también parecía querer saber qué era lo que estaba pasando porque al día siguiente, y tras una conversación telefónica en que nos informó de su desconocimiento del tema, nos envió otro correo que lo dejaba todo muy clarito: “Estoy aquí para lo que necesitéis”. Bueno, él al menos estaba e, igual que nosotros, también quería hablar con Isidro para saber algo más del tema.

Después, con fecha 2 de noviembre del 2009, y a petición de Francisco Alía que había logrado contactar con él, enviamos el libro completo a isidro Sánchez y se hizo el silencio.

Más llamadas, más correos y ante nuestra insistencia, un 16 de junio del año siguiente, recibimos un correo de Isidro que decía: “Hemos procedido a analizar la propuesta de publicación que nos remitiste y, tras ver el trabajo detenidamente, llegamos a la conclusión de que no encaja en la línea editorial del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha”. No entendimos por qué no encaba con esta línea editorial ¿Cuál es entonces la línea editorial?

Después, en conversación con Isidro nos dijo que se estaba exhibiendo un libro igual pero regional. Ahhhhhhhhhhhh, acabáramos.

¿Y tanto tardaron en saber que no se podía publicar por esa razón?

¿Y por eso tardaron tanto en responder?

¿Para eso se nos pidió el libro completo?

¿Para eso más de un año de espera?

Suena a tomadura de pelo ¿verdad?

Pero, en cualquier caso, no hace más que dejar constancia del cada vez menos interés que la UCLM tiene por Puertollano. Sirva también como ejemplo el Centro de Estudios Universitarios de Puertollano que, desde su última reducción de plantilla, presupuestos y actividades, lo han dejado casi sin contenidos: biblioteca universitario y la licenciatura en gestión aeroportuario es lo único que le queda.

Puertollano debe replantearse muy seriamente el tema de la Universidad porque se está quedando fuera de ella.

Algunas páginas del libro que no se ajusta a la línea editorial del servicio de publicaciones de la UCLM

1. Introducción.

En 1492 Cristóbal Colón descubrió un Nuevo Mundo, al cual le llamaron Indias. A partir de este suceso la Corona Española fue facilitando grandes recursos para el descubrimiento, conquista y pacificación de nuevas tierras, que pasaban bajo su control a través de los gobernadores y capitanes intrépidos que arriesgaron sus vidas para poner bajo la bandera real un inmenso continente, que superaba con creces sus dominios reales en la vieja Europa. Todos conocemos los nombres de los capitanes que encabezaron las conquistas de los nuevos reinos, y que posteriormente ocuparon los cargos de gobernadores y capitanes generales de las tierras conquistadas. Así Hernán Cortés en su conquista de Nueva España (México y el imperio azteca), Francisco Pizarro y Diego de Almagro en la conquista de todo el reino de Perú (el imperio Inca) hasta llegar al norte de Chile y Pedro de Valdivia en la conquista de Chile (donde estaban los belicosos araucanos). Estos son los principales protagonistas, entre otros, que han pasado y están recogidos en los libros de historia general. Pero ellos por sí solos, nunca hubieron podido llevar a cabo dichas conquistas. En esta inmensa gesta participaron muchos hombres, principalmente españoles, que con su gran esfuerzo y lucha, ayudaron a los capitanes generales mencionados a conseguir el descubrimiento, conquista y pacificación del Nuevo Mundo; sin embargo, todos ellos son personas anónimas, que nunca han sido recogidos ni citados en los libros de historia, pero que sin ellos no se hubiese podido escribir la historia de los “escogidos”, ni los hechos históricos que se produjeron.

Una vez pacificados estos grandes imperios, aunque en realidad siempre hubo levantamientos de los naturales de aquellas tierras que hubo que apaciguar, había que repoblar las tierras conquistadas, creando todas las infraestructuras necesarias para explotar todas las riquezas que ofrecían estas nuevas tierras de Indias, para beneficio personal de los que las explotaban y para recaudar los impuestos que pasaban a la Corona Real. Así muchos de los primeros conquistadores de los diferentes imperios en las diferentes épocas regresaban a los reinos de España, para volver a las tierras conquistadas con sus familias y parientes, y disfrutarlas como encomenderos de alguna hacienda que percibían según su rango y méritos probados durante la conquista. Otros familiares eran reclamados por algunos de sus deudos que residían en Indias y poseían una hacienda más que suficiente para ellos mismos y para sus parientes que mal vivían en sus villas natales de los reinos de España.

