Puertollano

Hoy a partir de las 20 horas

Casimiro Sánchez Calderón firmará ejemplares de "Pétalos de espino" en la Feria del libro de Puertollano

J. Carlos Sanz

24/06/2010

(Última actualización: 24/06/2010 14:00)

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Turno para Casimiro Sánchez Calderón en la Feria del Libro de Puertollano. A partir de las 20 horas de hoy, firmará ejemplares de su última novela “Pétalos de espino”, publicada en Intuición Grupo Editorial. Desde su publicación a finales de marzo, “Pétalos de espino” está gozando de una gran acogida en la localidad y se prevé que esta tarde un número destacable de lectores se acerca al stand de firmas de libros.

En cuanto a la trama argumental de la novela , Sánchez Calderón explica que es la historia autocrítica de quien creyó, a finales del siglo XX, que cualquier desarrollo que lograra la creación de puestos de trabajo estaba justificado y que bastaba una política de realizaciones medioambientales paralela para compensarlo.

Ambientada en un arco histórico que abarca desde los años 50 del pasado siglo hasta los comienzos de la democracia, "Pétalos de espino" viene a ser una radiografía donde se refleja que sólo los avances que se consiguen con las fuerzas propias son duraderos. Una novela que retrata la infancia de varios personajes en la localidad de Almadenejos, forjados en ideas de libertad y lucha, y que se dan de bruces con una realidad social distinta que se encuentran al tener que emigrar a Madrid. En la gran urbe se enfrentan a la dureza del trabajo, a soportar condiciones de explotación. Un ambiente de opresión que contribuye a que los protagonistas se vayan involucrando ideológicamente a medida que el régimen franquista entra en fase de declive con el posterior advenimiento de la Transición y la etapa democrática.

Cada personaje, durante este período, vendría a ser un alter-ego de aquellos testigos excepcionales que hubo en los albores de la democracia. Tras la instauración democrática, los protagonistas deciden retornar a Almadenejos donde llevarán a cabo una experiencia de autogestión, antítesis de un proyecto que ya se está ejecutando desde las instituciones en dicho municipio y a todas luces insostenible.

Como el propio Casimiro Sánchez reflexiona, "Pétalos de espino" es también un recordatorio a los actuales gobernantes y a los sabios que les asesoran para que no busquen alternativas en sectores extraños y artificiales, y vuelvan la vista a la madre tierra comenzando desde el principio un nuevo ciclo.

A continuación, reproducimos íntegramente el discurso de Luis García Pérez, escritor local, y que fue el encargado de presentar oficialmente “Pétalos de espino” el pasado mes de abril en la Casa de Cultura de Puertollano:

Nos encontramos ante la tercera entrega de Casimiro Sánchez en el breve tiempo de apenas dos años lo que nos lleva a pensar que tanto Azogados, como El pozo de la conciencia formaban desde su concepción una verdadera trilogía junto con Pétalos de Espino, la novela que hoy nos ocupa. No hace falta ser un experto para darnos cuenta enseguida de que están escritas por la misma pluma y que son hijas del mismo pensamiento, aunque sean muy distintas en su temática e incluso en su estilo.

Podemos señalar una serie de características comunes a las tres novelas, que sin restar para nada méritos a lo novelesco, si nos permiten adscribirlas a un tipo de realismo social en muchos casos utópico, pero no imposible. La primera característica de esta trilogía es el Didactismo, ese afán por tratar lo novelable como algo que nos puede enseñar y descubrir aspectos de la vida social que pueden ser mejorados con nuestro esfuerzo y nuestra voluntad, porque en esta vida nada nos viene dado como un regalo gratuito en forma de subvención, sino como fruto de nuestro trabajo e interés personal. Este didactismo se aprecia en primer lugar en el campo de la enseñanza, mejor dicho de la educación, consecuencia inmediata de la experiencia de Casimiro en este campo. Por eso cuando uno de los personajes dice que los maestros se tienen que limitar a enseñar matemáticas o geografía, enseguida encuentra la respuesta de un educador que responde que la escuela debe ser también educadora en valores por delegación de la propia familia. También se opone a esa ruptura de la formación al cumplir los doce años los alumnos y llevarlos a los institutos, donde el número de profesores casi se estorban para pasar y salir de las aulas.

Otra de las consecuencias de este Didactismo es la propuesta de Autosuficiencia, de recoger lo tradicional y con los avances de la técnica llevarlo al terreno de lo práctico en la explotación agrícola y ganadera. El cooperativismo o colectivismo como el camino ideal para el progreso y la subsistencia, cuya ausencia ha llevado a la muerte de muchos pueblos, mientras que otros languidecen en el olvido y el ostracismo.

