EN LAS ENTRAÑAS DE LA CENTRAL DE PEÑARROYA (Reportaje Fotográfico)

Deambular por la central termoeléctrica de Peñarroya suponía hasta hace poco trasladarse a un escenario fantasmagórico. La central, que forma parte del tejido industrial que en su día fue propiedad de la flamante Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya (SMMP), era el icono cautivo de un patrimonio industrial que durante décadas estuvo vetado a la ciudadanía puertollanense.

Gracias al convenio de cesión, materializado meses atrás entre el Ayuntamiento de Puertollano y la empresa propietaria de los terrenos, el edificio principal de la SMMP y su entorno anexo ya es de titularidad municipal lo que en un plano simbólico vendría a ser un decreto de amnistía para unas infraestructuras que desde hace tiempo merecían ser recuperadas para que la ciudad pudiera presumir de patrimonio industrial.

Pese al logro institucional y al comienzo de las obras de remodelación, darse un garbeo por la central y sus inmediaciones sigue provocando una percepción de deterioro. De entre los promontorios emerge majestuosa la silueta de una central con enormes vanos cuyos cristales están fracturados casi en su totalidad. Al adentrarse en ella, la imagen sobrecoge: un extenso espacio diáfano decrépito, como una especie de cadáver en descomposición que es presa de una infección letal llamada exposición a la intemperie. Aún así, la central conserva incólume su osamenta arquitectónica lo que hace pensar en la perdurabilidad y resistencia de los materiales empleados en la construcción de este inconmensurable edificio, paradigma de una época de auge industrial vinculada a la minería del carbón.

Hoy, mientras los medios de comunicación visitábamos el lugar, a más de uno le invadía una sensación de alivio sintomático. Pese al delicado estado de conservación en que la central y sus edificios anexos se encuentran, las obras que se están llevando a cabo vendrán a ser una cirugía draconiana. En unos años, los “talleres Calatrava” recobrarán vida pública, a nivel personal el proyecto de recuperación del entorno significa una ceremonia exhaustiva de resurrección. Los que valoramos el patrimonio histórico-artístico, los que vemos en la conservación y reconversión del patrimonio industrial una veta para la dinamización socioeconómica del municipio, nos notamos algo más alegres tras saber que la central termoeléctrica de Peñarroya recuperará su esplendor perdido.

En el siguiente reportaje fotográfico, nuestros lectores tienen a su disposición imágenes del estado actual de la zona, elementos patrimoniales como el puente-grúa metálico y la escalera de caracol que afortunadamente serán recuperados, en definitiva, estampas de un espacio que hasta hace poco parecía condenado a la desaparición.

J. Carlos Sanz

12/12/2008

(Última actualización: 13/12/2008 13:00)

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