Hasta ahora, que sepamos, sólo existe un estudio realizado sobre los emigrantes de nuestra comarca ciudadrealeña al Nuevo Mundo, realizado por mi amigo Miguel Fernando Gómez Vozmediano titulado “La Aventura de Emigrar (I). La Carrera de Indias”, insertado en el número 4 de la Revista de Estudios de Puertollano y Comarca, Campo de Calatrava, que tan brillantemente es dirigida por el propio autor, y que está centrada principalmente sobre los emigrantes de Puertollano, con citación parcial de las localidades vecinas de Almodóvar del Campo, Argamasilla de Calatrava y pinceladas sobre otras poblaciones manchegas. Todo ello, me ha motivado el realizar este trabajo de recopilación, que por supuesto está abierto a posteriores estudios más detallados sobre los personajes expuestos o sobre poblaciones particulares, así como poder desmenuzar y realizar otros estudios, basados en toda la información que contiene esta recopilación de datos sobre nuestros antepasados, algunos para ayudar a su conquista, otros para repoblar las tierras conquistadas y otros simplemente para huir de unas condiciones de vida míseras que tenían en su localidad de origen en estos reinos de la España imperial.

Justamente la necesidad de descubrir a estos conquistadores y emigrantes anónimos para la historia general, y recogerlos y publicarlos para la historia local, comarcal y provincial, me ha inducido a investigar en el Archivo General de Indias (AGI) de la ciudad de Sevilla, para saber y conocer a todos los emigrantes, que partieron de los pueblos de la provincia de Ciudad Real al Nuevo Mundo durante los siglos XVI y XVII. Por supuesto, únicamente se han recopilado a todos los hombres y mujeres que han quedado registrados en los libros de pasajeros, contratación y otras secciones del AGI, los cuales sabemos que tienen grandes lagunas, y por consiguiente nunca se sabrá con exactitud el número exacto de ciudadrealeños que emigraron a Indias, al no existir una documentación completa y continuada de los listados, además de que muchos embarcaban directamente y no pasaban por el registro, que oficialmente era obligatorio, en la casa de contratación de Sevilla, donde se concedían las licencias de embarque, previa presentación de la correspondiente solicitud y presentación de la información y probanzas de ser cristiano limpio y no ser de los prohibidos (es decir, no ser, ni proceder de judíos, moros o penitenciados por la Santa Inquisición) y poseer la cédula real que legalizaba su pase a las Indias. Pero al menos, sí se ha recopilado a todos los que están documentados y podemos saber, primero sus nombres y procedencia natal y hacernos una idea de la emigración que aportó nuestra provincia a la conquista y repoblación del Nuevo Mundo, así como los nombres de sus padres, algunas señas de identidad y el destino hacía donde partieron. En algunos casos, incluso conoceremos más detalles sobre los mismos, enriquecidos a través de las declaraciones de sus méritos de guerra o de sus testamentos, donde nos facilitan datos locales de aquellas tierras y en algunos casos suculentas fortunas que a su muerte enviaban a sus tierras natales, para fundar capellanías en sus parroquias donde fueron bautizados y estaban enterrados sus abolorios, fundación de conventos, obras pías, o simplemente herencias para los familiares que se quedaron en sus villas de la provincia de Ciudad Real. Aquí quedarán recogidos por poblaciones de la provincia de Ciudad Real, los nombres de los hombres y mujeres, acompañados en muchos casos de sus hijos, que tuvieron las suficientes agallas de emigrar a Indias, hacia una aventura que comenzaba con un difícil viaje primero desde sus villas natales a la populosa ciudad de Sevilla, desde donde embarcaban en unas naves que en la mayoría de los casos eran auténticas cáscaras de nuez en un largo y penoso viaje hasta llegar a las costas de Tierra Firme, y que posteriormente en algunos casos debían cruzar unas tierras inmensas hasta llegar a su destino final, que en el peor de los casos eran las tierras de Chile o incluso volver a embarcar hasta las islas Filipinas.

