Artículo de opinión del consejero de Agricultura y Medio Ambiente con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio

José Luis Martínez Guijarro

04/06/2010

(Última actualización: 04/06/2010 12:00)

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Como cada 5 de junio desde el año 1973, en virtud de la decisión de la Asamblea General de Naciones Unidas, hoy celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, en esta ocasión, bajo el lema: “La biodiversidad es vida. La biodiversidad es nuestra vida”.

Durante estos últimos 37 años, las distintas administraciones y entidades comprometidas con la defensa del medio ambiente hemos llevado a cabo múltiples esfuerzos encaminados a modificar las relaciones nocivas que el ser humano había desarrollado con su ecosistema. Se despertaba, así, una conciencia crítica que señalaba uno de los conceptos primigenios y fundamentales para la conservación del medio ambiente: el planeta no nos pertenece, hemos de legarlo a las generaciones futuras en las mejores condiciones posibles y, más aún, tenemos que ser conscientes de la necesidad de conservar su biodiversidad en aras de asegurar la calidad de vida de todos los seres vivos, incluida, además, la de los seres humanos.

Se trataba de un punto de partida que, este año, bajo este lema, recuperamos: el ser humano ha contribuido al deterioro de parte de los hábitats de otros seres vivos y se ve apremiado, de nuevo, a modificar los comportamientos y el modo de relacionarse con su medio ambiente. Edward Wilson, unos de los primeros en acuñar el término “biodiversidad”, nos ha dado algunas cifras al respecto: anualmente desaparecen veintisiete mil especies, o lo que es lo mismo, setenta y dos diarias, o tres cada hora.

A pesar de que la acción del hombre no está relacionada con el total de estas pérdidas, dado que las extinciones constituyen un hecho habitual en la historia de nuestro planeta, ha contribuido, en buena medida, a que las condiciones de conservación de muchas de ellas no sean las más adecuadas: deforestaciones masivas, urbanismo incontrolado, contaminación ambiental, en definitiva, prácticas insostenibles e incompatibles con la supervivencia de muchas especies.

En el pasado, diversas causas geológicas y climáticas modificaron las condiciones de vida del planeta permitiendo el desarrollo de nuevas especies y provocando la desaparición de otras pero, en todo caso, permitiendo que la selección natural interviniese. Sin embargo, nos encontramos con la certeza de que el ser humano es ahora responsable directo de muchas de estas extinciones.

El riesgo radica, entonces, en la posibilidad de asistir a una extinción masiva, la denominada “sexta extinción” equiparable a la que hizo desaparecer los dinosaurios, que podría poner en peligro un equilibrio que acabaría afectando a nuestra propia especie. A día de hoy, el ritmo de desaparición de especies es 50 veces mayor al natural. Ha llegado, pues, el momento de plantearnos cómo interrumpir esta pérdida de diversidad por el bien de las generaciones venideras.

El Gobierno de Castilla-La Mancha apuesta por la educación ambiental como herramienta de conocimiento de nuestros ecosistemas y, en definitiva, de modificación de conductas. En términos absolutos, no exageraría al afirmar que nos va en ello la existencia, que es necesario y prioritario avanzar en la senda de la sostenibilidad.

Consideramos que la educación ambiental es el medio que permitirá a la sociedad tomar conciencia de los problemas ambientales, comprender el funcionamiento de los ecosistemas y que capacitará a los ciudadanos para aportar soluciones a los problemas que se planteen desarrollando actitudes y comportamientos adecuados al mantenimiento y mejora del medio ambiente. Contamos para este propósito con profesionales dotados de material específico y de una amplia Red de Equipamientos Ambientales, entre los que se encuentran los Centros de Interpretación de la Naturaleza repartidos en los enclaves naturales más significativos de nuestra geografía.

Tomar conciencia, modificar conductas pero, también, prevenir acontecimientos y, en última instancia, reparar daños, es la hoja de ruta que guía nuestra política de conservación de la biodiversidad. Por ello, suscribimos convenios con las compañías eléctricas para corregir tendidos eléctricos y evitar riesgo de electrocución de las aves; ponemos en marcha cada año una ambiciosa campaña de lucha contra los incendios forestales que minorice el daño a los ecosistemas; mantenemos los programas de protección y recuperación de flora y fauna amenazada derivados de los diferentes Planes de Conservación, incluidas acciones de reintroducción de ejemplares de fauna en el medio natural tras un período de cura y rehabilitación en nuestra Red de Centros de Recuperación de Fauna Amenazada.

También nos encontramos ya desarrollando nuestro II Plan de Residuos Sólidos Urbanos que mantiene el patrimonio natural libre de residuos; llevamos a cabo campañas de reciclado, calidad ambiental y prevención de riesgos ambientales; actuamos como garantes del comportamiento respetuoso con el medio ambiente de las industrias de nuestra geografía; o realizamos estudios de evaluación ambiental, entre otras muchas actuaciones que velen por la buena salud de nuestros ecosistemas.

Trabajamos por y para nuestro medio ambiente, apostando por el progreso desde la óptica de la sostenibilidad y lo hacemos, en definitiva, para asegurar la calidad de vida de cada uno de los ciudadanos.

En esta fecha tan significativa, no puedo sino solicitar la máxima complicidad de cada uno de ellos, de cada uno de nosotros, un futuro equilibrado depende de ello.