Puertollano
En su primera jornada, la feria regional de teatro apuesta por emociones fuertes

"LAS PUERTAS DEL CIELO", O LA VIVENCIA DE LA ANGUSTIA DEL INMIGRANTE

J. Carlos Sanz

25/10/2005

(Última actualización: 25/08/2008 14:00)

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La Feria Regional de Teatro –perdón, de Castilla-La Mancha como le gusta llamarla a los directores de la misma- echó a rodar y para gustos hay colores. Así, la compañía catalana “La invenció” llevaba a cabo esta mañana, en una sesión continua de tres pases, su representación “Las puertas del cielo” del que es autor Josep Pere Peyró.

Una propuesta atrevida que a más de un espectador le dará un disgusto por su elevada carga de angustia. De hecho, y no es ninguna tontería el avisarlo, se trata de una obra no apta para cardíacos o personas con problemas de nervios. Y es que las dosis de ansiedad y claustrofobia están garantizadas en esta concepción arriesgada que tiene la compañía del teatro social. De ello pueden dar fe, los ingenuos espectadores que se las prometían muy felices antes de meterse de lleno en el espectáculo.

Y digo bien lo de meterse, ya que “La invenció” da un vuelco a eso del espacio escénico tradicional, entiéndase escenario de toda la vida, obligando al espectador a introducirse en el interior de un contenedor de camión. El resultado es que la habitual experiencia como espectador se va al garete y el público se transforma desde el principio en parte activa de la obra.

Con que facilidad se logra que una persona, durante los cincuenta minutos que dura la representación, se meta en la piel de un inmigrante que se juega el pellejo viajando como clandestino para llegar a ese paraíso conocido como Europa. En realidad, las puertas del cielo se cierran en el mismo momento del inicio, son las puertas de ese contenedor que dan la bienvenida a un calvario de aquí te espero.

Un purgatorio donde la oscuridad, el silencio, el agobio son elementos de tensión teatral eficaces y a medida que avanza la acción se tornan insoportables. Eso de no ver a los actores, de no saber qué narices está pasando tanto dentro como fuera se vivencia como nunca, y la compañía catalana demuestra que con escasos atributos expresivos se alcanzan cotas de impacto inolvidables.

A lo largo de la trama, el espectador no sale de su turbación, las tentaciones por abrir esas malditas puertas y largarse de allí se hacen continuas pero la angustia actúa como veneno paralizante obligando a los asistentes a permanecer en el interior de ese camión, uno de los muchos medios de transporte que en la actualidad emplean los inmigrantes para llegar como sea a Europa. Los actores son marroquíes, lo cual acentúa la credibilidad del argumento y la desesperación se introduce hasta el tuétano cuando uno de ellos saca de una mochila unos explosivos. Tachán, aparece en escena el fenómeno del terrorismo islámico y el impotente espectador se convierte en testigo de una parsimoniosa ceremonia de inmolación, en la que el actor como buen terrorista suicida se va colocando el cinturón de explosivos alrededor de su cuerpo. Ahí es cuando vienen los sudores de la muerte, por llamarlo de algún modo, y sí, es cierto que uno es consciente de estar viendo teatro pero el componente de miedo y terror adquiere un volumen desproporcionado.

Es tal la fuerza expresiva de la propuesta que la vivencia del espectador se refleja en las caras de desconcierto, sufrimiento y pánico que a más de uno se le pone.

Teatro que acongoja a base de bien y el mensaje o carga social que se trata de transmitir está garantizado. El fenómeno de la inmigración es poliédrico, unos lo hacen por mejorar en calidad de vida y otros como un acto nihilista donde la venganza tira de las riendas de sus vidas. Terroristas, gente humilde que perece ahogada, ese otro que ha estado a nuestro lado durante toda la obra, este mundo que no puede seguir así y sobre todo, comprobar en nuestras carnes la gran ruleta rusa que es dar el paso de llegar como inmigrante a Europa.

Como ya decimos esto es teatro, las puertas del infierno se abren, el público baja por la rampa del contenedor aliviados de no volver a pasar por una cosa así. El problema es que millones de personas del tercer mundo no tienen más remedio que jugársela, un siniestro carrusel que parece no tener fin. Buen invento este de “las puertas del cielo”. De nuevo se demuestra la eficacia del método “menos es más”.