2.- Descubridores y Conquistadores.

Los primeros descubridores y conquistadores de los diferentes imperios del Nuevo Mundo, se encontraron con unas tierras vírgenes y unas culturas muy diferentes al viejo continente Europeo. En un principio partieron junto a los capitanes, aportando sus propias armas, espadas, dagas, lanzas, ballestas, arcabuces y los más privilegiados, los descendientes de hijosdalgo con sus propios caballos, mulas, armaduras y criados. Soportaron duras y penosas jornadas de guerras contra los naturales del lugar, y muchas calamidades con escasez de alimentos, comiéndose en muchas ocasiones sus propias caballerías que morían en las batallas, para mitigar el hambre en las duras y escabrosas excursiones por los valles, selvas y cordilleras de aquellas inmensas tierras.

Como ejemplo, se expone un pequeño resumen de la carta que envió a Su Majestad Imperial el Rey don Carlos I, el adelantado Sebastián de Belalcázar o Benalcázar, gobernador de Popoyán, en 20 de diciembre de 1544, donde le relataba las cosas de las tierras de Quito, Cartago y Antioquía, en el descubrimiento y conquista que hizo de dichas tierras.

“Luego como llegué a esta tierra de las provincias de Quito, de aquella jornada que en servicio de v.m., hice con el lcdo. Vaca de Castro…hallé una provincia llamada los timbas que es de los términos y repartimientos de la ciudad de Cali, alzada y rebelada, del servicio de v.m., y muerto en ella un capitán con XXII españoles que habían salido a visitarla, que no poco escándalo y desasosiego puso, en los otros naturales comarcanos, y a mí no menos cuidado, y mucho gasto de mi hacienda, en allegar y juntar gente, y comprar armas y pertrechos para la expedición de la guerra necesarios, y así junta, despaché un capitán con noventa hombres arcabuceros y ballesteros, porque aquella provincia es en sí tan fraguosa, montañosa, que no se puede sojuzgar a caballo, ni aún pasearlos dentro, y como llegaron a dicha provincia, y comenzasen a entender en la pacificación della, hallaron los naturales, tan fuertes y bellicosos y atrevidos, con la muerte de los pasados, que tuvieron necesidad de retirarse y salir de la tierra, con pérdida de cuatro cristianos y muchas armas y ganado que habían llevado para su mantenimiento…

Los vecinos y conquistadores cansados y fatigados de los descubrimientos pasados, han procurado de perpetuarse en esta tierra, teniéndose paz naturales della, pues en ella han gastado, así en armas y caballos y esclavos que a excesivos precios compraron para la conquista como en los mantenimientos que comían, a causa de ser la tierra estéril, y falta de toda comida…el desafuero de los precios…se vendieron caballos a cinco, y seis mil y siete mil castellanos y puercos a seiscientos y novecientos, y por esta medida todas las otras cosas necesarias, para la sustentación de la humana vida; y los pobres que para esto no alcanzaron, era su mantenimiento yerbas, langostas y otros manjares silvestres; y aún agora se pasan otras necesidades semejantes, porque como la tierra no está asentada, y sea nuevamente descubierta, y los naturales tan indómitos, un día están de paz y otro de guerra, y en su pacificación pásanse muchas necesidades y trabajos, y con todo esto muchos dellos se han casado y edificado sus casas y asientos y cultivado y labrado la tierra perpetuándose como digo en ella…

La población de Popayán, en el tiempo que yo la descubrí y conquisté, era de la buena, que hasta entonces yo había visto, y a fin que los cristianos se despoblasen y desnaturasen della,[los naturales] no quisieron sembrar mucho tiempo las comidas y bastimentos entre ellos acostumbrados, diciendo que por hambre los cristianos se irían y despoblarían, y así se anduvieron aliados y rebelados del servicio de v.m. muchos días dándose guerra los unos a los otros..., en tal manera que unos cristianos saliendo a buscar de comer, encontraron a un indio en el camino que llevaba en una sarta, once manos de otros indios y según parecía este indio era principal, y las manos que llevaba eran de sus indios. Reprehendiéndolo los cristianos delito tan cruel y nefando, dio por respuesta que se os dé a vosotros que yo coma mis indios…

