El Voto: Una tradición singular llena de historia

En los últimos años, la celebración de la tradición más antigua de la ciudad parece más animada y ofrece programas en los que se incluyen más opciones de información de la fiesta y de su desarrollo. Es un camino que hay que continuar para que las nuevas generaciones asuman el contenido de la tradición que hace más de seis siglos realizó la población de Puertollano si lo salvaba de aquella peste maldita que diezmó la población.

Luis Fernando Ramírez Madrid (Historiador)

20/05/2010

(Última actualización: 20/05/2010 14:00)

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El Santo Voto es la tradición más antigua que tiene Puertollano y sus habitantes la celebran por ser una fiesta que cuenta con mucho arraigo entre el vecindario y a la que asisten jóvenes y adultos de todas las ideas políticas y condiciones sociales. Respetando la costumbre se ofrece una comida a todos los ciudadanos de la localidad, precedida en la víspera por el paseíllo de la vaca, la bendición de los panecillos, el canto de los “mayos” y el encendido de las calderas donde se cocerá la comida del Voto. La festividad del Santo Voto y la peculiar forma en que se mantiene viva dicha tradición otorgan una serie de señas de identidad que diferencian nuestra comunidad cultural de otras, enriqueciendo con ello el patrimonio espiritual de nuestra ciudad. La promesa realizada por las familias que quedaron con vida tras el paso de la peste negra por Puertollano consistía en ofrecer anualmente una comida a todos los pobres y necesitados que residían tanto en el lugar, como en los pueblos de la comarca y a quienes devotamente la demandaran.

Anunciando la fiesta

Con el aumento de habitantes y con la expansión de la villa, la Corporación Municipal nombró un responsable que se hacía cargo de la coordinación de todos los trabajos que conllevaba el Santo Voto, dando cuenta al concejo tanto de las acciones llevadas a cabo como de justificar los gastos que dichos actos generaban por estar encargado él y toda la gestión de dicha fiesta. Elegida la Comisión del Santo Voto se planificaban las tareas que había que desarrollar y se daba cuenta al Pleno del Ayuntamiento. Con el consentimiento municipal la primera función que se acometía era elaborar un manifiesto y se mandaba la vaca a que diera paseos con el fin de que se conociera la noticia y que aumentara la cantidad de dinero con la que subvencionaba el Ayuntamiento de Puertollano a la fiesta del Santo Voto.

Recaudando ingresos

La principal labor que tenía la Comisión Organizadora del Voto era recaudar dinero con el que poder hacer frente, al menos en una gran parte, a los gastos que ocasionaba la celebración. Para ello se recurría a la formación de mesas petitorias, la recogida de donativos y a la venta de los restos de las reses vacunas sacrificadas. Formadas por las fuerzas vivas de la localidad (Alcalde, Concejales, sacerdotes, industriales, comerciantes y otras personalidades de la ciudad), se instalaban en los colegios electorales y durante unas horas permanecían recogiendo el dinero depositado por los ciudadanos que hasta allí se habían acercado para dejar sus colectas. También se recogían donativos en especie, la mayor parte de éllos comestibles, los cuales si procedían se añadían a la comida del Santo Voto y si en cambio era un comestible que no se utilizaba para el guiso se donaba o bien a la Iglesia o bien al Comedor de Caridad cuando este existía. Otra fuente de ingresos para el Santo Voto era el dinero que se recaudaba por medio del "paseillo" de la vaca realizado por las calles y plazas de Puertollano.

Adquisición de carne

Otro quehacer era conseguir la carne necesaria para proporcionar comida a todo el vecindario. Y este punto era crucial para el desarrollo de la tradición porque había que compaginar dinero y cantidad de carne, lo cual no siempre resultó fácil. Generalmente para la adquisición de las vacas necesarias para hacer la comida se recurría a un concurso entre ganaderos, aceptando al que ofrecía mejores condiciones económicas. También participaban ganaderos de otros pueblos en el concurso, aunque la mayoría de las ocasiones se optaba por la oferta más "conveniente" de un ganadero de la localidad. Otras veces, en cambio, lo que se hacía era adquirir una res a cada uno de los ganaderos locales, idéntico procedimiento realizado con las panaderías para la adquisición de bollos de pan. Hay que hacer constar, que la celebración del Santo Voto propició en muchas ocasiones la realización de operaciones muy ventajosas económicamente para algunos de los integrantes de las comisiones peticionarias. A ellos se les compraban las reses que había que ofrendar, suponiendo esta adquisición en ocasiones que un Alcalde, propietario de las reses, recibiera un elevado porcentaje del presupuesto total de gastos de dicha fiesta.