Consecuencia de este Didactismo es también el relativismo o eclecticismo, por el que no todo de lo antiguo es malo ni lo moderno es lo mejor. El ideal consiste en armonizar ambas cosas y poner el progreso a disposición de los valores tradicionales. Este pragmatismo no sería ninguna utopía si cada uno pusiéramos de nuestra parte lo mejor de nosotros mismos para conseguir una Colectividad como la de Gargantiel frente al "Reino artificial" creado de forma paralela con la ostentación y el dinero de los explotadores a base de casinos, bancos, edificios gigantes, clubs de alterne, cacerías donde se manipulan los hilos de la política y el poder mediante el soborno y el chantaje, dos mundos irreconciliables que se dan en la novela, representados respectivamente por los colectivistas de Almadenejos y el "Reino" creado por Fúcar, que de un muchacho de pueblo sano llega a convertirse en el magnate poderoso a través de la burbuja inmobiliaria del ladrillo.

De esta oposición y tensión se pueden deducir unas consecuencias extrapolables al mundo rural de Almadén, comarca que hoy languidece en ese olvido de pobreza.

Otra de las características de la trilogía de Casimiro es la defensa del medio ambiente, de la naturaleza pura e incontaminada frente a la maquinaria de amasar capital de la gran urbe. No se trata del clásico menosprecio de Corte y alabanza de aldea, sino de una reflexión certera y actual, en el sentido de que la materia prima sale del mundo rural, al que de ningún modo puede dejarse de prestar la máxima atención. Además, nada de semillas trasgénicas o sobreexplotación, sino el cultivo racional de la tierra para que los colectivistas puedan vivir con el decoro que se merecen. La variada ganadería, la agricultura y transformación industrial de sus productos, el bosque, la huerta y sus frutales, los pastizales de hierba natural están muy por encima de los piensos compuestos, herbicidas y pesticidas, lo que viene a ser una mirada de retorno a la naturaleza prístina y sagrada. Del mismo modo, el autor propugna la restauración de las viejas escuelas de los pueblos que ahora languidecen entre ortigas, magarzas y escombros.

Entrando ya más directamente en la propia novela, tenemos que decir que ya el título es bastante connotativo, mediante la antítesis "pétalos de espino", lo bello y lo escabroso frente a frente. Las cuatro partes en que el autor divide esta novela están perfectamente estructurados de forma muy coherente y acertada. En la primera La herencia del forzado se deja entrever el pasado, el ayer de una vida soterrada y enterrada, cuyos vestigios humanos intentan rescatar la pandilla de muchachos en la bocamina. Alonso de Ortigosa, Angelín, El Gato, Fúcar, Serna, etc tratan de rescatar la persona del poeta Ortigosa antepasado del ciego Alonso que es uno de los personajes, junto a la maestra Reme, Antonio, Ale, Trini y Jacinta con sus hijos y parejas el coro de personajes protagonistas de esta novela. La pandilla de chicos revoltosos exploran también la fábrica de harinas y en sus alucinaciones llegar a ver a los forzados, desnudos, sudorosos y extenuados, aunque en realidad sólo encuentran una cajita con un poema de Ortigosa que ni siquiera aciertan a descifrar.

En la segunda parte -El éxodo- se narra el periodo de lucha hasta la recuperación de las libertades en la capital de España, con las pancartas reivindicativas, la lucha sindical de Antonio en defensa de los derechos de los trabajadores de las fábricas y el kiosco del ciego Alonso que es el lugar de conversación y encuentro de los asambleístas. El matrimonio de Reme con Enrique Dávila, hijo del dueño de la fábrica, se ve desde el principio que está condenado al fracaso, hasta el punto de convertirse él en un auténtico y peligroso maltratador. Por su parte, Fúcar ha evolucionado tanto que se va a convertir en antagonista del mundo de la lucha social, podrido por la ambición y el dinero.

La tercera parta -El regreso- constituye el núcleo central de la novela, que nos narra el abandono de la ciudad y la vuelta al pueblo para poner en práctica el progreso, mediante la explotación racional de Gargantiel que constituye un ejemplo de lo que debe ser el futuro de un pueblo, un recinto amurallado al que trata de sofocar y anular el "Reino" paralelo creado por Fúcar que llega incluso a secuestrar al ciego Alonso, porque le molesta su emisora.

Finalmente, la última parte, Sálvese quien pueda, es la más breve, pero nos cuenta de una manera secuencial lo que sucede con la llegada de la crisis de finales de 2008 y la caída del Imperio de Fúcar que aspiraba nada más y nada menos que a presidir un "Reino independiente". Los colectivistas han de acudir a su rescate, pero el final, muy novelesco por cierto, no se lo quiero descubrir, tendrán que leerlo ustedes, puesto que nos hemos limitado a trazar un esbozo de la novela sin contar todo el argumento, porque sólo introduciéndose en sus páginas podemos descubrir todo el caudal de su riqueza.

No quisiera terminar sin añadir algunos rasgos de humor novedosos que no aparecían en las dos novelas anteriores. Esas gotas de humor tan necesarias en toda novela, además de quitarle dramatismo despiertan el interés del lector. Me refiero al costumbrismo del carnaval cuando la pandilla de Almadenejos se van a Almadén disfrazados de "negritos" o el momento en que por primera vez el ciego Alonso trastea el saxo o al momento en que nos dice el autor que para hacer el amor hay que tener un libro en cada mano.