Los naturales de Guaracallo tienen guerra con los de Yalcon, y en cierta batalla que entre ellos hubieron, uno de guaracallo prendió a otro de yalcon, y como el preso fuese hombre de buenas carnes y estuviese gordo, apostó el que lo prendió con sus vecinos de comérsele todo entero, y así que llegado a su casa lo mató y aderezó, parte asado y parte cocido, y después de guisado todo entero se lo comió, y desde a poco [h]a permitido Dios Ntro Señor que a este dragón le diese tanta vasca, que con lo comido reventase, porque costumbre tan detestable entre nosotros no quedase; preguntado de que moría, respondió que por no haber asado bien la carne.

Los de la provincia de onema son tan bellicosos que con ser todos de una nación y lengua, tienen con él guerra unos con otros a fin de solamente poderse comer, y el que más valiente entre ellos se muestra, aquél [que] tiene a su puerta más cabezas y huesos de los indios que ha comido, y a acontecido ante los que toman para matar, prender una mujer preñada de hasta seis o siete meses y abrirla y sacarle la criatura, y así cubierta con su tela, tostarla en un tiesto de olla, como quien asa un pescado en parrilla y comérsela.

En las provincias de Antioquía, agora nuevamente poblada, ay una costumbre antigua, muy horrible y espantosa, y es que los caciques principales dellas, demás de la mujer natural, tienen otras muchas mancebas habidas de otros pueblos por su rescate, solamente para producir dellas generación, y cuando la criatura está ya de un año o poco más criada de leche, matándola para comer, siendo propio hijo, y después que lo ha comido, mata asimismo[a] la madre, y comérsela; fue el primer descubridor de este secreto el licenciado Vadillo oidor de V.M., en la isla Española en la jornada que hizo desde Cartagena hasta esta gobernación.

…para no hacer largo procesos dellas que para sujetarlas, y hacerlas entender, [a los indios naturales] el camino de su salvación y atraerlos a los buenos ritos y costumbres, Dios me es testigo del trabajo que se padece, para lo cual yo [he] escrito y rogado al padre Regente que reside en la ciudad de los Reyes, me envíen algunos de sus religiosos por ser tan buenos y honrados, para que en esta tierra hiciesen algún fruto en servicio de Dios Ntro Señor y de V.M. y su Real voluntad…”

Su humilde y leal vasallo, que Sus

Reales pies y manos besa.

[Firmado]

El adelantado Belalcázar .

Esta es tan sólo una pequeña muestra de la situación que encontraron los primeros españoles que descubrieron y conquistaron aquellas tierras. Pero no todas las culturas indígenas eran tan “atrasadas” como las descritas por el adelantado Belalcázar, ya que entre otras existían las dos culturas más avanzadas como los imperios de los aztecas y de los incas. Y con posterioridad muchos de los españoles tuvieron un comportamiento y un maltrato con los indios naturales y con los esclavos negros que llevaron al Nuevo Mundo, tan detestables como las costumbres que ellos recriminaban a los indígenas.

