Rosalía Conde, pionera educativa y cultural

Eduardo Egido (Director de la Casa de Cultura de Puertollano)

25/06/2010

(Última actualización: 25/06/2010 14:00)

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El pasado 18 de junio fallecía en Madrid Rosalía Conde Guerrero a la edad de 72 años. La circunstancia ha pasado desapercibida en Puertollano, excepto en el colegio San José donde su fallecimiento ha causado una auténtica consternación. Los méritos que contrajo esta destacada mujer en la labor desarrollada en nuestra ciudad entre 1972 y 1977 justifican sin duda que rescatemos su memoria como cálido homenaje de cuantas personas tuvimos la suerte de honrarnos con su trato, entre ellas el profesorado y alumnado del mencionado centro educativo y los usuarios de la Casa Municipal de Cultura, ya que fue la primera persona que ocupó su Dirección.

Esta mallorquina arribó a Puertollano en 1972 para hacerse cargo de la Dirección del colegio teresiano San José. También desempeñó las funciones de profesora de Lengua y Literatura. Su llegada al colegio supuso un revulsivo en la actualización de los métodos pedagógicos, aplicando las últimas tendencias de este campo y, lo que es más importante, un sentido marcadamente humanista a la labor educativa. En su actuación como directora y como profesora siempre situó por encima de cualquier otra consideración al ser humano, a la persona concreta objeto de la labor educativa. El profesorado que compartió con Rosalía aquella ilusionante etapa, alaba sin paliativos los rasgos de su personalidad: la vasta cultura que atesoraba, la creatividad que orientaba sus decisiones, el cariño que presidía su trato personal… alabando sus colaboradores, de manera particular, la íntima elegancia que traslucía su presencia de modo permanente, virtud que la acompañó hasta los últimos momentos de su vida, aceptando sin queja los terribles zarpazos de su penosa y larga enfermedad.

Recuerda el profesorado las sesiones de evaluación, que Rosalía encauzaba poniendo el énfasis en los aspectos formativos del alumnado como preparación para la vida y no únicamente como capacitación para el desempeño de una tarea profesional. Se atendía a todas las facetas del alumno, orientadas a su dimensión humana. También recuerdan que ella organizó los primeros viajes de estudio del colegio, organización que incluía el acercamiento previo y pormenorizado a las ciudades a visitar y a sus lugares más emblemáticos. De este modo, luego el alumnado aprovechaba mejor las visitas y valoraba con más elementos de juicio la excelencia de los monumentos. En el viaje de regreso, en el propio autocar, se efectuaba entre todos los participantes una puesta en común de las experiencias vividas. Aquellos viajes respondían fielmente al calificativo “de estudio”.

En el curso 1977-78 fue trasladada a su tierra natal, Palma de Mallorca, y comentaba que para ejercer su labor docente estaba aprendiendo el mallorquín, algo que valoraba positivamente porque suponía profundizar en la cultura autóctona de su tierra. Cuando se jubiló regresó a Madrid, ocupándose en la organización de las bibliotecas de algunos colegios teresianos.

Experiencia tenía para ello. Desde abril de 1974 dirigió el equipo que puso en marcha la Biblioteca Municipal y la Casa de Cultura de Puertollano, Dirección que ocupó hasta 1977, cuando regresó a Mallorca. A este equipo también se incorporó don David Jiménez Avendaño, insigne bibliotecario de la anterior Biblioteca Municipal ubicada en los bajos de la Concha de la Música. Como todo el mundo sabe, hoy existe un colegio de Primaria en la ciudad que lleva su nombre. Terminados los trabajos de catalogación y ordenación de libros, el 5 de agosto de 1974 abrió sus puertas al público la Casa Municipal de Cultura. El total de libros registrados en esa fecha ascendía a 3.552 volúmenes.

Rosalía Conde desarrolló durante el trienio que dirigió la Casa Municipal de Cultura, cuya apertura supuso un hito en la historia cultural de Puertollano, un trabajo digno de encomio. Para corroborar esta afirmación, basta recordar algunas de las personalidades que ejercieron su magisterio en el Centro a lo largo de este período. El 26 de noviembre de 1974 el salón de actos completó su aforo, con la asistencia del entonces alcalde, don Millán Aguilar Mazarro, miembros de la Corporación Municipal y representantes del mundo educativo y profesional, para escuchar la conferencia titulada “Mis invenciones” del novelista Álvaro Cunqueiro, que suponía la inauguración de la Casa Municipal de Cultura. Al afamado narrador gallego seguirán otros ilustres conferenciantes de similar valía. Así, los escritores Vintila Horia, Francisco García Pavón, Mercedes Salisachs, Gloria Fuertes, Torrente Ballester, Jesús Torbado, etc. El popular ornitólogo Saturnino Gallego, conocido como “El hombre de los pájaros” y que se hizo famoso en un concurso de televisión. El prestigioso economista Manuel Funes Robert. Los periodistas Tico Medina y Maruja Callaved. El crítico taurino Rafael Campos de España… En el campo musical, hay que destacar los conciertos de los guitarristas Regino Sáinz de la Maza y Segundo Pastor, y los recitales de la cantante Ana María Drach y del grupo Nuevo Mester de Juglaría. En las salas de exposición colgó su obra el reputado pintor Vela Siller. Valga como muestra de su acertada labor la nómina de personajes citados, que no agota, por supuesto, la intensa actividad durante el trienio 1974-77 del principal recinto cultural de la ciudad en la época. Su sólida formación cultural, su dedicación al cometido de Dirección del Centro y su pulso firme para elaborar la programación, consiguieron que la vida cultural de la ciudad se enriqueciera notablemente.

De Rosalía Conde guardo tres recuerdos. Por entonces yo visitaba ocasionalmente la Biblioteca Municipal para sacar novelas. Cierto día me salió al paso para decirme que había notado mi afición por la lectura y algunas otras consideraciones que hicieron que me sintiera especialmente reconocido y gratificado. Hace unos años un colectivo local le concedió una distinción en reconocimiento al hecho de haber sido la persona que dirigió por vez primera la Casa de Cultura; me pidieron que, como director a la sazón del Centro, le entregara esa distinción. En los minutos que compartimos en esa jornada puso de manifiesto que se trataba de una mujer excepcional, con una marcada personalidad. La última vez que coincidimos, ella realizaba una visita a hurtadillas a la Casa Municipal de Cultura. La descubrí casualmente en el vestíbulo y al preguntarle por qué no se había dirigido al despacho para saludarnos respondió que “no quería molestar”. Me dijo que en las vitrinas donde se exponen las publicaciones de los autores locales había observado una novela de mi autoría y que se había hecho con un ejemplar. Unos días después recibí una tarjeta suya en la que con letra esmerada desgranaba los comentarios sobre la novela más amables, reconfortantes y motivadores que me han dedicado jamás. Una vez más daba muestras inequívocas de su cortesía.

Con estas líneas, que sólo consiguen trazar un pálido reflejo de tu persona, recibe el recuerdo y agradecimiento de cuantos hemos tenido la suerte de enriquecernos con tu trato y de esta ciudad a cuya historia has aportado tu valioso granito de arena. Descansa en paz, Rosalía.