Opinión

Partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Copa del Rey

Una noche azul en Villarreal

Luis Pizarro, concejal del ayuntamiento de Puertollano e historiador, es el autor de la Historia del Fútbol en Puertollano

Luis F. Pizarro

12/11/2009

(Última actualización: 12/11/2009 13:00)

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Ya ha pasado todo. Quería que las sensaciones se posaran; no quería escribir dominado sólo por la emoción. Pues bien, con toda serenidad, quiero que este escrito sirva de reconocimiento a aquellos que en Villarreal nos han hecho sentirnos tan orgullosos de nuestro pueblo y de nuestro equipo, sencillamente porque me parece de justicia que se sepa lo que les agradecemos su pelea, su honradez y su trabajo.

Es bien sabido que Puertollano es una ciudad luchadora, que no cede fácilmente, ni la atenazan las dificultades por grandes que sean. Hemos forjado nuestra idiosincrasia en la adversidad de un trabajo muy duro y extenuante, además de en la amalgama de todas las gentes que llegaron desde fuera y, absorbidas por una ciudad acogedora, enriquecieron nuestra sangre.

Pues bien, el pasado 10 de noviembre de 2009 vimos en el estadio de El Madrigal a un grupo de jugadores vestidos de azul que parecía que llevaban toda su vida en Puertollano por lo bien que nos han comprendido. Tal era la generosidad que derrocharon que todos los que estábamos allí para apoyarlos sentíamos que lo que estaban haciendo era apoyarnos ellos a nosotros. Habíamos ido hasta Villarreal para que no se sintieran solos y nos devolvieron con creces el acompañamiento. Cada vez que nos mirábamos los de azul se veían unas caras de satisfacción que no se olvidarán fácilmente.

Acabó el partido y había perdido el Puertollano… ¿Perdido? Nadie lo diría viendo que los aficionados locales desfilaban cabizbajos y musitando entre dientes, mientras que cualquier azul que te cruzabas iba con la sonrisa de oreja a oreja. Cualquiera lo diría viendo cómo lo que se oía bien fuerte era “¡Puerto, Puerto, Puerto!”. Eran las sonrisas del que lleva la cabeza bien alta; eran los gritos del orgullo, era la emoción de muchos que viajaron a Villarreal desde otras ciudades en las que viven, sólo para ver al equipo de su pueblo, que les permitió presumir de su origen. Y eso no se paga con nada.

Algunos hablarán de lo poco que vale eso. Claro, no son dineros, ni puestos de trabajo. Es verdad. Pero cuando uno viaja por ahí y se encuentra con la gente que le cuenta lo alegre que está por haber podido vivir un día como el que el Puertollano les hizo vivir, pues comprende que hay algo que el fútbol despierta, y que algún valor tendrá un deporte capaz de emocionar y hacer que muchas personas sientan el orgullo de ser de un lugar.

Así es como nos hicieron sentirnos los jugadores de la Unión Deportiva Puertollano, dirigidos desde el banquillo por un señor que “sólo” se llama Benigno Sánchez, que le dio un repaso táctico en toda regla a otro señor afamado llamado Ernesto Valverde. ¡Había que ver en la banda a Valverde nerviosito, sin saber cómo desatascar aquello, y a nuestro Benigno, con su gabardina y sus gafas, haciendo gestos para colocar a sus hombres de forma que los amarillos no sabían salir de aquel galimatías! Mire usted, señor Sánchez, no le conozco personalmente todavía, pero quiero decirle que en los dos meses que lleva en Puertollano ya nos ha comprendido perfectamente porque usted trabaja y se implica, usted vive lo que hace y siente al equipo que le paga. Cuando en la rueda de prensa le oí decir que nuestro equipo es pequeño en nombre pero grande en historia, me puso el vello de punta. Usted tendrá suerte al final o no, y con la crueldad del fútbol también le llegarán momentos torcidos, pero, en cualquier caso, por mi parte le digo que es uno de los nuestros; que la lección que dio el otro día dirigiendo a un equipo pequeño frente a un grande no se olvidará en Puertollano y quedará en la historia para siempre.

Y a través de usted quiero reconocerle su trabajo (creo que ya va siendo hora que lo hagamos) a Jesús Jiménez. Sabemos que ha pasado malos momentos y que hubo algunas cuestiones que comprendimos poco, pero él calló y aguantó el chaparrón con dignidad. Llegados a este punto, pienso que su trabajo le ha rendido buenos réditos al club y ha traído jugadores de calidad, demostrando solvencia en su profesión. Sinceramente, para mí, él también tiene su parte importante en lo que sucedió el pasado martes en Villarreal.

Y quedan los actores principales. Algunos son más conocidos por mí y los considero casi amigos. Me da igual. Para eso están los amigos, en todo caso, para hablar bien de sus amigos, y más cuando se lo merecen. ¿Ustedes vieron a un porterazo llamado Noé Calleja parando todo lo que llegaba por allí? ¿Vieron a Ormazábal, Pelegrina, Martín Vaquero y Pomar comiéndose a los famosos delanteros amarillos? ¿Vieron a Hernández resoplarle en el cuello y no dejar tocar balón a Joseba Llorente, que los marca a pares en Primera División? ¿Vieron a Raúl Medina, majestuoso, dominar el horizonte para tapar el peligro y desdoblarse luego? ¿Vieron a Casabella y a Encinas lograr que descompusieran la figura los elegantes centrocampistas locales? ¿Vieron a Álvaro Valdés caracoleando y complicando la vida a un tal Capdevila, internacional y campeón de Europa? ¿Vieron a Addison volviendo locos a los defensores rivales? ¿Vieron a Honorio, Acorán y Rafa Belda achuchando hasta encerrar al orgulloso Submarino en su área en el último cuarto de hora? ¡Qué gozada! No estamos exagerando. Cualquiera lo pudo ver por televisión.

Gracias a todos porque hicisteis más grande al Puertollano y se habló de nuestra ciudad con el respeto que provocó vuestra actitud honrada y vuestro trabajo de calidad. Lograréis lo que todos queremos o no, pero lo que nadie os quitará es que ya recordaremos siempre la gesta que hicisteis en Villarreal. Aunque no tuviera el premio de la victoria, tendrá el homenaje que sale del sentimiento y del corazón azul, que siempre se asienta en la dignidad que vosotros tuvisteis.