Una vez terminada la conquista y pacificación de las tierras y de los naturales de ella, los españoles se asentaron en la ciudades conquistadas y otras muchas nuevas fundadas por ellos mismos y en encomiendas y haciendas con disposición y repartimiento de indios a su cargo y de esclavos negros que fueron llevados preferentemente desde Angola y otros países del continente africano, ya que estos últimos eran más fuertes y soportaban las enfermedades que llevaron los propios españoles al Nuevo Mundo, mejor que los indios naturales, ya que éstos además no estaban acostumbrados a soportar el trabajo continuo de explotación, ya que hasta entonces se dedicaban únicamente a cazar y coger lo justo e imprescindible para su sustento, sin la mentalidad europea de la explotación para el consumo interior y exterior hacia la vieja Europa, lo que supuso un fuerte choque de mentalidad para los naturales del lugar, además de padecer las enfermedades que portaron los españoles desde la vieja Europa, desconocidas para ellos hasta la llegada de los europeos, tal como la peste que hizo verdaderos estragos entre los indígenas. Muchos de los españoles que intervinieron y sobrevivieron a las conquistas, terminadas las tareas de guerra pasaban penurias y no tenían con qué sustentarse ellos y su familia, reclamando y trasladando solicitudes de pensiones vitalicias a S.M. el Rey a través de la justicias y audiencias indianas, dando información y probanzas de sus méritos, servicios y lealtad a la Corona, exponiendo que nunca antes habían pedido nada a cambio durante los años de conquista, aportando ellos mismos sus propias armas, caballerías, criados y sus vidas para someter y poner dichas tierras bajo la bandera Real . También existieron muchas peticiones por parte de los hijos de los primeros descubridores y conquistadores, que exponían los méritos de sus padres, ya que en el mejor de los casos únicamente el hijo varón mayor era el que heredaba la encomienda y el repartimiento de indios a su servicio, y el resto de los hijos solicitaban alguna pensión vitalicia o alguna recomendación para ocupar un puesto dentro del funcionariado indiano local, aportando a cambio sus armas y sus caballerías, así como sus propias personas para mantener el orden y pacificación de aquellas tierras bajo la corona real.

También es notorio la cantidad de pleitos ante las justicias de las Audiencias Reales de aquellos reinos, interpuestas por los primeros descubridores y conquistadores, ya que cuando se producían cambios en los gobernadores de los diferentes reinos, éstos beneficiaban a sus protegidos y aliados, quitando el repartimiento de indios a los primeros conquistadores, que quedaban “huérfanos” con la muerte de su primer gobernador al cual acompañaron y ayudaron a conquistar aquellas tierras, y dichas encomiendas de indios pasaban a otras manos que algunos casos, ni siquiera participaron en dicha conquista.

Los naturales de los pueblos de la provincia de Ciudad Real participaron prácticamente desde el principio en las conquistas de los diferentes reinos indianos. Muchos de los que emigraron en las primeras décadas del siglo XVI. Algunos de ellos solo hemos recogido sus nombres, el de sus padres, su localidad de origen y el lugar de destino, pero no existen más datos sobre los mismos, ya que muchos murieron durante dicha conquista y no pudieron hacer relación de méritos, ni testamento. Otros sin embargo, sí se han podido localizar a través de su información de méritos o sus testamentos, quedándonos constancia de sus pericias por aquellas tierras.

Entre ellos citamos a varios naturales de la ciudad de Ciudad Real, como Alonso Dávila que pasó desde Cuba, a las costas de Nueva España (México) en el año 1519, junto al propio capitán Hernán Cortés, participando en el descubrimiento y conquista del imperio azteca . El 4 de septiembre de 1520, aparece como tesorero en la ciudad de Segura de la Frontera de Nueva España . Retornó como contador y teniente gobernador de Yucatán y Cozumel junto al gobernador Francisco de Montejo, en junio de 1527, acompañado de otros paisanos suyos de Ciudad Real y compañeros de batalla, Alonso de Arévalo, Juan de Villaseñor que también habían participado en la conquista de México, y Lope de Treviño, Juan Chacón, Cristóbal Perea y Alonso Treviño, entre otros . Como constancia de la gran aportación de vecinos y naturales de la ciudad de Ciudad Real de los reinos de España, quedó buena prueba de ello con la fundación de la ciudad de Ciudad Real de Chiapas en Nueva España (México).

