Consejos para las personas que no forman parten del vecindario pero que recalan estos días en Puertollano

INSTRUCCIONES PARA BEBER EL AGUA AGRIA

Instrucciones exactas y precisas sobre como se debe beber el agua agria en su clásico jarro. Lo que se debe hacer, lo que no se debe hacer, los métodos más apropiados, los pros y los contras. Nueve consejos de gran importancia e interés en estas fechas tan señaladas.

Eduardo Egido

10/09/2006

(Última actualización: 24/08/2008 12:00)

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Estas fechas son propicias para que recalen en Puertollano personas que no forman parte del vecindario habitual. Para aquéllas que lo hacen por primera vez van dirigidas las presentes instrucciones:

Primera.- Tener conocimiento de la existencia del agua agria. Para ello no será necesario que se dirijan a la Oficina de Turismo, a las Entidades Culturales o a la propia Casa Consistorial. Bastará con preguntar a cualquier lugareño, que, a la pregunta de, ¿sabe usted si en esta población se encuentra casualmente una fuente de agua agria?, responderá que el tonto del pueblo está de vacaciones. Consultando el Código de Retranca Hispánica se hallará la traducción: naturalmente, querido visitante, que hay fuente de agua agria, ¡no faltaría más!

Segunda.- Localizar el emplazamiento de la fuente. Aunque todos los caminos llevan a Roma, no todos llevan a la fuente agria. Podría seguirse, para su localización, el procedimiento de tomar como base el plano de la ciudad y recorrer sus calles y plazas metódicamente a través de las diversas cuadrículas en que divide el casco urbano, a semejanza del método utilizado en las prospecciones arqueológicas. Hay que convenir en que se trata de un sistema seguro, pero lento. Recuperemos, pues, la alternativa del punto primero, recomendar que se pregunte a cualquier viandante (no al que se formuló la pregunta anterior, para no cansarlo). Aunque lo juzgamos innecesario, ofrecemos la siguiente pregunta-tipo: ¿tendría usted la amabilidad de indicarme dónde se encuentra la fuente agria?

Tercera.- Tener sed. De todos es sabido que el mejor cocinero es el hambre; por lo tanto, si quien se dispone a beber agua agria se encuentra acuciado por una sed terrible, se tendrá mucho ganado para que el juicio posterior a la deglución sea favorable. En este aspecto, contamos con todos los pronunciamientos a favor, pues es bien sabido que nuestra ciudad está encuadrada en la docta Guía Michelín en el apartado de poblaciones causantes de “sed orográfica”, con distintivo purpurina. Así pues, apréstese el amable visitante a cumplir el itinerario siguiente: subir a las antenas del “repetidor” del cerro de San Agustín y a continuación plantarse en el monumento al Minero del cerro de Santa Ana (si las condiciones físicas del visitante lo permiten, puede culminarse el cerro hasta la Chimena Cuadrá). Huelga decir que el recorrido debe efectuarse a pie y a buen paso.

Cuarta.- Pedir a la vez en la fuente -de los cuatro caños que existen en el monolito coronado por el supuesto busto del doctor Limón, hay que saber que el “caño de beber” es el situado al sur, el más próximo a la Glorieta de los leones-. Los otros tres caños se utilizan para “llevar” y éste, nombrado como de “beber”, para lo que su nombre indica. El visitante debe situarse detrás de la última persona que guarde fila en el caño antedicho y asegurarse un número de orden, preguntando ¿quién es el último de éste? (Para no complicar más este tratado de instrucciones, consideramos la situación idílica de que la gente estará dispuesta cívicamente en una ordenada fila, aún a sabiendas de que lo normal es que el personal presente una estructura de “mogollón”).

Quinta.- Llenar el jarrillo adecuadamente y asirlo en la disposición oportuna. Ello supone que el jarrillo debe llenarse por la amplia zona semicircular ya que está comprobado que llenarlo por el pitorrillo exige más tiempo, lo que supondría una desconsideración con las personas que esperan su turno. A continuación, se tomará por el asa de manera que el pitorrillo quede en la parte más próxima a la persona y la parte semicircular en la parte más alejada. (Si el visitante es diestro no tendrá ninguna dificultad para ejecutar correctamente la operación, pero si es zurdo se verá en tan graves dificultades que optará por hacer caso omiso al asa y agarrar el jarrillo rodeando su panza con toda la mano. Hágase la prueba).

Sexta.- Adoptar la postura idónea. El agua agria no mancha, vaya esto por delante, sin embargo no resulta grato por lo general empaparse la pechera de agua. Y este peligro se corre habida cuenta de que ha de beberse a chorro, sin chupar, como el visitante habrá podido deducir a partir de los “pinchos” que coronan los jarrillos. La mano que no sujeta el jarrillo debe colocarse sobre el pecho, sujetando la eventual corbata o chaqueta, si el día es festivo, o la camisa si hablamos de un día laborable. Previamente se habrá sacado el culo -con perdón- hacia atrás lo que provocará que el torso se incline hacia delante. Por si sirve de orientación, la postura es idéntica a la recomendada para comer berenjenas.

Séptima.- Manipular el jarrillo como Dios manda. Poca gente de entendimiento estaría en desacuerdo si afirmásemos que en la mayoría de las acciones que acaecen torcidamente tiene buena parte de culpa la indecisión. Beber agua agria con su tradicional jarrillo no constituye excepción a esta norma. Hemos observado que el bebedor primerizo o escasamente avezado tiene tendencia a ir inclinando el jarrillo lentamente hasta conseguir que salga el chorro por el pitorrillo. Comenten un lamentable error, porque de este modo el agua, en vez de salir exclusivamente por el pitorro formando un chorro sin discontinuidades, resbala hasta el minúsculo receptáculo cónico formado por los pinchos que rodean el pitorro y se desliza acto seguido por el vaciado de los mentados pinchos, inocente pero implacablemente hacia la pechera. En cambio, si cuando prevemos que el agua está a punto de salir del pitorro imprimimos un decidido giro de muñeca, obtendremos, como se ha dicho, un chorro homogéneo que irá a parar limpiamente a la boca. (Juzgamos que nadie será tan zafio como para exagerar el preciso giro hasta el extremo de que el agua salga a borbotones por el semicírculo trasero o de llenado).

Octava.- No ocultar los síntomas fisiológicos placenteros. El agua agria, debido a su composición carbónica, puede estimular el eructo o regüeldo. Si así sucediera, el visitante no debe considerar contrario al decoro poner manifiesto semejante expansión del organismo, eso sí, sin caer en exageraciones que a nada conducen. Un eructito seguido de la disculpa: perdón, será visto con simpatía por los circundantes.

Novena.- Las novenas, a la Virgen.

Y hasta aquí el presente y apresurado catálogo de instrucciones para mayor fama y reconocimiento de nuestra eximia seña de identidad. Que disfruten, queridos visitantes, del agua agria y que tengan una feliz estancia entre nosotros. Bienvenidos.