La comida prometida

Una vez que todos los preparativos estaban listos se procedía a preparar la comida del Santo Voto, que es la esencia de la promesa que aquel pueblo atribulado y afligido por el dolor de haber asistido a una epidemia que dejó muy pocos habitantes vivos. Se había prometido dar de comer a todos los pobres de la localidad y pueblos adyacentes, y a cuantos devotos la demandasen. El componente principal de la comida que se ofrecía el Santo Voto, junto con otros ingredientes, era la carne de vaca que previamente había sido sacrificada.

La comida de carne ha tenido muchas variaciones a lo largo de la historia, debido a la presión demográfica y a las limitaciones presupuestarias, que obligaron a mezclar la carne con diferentes productos (garbanzos, arroz y, sobre todo, patatas) con el fin de atender al mayor número de habitantes. También se decidió añadir otros tipos de carne (bueyes, toros, novillos, etc.) para el guiso. Así pues, una de las modificaciones que ha padecido la fiesta del Santo Voto con el paso del tiempo ha sido en el tipo de comida, aunque se ha continuado manteniendo la base de la misma que es la carne de vaca. De la comida se encarga el personal que designa el Ayuntamiento y se realiza la víspera de la fiesta para tenerla preparada a mediodía del Voto. Antes de dar comienzo el reparto entre los vecinos, las autoridades municipales junto al clero son los primeros en probar el guiso que, con mucho sacrificio, han realizado hombres y mujeres que no son bien remunerados. El Santo Voto ha sido una tradición eminentemente popular que organizaba y preparaba el pueblo para su disfrute. Pero esto no siempre fue así porque justo en el momento en que se ven acentuadas las diferencias entre clases, se produce un distanciamiento entre los elegidos y el pueblo que salpica esta tradicional costumbre al introducir las denominadas raciones de preferencia en la comida del Voto. Con ello aquellos alcaldes y ediles demostraron la aversión que sentían por lo popular.

La comida ha sufrido múltiples variaciones con el discurrir del tiempo, obedeciendo algunas de ellas a la adquisición de nuevas necesidades y costumbres; a la diferencia cuantitativa de pobres y el concepto que de éllos se ha ido teniendo y a la estancia o no en el lugar durante la comida; a los repartos de la misma en despachos y casa a casa; a la desvinculación progresiva de esta tradición con los pueblos de alrededor; y un largo etcétera. Otro de los aspectos estrechamente relacionados con la comida y que han sufrido variación es el de las ollas y cazuelas donde se cocía la comida del Santo Voto. Las ollas pequeñas de barro, muchas de las cuales las fabricaban los artesanos de la localidad, cedieron con el paso del tiempo su lugar a las metálicas y de mayor cabida que se utilizan en la actualidad. Todavía existe quienes sostienen que la comida de entonces sabía mejor que la de ahora porque el barro y la menor cantidad de comida lo hacían posible.

El mayo a la Virgen

Otro de los aspectos de la celebración de la tradición más secular de Puertollano es el Mayo a la Virgen de Gracia, una canción dedicada a la Patrona de Puertollano y que era interpretada por varias rondallas en la víspera del Voto utilizando guitarras, bandurrias, flautas y requintos, aunque en bastantes ocasiones se servían del almirez y las botellas, instrumentos de doble uso y con evidente arraigo en el pueblo. El Mayo a la Virgen de Gracia es una plegaria popular que recoge el sentir de todo un pueblo que, espontáneamente, generación tras generación, continuó cantando con fe el himno que refleja el amparo y la protección de Nuestra Señora con el pueblo de Puertollano.