Otros conquistadores a destacar, naturales de la villa de Almagro, es la familia formada por el padre Alvar Gómez y sus hijos el capitán Juan Gómez y su hermano Diego Gómez, quienes lucharon junto al marqués Francisco Pizarro gobernador del Nuevo Reino de Castilla (reinos de Perú), en la conquista y pacificación de Guamanga (Huamanga), donde se quedaron a residir con su encomienda de indios que les dio Francisco Pizarro, y posteriormente abandonándolo todo, fueron con el capitán Pedro de Valdivia a la conquista de Chile, falleciendo en el camino el padre Alvar Gómez que iba como maese de campo de Pedro de Valdivia, lucharon junto a éste en la conquista de Chile participando en multitud de luchas con los araucanos, recibiendo muchas heridas, siendo los fundadores y primeros regidores de la ciudad de Santiago de Chile . Los dos hermanos retornaron a su villa natal de Almagro (años 1555 y 1569) , y se llevaron a toda su familia, esposas, hermanos, hermanas, cuñados y varios criados vecinos todos ellos de Almagro, a residir en la ciudad de Santiago de Chile. Así como el capitán Pedro de León, natural de Viso del Marqués, que acompañó a Pedro de Valdivia en todo su recorrido y conquista de Chile de norte a sur, participando en las fundaciones de las ciudades que fundó el gobernador Pedro de Valdivia.

Estos son unos ejemplos resumidos de los más importantes conquistadores naturales de los pueblos de la provincia de Ciudad Real, pero fueron muchos más, algunos de ellos anónimos que lamentablemente no ha quedado documentación sobre sus hechos y sus vidas de lucha por encontrar un porvenir mejor, en unas tierras lejanas de sus localidades de origen, donde dejaron sus vidas y sus ilusiones.

3.- Guerra civil entre españoles y las rebeliones en Perú.

Tras la conquista y derrota del imperio Inca en los reinos de Perú por Francisco Pizarro y el adelantado Diego de Almagro, ambos pactaron y firmaron un acuerdo repartiéndose el inmenso reino del Perú divido en el reino de Nueva Castilla para el gobernador y marqués Francisco Pizarro y en el reino de Nuevo Toledo para el gobernador Diego de Almagro. Pronto el mariscal Diego de Almagro, tras una incursión por tierras Bolivianas hasta el norte de Chile, reclamó su soberanía sobre la ciudad de Cuzco, capital del imperio inca, tomando posesión de la misma, entablándose una guerra civil entre los pizarristas y los almagristas. Hernando Pizarro hermanastro de Francisco Pizarro, venció y capturó a Diego de Almagro, dándole muerte. Posteriormente Hernando Pizarro regresó a España y fue apresado por las fuerzas reales por este hecho. Los partidarios de Almagro, encabezados por su hijo el mestizo Diego de Almagro (que fue apadrinado por el adelantado Sebastián de Belalcázar, que también tuvo un hijo mestizo), en venganza dieron muerte al marqués Francisco Pizarro en su casa de la ciudad de los Reyes (Lima, Perú).

“…Un Joan de Herrada con diez amigos suyos. Un domingo 26 de junio de 1541, estando el marqués Francisco Pizarro con hasta siete u ocho personas, que a la sazón con él estaban en su casa, que querían comer, entró este Joan de Herrada diciendo muera el traidor de Pizarro y luego empezaron a dar en él y le mataron y a ciertos criados suyos, e otras personas, y luego le saquearon la casa y a otras muchas personas, y luego alzaron por gobernador a don Diego de Almagro, hijo del adelantado Almagro [ya difunto]. Y quitaron todas las Justicias que en nombre de V. Majestad estaban puestas y de su mano pusieron otras; han tomado todos los caballos y armas que han podido haber, y están apoderados en la tierra, molestando a los vasallos de V. Majestad, y les toman sus haciendas contra su voluntad. V. Majestad mande proveer con toda brevedad en el remedio que para esto conviene…, ciudad de Panamá 13 de agosto de 1541 ”.

