Provincia

Los churriagos estarán de fiesta este fin de semana

Villamayor de Calatrava organiza para este domingo su tradicional "cencerrá" previa al popular "candelicio"

Los chavales harán sonar por las calles de la población cencerros, cencerras o campanillas atados a la cintura.

La Comarca

30/01/2009

(Última actualización: 31/01/2009 13:00)

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Los vecinos de Villamayor de Calatrava compartirán este domingo, 1 de febrero, una de las fiestas de mayor arraigo en el municipio churriago y cuyo Ayuntamiento incentiva para mantener la llamada tradición de la ‘Cencerrá’ y el Candelicio que cada año tiene lugar en estas fechas y al cual la alcaldesa, Emilia Gijón, invita a las personas de otras poblaciones para conocer tan exclusivo ritual.

Y es que como en otros enclaves de esta zona de la provincia, la celebración del día de La Candelaria, el 2 de febrero, motiva el desarrollo de los actos en Villamayor de Calatrava, con la particularidad de que aquí se desarrolla la ‘Cencerrá’, en la que la chavalería adquiere un protagonismo mayúsculo al hacer sonar por las calles de la población cencerros, cencerras o campanillas atados a la cintura.

Así lo dicta la tradición, que también establecía este rito para la víspera de La Candelaria. Actualmente se celebra en la misma jornada, de ahí que tan etnográfico momento se viva este domingo a partir de las 18,00 horas, convocando el Ayuntamiento a todos los pequeños de la localidad para el desfile anteriormente descrito.

Antaño, como documentó en un artículo el investigador Justo Callejas Rodríguez, cuando los niños tañedores llegaban a una esquina era frecuente establecer un diálogo entre el ‘jefe’ y sus acompañantes en los siguientes términos: “¿Quién se casa? / ¡La Candelaria! / ¿Con quién? / ¡Con San Blas! / ¿Qué le van a regalar? / ¡Una bacinilla para mear!” y se retomaba de nuevo el ritmo tras gritar entre todos “¡Qué siga la cencerrá!”.

Todo ello transcurría por en horas matutinas, lo que obligaba a los pequeños a hacer ‘novillos’ y por la tarde era momento de recoger leña para, caída la luz del sol, encender en no pocos rincones de la población lo que aquí se denominan candelicios por parte de los vecinos en distintos barrios y, por supuesto, ante la Iglesia parroquial. Este domingo, concluido el pasacalle de la ‘Cencerrá’, se desarrollará una de estas hogueras hacia las 19,00 horas, momento en que los presentes comerán habas y pitos, beberán un vasito de refresco o limoná y de postre tomarán un chocolate calentito con algún dulce.

Los numerosos candelicios que antes se “echaba” tenían por motivo realizar una ofrenda a la Virgen del Rosario como promesa religiosa. Para que todo ello se cumpliera, según Callejas Rodríguez, era habitual el esfuerzo de toda la familia, entre el aporte de leña, la confección de aperitivos como los citados e incluso dulces de sartén como rosquillos, bartulillos y flores. “Llegada la hora de iniciar el cumplimiento de la promesa, el padre o su representante abría de par en par las puertas de su domicilio (señal inequívoca de que con ello, esa noche se ofrecía su hospitalidad y el buen deseo de poder invitar a todas las personas que visitaran su casa) y a continuación se dirigía lentamente, en silencio y con devoción –quizá para dar gracias a la Virgen de haber atendido sus peticiones– al lugar donde estaba situada la hoguera o candelicio para prender el fuego. Con ello la fiesta acababa de comenzar”, apunta Callejas.

Y refiere este investigador respecto de la celebración del día de la Candelaria o de la Purificiación en Villamayor de Calatrava que la liturgia “consistía, primeramente, en presentar a la Virgen colocada en sus andas cerca de las gradas del Evangelio, ya con el Niño en sus brazos, vestido con rajillos o traje de bautizo. En una mesa colocada al lado del Altar eran depositadas la tarta y una pareja de pichones de ofrenda, regalos que eran bendecidos por el sacerdote antes de la lectura del Evangelio de la Misa; el importe de las papeletas vendidas para la rifa de tales regalos y, además, en ocasiones, la recaudación en metálico era promesa personal de salir a pedir limosna a todos los vecinos de la localidad. Sobre las diez de la mañana daba comienzo la procesión de las candelas, que, previamente, eran asperjadas e incensadas por el celebrante, cuyo recorrido era alrededor de la iglesia. Lo deseable era llegar a la Parroquia con las velas encendidas, pero no siempre era así. De ahí el refrán antiguo cuyo sentido es bien conocido: ‘Cuando la Candelaria plora, el invierno es fora; cuando ni plora ni hace viento, el invierno es dentro, y cuando ríe, quiere venire’. Por último, al regreso, los fieles reunidos en torno a su Virgen del Rosario oían la Santa Misa para darle las gradas por todo lo recibido y hacerle nuevas peticiones. Después de la Misa se sorteaban la tarta y el par de pichones para conocer quién o quiénes eran los agraciados”.