Región

Artículo de Opinión

Tinto de verano

Antonio Salinas Hernández es Diputado Regional del PSOE en Castilla-La Mancha

Antonio Salinas Hernández

20/07/2010

(Última actualización: 20/07/2010 14:00)

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En otros tiempos, por estas épocas del año, cuando se procedía a las recolecciones de las cosechas agrícolas, agotando jornadas de sol a sol y semanas de quintería, los hombres y mujeres de nuestro medio rural se afanaban en la pronta recolección con los medios disponibles a fin de que las posibles inclemencias meteorológicas no afectaran en la merma del preciado fruto.

Eran duras las tareas de siega y recolección de cereales o leguminosas, con las espaldas dobladas al sol, portando en una mano la hoz y en la otra la zoqueta para recoger más mies, siguiendo la chamberga a lo largo de la vesana, separando las doradas mata de trigo o de cebada para formar los haces de mies y transportarlos a la era, donde de nuevo vuelta a empezar con el trabajo para formar la parva, que a vueltas con el trillo, como si fuera una noria, había que rematar para separar el bien preciado grano de la paja. Entonces llegaban las vueltas a la parva con la horca de madera, hasta formar la pez, en forma de lomo alargado para aventar con la pala y separar limpiamente el grano de la paja aprovechando el solano de las tardes de verano.

Jornadas de largos días, en las que te levantabas con estrellas y al acostarte te saludaba la luna. El sol del centro del día, en estos campos castellanos de La Mancha, se asomaba y repartía grados de calor, calor seco y elevado. Las tareas continuaban y los cuerpos se defendían proliferando el sudor, que a modo de marca de esfuerzo se quedaba mostrando un cerco que delimitaba la espalda de la camisa. Gran pérdida de líquido por el esfuerzo, pero también gran pérdida de sales con el sudor del cuerpo.

El hombre del campo, observador y sabio, sabe que debe de reponer los líquidos y sales perdidas porque de lo contrario se encontrarían “flojos y débiles”. El agua sola no era elemento suficiente para reponer las pérdidas, tendría que ser otro el líquido que se debiera “tener a mano” para reponer esta fuga de energía y minerales. ¿Cuál podría ser? Pues, sencillamente, el vino, que formaba parte de nuestra dieta alimenticia desde los tiempos más remotos; el alimento natural que en perfecto equilibrio contiene de forma moderada agua, azúcar, alcohol natural procedente de la fermentación del mosto fresco de la uva, sales naturales en disolución y vitaminas, además de una serie de sustancias volátiles que lo hacen agradable a nuestro consumo.

Pues bien, este producto natural, el vino, blanco o tinto, era el responsable del reequilibrio hídrico y de sales de los cuerpos trabajados en la faenas del campo bajo los rigores estivales. También aportaban energía en los duros días de invierno. Solo o con gaseosa, con agua o con limón, con pequeños trozos de frutas para envinar las mismas, con pequeños trozos de hielo o al frescor de la cueva, era el producto que te quitaba la sed, dotaba al cuerpo de armonía y le producía una cierta agradable euforia que facilitaba la relación. Era, sencillamente, la invención ya en el pasado del Tinto de verano.

Con más de 2.500 años de antigüedad en la Península Ibérica, el vino ha formado parte de las distintas culturas y dominaciones (incluso de aquellas que lo tenían prohibido) porque una vez que lo hubieron probado, solicitaron licencias y bulas para que les permitieran su consumo. El vino ha sido producto de consumo en todos los momentos, en todos los trabajos, en las celebraciones y en las fiestas, en los actos sociales, en la mesa, en los tapeos y, en definitiva, en todos los momentos el vino se mostraba como un gran elemento de compañía. Eso sí, tomado siempre con moderación, para que siempre el consumidor fuera el dueño de la situación y pudiera disfrutar de los buenos momentos.

El vino es un producto natural, procedente de la fermentación natural total o parcial del mosto fresco de la uva y como tal hay que hacer del mismo un consumo natural y moderado para disfrutar de él. Hay un vino para cada momento, blancos, rosados o tintos, afrutados o con crianza, de forma que cada cual lo puede tomar como más le guste. Por ello, estimo como un error que en ocasiones se desprecie el tinto de verano como una bebida menor. No es así, es la forma en que muchos disfrutan del consumo del vino refrescante y chispeante y que nuestros antepasados, desde los romanos, ya lo consumían así.

Por lo tanto, en una región como la nuestra, Castilla-La Mancha, primera región mundial productora de vino, de vinos de todo tipo, para tomarlos en cada ocasión como demostraron los antiguos segadores o los que ahoyaban para plantar las cepas, los amigos en cada celebración, en las fiestas y en la mesa, podemos expandir una cultura en sus distintas formas del consumo moderado del vino, donde el tinto de verano ha ocupado desde siempre un papel destacado.