Una vez vencidos por la fuerzas reales los seguidores de don Diego de Almagro hijo, y tras un pequeño paréntesis, el otro hermanastro del marqués Francisco Pizarro, Gonzalo Pizarro se levantó en armas contra las fuerzas leales a Corona Real del Rey de España y contra el primer virrey del Perú, tomando como excusa su repulsa por las Leyes Nuevas de 1542, que entre otras cosas, pretendía abolir las antiguas encomiendas que se habían repartido los primeros conquistadores. Gonzalo se auto nombró gobernador del reino de Perú y presidente de su real audiencia de la ciudad de Lima y Justicia Mayor concentrando en su persona todos los poderes para así poder enfrentarse al propio virrey de Perú, como si fuese un césar romano, ondeando su propia bandera. Gonzalo Pizarro y sus capitanes, tenientes y seguidores cometieron multitud de excesos contra los propios españoles que se mantuvieron fieles a la Corona, sufriendo éstos muertes, así como sus familiares, y tomaron posesión de sus haciendas, sus esclavos, y de los indígenas que tenían asignados .

En este ambiente hostil de guerra civil entre los propios españoles, participaron también los naturales de los pueblos de la provincia de Ciudad Real, tanto en un bando como en otro. Entre los infelices naturales de los pueblos de Ciudad Real, que participaron y se equivocaron de bando por participar y aliarse con los rebeldes Gonzalo Pizarro en la década de los años 40 y de Francisco Hernández Girón en la década de los años 50 del siglo XVI, quienes sufrieron penas de muerte algunos y otros condenas de servicios en las galeras, con pérdida y confiscación de todos sus bienes que pasaron a la hacienda real, se puede citar como ejemplo a Alonso de Herrera, natural de Carrión; Pedro Moreno natural de Ciudad Real; Francisco Martín Bermejo, natural de Ciudad Real y Blas de Merlo, natural de Daimiel .

Por la otra parte del bando de los leales a S.M., el Rey de España, tenemos el caso del calzadeño Hernando Díaz. Hernando Díaz se presentó ante la justicia y cabildo de la ciudad de los Reyes (Lima, Perú) en día 18 de noviembre del año 1553, donde expuso su petición y demostración de sus méritos y servicios de lealtad a Su Majestad el Rey. Dijo que hacía 16 años que llegó a los reinos de Perú y durante todo este tiempo siempre había servido a Su Majestad, sin pedir ni recibir nada a cambio. En el tiempo, hacia el año 1547, que Alonso de Toro capitán y teniente del tirano Gonzalo Pizarro, estaba en la ciudad de Cuzco la cual tenía tiranizada, estando en dicha ciudad de Cuzco, llegó la noticia de que el capitán Diego de Centeno (leal al Rey) había vencido y dado muerte al maese de campo Francisco de Carvajal (partidario de Gonzalo Pizarro); con esta información el teniente Alonso de Toro y ante el temor de que llegase a la ciudad de Cuzco, partió de la ciudad hacia el puente de Apurima para encontrarse con el leal Diego de Centeno. Durante la ausencia de Alonso de Toro, se produjo la renovación del cabildo de la ciudad de Cuzco para nombrar a los alcaldes de la misma. El calzadeño Hernando Díaz ante este hecho, expuso en la puerta de la iglesia mayor (donde se quería elegir a los alcaldes de la ciudad) y en la plaza pública, y en voz alta ante muchos vecinos, que había que elegir a hombres justos y servidores de Su Majestad el Rey y no a los que eran partidarios y leales de la rebelión de Gonzalo Pizarro. El teniente Alonso de Toro junto con las tropas del maese Francisco de Carvajal que no había muerto, desbarató y dispersó a la gente del leal capitán Diego Centeno en la batalla de Huarina (20-10-1547); el dicho Alonso de Toro regresó a la ciudad de Cuzco y fue informado que durante su ausencia algunos vecinos leales al Rey habían expuesto al resto de vecinos sus ideas y hablaron en contra de los rebelados y fieles al tirano Gonzalo Pizarro. Acto seguido Alonso de Toro, ordenó el encarcelamiento de los vecinos leales al Rey, dando muerte algunos de ellos. Al calzadeño Hernando Díaz lo apresó y lo quiso ahorcar, ya que le tenía odio y enemistad ya de antes, pero algunos vecinos importantes de la ciudad y clérigos, intercedieron por Hernando Díaz ante Alonso de Toro y éste determinó cortarle la mano derecha, en lugar de matarlo, como escarmiento personal y público. Hernando Díaz fue sacado de las casas de Alonso de Toro y fue llevada al rollo y picota de la plaza pública, donde a voz de pregonero y en acto público, le fue cortada la mano derecha la cual se puso clavada en una pica y estuvo expuesta en el rollo de dicha plaza pública para escarmiento general. De nada sirvieron las peticiones de piedad de Hernando Díaz, para que no le cortase la mano o al menos que le cortase la mano izquierda, para poder valerse mejor. No contento con esto Alonso de Toro además lo desterró de la ciudad de Cuzco, por lo que Hernando Díaz en pocos días tuvo que malvender su hacienda, sus casas con muebles y enseres, y todas las mercancías que tenía en su tienda de mercadería. Estuvo malviviendo con los pocos pesos recogidos ya que con su invalidez no podía ganarse la vida, pasando grandes necesidades con su mujer, sus dos hijas y su hijo. Por todo ello solicitaba una pensión vitalicia al Rey por sus méritos y su demostrada lealtad a Su Majestad .

Al verdugo de Hernando Díaz el teniente rebelde Alonso de Toro, se le dio licencia en fecha 03-08-1534, con real cédula firmada en Palencia, donde el Rey Carlos I, lo recomendaba al propio gobernador de Perú, Francisco Pizarro para pasar junto con su hermano Fernando de Toro, a los dichos reinos del Perú. Alonso de Toro, fue natural de Llerena, hijo de Juan de Toro y de Leonor de Chaves . Una vez vencido Gonzalo Pizarro y todos sus seguidores, se les aplicó la justicia real. Gonzalo Pizarro fue decapitado, su maese de campo Francisco de Carvajal y Alonso de Toro, murieron en la horca; siéndoles confiscados todos sus bienes . Y a partir de entonces, se añadió a los prohibidos para pasar al Nuevo Mundo (moros, judíos o penitenciados por la Santa Inquisición), la nueva condición de no ser familiar o descendiente del rebelde Gonzalo Pizarro, y todos los de su linaje y de Francisco Hernández Girón después.

Otro destacado que luchó y fue leal a Su Majestad fue el hijodalgo Francisco Mejia de Loaysa, natural de Ciudad Real, el cual había servido con sus caballos y armas a S.M. en Nueva España y Perú desde que llegó en el año 1540. Pasó desde Nueva España a Perú con el licenciado Ramírez en Guaura y luchó bajo la bandera real, con el licenciado Ramírez de Quiñones, vino de Guaura a la batalla del valle Xaqui Xaguana para combatir contra Gonzalo Pizarro. Después de desbaratar a Gonzalo Pizarro, se asentó en la ciudad de la Paz. Luchó junto al mariscal Alonso de Alvarado contra el rebelado Sebastián de Castilla. También cuando se alzó Francisco Hernández Girón, salió con el capitán y corregidor Sancho Duarte de la ciudad de la Paz junto con doce soldados y más de 12.000 indios para luchar contra el rebelado Girón, y los rebeldes le quemaron sus estancias en el Aguadero. Se halló en la compañía de caballos del capitán Pedro Hernández Paniagua en la batalla de Chuqui Ynga contra el dicho Francisco Hernández Girón. Después vino a la ciudad de los Reyes y acudió al estandarte real en la compañía del capitán y maese de campo don Pedro Puertocarrero y el dicho Francisco Mexia de Loaysa, luchó desde principio al fin en toda la rebelión de Francisco Hernández, como buen vasallo en vanguardia en la batalla de Pucazado. También se halló en el fuerte de de Desaguadozo de Titicaca, defendiendo dicho fuerte junto al capitán Francisco de Bolonia, para evitar que pasasen la gente de Francisco Hernández Girón que iban a destruir la villa de la Plata. Como caballero hijodalgo le correspondía un repartimiento de 6.000 pesos o más. Pedía ser recompensado por los muchos daños recibidos en su hacienda y estancia de ganado y sementera por los rebeldes por apoyar la causa real, ya que debido a todo esto se hallaba pobre y necesitado y hasta la fecha no había recibido ninguna gratificación ni recompensa.